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Céret y Collioure, morada de artistas

Escapada de 1 día a Céret y Collioure (Francia)

¿Qué tienen en común Céret y Collioure, dos pequeños pueblos franceses muy cerca uno del otro? Pues que ambos se convirtieron en el lugar de arranque de dos nuevos movimientos artísticos durante los primeros coletazos del siglo XX. Allá por 1911 llegó un joven Pablo Picasso a Céret atraído por su amigo, el escultor Manolo Hugué. Solo hacía 3 años que Picasso había dado a conocer Les demoiselles d’Avignon en su estudio de París, el cuadro que rompió todas las normas establecidas del arte y con el que el pintor creó un nuevo estilo, el cubismo. Allí en Céret Picasso siguió explorando las nuevas posibilidades del lenguaje pictórico que acababa de descubrir, y no lo hizo solo. Pocos años después también llegaron al pueblo sus amigos Georges Braque o Juan Gris, los otros iniciadores de la pintura cubista. Por todo esto a Céret se la llegó a conocer como “la meca del cubismo”, un lugar al que no dejaron de llegar artistas durante las décadas posteriores, Chagall, Soutine, Dufy, Dubuffet o Matisse son algunos de los nombres más importantes.

Precisamente este último, Henri Matisse, había sido el descubridor, junto a André Derain, de otro gran movimiento artístico en la localidad vecina de Collioure solo algunos años antes de que Picasso se trasladara a Céret. En el verano de 1905 ambos pintores llegaron a Collioure con una fuerte motivación, la de crear un estilo nunca visto antes. Así nació el fauvismo, considerado el primer movimiento artístico de la vanguardia del siglo XX. Hoy en día Collioure acoge el Chemin du fauvisme (camino del fauvismo), una ruta por la que se pueden contemplar los lugares exactos donde estos dos pintores plantaron su caballete para componer obras inmortales.

Esta escapada de un día a estos dos pueblos de la región del Langedoc-Roussillon se convirtió en la antesala del fantástico viaje a la Provenza que nos esperaba en el que también íbamos a conocer multitud de lugares marcados por la huella de importantes artistas. ¿Te apetece acompañarnos?


Partimos bien prontito desde el pueblo donde viven los padres de Rafa, Sant Fost de Campsentelles (Barcelona) para aprovechar bien el día. En esta ocasión no viajamos solos, ellos mismos también estaban deseosos de conocer estas dos localidades situadas muy cerca de la frontera con Cataluña. Antes de salir  ponemos en marcha nuestro GPS y tecleamos nuestro primer destino, el pueblo de Céret.

Pueblo de Céret

En menos de dos horas estábamos aparcando en nuestro primer destino, Céret. Pronto nos dirigimos hasta su edificio más importante, el Museo de Arte Moderno de Céret, el cual ha sabido recoger la rica herencia artística de todos los artistas que pasaron por esta pequeña localidad a lo largo del siglo XX.

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Boulevard Maréchal Joffre de Céret
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Musée d’Art Moderne de Céret

Fue gracias al esfuerzo de Pierre Brune y Frank Burty Haviland, pintores vanguardistas, que este proyecto pudo ser inaugurado en 1950, justo en el corazón de Céret. En este museo se guarda una importante colección permanente de obras de Picasso, Matisse, Hugué, Miró, Chagall, Dalí, Maillol, Marquet,Brossa o Tàpies. 

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Museo de Arte Moderno de Céret
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Escultura de Joan Miró
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Obra de Marc Chagall

Desde luego, si hay un artista que dejó su impronta en Céret más que ningún otro, ese fue Picasso. Precisamente la parte más importante de la colección del museo es la serie de cerámicas dedicadas a la Tauromaquia pintadas por el propio pintor malagueño. 

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Sala dedicada a la cerámica picassiana
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Pieza de Picasso
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Pieza de Picasso

Además de por su colección permanente, el Museo de Arte Moderno de Céret posee renombre a nivel nacional por sus interesantes exposiciones temporales. Para nuestra sorpresa, aquel día pudimos disfrutar de una exposición dedicada a una de las pintoras portuguesas más importantes del siglo XX, María Helena Vieira Da Silva, de la cual nunca habíamos podido tener la oportunidad de admirar en vivo y en directo ninguna de sus obras.

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Obra de Vieira da Silva
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Obra de Vieira da Silva
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Obra de Vieira da Silva

Salimos del museo y antes de regresar al coche aprovechamos para pasear por las calles de un pueblo que, por designios del azar, se convirtió en uno de los lugares más frecuentados por los artistas de principios del siglo XX. Abandonamos la “meca del cubismo” para dirigirnos a la “meca del fauvismo”.

Pueblo de Collioure

En poco más de media hora llegábamos a Collioure, una pequeña y encantadora población situada en la costa, originariamente de pescadores y hoy en día un emplazamiento bastante turístico. Existen diversos parkings de pago tanto dentro como fuera del pueblo. Aunque estábamos en abril, encontramos serias dificultades para aparcar el coche ya que la mayoría de los aparcamientos cercanos al casco histórico estaban completos. Después de una búsqueda infructuosa en el interior del pueblo, finalmente tuvimos que dejarlo en el parking 4, situado a las afueras del pueblo y a unos 10 minutos caminando del centro. Este hecho es ya suficientemente ilustrativo de que Collioure se ha convertido en un lugar invadido por los turistas deseosos de sol y playa.

