Cantabria,  NATURALEZA,  PUEBLO BONICO,  YACIMIENTO

Ruta de 4 días por Cantabria, capricho del destino

Creemos sinceramente que no podíamos haber puesto un mejor título para hablar de nuestra escapada de 3 días a Cantabria, “capricho del destino”. Y es que, en primer lugar, la palabra “capricho” hace referencia al excepcional edificio que Gaudí diseñó para Máximo Díaz de Quijano en la ciudad de Comillas. Por otro lado, era cosa del destino que tanto Rafa como Inma, fuéramos juntos a visitar esta maravillosa tierra. Ya lo habíamos hecho por separado cuando éramos pequeños con nuestras respectivas familias, ahora llegaba la hora de crear nuevos recuerdos juntos. Por último, tenemos que decir que esta es la primera escapada que hacemos después de haber sabido una estupenda noticia: un capricho del destino en forma de bebé llegará a nuestras vidas en marzo del año que viene. Esta es la principal razón por la cual este pequeño viaje será siempre especial para nosotros. ¡Bienvenidos a Cantabria!

Esta escapada constará de cuatro días. Como el camino desde Cieza era largo, decidimos dormir la primera noche en el pueblo de Covarrubias, a muy pocos kilómetros antes de llegar a Burgos. No perdimos la oportunidad de visitar a la mañana siguiente este espléndido pueblo medieval, una absoluta delicia, y más tarde la capital, Burgos. Ya en Cantabria, nuestro alojamiento elegido fue la Posada La Cotía, uno de los lugares donde mejor nos han tratado, ideal para visitar toda la región ya que se encuentra a muy pocos kilómetros de todo.

Día 1: las playas de Suances

Eran alrededor de las 17h y era la hora de dejar Burgos para dirigirnos a nuestro gran destino de aquella escapada, Cantabria. Recorrimos el trayecto hasta la Posada La Cotía en aproximadamente dos horas, y allí nos estaba esperando José, el perfecto anfitrión de una casa deliciosamente bien decorada y atendida.

Después de instalamos en nuestra habitación, una auténtica cucada, estábamos decididos a aprovechar lo que quedaba del día así que fuimos de nuevo al encuentro de José a preguntarle qué nos aconsejaba para última hora de la tarde y él no vaciló ni un minuto: sin duda debíamos ir a contemplar el atardecer desde las playas de Suances. Sin duda una experiencia que no olvidaremos en muchísimo tiempo…

Suances quedaba muy cerca del hotel, a unos 15 minutos, pero nos costó bastante encontrar la zona que él nos había indicado. Después de dar un par de vueltas por la ciudad, terminamos aparcando el coche en un lugar que creíamos cerca, aunque no estábamos del todo seguros. De pronto, a Rafa le dio por subir unas escaleras después de decirle a Inma que esperara. Una vez arriba, contempló lo que había y le dijo a Inma: “creo sinceramente que deberías subir…”. Lo que había visto, era esto:

cantabria2
Playa de los Locos

Entonces no lo sabíamos, pero estábamos admirando la Playa de los Locos. Qué apropiado…

cantabria1
Mirador

En aquel momento creímos tener un déja vu, pues la panorámica que se abría ante nosotros se parecía mucho a los acantilados escoceses, y no iba a ser la única vez en este viaje que tuvimos la misma sensación.

cantabria5
Playa de los Locos

Decidimos llegar hasta el final del camino, en Punta del Torco, allá donde parece terminar el mundo, allá donde el faro de Suances no consigue gobernar en todo su reino, pues los humanos, que pasean a sus anchas, se lo han robado.

cantabria4
Punta del Torco

Y entonces allí, ya definitivamente, se nos cayó el alma a los pies. Un síndrome de Stendhal en toda regla… La gente se arremolinaba entorno a aquellos precipicios esperando a que el sol se sumergiera en el mar. Precioso, creednos.

cantabria6
Acantilados de Suances
cantabria7
Acantilados de Suances
cc
Pareja esperando la puesta de sol
cc2
Puesta de sol en Suances

Juntos esperamos a que muriese el atardecer y volvimos a la posada, no sin antes hacer una parada para cenar. El primer día de nuestra escapada había sido fabuloso, ¿qué nos depararían los demás? ¡Estamos deseando que lo descubráis!

¡Hasta mañana!

Día 2: la Cueva de Altamira, los pueblos de Comillas  y Santillana del Mar y el Acantilado El Bolao

Amanece un nuevo día en Helguera, en la Posada La Cotía, donde José nos sirve el desayuno en el jardín. Hoy va a ser un día completito, aunque lo tenemos todo extremadamente cerca. Primero iremos a conocer la neocueva del Museo de Altamira, más tarde iremos a disfrutar de todo aquello que ofrece la ciudad de Comillas. Después de comer nos acercaremos el acantilado de El Bolao y por último, a Santillana del Mar, considerado uno de los pueblos más bonitos de España.

mapa
itinerario

Habíamos reservado por Internet para las 10.30h de aquella mañana la entrada al Museo de Altamira (entrada: 3€ por persona), al cual llegamos en solo 10 minutos. Como llegamos con tiempo suficiente, el personal nos invita a visitar el museo interactivo, donde aprendes datos acerca de la época del Paleolítico y del arte rupestre en general, antes de acompañarnos al interior de la neocueva. Y es que la auténtica cueva de Altamira no está abierta al público (se cerró cuando comprobaron que la gran afluencia de turistas era extremadamente peligrosa para la conservación de las pinturas), se diseñó una réplica exacta con un esquema exacto de la posición de las pinturas.

Una vez llegada la hora, una guía acompaña al grupo al interior y nos sumerge en un viaje en el tiempo. Nos explicó cómo se descubrieron las pinturas, cómo se cree que se pintaron, la datación aproximada de las pinturas… Lo más fascinante es que aún hoy en día se siguen haciendo nuevos descubrimientos. La cueva de Altamira, apodada “la Capilla Sixtina del arte rupestre paleolítico”, fue decorada varias veces hace entre 35000 y 14000 años, es decir, ¡a lo largo de 20000 años! El hallazgo se realizó en 1879 cuando la hija de ocho años de un terrateniente local, Don Marcelino Sanz de Sautuola, jugaba en la gruta mientras su padre cavaba el suelo buscando herramientas prehistóricas. De repente la niña avistó el grupo de grandes bisontes multicolores pintados en el techo. Todos los pormenores del hallazgo, así como las tribulaciones que este hombre sufrió para conseguir que se autentificaran las pinturas en unos tiempos oscuros para la arqueología, se recrean en la película de reciente estreno Altamira, con Antonio Banderas encarnando a Marcelino. Algunas escenas de esta película, por cierto, fueron rodadas en la neocueva.

con_16_altamira_dest
Altamira, película de 2016

Altamira tiene 296 metros de longitud, abarca una serie de salas y pasillos y termina en una larga y estrecha sección conocida como Cola de Caballo. Aunque el lugar se conoce principalmente por su techo excelentemente decorado, sus galerías contienen una gran cantidad de grabados, incluidos algunos trazos acanalados de dedos. En la Gran Sala se distribuyen una veintena de animales pintados, entre ellos 18 bisontes, un caballo y una cierva que mide dos metros y medio de largo, la figura más grande de la cueva. Las imágenes están realizadas en ocre, manganeso y carbón, y para realizarlas se aprovecharon algunas de las protuberancias que había en el techo, dando así volumen a los animales. No se sabe con seguridad cuántos artistas trabajaron en aquel espacio, lo que sí sabemos es que eran unos verdaderos genios. Solo hay que ir allí para comprobarlo.

La altura desde el suelo hasta el techo era sorprendentemente poco más de un metro, aunque en la neocueva uno puede estar perfectamente de pie ya que el suelo fue rebajado para permitir a los visitantes contemplar más fácilmente el techo. Como en el interior no está permitido hacer fotos, hemos utilizado una foto que hemos encontrado por Internet, para que os hagáis una pequeña idea de la experiencia:

mda visita de la salle al museo de altamira 2012-02 2
Foto propiedad de www.casasrurales-cuevasaltamira.com

En nuestra opinión merece la pena cada minuto que pasas allí, escuchando las explicaciones de la guía. Lo tienen todo muy bien organizado y aprendes muchísimo sobre este misterio asombroso que es Altamira. Salimos encantados por todo lo que aprendimos. Esta experiencia nos ha hecho replantearnos muchas cosas acerca del fenómeno mismo del arte: ¿dónde se genera el impulso humano por la creación? ¿Con qué fin se pintaron aquellas figuras extraordinarias? Preguntas sin respuesta que seguirán revoloteando en la mente de muchos estudiosos… y de muchos soñadores como nosotros.