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Casas de colores de una calle de Collioure
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Collioure

Sin embargo Collioure es mucho más que eso. A pesar de la masificación, Collioure aún conserva el encanto de un pueblo de pescadores que ha sido tocado con la varita de lo artístico. No en vano aquí se fraguó el fauvismo, uno de los movimientos artísticos más importantes de principios del siglo XX. Fue aquí donde Henri Matisse y André Derain pintaron esos cuadros de esa manera tan radical en el verano de 1905 y que escandalizaron al Salón de Otoño de París. Los pintores fauves buscaban simplificar y exaltar los colores, haciendo desaparecer los sombreados y utilizando solo colores puros, lo que era considerado en la época como una manera de pintar “animal” o “fiera” (fauve en francés, de ahí el nombre). Este apasionante e irrepetible ejercicio pictórico solo duró ese verano de 1905 en el que ambos pintores trabajaron juntos, pero influyó en toda una generación de pintores posteriores, gracias a lo cual se considera al fauvismo como la primera vanguardia del siglo XX.

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Las galerías de arte plagan las calles del casco antiguo de Collioure

En su día el Ayuntamiento de Collioure organizó el Chemin du fauvisme (camino del fauvismo), una ruta a través de diversos puntos donde colocaron sus caballetes los pintores fauvistas, marcados por diversas reproducciones de sus obras, la mayoría de las cuales están instaladas alrededor del precioso puerto. Un precioso paseo que nosotros comenzamos en la playa principal de Collioure recorriendo seguidamente el perímetro de la muralla del Castillo Real que se asoma directamente al Mar Mediterráneo.

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Vista de la Iglesia de Notre Dame des Anges
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Collioure
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Reproducción de una obra de Derain a lo largo del Chemin du fauvisme
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Reproducción de una obra de Matisse
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Uno de los diversos marcos que existen a lo largo del Chemin du fauvisme

 

Declarado Monumento Nacional, el construcción del Castillo Real de Collioure se remonta al siglo VII, aunque fue totalmente reconstruido durante el siglo XIII y durante los siglos posteriores. Dada su posición estratégica, con el devenir de los tiempos esta fortaleza, uno de los símbolos de Collioure, ha ido cambiando de propietarios varias veces (ha pertenecido al Condado de Rosellón, al Reino de Aragón, al Reino de Mallorca, al Reino de España y al Reino de Francia, ahí es nada). Curiosamente sirvió como prisión después de la Guerra Civil Española para los militares republicanos. La visita de este castillo quedará pendiente para otra ocasión, ¡seguro que volveremos!

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Castillo Real de Collioure
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Vista del puerto de Collioure
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Vista del puerto de Collioure
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Bordeando el perímetro de la muralla del castillo
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Vista del puerto de Collioure
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Vista del puerto de Collioure

Al llegar a la Playa de Port d’Avall, damos la vuelta y regresamos por el mismo camino hasta alcanzar nuevamente la playa principal del pueblo. Y es la principal porque allí se encuentra el otro gran símbolo de Collioure, la Iglesia de Notre Dame des Anges, una sencilla parroquia del siglo XVII con una ubicación privilegiada al borde del mar y que sirvió también de inspiración a los pintores fauves (y lo sigue haciendo aún hoy en día).

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Iglesia de Notre Dame des Anges
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Playa de Collioure, con el Castillo Real al fondo

Después de salir de la iglesia subimos por la pequeña y estrecha Rue du Mirador, un pintoresco y delicioso lugar donde se aglutinan las más variadas galerías de arte y en cuyo punto más alto se yergue otra de los puntos de la ruta del chemin du fauvisme, concretamente aquel donde se pintó la que es quizás la obra más icónica del movimiento fauvista y que hoy se conserva en el Museo Hermitage de San Petersburgo: Les toits de Collioure (Los tejados de Collioure). En ella su autor, Henri Matisse, inmortalizó en 1905 una vista que ya tiene poco que ver con la perspectiva que podemos ver hoy día.

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Rue du Mirador
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Reproducción de obra de Matisse al final de la Rue du Mirador
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Rue du Mirador desde su parte superior

Nuestra última visita estaba reservada para un lugar muy especial. Y es que en el cementerio de Collioure se encuentra la última morada de uno de nuestros poetas más inmortales, Antonio Machado, quien murió en Collioure en febrero de 1939, sólo un mes después de llegar al pueblo huyendo de las tropas franquistas con su madre, su hermano y su cuñada. Se alojaron en el antiguo Hotel Bougnol-Quintana (hoy en día la Casa TH Quintana, un edificio sin vida cerca del centro histórico), y allí murió primero el poeta y cinco días más tarde, su querida madre. Y allí, observando la tumba del poeta con el más estricto de los respetos y en medio de un silencio sepulcral, nos dimos cuenta de que madre e hijo reposan hoy en la misma sepultura.

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Casa TH Quintana (antiguo Hotel Bougnol-Quintana), lugar donde murió Antonio Machado
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Cementerio de Collioure
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Tumba de Machado
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Tumba de Machado

Conmovidos por la cantidad de flores frescas que envolvían la tumba del gran poeta, regresamos al aparcamiento para poner rumbo a casa. Esta breve escapada de un día nos ha hecho abrir todavía más el apetito para seguir conociendo este maravilloso país que es Francia, el cual visitaremos dentro de unos meses.

Hasta la próxima y… au revoir!

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