DSC_0385
Entrada al Museo de Altamira

Volvemos al coche y ponemos rumbo a Comillas, una ciudad con una gran cantidad de atractivos y que nadie debería perderse. Llegamos en unos 20 minutos, aparcamos en uno de los párkings públicos que hay en la entrada, concretamente en la del Polideportivo, y disfrutamos a pie de una ciudad recientemente engalanada ya que justo aquel día se  estaba celebrando el día del Indiano.

Subimos por una cuesta que nos conduce a la zona más interesante y donde se encuentran tres edificios emblemáticos: el Palacio de Sobrellano, la Capilla-Panteón y el Capricho. En los tres tuvieron mucho que ver arquitectos de origen catalán, así que Rafa estaba en su salsa.

El Palacio de Sobrellano (o Palacio del Marqués de Comillas, entrada: 3€) solo se puede visitar con guía. Ya nos estábamos acostumbrando a las maravillosas visitas guiadas que se realizan por esta región, y esta tampoco defraudó en absoluto. La historia del Marqués de Comillas es muy interesante: nace más pobre que las ratas y termina convirtiéndose en uno de los personajes más influyentes de su tiempo. Vamos, como un sueño americano pero a la española. Incluso llegó a prestarle dinero al Rey de España para pagar la guerra de Cuba, y éste, para devolverle el favor, le concedió el título de marqués. En 1881, año en que se construye su palacio, Don Antonio López, Marqués de Comillas, era propietario de la mayor empresa naviera española, la Compañía Trasatlántica, había creado el Banco Hispano Americano, fundado la Compañía General de Tabacos de Filipinas, la Sociedad de Crédito Mercantil y poseía un alto porcentaje de la Compañía de Ferrocarriles del Norte, entre otros. Vamos, que tenía un coco privilegiado, el hombre.

DSC_0437
Palacio de Sobrellano

El edificio es sencillamente colosal. De estilo neogótico con tintes modernistas, el palacio fue concebido como residencia veraniega del marqués, que vivía en Barcelona con su familia el resto del año, y es obra del arquitecto Joan Martorell. En el interior hay algunas piezas de mobiliario diseñadas por el mismísimo Antoni Gaudí, el cual tenía una estrecha relación con el Marqués, pues una de las hijas de éste estaba casada con Eusebi Güell, el popular promotor del arquitecto.

Si la visita al palacio resulta interesante, todavía lo es más la visita a la Capilla-Panteón (entrada: 3€), realizada incluso antes que el anterior, en 1878, debido a que el hijo mayor del marqués había muerto joven y necesitaban tener lista la capilla para rezarle y poder enterrarle allí.

DSC_0432
Capilla-Panteón

La capilla es también obra de Martorell y fue concebida como una catedral a pequeña escala, dotada de girola. Cumple la función de mausoleo familiar pero también de templo donde celebrar oficios.

Su interior alberga los monumentos funerarios de los miembros de la familia, obras de escultores tan afamados como Josep Llimona o Agapito Vallmitjana.

Nuevamente Antoni Gaudí vuelve a estar presente, pues el sitial, los reclinatorios y los bancos fueron diseñados por él.

Todavía quedaba la mayor maravilla de todas, la razón por la cual habíamos venido hasta Comillas, pero tocaba reponer fuerzas y así lo hicimos en un bar-restaurante, El Filipinas. Rafa estaba deseando terminar de comer para entrar en uno de los tres edificios que Gaudí diseñó fuera de Cataluña, junto con el Palacio Episcopal de Astorga y la Casa Botines de León, que por supuesto visitaremos en futuros viajes. El Capricho (entrada: 5€) se conoce también como la Villa Quijano debido a que Gaudí la diseñó para un joven abogado que llevaba los asuntos legales del Marqués de Comillas, Máximo Díaz de Quijano.

DSC_0537
El Capricho

Gaudí tenía apenas 30 años cuando se terminó esta vivienda en 1885 y posiblemente sin saberlo había dado origen a la arquitectura surrealista e irrepetible de sus edificios de Barcelona y que más tarde se convertiría en un referente mundial. El pequeño edificio consta de tres plantas, a cual más increíble y bonita. La primera planta está constituida entorno a un invernadero central que servía para cultivar plantas tropicales y como salón de invierno. Sin embargo su ubicación responde a una genialidad del artista, pues al mismo tiempo juega un papel fundamental en la distribución de la luz y el calor por toda la casa.

La buhardilla del piso superior es un elemento al que Gaudí siempre concedía mucha importancia. En ella podemos apreciar mejor que en ninguna otra parte su genio creativo.

DSC_0561
Buhardilla

Se conoce que la mejor fuente de inspiración del arquitecto siempre fue la propia naturaleza, con sus caprichosas formas ornamentales que encontramos por toda la casa. De ello se nutre el movimiento modernista pero Gaudí lo transforma en un lenguaje singular y visionario.

El jardín de El Capricho, presidido por un patio en forma de herradura, ha sobrevivido al paso del tiempo y es uno de los pocos proyectos de paisajismo que se conservan del arquitecto. Inma y yo recorrimos este pequeño espacio sin parar de echar fotos. La cámara echaba humo… ¡Incluso nos encontramos al propio maestro sentado en un banco de piedra, mientras contemplaba su propia obra!

DSC_0563
Rafa y Antoni admirando El Capricho

Maravillados con El Capricho y con Comillas regresamos al aparcamiento y ponemos rumbo a Cóbreces, a muy pocos kilómetros. Habíamos oído que allí se encontraba uno de los acantilados más impresionantes de toda la costa cantábrica, y como nos encantan pues allí que fuimos. Eso sí, el acceso al Acantilado de El Bolao resulta algo lioso, no está muy bien señalizado y al final lo encontramos un poco de casualidad. Eso sí, cuando consigues llegar obtienes una sobrada recompensa…

DSC_0602
Acantilado El Bolao

Volvemos a tener un déja vu y nos parece estar de nuevo en Escocia. Desde luego, aquel viaje de luna de miel nos marcó sobremanera… Lo sabemos, somos conscientes de ello…

Nos dimos un buen paseo por la falda de aquel precipicio milenario, mientras escuchábamos cómo algunos metros más abajo el mar se rompía en mil pedazos al chocar contra las rocas. Ya en el coche, volvemos a la civilización dejando atrás a excursionistas que van a El Bolao a pie y a vaquitas que pastan a sus anchas, indiferentes y acostumbradas a los pocos turistas que llegan hasta allí.

DSC_0587
Vacas en los alrededores de El Bolao

Nuestro último destino del día es Santillana del Mar, quizás uno de los pueblos más famosos de Cantabria gracias a su belleza. Y sí, tenemos que decir que es bonito, y bastante, pero quizás no llegó a satisfacer todas nuestras expectativas, que eran muy altas. La masificación de turistas tampoco ayudaba demasiado. De hecho, en el único aparcamiento público que tuvimos que pagar fue en el de Santillana. Esta sensación de ligera decepción ya la habíamos sentido alguna vez en nuestros viajes, como por ejemplo en Praga (República Checa) o en Hallstatt (Austria), sobre las cuales teníamos depositadas grandes expectativas y al final, pues ni fu ni fa…

Que sí, que Santillana es muy bonito, es solo que a nuestro juicio no merece tantísima fama. sin embargo merece la pena darse un paseo de punta a punta y entrar a ver su Colegiata románica del siglo XII y, en especial, su fabuloso claustro donde curiosamente también se rodaron escenas de la película Altamira.

Y así terminamos nuestro recorrido de hoy, finalizando el día cenando en nuestra posada una exquisita cena que nos había preparado nuestra anfitriona Sofía y servida por su marido José. Bien cenados nos vamos a la cama que mañana hay que hacer muchos más kilómetros, ¡buenas noches!

Día 3: los Picos de Europa y la Cueva El Soplao

Esta mañana no desayunamos en el jardín sino en el interior de la posada, pues hace un poquito de fresco… El día que nos espera hoy promete, y mucho: hoy exploraremos el Parque Nacional de los Picos de Europa, haciendo varias paradas interesantes mientras atravesamos el fabuloso desfiladero de La Hermida, hasta llegar a Fuente Dé y coger el teleférico que nos subirá a más de 1800 metros de altura. Por la tarde, ya de regreso, nos detendremos a visitar la espectacular cueva geológica de El Soplao.

mapa 2
Itinerario

Ya nos habían dicho que no podíamos marcharnos de Cantabria sin visitar los Picos de Europa, sobretodo accediendo desde el desfiladero de La Hermida, una carretera única, un auténtico goce para los sentidos. Desde la posada hasta nuestro primer destino, la Iglesia prerománica de Santa María de Lebeña, teníamos una hora de camino, y es que desde que abandonas la autopista para introducirte en una de las carreteras montañosas más hermosas que existen en España, el citado desfiladero, el tiempo para ir más lento pues el conductor debe ir atento en todo momento a las interminables curvas del camino. Los coches siguen el sendero que el río Deva traza en el interior de esta garganta de piedra, un marco natural que nos recordó mucho al congosto que accede al valle de Benasque, en el pirineo oscense.

Al llegar al pueblo de Lebeña, uno debe seguir las indicaciones para llegar a la Iglesia de Santa María (entrada: 2€ por persona). Esta iglesia es antigua, muy antigua, de hecho es de las únicas iglesias prerománicas de estilo mozárabe de toda Cantabria. Nos recibe una guía extremadamente simpática y graciosa, entrañable, que nos invita a sentarnos en el interior y nos cuenta la interesante historia del templo: resulta que en su origen se edificó para albergar las reliquias de un santo, Santo Toribio, que se encontraban en otro lugar, por lo que pretendieron robarlas de allí. Sin embargo en el último momento se arrepintieron, pues pensaron que podían ser castigados por Dios, pero la iglesia finalmente se construyó.

DSC_0696
Santa María de Lebeña

Otra anécdota se refiere al periplo que vivió la pequeña imagen de la virgen que se encuentra en su retablo, una virgen amamantando a Jesús. Pues resulta que fue robada y estuvo desaparecida, incluso se llegó a realizar una réplica ya que los habitantes del pueblo habían perdido ya todas sus esperanzas de recuperarla. No obstante, al cabo de ocho años, apareció en un chalet de un pueblo de Alicante y por lo visto, la alegría de los parroquianos, incluida nuestra guía, fue tremenda.

No vamos a desvelar otra de las leyendas que tiene que ver con esta iglesia y con el olivo y el tejo que hay en su entrada. Una bonita historia de amor que tendréis que descubrir cuando vayáis. Desde luego esa pequeña mujer era el vivo ejemplo de lo interesante que pueden llegar a ser las historias bien contadas…

Nuestro siguiente destino era el Monasterio de Santo Toribio de Liébana (entrada gratuita), que se encuentra a muy pocos kilómetros de Potes. La visita a este monasterio franciscano vale la pena si se quiere admirar el lignum crucis (el supuesto trozo más grande de la madera de la cruz de Jesucristo) y algunas obras del Beato de Liébana.

Visitaremos la ciudad de Potes a la vuelta, ahora nos vamos a Fuente Dé a coger su famoso teleférico. El clima no estaba acompañando demasiado esa mañana, al llegar al aparcamiento del teleférico nos dimos cuenta de que las espesas nubes cubrían una gran parte del paisaje montañoso.

DSC_0732
Aparcamiento del teleférico de Fuente Dé

En las taquillas del teleférico nos dijeron que la visibilidad arriba era prácticamente nula, y sin embargo decidimos pagar la entrada (17€ por persona) para, al menos, vivir la experiencia de ascender 753 metros para llegar a una cumbre de casi 1850 metros de altitud. Desde luego, a Rafa le impresionó bastante el hecho de estar colgado solo de un cable a semejante altura. ¡Menuda experiencia!

DSC_0888
Teleférico

Al llegar arriba, en efecto, no se veía nada de nada. Pero nada de nada, literalmente. Estábamos sumergidos en un espeso manto blanco que incluso dificultaba enormemente la visión.

DSC_0774
Inma combatiendo los picores

A los cinco minutos y como por arte de magia, aquella densidad empezó a disiparse milagrosamente, dejando al descubierto las maravillas del macizo central de los Picos de Europa. Por allí caminamos durante casi una hora por una de las rutas senderistas, admirando aquella maravilla paisajística. La Madre Naturaleza, esta vez nos había dado una tregua y hecho el mejor de los regalos.

Al regresar al punto de partida nos encontramos con unas amiguitas que hacían las delicias de los turistas y sus cámaras de fotos.

Justo en ese momento la blanca densidad de las nubes volvió a hacer su aparición…

DSC_0877
Mirador del Cable de Fuente Dé

Como ya era hora de comer decidimos reponer fuerzas en el mismo restaurante de la estación superior del teleférico. Unos platos combinados que nos supieron a gloria y acto seguido, tocaba de nuevo montar en el “cacharro” para volver a bajar. Una vez en el aparcamiento, ponemos en marcha nuestro bólido y ponemos rumbo a Potes, un pueblo realmente encantador. De hecho nos pareció bastante más bonito que Santillana del Mar, pero para gustos…

El monumento más destacado de Potes es sin duda la Torre del Infantado, edificio de planta cuadrada del siglo XV que perteneció a Orejón de la Lama y después al marqués de Santillana. Nosotros no pudimos entrar, quedará para otra ocasión.

Lo más característico y también lo más bonito de esta villa son sus puentes medievales que se levantan sobre los ríos Quimiesa y Deva. El nombre de la ciudad se debe a estas maravillas de piedra. No dudéis en recorrerlos sin prisas…

La última parada del día estaba reservada a uno de los puntos fuertes del viaje: la Cueva de El Soplao (entrada: 12€ por persona).

DSC_0955
Moderno edificio que alberga la Cueva El Soplao

El Soplao constituye un deleite para cualquier visitante. El acceso se realiza con una guía que te acompaña en un recorrido sobrecogedor por el interior de diversas galerías subterráneas. La iluminación, los colores, los efectos sonoros y la atmósfera que se respira hacen de la visita un recuerdo inolvidable.

Resulta curioso que el nombre de “El Soplao” proviene del argot minero y se refiere a una corriente de aire que entra desde el exterior hacia el interior. Descubierta a principios del siglo XX con motivo de la explotación de las minas de La Florida, esta cueva está considerada una de las grandes maravillas de la geología, atesorando un paraíso de excéntricas, estalactitas, estalagmitas, coladas, columnas, perlas de las cavernas, etc. Precisamente la particularidad de esta cueva en relación a otras, aquello que la hace única, es la gran acumulación de excéntricas.

8553283110_ee9ee21df7_k
Foto propiedad de Sergio Laburu (www.espeleofoto.com)

El enclave exterior que rodea la cueva, además, es digno de mención ya que tiene espléndidas vistas sobre la Sierra de Peña Sagra, los Picos de Europa y el valle del río Nansa.

DSC_0950
Panorámica desde El Soplao

Empachados de tanta belleza, regresamos a nuestra posada, donde José ya nos tiene la mesita preparada para la cena. Unas albóndigas de verdel que quitaban el hipo y que nos sentaron estupendamente. Luego una duchita y a la cama.

Mañana regresamos a casa pero no sin antes visitar la capital cántabra, Santander, una ciudad que nos sorprendió muy gratamente. ¡Buenas noches!

Día 4: Santander, elegancia cantábrica

Hoy debemos regresar a casa y tenemos un largo viaje por delante (nada menos que siete horas…) pero nos resistimos a abandonar este idílico lugar. Como teníamos unas pocas horas antes de nuestra vuelta, José nos aconseja visitar la capital. Rafa también estaba interesado en ver Santander, de modo que después del formidable desayuno nos despedimos de un fabuloso anfitrión (uno de los que mejor nos ha tratado nunca) y de un estupendo alojamiento, y ponemos rumbo al centro de la capital cántabra.

mapaaaa
Itinerario

En tan solo 20 minutos ya estábamos aparcando en un párking subterráneo justo al lado del Paseo Pereda. Recorremos a pie esta interesante ciudad dirigiéndonos primeramente a contemplar el edificio de Correos, de principios del siglo XX y estilo regionalista montañés, y la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, construida en el siglo XIII con un austero estilo gótico.

DSC_0977
Edificio Correos

Una fecha impresa a fuego (y nunca mejor dicho) en la mente de los santanderinos es el 15 de febrero 1941, cuando se desató un grave incendio en el centro de la ciudad afectando a un gran numero de casas y también a una parte de la catedral.

DSC_0981
Panel informativo situado a la misma altura del edificio donde se originó el incendio.

Esta catedral, aunque pequeña, nos gusto muchísimo, sobre todo el claustro que al igual que la catedral es de un estilo gótico sobrio. En el interior del templo se encuentra la tumba de un santanderino ilustre, el humanista y escritor Don Marcelino Menéndez Pelayo, una figura que ha traspasado los límites de la fama nacional y la internacional.

Al salir, Rafa tenía mucho interés en visitar la Biblioteca de este popular pensador así que nos dirigimos hacia allí.

DSC_1003 (4)
Biblioteca Menéndez Pelayo

Ante nuestra sorpresa no te cobran la entrada. Un trabajador muy simpático nos puso un vídeo que te introduce en la vida de Menéndez Pelayo y posteriormente nos hizo pasar a la biblioteca, que almacena unos 41.000 libros que tenía en su colección y que donó a la ciudad antes de morir. Curiosamente en este espacio tan singular también se rodaron algunas escenas de la película Altamira.

DSC_1003 (7)
Biblioteca

Anexa a esta biblioteca, que el propio Marcelino mandó construir como un edificio independiente, se encuentra su casa-museo, que conserva algunos de los muebles originales. En una de las habitaciones ocurrió una anécdota que nos dice mucho del carácter de este hombre: encontrándose leyendo sentado en un sillón, de repente una chispa saltó de la chimenea y prendió fuego al lado de sus pies. Él, sin inmutarse, prosiguió leyendo. Por suerte su hermano y su cuñada llegaron minutos después, advertidos por el humo, y le recriminaron a Marcelino que no se hubiera dado cuenta del peligro que corría. Él seguía absorto en su lectura.

Al salir de la casa, pasamos por la Casa Consistorial hasta llegar al puerto, donde vamos en busca de Los Raqueros, escultura dedicada a los niños pobres que a principios del siglo XX mendigaban por las calles de Santander y se tiraban al mar a por las monedas que les lanzaban los transeúntes.

DSC_1003 (15)
Casa Consistorial de Santander

Antes de volver al coche decidimos detenernos a tomar algo en el Café Suizo, degustando unos pequeños bocadillos que nos vinieron de maravilla. Nuestro siguiente destino, el último de nuestro viaje, era la Península de la Magdalena, donde se encuentra un bello y agradable parque público cerrado al tráfico y presidido por el elegantísimo Palacio de la Magdalena, residencia veraniega del rey Alfonso XIII construida a principios del siglo XX. No pudimos entrar ya que en verano al parecer solo abren los fines de semana.

La península une el puerto y la bahía de Santander con la zona más famosa y frecuentada de la capital cántabra, las playas del Sardinero. Además del palacio, en este parque hay un pequeño zoológico con focas, leones marinos y pingüinos, y un museo al aire libre de réplicas de embarcaciones históricas, tres carabelas y una balsa, que utilizó el navegante cántabro Vital Alsar.

Nuestra escapada, ahora sí, había llegado a su fin y después de comernos una pizza retomamos el largo viaje de vuelta.

¿Qué podemos decir de Cantabria? Que es una tierra infinita de posibilidades, especialmente recomendable para ir con toda la familia. Allí encontrarás playa, montaña, cultura paleolítica, cuevas geológicas,… y gente cordial y extremadamente servicial. Un mundo lleno de posibilidades. En definitiva, y como ya dijimos al principio, un capricho del destino que al fin disfrutamos juntos.

Gracias por seguirnos en otra de nuestras escapadas y… ¡hasta pronto!

ETAPA ANTERIOR: BURGOS Y COVARRUBIAS

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *