ALEMANIA,  LUGARES CON HISTORIA

La ciudad maltratada por la Historia

Ruta de 5 días por Berlín

No puedo evitar sentir algo extraño recorriendo mi cuerpo al escribir este diario sobre Berlín. Se trata de una especie de escalofrío que tapona los sentidos y comprime el alma, un grito mudo que paraliza y acongoja. No imaginaba que pudiera volver a sentirlo a toro pasado, pero así de intenso fue mi encuentro con la Historia en la capital alemana. O mejor dicho, mis encuentros. En Europa existen muchas ciudades en las que la tragedia ha grabado una marca en sus tejidos urbanos, pero ninguna ha sido tan profundamente maltratada por la historia como Berlín (pensemos que solo durante el siglo XX la ciudad fue devastada y vuelta a reconstruir en 5 ocasiones). Berlín vio morir un imperio, vivió una revolución, acogió el cuartel general de los nazis, fue reducida a escombros durante la Segunda Guerra Mundial y fue dividida en dos con la construcción del Muro. Y después de todo eso, cuando por fin parecía que el «ensañamiento» había concluido con la reunificación, en 2016 le tocó sufrir un nuevo golpe con el atentado terrorista perpetrado en un mercado navideño justo delante de la Kaiser-Wilhelm Gedächtniskirch.

En algunos adoquines de las calles de Berlín se ha marcado la ubicación de dónde residían las personas judías asesinadas durante el Holocausto

¿Se ha recuperado Berlín de semejante terquedad por parte de la historia? ¿Ha resurgido de sus cenizas, como he podido leer en muchos lugares, cual Ave Fénix? Yo esperaba que sí, pero lo cierto es que lo que me encontré allí dista mucho de una recuperación completa. Sus habitantes así lo intentan y sus gobernantes así lo desean, pero creo que algunas cicatrices aún siguen abiertas. Por esa razón me horroricé enormemente al ver cómo esa nueva cultura que llaman del postureo (y que yo llamaría sin tapujos cultura de la desconsideración por los monumentos históricos) ha invadido los símbolos berlineses banalizando el sufrimiento que otros experimentaron y glorificando la ignorancia sin ningún tipo de pudor.

Pariser Platz

No podía existir un mejor escenario para un viaje que nos debíamos desde hacía mucho tiempo mis padres y yo. Personalmente soy de los que piensa que esta clase de cosas hay que hacerlas cuando aún se está a tiempo y no cuando ya es tarde para lamentarlo. Disfrutar con ellos en Berlín de nuestra gran pasión (la que ellos se han encargado de inculcarnos a mí y a mí hermana desde pequeñitos) ha sido una de las mejores experiencias que he vivido en los últimos años. Ver cómo mi madre cumplía uno de sus sueños, el de admirar el busto de Nefertiti en el Neues Museum, fue una sensación indescriptible. Disfrutar de una buena conversación entre padre e hijo mientras paseábamos por la noche berlinesa, eso sí que no tiene precio. Por este viaje y por los que aún vendrán, este relato está dedicado a vosotros, papás.

¿Estás preparado para un intenso viaje? ¡Ven a vivir la historia con nosotros!

Día 1

En esta ocasión me desplacé hasta Barcelona, mi ciudad natal, para viajar a la mañana siguiente con mis padres a Berlín con Easyjet desde el Aeropuerto de El Prat. La capital alemana cuenta con dos aeropuertos, Berlín-Tegel y Berlín-Schönefeld (tres, si contamos al que está a punto de ser inaugurado después de casi una década de retraso,  el de Berlín-Brandenburgo Willy Brandt). Nosotros volamos hasta Schönefeld, antiguo flughafen de la RDA (República Democrática Alemana) y el que se encuentra más alejado de Berlín, a unos 24km al sureste.

Cómo moverse por Berlín

No resulta demasiado complicado comprender cómo funciona el sistema de transporte público en esta ciudad, básicamente hay que tener claras tres cosas:

  • La primera es que el S-BAHN (equivalente al tren de cercanías español) y el U-BAHN (equivalente al metro), a pesar de que no comparten el mismo operador, sí comparten las mismas tarifas. Esto significa que con un único billete podréis utilizar ambos medios de transporte para desplazaros, incluyendo además el tranvía y el autobús;
  • la segunda es que la red de transportes está dividida en tres zonas, A, B y C, siendo la A el centro histórico, la B su periferia y la C aquella zona más alejada del centro, donde están incluidas algunas ciudades cercanas como Potsdam o Oranienburg (ciudad del Campo de Concentración de Sachsenhausen) y el Aeropuerto de Schönefeld;
  • la tercera es que solo existen tres tipos de tarifas, las cuales cubren estas tres zonas. Así, debes adquirir el ticket de la tarifa A-B si solo pretendes moverte entre esas dos zonas, y lo mismo ocurre con las otras dos, la B-C y la A-B-C (en caso de que solo quieras moverte por la zona A, deberás comprar igualmente un billete para la zona A-B).

Para poner un par de ejemplos, si deseas coger el U-Bahn para ir desde la parada Brandenburger Tor (zona A) hasta Alexanderplatz (zona A), deberás pagar la tarifa A-B (billete sencillo 2,80€); en cambio, si deseas ir desde el Aeropuerto Berlín-Schönefeld (zona C) hasta Alexanderplatz (zona A), deberás comprar el billete de la tarifa A-B-C (billete sencillo 3,40€). Existen abonos de transporte de 1 día y de 7 días que podréis utilizar ilimitadamente en la red de transportes berlineses y ahorrar un buen dinero. Esto era precisamente lo que hacíamos nosotros todas las mañanas, comprar un billete para todo el día para no volver a preocuparnos. Por cierto, ¡no olvidéis validar vuestro billete porque las multas son importantes! (si compráis un abono para todo el día, basta con validarlo una sola vez).

La manera más rápida para llegar al centro de la ciudad desde el Aeropuerto de Schönefeld es coger el tren Airport Express. En aproximadamente unos 40 minutos ya estábamos en la estación de Alexanderplatz, donde aprovechamos para comprar unos bocadillos y comérnoslos allí mismo, sentados en unos bancos. Estábamos a una sola parada de U-BAHN de nuestro apartamento, la parada Weinmeisterstraße de la línea U8. A pocos metros se encuentra el Flower’s Boardinghouse Mitte, donde descansamos unos minutos antes de realizar nuestra primera visita en Berlín.

El Muro de Berlín

Queríamos empezar a lo grande, conociendo uno de los periodos más fascinantes y a la vez dolorosos de la historia de la capital alemana, de modo que esa misma tarde decidimos programar la visita de dos tramos distintos del Muro de Berlín, aquel que dividió la ciudad en dos durante casi tres décadas, desde 1961 hasta 1989. Para comprender las circunstancias de su construcción debemos retroceder en el tiempo hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, momento en que, con el fin de someter a Alemania a una desmilitarización, democratización y desnazificación, las potencias aliadas acordaron dividir el país en cuatro zonas de ocupación: estadounidense, francesa, británica y soviética.

División política de Alemania tras el final del conflicto bélico en 1945. Nótese cómo la capital, Berlín, también quedó dividida a su vez en cuatro (fuente de la imagen: wikipedia)

Berlín, a su vez, también quedó dividido en cuatro sectores de ocupación, aunque como puede apreciarse en el mapa su ubicación quedaba dentro de la zona de ocupación soviética (atentos a este pequeño detalle, pues resulta de vital importancia en el tema que nos ocupa). Las disputas entre los soviéticos y los aliados occidentales empezaron pronto, llegando a un punto de no retorno en 1949, cuando las evidentes diferencias ideológicas hicieron que los países occidentales decidieran unirse para formar un nuevo estado, la República Federal Alemana (RFA), trasladando la capital a Bonn, mientras que los soviéticos harían lo propio creando la República Democrática Alemana (RDA) con capital en Berlín Oriental. Esta nueva situación geo-política hizo que Berlín Occidental quedara literalmente aislado dentro del territorio de la Alemania Oriental. La Guerra Fría iba tomando forma, ya que la separación supuso también la confrontación de dos ideologías y ejes económico-culturales: el comunista y el capitalista.

División política de Berlín (fuente de la imagen: wikipedia)

La tensión se agravó aún más cuando, a partir de la década de los 50, muchos alemanes (entre ellos, una gran cantidad de profesionales brillantes) que vivían en el bloque comunista comenzaron a huir hacia el bloque capitalista, bien por aversión al gobierno apoyado por la URSS, bien porque la vida en Alemania Oriental era, si cabe, todavía más dura que en la Alemania Occidental, la cual estaba recuperándose a una mayor velocidad (se calcula que entre los años 1945 y 1961 unos 3 millones de alemanes pasaron del Este al Oeste). Semejante éxodo estaba dejando a la RDA al borde del colapso político y económico, de modo que en la madrugada del 13 de agosto de 1961 las autoridades del lado oriental autorizaron levantar una alambrada de espino provisional que separase ambas zonas de la ciudad, cerrando la práctica totalidad de los puntos de paso. Durante los días posteriores la alambrada pasó a convertirse en un muro de ladrillos, y luego éste en un muro de hormigón de entre tres y cuatro metros de altura al que acompañaron una serie de pasos fronterizos que regulaban el cruce de civiles, militares o diplomáticos de un lado a otro, como por ejemplo el llamado Tränenpalast (literalmente “palacio de las lágrimas” por ser un lugar de constantes despedidas lacrimosas entre alemanes del Este y sus familias del Oeste) o el Checkpoint Charlie, lugar donde se vivió el momento más tenso de la Guerra Fría con una confrontación de tanques de ambos bandos en octubre de 1961. El Muro no solo partía ambos lados de la ciudad por el centro, sino que rodeaba literalmente el Berlín Occidental convirtiéndola en una isla dentro de un mar comunista (de ahí la importancia de comprender la ubicación de la ciudad en la zona de ocupación soviética).

La línea amarilla señala el perímetro de 155 metros que tenía el Muro, aislando al Berlín Occidental en territorio soviético (fuente de la imagen: www.laguiadeberlin.com/muro-de-berlin/)

Pero el Muro no consistía en una única pared de hormigón. En realidad habían dos muros (uno de ellos interno en el lado soviético) cuyo espacio entre ambos era conocido como la «franja de la muerte», formada por torres de vigilancia, alambradas, barreras antitanques, sistemas de autodisparo, zonas de arena para reconocer la forma de las huellas y soldados armados, entre otros dispositivos.

Reconstrucción virtual de un fragmento de la franja de la muerte (fuente de la imagen: www.die-tagespost.de)

Cuando uno viene a Berlín, espera poder contemplar al menos uno de los fragmentos del famoso Muro que aún quedan en pie o alguno de los monumentos conmemorativos que se han levantado en su honor. Creo que no voy mal encaminado si afirmo que son siete los lugares más importantes relacionados con el Muro en Berlín: el monumento conmemorativo Gedenkstätte Berliner Mauer, el Tränenpalast, la Topographie des Terrors, el Checkpoint Charlie, la plaza Potsdamer Platz, el parque Mauerpark y la East Side Gallery. Durante este viaje de cinco días, nosotros visitaremos cinco de estos lugares, comenzando por el que es probablemente el menos frecuentado por los turistas, aunque sin duda el que más me impresionó a mí.

Gedenkstätte Berliner Mauer

Para llegar al Gedenkstätte Berliner Mauer (monumento conmemorativo del Muro de Berlín) solo tuvimos que volver al U-BAHN y tomar la línea U8 hasta la parada Bernauer Straße.

Fachada de una casa de la calle Bernauer Straße en la que se reproduce una fotografía de 1961, año de la construcción del Muro

A mi juicio, no hay mejor lugar para empezar a conocer la historia del Muro que en este amplio espacio al aire libre de 1,4 km de longitud a lo largo de la calle Bernauer Straße que incluye, no solo uno de los tramos originales del Muro, sino también una recreación de la «franja de la muerte», fachadas de casas pintadas con reproducciones de fotografías que pertenecen a los meses en los que se levantó el Muro, un centro de documentación y diversos espacios multimedia con textos explicativos.

Gedenkstätte Berliner Mauer
Escultura conmemorativa que representa la reconciliación de ambos lados del Muro
Centro de documentación del Gedenkstätte Berliner Mauer

A mí este lugar me puso literalmente los pelos de punta, pues documenta tanto la historia del propio Muro y el entorno político de la Guerra Fría, como su impacto en la vida diaria de ciudadanos corrientes que vivían en la Bernauer Straße, escenario de escenas de gran dramatismo. La mañana del 13 de agosto de 1961, un domingo, la calle amaneció atravesada por alambradas mientras empezaban los preparativos para demoler una veintena de viviendas por quedar en medio del trazado del Muro. Las ruinas de una de esas viviendas aún son visibles, cuyos desnudos cimientos antaño separaban las diferentes estancias de la casa.

Ruinas de la casa demolida bajo una estructura protectora
Ruinas de la casa demolida

No fueron las viviendas las únicas construcciones en ser «sacrificadas» por el levantamiento del Muro. Unos pocos metros más adelante encontramos una pequeña capilla levantada en el año 2000 en honor a una iglesia que había existido justo en este mismo punto desde finales del siglo XIX y que, con la construcción del Muro, quedó aislada en terreno de la «franja de la muerte». En 1985 el régimen de la RDA decidió finalmente demolerla.

Capilla de la Reconciliación, levantada en el lugar donde antes había existido la iglesia del siglo XIX. En el suelo, se ha marcado el trazado del perímetro que ésta tenía.

La primera vez que pude ver con mis propios ojos el fragmento original del Muro que hay en el Gedenkstätte Berliner Mauer sentí una punzada en el corazón. Allí estaba yo, frente a la última versión de la infraestructura diseñada en 1983, conocida como «muro de cuarta generación», la más compleja y eficaz que se había conseguido pues estaba formada por módulos de hormigón armado en forma de «L», los cuales solo podían llegar a ser tumbados con un tanque. La emoción que sentí fue indescriptible.

Tocando con mis propias manos el Muro de Berlín
Sección «amputada» del Muro de Berlín en el memorial Gedenkstätte Berliner Mauer
Muro de Berlín

En un principio no comprendíamos que había justo detrás de esta sección del Muro, un espacio cerrado del que solo asomaba una antigua torre de vigilancia. Entonces caímos en la cuenta: aquella era una recreación de la «franja de la muerte», una tierra de nadie que se convirtió desgraciadamente en un dramático escenario de agonía y desesperación para muchas personas que intentaron cruzar del lado este al oeste. Otro escalofrío recorrió mi cuerpo, y ya iban dos.

Mis padres frente al muro interior que se levantó en suelo soviético, detrás del cual se encontraba la «franja de la muerte». En ella, una torre que vigilaba todos los movimientos que se llevaban a cabo en la frontera.

Una instalación artística hecha a base de barrotes, a modo de prisión, prolongan simbólicamente el recorrido que en su día seguía el Muro a lo largo de la calle Bernauer. Resultó cuanto menos chocante ver cómo los turistas atravesaban sin ninguna dificultad una frontera que durante casi 30 años había sido prácticamente infranqueable. Mis padres y yo mismo pudimos experimentar esa extraña sensación al pasar de un lado a otro en varias ocasiones.

Barrotes situados donde anteriormente se levantaba el Muro
Fachada de una casa en el cruce entre las calles Bernauer Straße y Ackerstraße, pintada con la reproducción de una fotografía de 1961
Grafitti en la pared de un edificio en la calle Bernauer. Nótese cómo en el cuchillo aparece una referencia al Muro (1961-1989)

A lo largo del monumento conmemorativo se suceden diversos espacios multimedia y carteles explicativos (en alemán y en inglés) que dan cuenta de algunas dramáticas historias personales que allí se vivieron. Historias que hablan de puertas y ventanas tapiadas por el régimen de la RDA para evitar que algunos edificios fueran utilizados como vía de huida, cosa que no impidió que algunos ciudadanos saltaran al vacío igualmente. Historias de personas que no consiguieron su objetivo de cruzar al lado occidental y perecieron, como Peter Fechter, un obrero de 18 años quien en 1962 fue alcanzado por los disparos de los guardias de frontera al intentar cruzar el Muro junto a su amigo Helmut Kulbeik cerca del paso fronterizo Checkpoint Charlie. Mientras éste logró su objetivo, Fechter quedó malherido en el suelo de la franja de la muerte del lado este, a la vista de cientos de testigos occidentales que contemplaron cómo el joven pedía ayuda de manera infructuosa, pues no recibió auxilio de ninguna de las partes, muriendo desangrado una hora más tarde. La muerte de Fechter se convirtió en el símbolo de la pasividad de ambos gobiernos por encontrar una solución al conflicto y del miedo mutuo a desencadenar un conflicto de grandes proporciones, cosa que por suerte nunca llegó a ocurrir. 

Monumento a las víctimas del Muro de Berlín, en el Gedenkstätte Berliner Mauer
Monumento a las víctimas del Muro de Berlín, con todas las fotografías de las personas que perecieron tratando de cruzar al lado occidental

¿SABÍAS QUE…?

Seguro que muchos de nuestros lectores cantineleros recuerdan la canción Libre de Nino Bravo, ¿cómo no hacerlo? Editada en 1972, se convirtió en uno de los éxitos más recordados de nuestra música y en un himno a la libertad. Pues bien, el caso es que el protagonista de esta canción universal está inspirado precisamente en Peter Fechter. Repasemos durante un momento la letra:

Tiene casi veinte años y ya está
Cansado de soñar,
Pero tras la frontera está su hogar,
Su mundo, su ciudad.
Piensa que la alambrada sólo es
Un trozo de metal,
Algo que nunca puede detener
Sus ansias de volar…

¿No cobra ahora todo el sentido?

Fotografía de Peter Fechter

East Side Gallery

El monumento Gedenkstätte Berliner Mauer representa la manera rigurosa y respetuosa de tratar la historia del Muro de Berlín. Desgraciadamente en la capital alemana también pudimos ser testigos de otra manera, aquella que banaliza la experiencia histórica y el sufrimiento humano convirtiéndola en una especie de parque temático donde hacerse selfies con una absoluta desvergüenza. Esto fue lo que sentimos en el Checkpoint Charlie o la East Side Gallery, nuestro siguiente destino del día. Para llegar hasta allí tuvimos que coger nuevamente el U-BAHN, siguiendo la línea U8 hasta la parada Jannowitz-brücke y una vez allí cambiar al S-BAHN (tren de cercanías) hasta la parada Warschauer Straße.

Tengo que reconocer que la zona donde está situada la East Side Gallery, el decadente y destartalado barrio de Friedrichshain, situado entre el Oberbaumbrücke (puente del siglo XIX, considerado por muchos como el más bonito de los 1.700 que hay en Berlín, afirmación con la que discrepo) y la Ostbahnhof, no nos inspiró demasiada confianza. Calles sucias, personas en evidente estado de embriaguez tiradas por el suelo,… Algunos dirán que ésta es precisamente la esencia de la capital alemana, desorganizada, despreocupada e indisciplinada, pues vale.

Oberbaumbrücke

Volvemos a la historia. La llegada de Mijaíl Gorbachov al gobierno soviético en 1985 trajo consigo nuevas medidas económicas y una nueva tendencia política que animó a los países comunistas a instaurar gobiernos reformistas. La RDA, cuya autoridad quedó gravemente desamparada, se mantuvo como el último bastión de un sistema político que ya empezaba a dar señales de agotamiento. La situación se agravó cuando Hungría retiró el telón de acero en verano de 1989, haciendo que muchos alemanes orientales pudiesen ir allí de vacaciones para luego cruzar la frontera con Austria y finalmente escapar a Alemania Occidental. Finalmente, gracias a la presión popular, el gobierno de la RDA anunció el 9 de noviembre de 1989 que los alemanes orientales tenían libertad para viajar a Occidente. Aquel mismo atardecer, una inundación de gente festejó la caída del muro de la vergüenza, lo que a la postre significaría la desintegración de la RDA y el restablecimiento de la unidad de Alemania, con la devolución de la capitalidad a Berlín.

Fragmento del Muro de la East Side Gallery en el que aparece el eslogan «Mucha gente pequeña, que en muchos lugares pequeños, hacen muchas cosas pequeñas, pueden cambiar la cara del mundo».

El Muro se desmanteló a toda prisa, pero se dejó un tramo prácticamente intacto en Mühlenstraße, paralelo al río Spree, que pasó a llamarse la East Side Gallery debido a que más de un centenar de artistas de más de veinte países distintos plasmaron en este lienzo de piedra su euforia en relación a este acontecimiento histórico. La East Side Gallery es el tramo original del Muro de Berlín más largo que queda en pie con sus 1,3 km de longitud. Desde un punto de vista estrictamente artístico, además, está considerada la mayor exposición mural al aire libre del mundo.

East Side Gallery
Moscow, China, Everywhere, Berlin, obra de la East Side Gallery
East Side Gallery

Como podéis imaginar, un apasionado del arte como yo no pudo sino disfrutar del amplio y pintoresco mosaico de visiones surrealistas y declaraciones pacifistas que conforman la East Side Gallery. En realidad, lo que podemos ver hoy en día es fruto de una restauración llevada a cabo en 2009. Muchas de las obras se desdibujaron y fueron víctimas de actos vandálicos durante los primeros años, motivo por el cual,  para el 20 aniversario de la caída del Muro, se invitó a los artistas originales a rehacer sus trabajos en una pared que sería restaurada previamente. Algunos accedieron, otros declinaron la oferta. El caso es que, cuando llegaron allí muchos se encontraron con una sorpresa desagradable: la mayoría de sus obras habían sido ya borradas y otras habían sido repintadas con otros motivos que no tenían nada que ver con los originales ni con el espíritu de la época. Esto provocó que algunos artistas demandaran a la ciudad por violar sus derechos de autor.

Save our Earth, del artista Indiano
Vergeßt mir die Liebe nicht, del artista Henry Schmidt
La obra Danke, Andrej Sacharow del artista Dmitri Vrubel es un retrato del eminente físico nuclear y disidente del régimen soviético, Premio Nobel de la Paz en 1975

No esperéis encontrar grafittis con un alto componente técnico, sino más bien obras apasionadas fruto de la espontaneidad y la emoción del momento, huellas de personas que deseaban participar activamente de un acontecimiento histórico al mismo tiempo que liberaban una rabia contenida durante años. Así es como debemos verlas, como un compendio de manifestaciones instintivas y mayoritariamente irreflexivas. Aunque hay excepciones, obras que trascendieron y se convirtieron en auténticos iconos de una época.

East Side Gallery
El saltador de Muro, del artista Gabriel Heimler
Gente del mundo, somos un pueblo, grafitti del artista Shamil Gimayev

Pongamos solo dos ejemplos: Test the best («Prueba lo mejor»), de la pintora alemana Birgit Kinder, que representa a un utilitario atravesando el Muro sin sufrir apenas daños, concretamente el modelo Trabant, el único modelo de coche al que podían acceder los ciudadanos de la Alemania soviética antes de la reunificación, ahí queda el mensaje simbólico; y Mein Gott hilf mir, diese tödliche Liebe zu überleben («Dios mío, ayúdame a sobrevivir a este amor mortal»), del artista ruso Dmitri Vrubel. Apodado como «El beso», este trabajo alude al beso de hermanamiento que tuvo lugar en 1979 entre Leonid Brezhenev, entonces Secretario General de la Unión Soviética, y Erich Honecker, a la sazón Presidente del Consejo de Estado de la RDA. Ni que decir tiene que el beso original era en realidad un simple gesto protocolario que expresa confianza mutua, muy común entre los mandatarios de los países eslavos. Sin embargo, el pintor sacó de contexto este gesto aparentemente pasional por parte de dos fríos mandatarios, añadiéndole una connotación sexual que resulta enormemente provocativa y transgresora. Precisamente delante de este icónico mural fui testigo de otro gesto transgresor… ¡por parte de mi santa madre!

Dios mío, ayúdame a sobrevivir a este amor mortal, del artista Dmitri Vrubel, posiblemente la imagen más icónica de la East Side Gallery

Resultaba absolutamente imposible acercarse a contemplar el beso inmortal creado por Vrubel por la ingente multitud que se agrupaba frente a él como una manada de buitres en busca de su presa. De hecho, pasamos tres veces por delante de él y la multitud todavía seguía ahí. Se trataba de una lucha encarnizada por posar ante la icónica imagen de la manera más desvergonzada y menos respetuosa posible. El clásico posado a lo «yo he estado aquí» de finales de los años 90 ya ha pasado de moda, al parecer. Ahora lo que se lleva es el postureo puro y duro, sin medias tintas. La apología de la ignorancia y el mal gusto. Pues bien, ante semejante panorama mi madre, Victoria tenía que llamarse, ni corta ni perezosa y pequeñita como es, decidió plantarse delante de todos esos turistas que hacían turistadas, fastidiando la foto a más de uno, simplemente porque quería disfrutar de algo que poseía un enorme valor testimonial e histórico. Fue, de entre todas aquellas personas, la única que tenía el deseo de «escuchar» lo que aquella obra de arte tenía que decir.

«Con dos cojones», así titularía esta fotografía

Un gesto que, por lo que tenía de respetuoso a lo que ese símbolo representaba, yo lo sentí como transgresor, por lo que me vi en la obligación de inmortalizarlo con mi cámara. Como en la famosa foto en la que Jeff Widener retrató al manifestante que se plantó frente a una hilera de tanques en la plaza de Tiananmén, yo también tuve la suerte de ser testigo del desafío de una mujer que se plantó frente al absurdo de una sociedad que banaliza impunemente la historia y la cultura de un lugar en favor de su propio beneficio narcisista. Y ojo que yo también me incluyo.

En fin, volvamos al relato. No serán éstas las únicas experiencias que tendremos durante este viaje con el célebre Muro. Mañana, durante nuestro paseo guiado por la ciudad, visitaremos otros lugares donde se conservan fragmentos originales como Alexanderplatz, la Topographie des Terrors y el Checkpoint Charlie. Pero eso será mañana, que hoy ya toca regresar al hotel (previa parada para comprar unos sandwiches en un puesto de una parada del U-BAHN, ¡qué práctico!).

Muro de Berlín en su segmento de la East Side Gallery
Anochece en la orilla del río Spree

Día 2

¡Riiiiing! Sonó la alarma en nuestra habitación del Flower’s Boardinghouse Mitte de Berlín. Amanecía un nuevo día, el primero completo de los que pasaríamos en la capital alemana. Después de comernos nuestros croissants y de tomarnos nuestros cafés (cortesía del hotel) en su terracita nos pusimos en marcha. Aquella mañana teníamos programada una de las dos visitas guiadas que íbamos a hacer con la empresa Civitatis, concretamente un tour por el centro de Berlín de la mano de África, una guía catalana residente en la ciudad. Esta era la primera vez que nos decidíamos a hacer algo así (siempre nos ha gustado más organizarlo todo nosotros e ir por libre), pero lo cierto es que en una ciudad con tantísimos atractivos como Berlín viene muy bien para comenzar a situarte y tener una visión global. Esa misma tarde, después de la visita guiada, completamos el día visitando la cúpula del Reichstag, el edificio del parlamento alemán.

Las 10h de la mañana era la hora acordada por Civitatis para comenzar nuestra visita por el centro histórico. Por supuesto, nosotros no llegamos tarde a la cita. El lugar, una de las plazas más emblemáticas de Berlín: Alexanderplatz. Estaba previsto que el recorrido a pie acompañados de África durase unas 4 horas, sería una mañana larga e intensa, pero muy interesante ya que nos esperaban numerosas referencias a diversos periodos históricos como el nazismo o la Guerra Fría. ¿Estáis listos para caminar? ¡Pues empezamos!

Comienza nuestra visita con África, guía de Civitatis

Alexanderplatz

En su novela Berlin Alexanderplatz, el escritor Alfred Döblin describió esta plaza en la década de 1920 como un «lugar de recreo de delincuentes, prostitutas y desheredados». Es innegable que hoy en día poco queda de aquel lugar frenético y vibrante de los años previos a la guerra, aunque ha recuperado algo de su animación gracias al incesante trasiego de gente que frecuenta los restaurantes y los grandes almacenes de la Galleria Kauhof. Con unas medidas desmesuradas y una planta realmente extraña (las estaciones de S-Bahn y U-Bahn la parten literalmente por la mitad), esta plaza es uno de los principales puntos de referencia para la mayoría de turistas que visitan Berlín.

Originalmente un mercado de lana y ganado, Alexanderplatz se convirtió en una plaza a la que se dio en 1805 el nombre del zar ruso Alejandro I cuando éste hizo una visita a Berlín. De todos los edificios históricos que poblaban la plaza, solo dos han sobrevivido, la Alexanderhaus y la Berolinahaus, ambas exponentes de la arquitectura moderna de los años 30. La Segunda Guerra Mundial arrasó la plaza reduciéndola a cenizas y años más tarde, tras la separación de las dos Alemanias y la ocupación de este lado de la ciudad por parte de la República Democrática Alemana (RDA), comenzaron a levantarse sus edificios más emblemáticos (todos de factura soviética, desde luego). El más impresionante es sin duda la Fernsehturm (Torre de Televisión), que con sus 368 metros es la estructura más alta de toda Alemania y uno de los símbolos más reconocibles de Berlín.

Unos soportales de hormigón de 26.000 toneladas sostienen su distintivo globo que alberga una plataforma de observación a 203 metros de altura y, justo encima, un restaurante giratorio que gira 360 grados cada media hora, el Sphere. Esta torre significó uno de los logros más destacados por parte del bloque comunista durante la Guerra Fría. Su construcción estaba destinada a mejorar las transmisiones en la televisión pública de la RDA, sin duda un pretendido gesto de superioridad frente a su rival capitalista. Sin embargo, al parecer no era ésta su única misión. Después de la caída del muro y el fin de la Guerra Fría, el gigante de las telecomunicaciones Deustsche Telecom tomó el control de la torre. La sorpresa llegó cuando se descubrieron montones de equipos de espionaje en su interior apuntando directamente al Berlín Oeste. Vaya, vaya…

¿SABÍAS QUE…?

A la torre de Televisión se le han asignado muchos motes, como «la pelota de golf en el palo» o «la venganza del Papa». Éste último vino motivado por el hecho de que, durante los días soleados, se crea un reflejo de luz en forma de crucifijo en el globo. Por supuesto, esto suponía un verdadero problema para la RDA, oficialmente un estado laico, motivo por el cual los arquitectos no fueron invitados a la inauguración de la estructura. ¡Mira que es mala suerte!

Otro recuerdo comunista que se pudimos ver en Alexanderplatz es el curioso Weltzeituhr, un reloj mundial que se convirtió en todo un icono en su época y un popular punto de encuentro para los habitantes del Berlín Oriental.

Cerca de la Torre de Televisión se yergue uno de los pocos monumentos históricos de Berlín que sobrevivió (aunque muy maltrecho) a la guerra, la Marienkirche. Construida originalmente en 1270, fue extensamente remodelada durante el siglo XIV. Su torre barroca, diseñada por Carl Gotthard Langhans en 1790, la convierte en una de las iglesias más hermosas de la capital alemana. Aunque no tuvimos tiempo para entrar, su interior alberga un púlpito de alabastro, una pila bautismal gótica y un fresco de 22 metros de longitud titulado Der Toten tanz (La danza macabra) de 1485.

Marienkirche

Frente a la Marienkirche, se encuentra la neobarroca Neptunbrunnen (Fuente de Neptuno, de 1895), una obra de 1888 del escultor Reinhold Begas que representa al dios Neptuno rodeado por cuatro figuras femeninas que simbolizan cuatro ríos de Alemania (el Rin, el Vistula, el Elba y el Oder). La fuente tiene una curiosa historia: en un principio fue encargada como un regalo para el kaiser Guillermo II y colocada frente al antiguo Palacio Real de Berlín, en la plaza Schloßplatz. Sin embargo, tras la polémica demolición de dicho palacio por parte del régimen de la RDA en 1951, la fuente fue primero almacenada durante algunos años y posteriormente trasladada a su actual ubicación en los alrededores de Alexanderplatz. Quien sabe si algún día volverá a acompañar al nuevo Palacio Real que actualmente está siendo construido justo en el mismo lugar que el anterior.

Neptunbrunnen

Ayuntamiento Rojo (Rotes Rathaus)

Durante la época que duró la división de las dos Alemanias, en Berlín habían dos administraciones que funcionaban por separado y a modo de espejo, de modo que por ejemplo había un aeropuerto en el Berlín Este y otro en el Berlín Oeste, y lo mismo pasaba con la universidad o el ayuntamiento, cada sector tenía el suyo. Muy cerca de Alexanderplatz se encuentra el que fuera el ayuntamiento del Berlín soviético, el Ayuntamiento Rojo (rojo, no porque fuera comunista, sino por el color de sus ladrillos), construido en 1869 por Hermann Friedrich Waesemann. Tras la caída del muro de Berlín, este edificio de estilo neorenacentista se convirtió en el ayuntamiento de la ciudad reunificada.

Ayuntamiento Rojo

Barrio Nikolaiviertel

Desde el Ayuntamiento Rojo, África condujo al grupo a otro punto de interés, Nikolaiviertel, o lo que es lo mismo, el barrio de Nikolai. Adentrarse en esta zona del distrito de Mitte significa hacer un viaje atrás en el tiempo, o así lo pretendieron las gentes que durante la década de 1980 quisieron recuperar el aspecto que tenía desde la época medieval reconstruyendo sus casas y calles.

Nikolaiviertel
Estatua de San Jorge en Nikolaiviertel, con la iglesia Nikolaikirche al fondo

Y es que el barrio de Nikolaiviertel poseía una larga tradición como barrio de mercaderes y artesanos desde que se formara en el siglo XIII alrededor de la iglesia Nikolaikirche, la más longeva de la capital alemana. Pero la Segunda Guerra Mundial lo borró del mapa con sus bombas.

Nikolaikirche
Casas de Nikolaiviertel

Después de varias décadas de abandono y con motivo del 750 aniversario de la ciudad, se decidió devolverle la vida al barrio. Bajo la dirección del arquitecto Günter Stahn y siguiendo los modelos históricos, las casas y las calles fueron reconstruidas de manera tan exacta como fue posible. Muchos de los edificios se terminaron sin demasiados adornos debido a que el presupuesto para la obra se agotó rápidamente. Además, hemos de tener en cuenta que seguimos en la parte soviética y eso nunca fue bueno para la estética. Pese a todo, os garantizo de que veréis pocos lugares tan encantadores en Berlín como el barrio de Nikolaiviertel.

Nikolaiviertel

Palacio Real (Humboldt Forum)

Continuamos nuestro paseo por el centro histórico de Berlín bordeando el río Spree a la altura de la denominada Museumsinsel (Isla de los Museos), la cual visitaremos en los próximos días. Nuestra guía África nos hizo reparar en la fachada de la renacentista Ribbeck-Haus, al otro lado de la orilla, la cual conserva un funesto recuerdo de la Segunda Guerra Mundial en forma de pequeños agujeros de metralla.

Agujeros de metralla en la Ribbeck-Haus

En nuestro paseo en dirección a la Berliner Dom (Catedral de Berlín), nos encontramos con el Palacio Real, cuya última reconstrucción estaba previsto que finalizara en 2019, sin embargo nosotros nos lo encontramos todavía en obras (algo que, por lo visto, sucede bastante a menudo en la capital alemana). Este edificio es el que mejor podría resumir la desgraciada historia de esta ciudad, pues ha sido destruido y vuelto a construir tantas veces como la propia Berlín.

A la izquierda, una de las fachadas laterales del Humboldt Forum, antiguo Palacio Real, en la orilla del río Spree. Al fondo, la Berliner Dom

La primera construcción que ocupó este espacio fue el castillo del siglo XV que el príncipe elector Federico II de Brandenburgo, apodado «Diente de hierro», mandó erigir desoyendo las airadas protestas de los ciudadanos berlineses que incluso llegaron a inundar los terrenos de la futura fortaleza (este hecho pasó a la historia como la Berliner Unwille, es decir, la «Indignación de Berlín» de 1448). Un siglo después el castillo fue derribado y en su lugar se levantó el Palacio Real que serviría durante siglos como residencia de los reyes de Prusia, miembros de la dinastía Hohenzollern. Tras la división de las dos Alemanias, en 1951 los dirigentes de la RDA decidieron derribar el edificio por su simbolismo imperialista, a pesar de las protestas de muchos berlineses que reclamaban su valor histórico y artístico. En su lugar, se levantó en 1976 el Palacio de la República que hacía las funciones de parlamento, cámara del pueblo y centro cultural, pero éste también fue derribado tras la caída del muro y el fin del comunismo, ya a principios del siglo XXI.

La nueva edificación del Palacio Real: el Humboldt Forum

Y hé aquí que se convocó una consulta popular para decidir si volver a reconstruir el Palacio Real o no. Por un ajustado margen, ganó el sí y las obras comenzaron. Eso sí, el nuevo pasará a llamarse Humboldt Forum (en honor a Alexander von Humboldt, viajero y naturalista berlinés del siglo XIX, considerado el padre de la geografía moderna) y será utilizado, ya no como residencia de reyes y emperadores, sino como un lugar de encuentro para las diferentes culturas del mundo, albergando diversos museos y exposiciones.

Llegamos a la altura de la Berliner Dom, la gran catedral de Berlín que visitaremos en los próximos días (razón por la cual aplazo su explicación para cuando toque, os fastidiáis).

Berliner Dom

Desde el parque Lustgarten, amplio espacio ajardinado que antaño servía al mismísimo Adolf Hitler como plaza para sus discursos multitudinarios, pudimos divisar, además de la impresionante fachada de la Catedral, el Altes Museum, uno de los 5 museos que forman la Museumsinsel (Isla de los Museos), declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Que nadie se alarme, pues volveremos también a este lugar más adelante para disfrutar de ella como se merece.

Berliner Dom desde el Lustgarten
El Altes Museum fue construido a la manera de un templo griego de la Antigüedad clásica

Unter den Linden

El boulevar más conocido de Alemania, el Unter den Linden, es la principal arteria de Berlín. Con una historia de más de 3 siglos, esta avenida «bajo los tilos» (esa es la traducción literal) ha sido testigo de los momentos más grandes y también de los más horribles de la ciudad. Su origen se remonta al siglo XVI, cuando a un miembro de la dinastía Hohenzollern, Juan Jorge de Brandeburgo, se le antojó crear una larga senda que uniera el Palacio Real con su coto de caza en el Tiegarten. Un siglo más tarde, Federico Guillermo I de Brandeburgo la decoró con tilos y de ahí su nombre. De aquellos tilos originales ya no queda ninguno (demasiados avatares históricos, como para quedar alguno en pie…), aunque siglos más tarde volvieron a colocarse. Y es que, como cantaba Marlene Dietrich, «mientras los tilos florezcan en Unter den Linden, Berlín seguirá siendo Berlín».

Unter den Linden

A finales del siglo XIX se había convertido en el equivalente berlinés de los Campos Elíseos, pero durante el siglo XX fue hecha trizas durante la guerra, desatendida por los alemanes orientales y privada de su condición de centro de la ciudad por la división de Berlín. Hoy ha recuperado su gran esplendor y una gran multitud de turistas recorren su kilómetro y medio de distancia todos los días, desde su punto de inicio, la Puerta de Brandenburgo en la Plaza de París, hasta la Museumsinsel, pasando por delante de lugares tan emblemáticos como el Hotel Adlon, las embajadas de Hungría, Rusia y Francia, la estatua ecuestre de Federico el Grande, el Museo Histórico Alemán, la Universidad Humboldt (la cual se quedó dentro del sector del Berlín Oriental, pasando a ser la universidad principal del bloque soviético) o la Nueva Guardia, edificio que visitamos a continuación.

Edificio de la Nueva Guardia (Neue Wache)

Diseñado como cuartel de la Guardia Real a principios del siglo XIX por Karl Friedrich Schinkel, uno de los arquitectos más destacados del Neoclasicismo alemán, la Neue Wache es ahora un monumento a las víctimas de la Segunda Guerra Mundial.

Edificio de la Neue Wache en la Unter den Linden

Merece mucho la pena adentrarse en su interior (de acceso gratuito), un espacio que ha sido pensado para el recogimiento y la reflexión entorno al sufrimiento humano causado por el monstruo de la guerra. En su techo se abre una ventana circular (óculo) por donde las inclemencias del tiempo (desde el calor abrasador hasta la espesa lluvia) inciden únicamente sobre una escultura en bronce que representa a una madre sosteniendo a su hijo muerto. ¿Puede haber mejor metáfora para describir lo que sintieron aquellos que fueron víctimas de la tragedia y la desgracia?

«No hay nadie que tenga más derecho que yo a realizar este monumento», escribió en una ocasión la escultora alemana Käthe Kollwitz acerca de su obra Madre con hijo muerto, cuya figura protagonista representa a la propia artista sosteniendo el cadáver de su hijo Peter, muerto en combate durante la Primera Guerra Mundial. Nótese como, a diferencia de anteriores representaciones de la Piedad, aquí se representa a una madre ya anciana, por lo que la posibilidad de continuidad y pervivencia de la vida se detiene abruptamente.

Bebelplatz

En vez de continuar por la Unter den Linden, África nos guió hasta el extremo sur de la avenida donde se sitúa Bebelplatz, antiguamente conocida como Opernplatz debido a que allí se encuentra el teatro de ópera Staatsoper. Este fue el lugar elegido por los miembros de las Juventudes Hitlerianas (instigados por el recién nombrado ministro de propaganda Joseph Goebbels) para hacer una inmensa hoguera la noche del 10 de mayo de 1933. Frente al Altes Palais, que durante más de un siglo había sido la principal biblioteca de la ciudad, se arrojaron a las llamas miles de libros (se calcula que alrededor de 20.000) de autores considerados indeseables por los miembros del Partido Nazi. Karl Marx, Sigmund Freud, Thomas Mann, Bertolt Brecht o Heinrich Heine fueron algunos de los escritores cuyas obras tenían que ser «depuradas».

Bebelplatz, con la ópera a la derecha y la Universidad Humboldt, en la Unter den Linden, al fondo

En el mismo centro de la plaza se colocó un memorial casi imperceptible para los viandantes apresurados que recuerda este hecho y que consiste en un agujero en el suelo cubierto por una pieza de cristal a través de la cual se adivinan estanterías blancas vacías. En ellas podrían haber estado los libros que fueron quemados aquella triste noche. Por cierto, a un lado de este memorial se encuentra una placa con una cita del escritor Heinrich Heine (uno de los autores «prohibidos» por los nazis) quien en 1817, más de cien años antes de la ascensión del Partido Nazi al poder, escribió: «Eso sólo fue un preludio, ahí en donde se queman libros, se terminan quemando también personas». 

Memorial de la quema de libros en Bebelplatz

Además de la ópera Staatsoper y de la Universidad Humboldt, en Bebelplatz pudimos admirar la pequeña Catedral de Santa Eduvigis, en origen un bello templo neoclásico del siglo XVIII que quedó destruida casi por completo durante la Segunda Guerra Mundial y a la que una restauración en el siglo XX le devolvió su esplendor. Durante la Noche de los Cristales Rotos de 1938 en la que las tropas de asalto de las SA llevaron a cabo linchamientos a diestro y siniestro contra ciudadanos judíos y sus propiedades, el deán de esta Catedral, Bernhard Lichtenberg, fue de los pocos en orar públicamente por los judíos. Tiempo después sería encarcelado por el gobierno nazi y muerto de camino al campo de concentración de Dachau. Sus restos terminarían siendo llevados años más tarde a la cripta catedralicia.

Catedral de Santa Eduvigis

Gendarmenmarkt

Continuamos nuestro recorrido a pie por el centro de Berlín de la mano de nuestra guía África de la empresa Civitatis, deteniéndonos esta vez en la que para muchos es la plaza más bonita de la capital alemana, la alargada Gendarmenmarkt, una afirmación con la que coincido plenamente. Esta antigua plaza de mercado fue el lugar elegido por Federico I de Prusia para que las comunidades protestantes francesas y alemanas que se trasladaron a esta zona durante el siglo XVIII pudieran construir sus respectivas iglesias. Así, la Gendarmenmarkt parece un campo de combate entre dos templos casi idénticos frente a frente: por un lado, la Französischer Dom, erigida en 1705 por los hugonotes franceses, y por el otro, la Deutscher Dom, levantada unos pocos años más tarde por los luteranos alemanes. Como curiosidad, ambas torres con cúpulas gemelas fueron diseñadas por el mismo arquitecto, Carl von Gontard, en 1785.

Deutscher Dom
Französischer Dom

Entre las dos iglesias, en el centro de la plaza se encuentra la Konzerthaus, otro de los edificios neoclásicos diseñados por Schinkel. Esta sala de conciertos es actualmente la sede de la Konzerthausorchester, la Orquesta Sinfónica de Berlín. Justo delante de su egregia fachada, una estatua de Friedrich von Schiller, uno de los grandes literatos alemanes del siglo XVIII.

Konzerthaus, con la estatua de Schiller

Checkpoint Charlie

Nos tocaba caminar algo más de la cuenta, unos 15 minutos bajando la Friedrichstraße para llegar a nuestro siguiente destino, otro de los lugares relacionados con el Muro de Berlín más frecuentados por los turistas. En el día de ayer ya os comentaba mis impresiones personales acerca de cómo algunos lugares históricos de la capital alemana se han convertido en horteras atracciones turísticas, auténticos parques temáticos donde la frivolidad del hombre moderno no tiene límites. Uno de ellos es sin duda el Checkpoint Charlie, uno de los tres puestos fronterizos que antaño dividía el sector soviético del sector americano. Entre 1961 y 1989 fue la principal puerta de entrada y salida de empleados militares y de embajadas de los aliados, extranjeros, trabajadores de las delegaciones de la RFA y la RDA, entre las dos partes de la ciudad.

Checkpoint Charlie, con la instalación de la fotografía del último guardia de frontera estadounidense que trabajó en el puesto fronterizo

Fue precisamente en este punto donde tuvo lugar uno de los momentos más delicados de toda la Guerra Fría cuando, en octubre de 1961, solo dos meses después del levantamiento del muro, los problemas fronterizos unidos a la alta tensión que existía entre ambas potencias provocaron que tanto los americanos como los soviéticos sacaran los tanques a la calle, situándolos en posición de ataque. El mundo entero estuvo durante unas horas al borde de una tercera guerra mundial, una mecha que por suerte no llegó a encenderse.

Foto histórica de 1961, cuando los tanques americanos y soviéticos acudieron a enfrentarse en el Check Point Charlie (Fuente de la imagen: www.msn.com)

Un año después, en 1962 tuvo lugar el intento fallido de cruzar al sector aliado por parte de Peter Fechter del que os hablé en el día anterior, muriendo desangrado ante la pasividad (y también el miedo a desencadenar un conflicto a escala mundial) por parte de ambos bandos. Casos como el de Fechter eran habituales en los puestos fronterizos y en otras secciones del muro y las estrategias empleadas por los que trataban de pasar al Berlín Occidental, de lo más variopintas (cabe destacar el uso de un globo aerostático o el de un coche con falso suelo). De todo ello se habla tanto en el Mauer Haus am Checkpoint Charlie como en la exposición gratuita al aire libre que se encuentra junto al puesto fronterizo.

Exposición al aire libre junto al Checkpoint Charlie

¿SABÍAS QUE…?

Antes de que el muro adquiriera la consistencia suficiente como para que la gente tuviera que jugarse literalmente la vida para cruzarlo, muchas personas aprovecharon los primeros días de su construcción (en los que el muro consistía en unas simples barricadas de madera y una valla de espino) para escapar a la Alemania Occidental. En la Bernauer Straße tuvo lugar una fuga histórica. Conrad Schumann era un soldado de 19 años de la Alemania Oriental cuando el 15 de agosto de 1961 lo enviaron allí a hacer guardia. Sin dudarlo, dejo su fusil en suelo, corrió para tomar el impulso necesario y saltó la frontera política que dividía el país. En aquel mismo el lugar se encontraba el fotógrafo Peter Leibing, quien se había plantado allí esperando con su cámara porque habían rumores sobre soldados que saltaban. El momento del salto fue inmortalizado por Leibing y pronto se difundió como un símbolo de la opresión soviética, suponiendo todo un espaldarazo para la parte occidental.

Conrad Schumann saltando la valla de alambre (Fuente de la imagen: www.etheriamagazine.com)

¿Y qué pasó con aquel soldado cuya imagen dio la vuelta al mundo? Pues que comenzó una nueva vida en el sector aliado, por supuesto. Trabajó, se casó y tuvo un hijo. Durante años se comunicó de forma precaria por correspondencia con su familia, ya que el aparato soviético intervenía sus comunicaciones (de hecho, intentaron engañarlo para volver al Este). No pudo abrazarles hasta 1989, año en que cayó el muro, sin embargo algunos de sus familiares y camaradas todavía le guardaban rencor y le reprocharon su abandono hacia la causa comunista. La presión hizo que Conrad cayera en una depresión que terminó en tragedia, pues terminó suicidándose en 1998.

¿En qué consiste el Checkpoint Charlie? Pues en una sencilla réplica de una cabina fronteriza de las Fuerzas Aliadas y otra del famoso letrero «You are leaving the American sector» escrito en inglés, ruso, francés y alemán, además de la instalación de las dos icónicas fotografías que, según nos explicó África, pertenecen al último soldado que trabajó en el puesto fronterizo en el sector americano y a su «compañero» del lado soviético (dos jóvenes imberbes cuyos rostros reflejan la condición absurda de cualquier frontera ideológica). Aparte de eso, ná de ná. Bueno, sí: tiendas de souvenirs que venden pequeños trozos del muro de Berlín con su certificado de autenticidad incluido, tenderetes de salchichas y patatas fritas, vendedores de chaquetas y sombreros militares, figurantes disfrazados de soldados norteamericanos que piden la propina por sacar una foto con ellos… Curiosa manera de respetar la memoria histórica.

Ordas de turistas haciendo cola para hacer una absurda foto frente a la réplica de la cabina fronteriza del Checkpoint Charlie
Las tiendas de souvenirs cercanas al Checkpoint Charlie venden pequeños fragmentos supuestamente originales del Muro de Berlín

Topographie des Terrors

A apenas 400 metros volvimos a toparnos con una nueva prueba de que Berlín tiene dos caras, la que banaliza sin remedio el valor de los monumentos históricos (caso, por ejemplo, del Checkpoint Charlie o la East Side Gallery) y la que, en cambio, sabe tratarlos con el respeto y la rigurosidad que merecen. Este último es el caso de la Topographie des Terrors, un lugar en el que coinciden los dos episodios históricos más importantes del Berlín del siglo XX.

Topographie des Terrors

Al final de la Niederkirchnerstraße existe en la actualidad un solar casi vacío que produce escalofríos, no por lo que hay allí, sino por lo que precisamente había tiempo atrás. Y es que en este mismo lugar se levantaban las instituciones más temidas de la Alemania nazi, el cuartel general de la Gestapo (policía secreta de los nazis) y las comandancias centrales de las SS (abreviatura de Schutzstaffel o escuadrón de protección) y de las SD (Sicherheitsdienst o servicio de seguridad), todas ellas demolidas en la década de 1950. En este singular espacio hoy se levanta un museo tremendamente completo e interesante, pues repasa las etapas de terror y persecución que estas organizaciones llevaron a cabo. Menos mal que tuve la genial idea de regresar aquella misma tarde a este lugar para visitar su interior (de acceso gratuito), cosa que no pudimos hacer con el grupo aquella mañana.

Museo de la Topographie des Terrors
Interior del museo

La visita de la Topographie des Terrors continúa en el exterior, donde hay otra exposición al aire libre que se centra en cómo cambió la vida de Berlín y de los berlineses después de convertirse en capital nazi. Lo más heavy del asunto es que los carteles expositivos con textos y fotografías están colocados en los antiguos sótanos de la sede de la Gestapo, donde se encontraban las cárceles en las que se interrogaba y torturaban a todos aquellos que discrepaban de los ideales del Partido Nazi. Y aquí no acaba el asunto, pues la casualidad quiso que años después una sección del muro de la vergüenza ¡se levantara justo aquí!

Exposición al aire libre en el antiguo sótano del edificio de la Gestapo
Fragmento del muro de Berlín que pasa por la Topographie des Terrors
Muro de Berlín

El área en la que nos encontrábamos fue el núcleo de la actividad política berlinesa desde el siglo XIX. Durante la Administración nazi la Wilhelmstraße  estuvo bordeada de un gran número de dependencias, como la Cancillería del Reich, el Ministerio de Propaganda o el Ministerio de Exteriores, además de los citados anteriormente que se levantaban en lo que hoy es el solar de la Topographie des Terrors. En la actualidad no queda nada de todos ellos, aunque con algunas excepciones. Uno de los pocos edificios de construcción nazi que todavía queda en pie (y funcionando) en Berlín es el antiguo Luftfahrtministerium o Ministerio de Aviación, justo enfrente de la Topographie des Terrors. Resulta gracioso saber que hoy en día este edificio es… ¡el Ministerio de Hacienda!

El edificio del Luftfahrtministerium se alza sobre la Topographie des Terrors
Luftfahrtministerium, antiguo Ministerio de Aviación nazi

Potsdamer Platz y Sony Center

Nuestro camino continuó hasta llegar a otra plaza que no parece una plaza, Postamder Platz, que hasta 1945 fue la encrucijada de calles con el tráfico más intenso de Europa. En la década de 1920 se daban cita en la plaza diariamente 100.000 personas, 20.000 vehículos y 30 líneas de tranvías. Allí se instaló en 1924 el primer semáforo en suelo europeo, importado de Estados Unidos. se trataba de una torre pentagonal que, instalada en el centro de la plaza, señalaba el paso a las cinco calles que allí confluían.

Potsdamer Platz
Ahí lo tenéis: el primer semáforo de Europa

Pero aquel esplendor duró poco. Las bombas de la Segunda Guerra Mundial destruyeron el 80% de la plaza y la división de Berlín la convirtió en tierra de nadie durante casi 40 años. Tras la caída del muro, empresas privadas como Daimler-Benz o Sony se hicieron las dueñas del destino de la Potsdamer Platz, siendo el prestigioso arquitecto Renzo Piano el responsable de diseñar el nuevo proyecto urbanístico de la plaza y algunos de sus edificios. Otros arquitectos que participaron de la recuperación de este espacio fueron Richard Rogers, Arata Isozaki o el español Rafael Moneo, entre otros.

El encajonado espacio del Sony Center, el más emblemático de la Potsdamer Platz, es obra de Helmut Jahn, quien diseñó un conjunto formado por un rascacielos y otros edificios de cristal que albergan restaurantes, bares, una sala de cine IMAX y otros espacios futuristas (entre los que se encuentra el Filmmuseum Berlin), ordenados alrededor de una enorme plaza cubierta por una colosal y extraña estructura que parece que flota a 35 metros de altura. Para disfrutar al máximo de las luces y colores del Berlín contemporáneo, lo ideal es visitar el Sony Center de noche, tal y como haríamos mi padre y yo durante una salida nocturna que hicimos por la ciudad días más tarde.

Cubierta del Sony Center
Sony Center

Monumento a los judíos de Europa asesinados

Nuestra siguiente parada fue el Monumento a los judíos de Europa asesinados, otro de esos lugares que los amantes del selfie irreverente han convertido en un verdadero templo de la banalización de la historia. Inaugurado en 2005 a muy poca distancia de Potsdamer Platz y de la Puerta de Brandenburgo, este monumento pretende homenajear al colectivo posiblemente más perseguido y castigado durante los años del sinsentido nazi, el de los judíos, sin embargo no fue el único. Otros colectivos como el de los gitanos o los homosexuales también tienen sus propios memoriales en Berlín, aunque ni de lejos tan importantes en tamaño como éste (parece increíble que el gobierno alemán no reconociera a los homosexuales como víctimas del Holocausto hasta el año 2002, negándoles indemnizaciones y pensiones de estado). En cualquier caso, la creación de estos monumentos responde a la necesidad por parte del pueblo alemán de reconocer que el genocidio es un capítulo que, aunque vergonzoso, forma parte de su historia nacional.

Monumento a los judíos de Europa asesinados
Monumento a los judíos de Europa asesinados

Con una superficie de 19.000 metros cuadrados (aproximadamente el tamaño de un campo de fútbol), este singular espacio fue obra del arquitecto estadounidense Peter Eisenman y pretende que el visitante experimente de manera simbólica la angustia y el temor sufridos por el pueblo judío durante los años de incesante persecución irracional a los que fue sometido desde 1933 hasta 1945.

Monumento a los judíos de Europa asesinados

El monumento consiste en 2.711 monolitos de hormigón de diferentes alturas (varían entre los 0,2 y los 4,7 metros) que, cual lápidas, emergen de forma lúgubre y amenazadora. No tiene entrada ni salida fijas, por lo que se puede acceder desde cualquier punto y seguir diferentes itinerarios. Una vez inmerso en él, la sensación de desorientación así como el efecto claustrofóbico son absolutos, ya que este campo de losas forma una rejilla de caminos tan estrechos que los visitantes solo pueden ver el camino en el que están y no los demás, por los que son totalmente incapaces de prever si pueden cruzarse o chocar con otras personas. En definitiva, un laberinto en el que quedas atrapado como en una tela de araña que parece no tener fin.

Monumento a los judíos de Europa asesinados

En la parte este del monumento se encuentra la entrada al Ort der Information, un conjunto subterráneo de salas (Sala de Dimensiones, Sala de Familias, Sala de Nombres y Sala de Emplazamientos) donde se exponen textos, imágenes y grabaciones que invitan a la reflexión acerca del horror del Holocausto.

Entrada al Ort der Information, en el Monumento a los judíos de Europa asesinados

¿SABÍAS QUE…?

Irónicamente, muy cerca del Monumento a los judíos de Europa asesinados antaño se encontraba el último reducto de la resistencia nazi durante el ocaso de la guerra. Hoy, junto a Gertrud-Kolmar-Straße, un parking residencial de coches (¿posiblemente el parking más fotografiado del mundo?) ocupa el solar cuya siniestra historia solo desvela un panel informativo, instalado allí por el ayuntamiento de Berlín tras la incesante avalancha de curiosos que se arremolinaban día sí y día también. Y es que allí mismo se encontraba el Búnker de Adolf Hitler (Führerbunker), que fue demolido en varias ocasiones para evitar que se convirtiera en un santuario de neonazis y adeptos enfermizos. Fue allí donde Hitler se suicidó el 30 de abril de 1945 junto a su compañera durante largo tiempo, Eva Braun, solo unas horas después de contraer matrimonio, mientras Berlín ardía en llamas y los tanques soviéticos avanzaban inexorablemente hacia el centro de la ciudad.

Parking de coches con un panel informativo que indica la situación del búnker de Hitler

Puerta de Brandenburgo (Brandenburger Tor)

Nuestro tour guiado por el centro histórico de Berlín de la mano de África de la empresa Civitatis concluyó en el que es sin ningún género de duda el monumento más icónico de la capital alemana, la Puerta de Brandenburgo. Como ya hemos explicado anteriormente, la rectangular plaza de Pariser Platz, trazada en 1734, culminaba el extremo occidental de la Unter den Linden en su recorrido desde el desaparecido Palacio Real hasta el coto de caza en el Tiegarten. Ésta era parte del meditado plan urbanístico de Philipp Gerlach, que incluía también la circular Mehringplatz (entonces llamada Rondell) y la octogonal Leipziger Platz. En cada una de estas plazas debía levantarse una puerta de la ciudad, inaugurándose en 1791 la Puerta de Brandenburgo en la Pariser Platz en medio del entusiasmo popular. Su autor fue el arquitecto neoclásico Carl Gotthard Langhans.

Puerta de Brandenburgo

Este elegante arco del triunfo simboliza el triunfo de la paz. En 1795 se coronó el monumento con una estatua de cobre, una cuadriga de 5,5 metros de altura, obra del berlinés Johann Gottfried Schadow, que representa a la diosa de la paz, Eirene, cabalgando en un carro tirado por cuatro caballos. Tras vencer a los prusianos en 1806, Napoleón se llevó a París la cuadriga como botín de guerra y allí permaneció hasta que el general prusiano Ernst von Pfuel la liberó en 1815. Sin embargo, quedó en su mayor parte destruida en la Segunda Guerra Mundial por lo que la escultura que podemos ver hoy en día es una copia realizada en el sector de Berlín Occidental durante la división de la ciudad. En un infrecuente gesto de cooperación entre Este y Oeste, ambas partes colaboraron en la restauración del monumento.

Puerta de Brandenburgo

El muro de la vergüenza pasaba justo por delante de la puerta, que quedaba en el sector Occidental. Cuando el presidente norteamericano Ronald Reagan visitó el monumento en 1987, se dirigió al presidente soviético en un discurso que ya ha pasado a la historia: «Secretario General Gorbachev, si lo que busca es la paz, si lo que busca es la prosperidad para la Unión Soviética y la Europa del Este, si lo que busca es la liberación, ¡venga a ver esta puerta! Señor Gorbachev, ¡abra esta puerta! Señor Gorbachev, ¡derribe este muro!«. Dos años más tarde no fueron los soviéticos quienes asestaron golpes al odiado hormigón, sino los propios berlineses.

Puerta de Brandenburgo

La Puerta de Brandenburgo, símbolo de la división durante la Guerra Fría, ahora personifica la reconciliación y la unidad alemana. Fue allí mismo donde terminó el tour de 4 horas con Civitatis de la mano de nuestra fantástica guía África, quien antes de despedirse se molestó en responder a todas nuestras preguntas sobre aspectos prácticos de la ciudad. En uno de los laterales de la Puerta se encuentra un punto de información turística, allí adquirimos las tarjetas Museum Pass que utilizaríamos al día siguiente.

LOS CANTINELEROS RECOMIENDAN…

En la misma Pariser Platz, justo al lado de la Puerta de Brandenburgo, se encuentra la Trattoria Mama, el lugar que elegimos para reponer fuerzas después de 4 horas de paseo por el centro histórico de Berlín. Un restaurante italiano de calidad, elegante y bastante económico, cuya presencia le vino de perlas a mi madre, pues le salvó de un momento más que comprometido.

Trattoria Mama de Berlín

Reichstag

Después de comer nos esperaba la visita de otro de los símbolos de Berlín. El Reichstag, el edificio del parlamento alemán, es probablemente el lugar que mejor podría resumir la historia reciente de Berlín: después de su construcción, ha sido quemado, bombardeado, reconstruido, apuntalado por el Muro, recubierto de tela plástica y finalmente resucitado.

El Reichstag desde su parte trasera

Este edificio neobarroco terminado en 1894 y diseñado por Paul Wallot para acoger la Dieta Imperial Alemana no le gustaba al káiser Guillermo II, pues a pesar de que el poder ejecutivo lo ostentaba él mismo y sus ministros, el parlamento ejercía cierta influencia en los asuntos de estado. Le preocupaba, además, que su magnificencia pudiese eclipsar la de su residencia oficial en Berlín, el Palacio Real en el extremo oriental de la Unter den Linden. Para que os hagáis una idea, al káiser le gustaba referirse al edificio del Reichstag como «la jaula de los monos» o «la cumbre del mal gusto». 

Fachada del Reichstag

Menos de un mes después de que Adolf Hitler fuera nombrado canciller de Alemania, el Partido Nazi encontró el pretexto perfecto para hacerse con el poder absoluto. En la noche del 27 de febrero de 1933, se desató un terrible incendio en el Reichstag. La policía arrestó a Marinus van der Lubbe, un comunista neerlandés de 24 años, circunstancia que fue aprovechada por los dirigentes nazis para convencer a la opinión pública de que se trataba de una prueba irrefutable de un intento organizado de disparar la revolución comunista (hoy muchos creen que fueron los propios nazis quienes provocaron el incendio). Al día siguiente la Constitución de Weimar fue suspendida, declarándose el estado de emergencia y allanándose el camino para la persecución legal de los opositores políticos de los nazis. Con los escaños del parlamento de los comunistas vacíos, los nazis ganaron la mayoría absoluta y nombraron a Hitler dictador al año siguiente, después de la muerte del presidente Hindenburg.

Reichstag

Los nazis no se preocuparon de restaurar el Reichstag tras el incendio y sufrió nuevos daños durante la Segunda Guerra Mundial. Los restos de la cúpula diseñada por Wallot, que había despertado los elogios de sus contemporáneos, se dinamitaron en 1954, pero el resto del edificio, situado en el sector Occidental del muro, fue restaurado en la década de 1960, a pesar de lo cual un acuerdo de 1971 prohibió al parlamento federal de Alemania Occidental, con sede en Bonn, utilizar el Reichstag.

Fachada del Reichstag

Todo cambió con la reunificación alemana. Antes de que el Reichstag volviera a convertirse en la sede del Bundestag (parlamento) alemán, en 1995 los artistas Christo y Jeanne-Claude envolvieron el edificio entero con 100.000 metros cuadrados de tela plástica. Unos pocos años más tarde, en 1999 el prestigioso arquitecto Norman Foster llevó a cabo una de sus más famosas intervenciones cuando reconstruyó definitivamente el Reichstag, conservando su solemne exterior pero restaurando todo el interior. El elemento más espectacular que diseñó Foster es la cúpula de cristal, que pretende simbolizar la nueva Alemania del futuro, democrática y unida.

Cúpula de Norman Foster, fotografiada desde la azotea del Reichstag

La visita al interior de la cúpula del Reichstag es gratuita, pero es necesario registrarse en la página del Bundestag y reservar la visita anticipadamente en el siguiente enlace para poder acceder a ella a través de un ascensor. Una vez allí, uno se percata de que se encuentra ante una de las obras arquitectónicas contemporáneas más emblemáticas del planeta (aunque personalmente debo reconocer que siempre preferiré las estructuras antiguas a las modernas). En el centro de la cúpula se levanta una estructura en forma de embudo revestido de espejos, justo por encima de la Plenarsaal, la sala de plenos, a la que también se puede acceder mediante visita guiada. Para ascender hasta el punto más alto y disfrutar de las vistas de Berlín, uno debe subir por una rampa en espiral.

Interior de la cúpula de cristal de Norman Foster
Estructura central de la cúpula realizada a base de espejos

En torno a la base de la estructura central de la cúpula, hay instalados unos paneles informativos que explican la atribulada historia del Reichstag, cuyo último capítulo (hasta el momento) fue la instalación de su cúpula de cristal. A pesar de la radical modernidad de este elemento, Foster quiso conservar algunas partes del edificio del siglo XIX, además de un recuerdo histórico: los grafitis en alfabeto cirílico que los soldados soviéticos dejaron cuando conquistaron uno de los últimos reductos de resistencia nazi. Desgraciadamente no pudimos encontrarlos, pero sí pudimos encontrar el lugar exacto de la azotea desde donde Yevgeny Khaldei realizó una de las fotografías más icónicas de la Segunda Guerra Mundial, la de unos soldados izando una bandera soviética en señal de triunfo el 2 de mayo de 1945.

«Alzando una bandera sobre el Reichstag», fotografía de Yevgeny Khaldei (Fuente de la imagen: www.fotoscuriosas.org)
Azotea del Reichstag, desde donde se hizo la histórica fotografía

El último tramo que recorrimos aquel día fue a través del Tiegarten mientras regresábamos a la Puerta de Brandenburgo para que mis padres pudieran coger el metro de regreso al apartamento. Yo, en cambio, me dediqué a volver a algunos de los lugares en los que habíamos estado aquella mañana para poder explorarlos con más calma, como por ejemplo el Monumento a los judíos asesinados de Europa, la Topographie des Terrors o el Checkpoint Charlie. Ya podéis imaginar lo cansados que terminamos aquel día, y deseosos de descansar mi padre y yo salimos a comprar algo rápido para cenárnoslo en la habitación del Flower’s Boardinghouse Mitte.

Tiegarten

Día 3

Mis padres nunca olvidarían aquel tercer día en Berlín, fundamentalmente por dos razones: primero, porque iban a visitar por primera vez uno de esos templos del horror llamados campos de concentración nazis donde el sufrimiento humano llegó a alcanzar las cotas más altas, tanto que aún sigue impreso en sus paredes. Me refiero al campo de Sachsenhausen, situado en Oranienburg, a las afueras de Berlín (segunda excursión que haríamos con la empresa Civitatis). La segunda razón era que al fin iban a poder cumplir uno de sus sueños, el de contemplar el célebre busto de Nefertiti, custodiado con medidas de seguridad extremas en el Neues Museum, uno de los 5 que forman la Museumsinsel (Isla de los Museos). Una jornada de contraste absoluto entre horror y belleza que terminó con la visita de la Berliner Dom, o lo que es lo mismo, la Catedral de Berlín. ¿Promete o no promete, el día de hoy?

Después de tomar nuestros croissants matutinos en el Flower’s Boardinghouse Mitte volvimos a dirigirnos, al igual que en el día de ayer, a Alexanderplatz, punto de encuentro de la que iba a ser nuestra segunda visita guiada con Civitatis. Esta vez de la mano de Javier, un fantástico guía argentino afincado en la capital alemana, íbamos a visitar uno de los campos de concentración más antiguos del Tercer Reich, Sachsenhausen.

Campo de concentración de Sachsenhausen

La primera vez que visitas uno de estos lugares te marca para siempre. El primer campo de concentración nazi al que tuve la oportunidad de ir fue el de Mauthausen, en Austria, de cuya experiencia todavía no he llegado a recuperarme del todo. Luego visité un segundo, el de Dachau, cerca de Múnich, durante el mismo viaje por tierras bávaras y austriacas en 2015, pero ya no fue lo mismo. Aunque ellos aún no lo sabían, yo tenía la absoluta certeza de que aquella mañana iba a ser inolvidable para mis padres. Porque la primera vez en una de estas fábricas de matar nunca se olvida.

El grupo de visitantes liderado por nuestro guía Javier salió puntual a las 10h de la mañana en dirección a la estación de U-BAHN (metro berlinés) de Alexanderplatz, desde donde conectamos con la estación de Friedrichstraße para tomar el S-BAHN (tren de cercanías) que nos llevaría a la ciudad de Oranienburg en un trayecto de apenas 30 minutos.

Un poco de historia

Fue precisamente en Oranienburg donde los nazis levantaron en marzo de 1933, solo dos meses después de que Hitler fuera nombrado canciller de Alemania, el que sería, junto al de Dachau, el primer campo de concentración para opositores al régimen. Este primer campo estaba dirigido por miembros de las SA (tropas de asalto) y estaba situado justo en el centro de la ciudad, en la carretera principal que llevaba a Berlín, por lo que los vecinos podían ver y oír todo lo que allí sucedía. Se estima que fueron encarceladas unas 3.000 personas. Tras la Noche de los Cuchillos Largos y la caída en desgracia de las SA, las SS tomaron el control del campo y lo clausuraron en 1934.

Campo de concentración de Sachsenhausen

Los nazis aprendieron de sus errores y levantaron el nuevo campo de Sachsenhausen a las afueras de la ciudad, lejos de miradas indiscretas, en el verano de 1936. Este tenebroso lugar estuvo en funcionamiento hasta 1945, recibiendo a más de 200.000 presos según las estimaciones oficiales. Pero el último capítulo de su macabra historia no se escribió con la liberación en 1945, pues a partir de ese momento pasó a ser utilizado por el servicio secreto soviético (NKWD) como campo especial para criminales de guerra nazis y disidentes políticos del nuevo régimen impuesto por la URSS. La historia se repetía nuevamente y se calcula que entre 1945 y 1950, año de su desmantelamiento definitivo, pasaron por allí unos 60.000 prisioneros.

En 1961 el gobierno de la antigua RDA inauguró en Sachsenhausen el Monumento Nacional del Recuerdo y la Conmemoración presidido por un gran obelisco 40 metros de altura que pretendía simbolizar la victoria del antifascismo. En los años 90, tras la caída del muro y la reunificación de Alemania, se abrió al público como memorial.

Comienza la visita

Para llegar hasta allí desde la estación de Oranienburg, nuestro grupo guiado por Javier recorrió los casi 2 km de distancia de trayecto a pie, el mismo que debían hacer los detenidos y durante el cual muchas veces eran increpados e insultados por los propios habitantes de la ciudad. Justo antes de llegar, el guía nos hizo reparar en algunas casas próximas a la entrada del campo, hoy en día propiedad de algunos vecinos, pero que en el pasado sirvieron de residencia a las familias de los SS que trabajaban en Sachsenhausen.

CONSEJO CANTINELERO

La visita al campo de concentración de Sachsenhausen se puede hacer por libre, ya que la entrada es completamente gratuita. Tenéis la posibilidad de disponer de una audioguía en distintos idiomas (español, alemán, inglés, italiano, francés y holandés) por solo 3€. Sin embargo, desde aquí os aconsejo encarecidamente que contratéis un tour organizado como el que propone Civitatis, pues la experiencia resultará mucho más enriquecedora e instructiva.

El Centro de Recepción y la maqueta

Una vez allí, nos colocamos entorno a la gran maqueta que hay en la entrada del memorial junto al Centro de Recepción de Visitantes, para atender a las primeras explicaciones de nuestro guía en relación a cómo se organizaba el campo, que se diseñó con una planta triangular para una mejor vigilancia y control. Allí nos dimos cuenta de la magnitud de un proyecto que llegó a servir como campo modelo a otros que se levantarían posteriormente a lo largo y ancho del Reich.

Nuestro guía Javier explicando al grupo la distribución del campo

La calle principal

Después de cruzar el Centro de Recepción de Visitantes, Javier nos guió a través de la calle principal del campo que separaba la zona de los prisioneros de la que ocupaban las tropas de las SS. A nuestro paso, pudimos ver la casa-cuartel donde se alojaba la guardia del campo y que, según fuimos informados, era también utilizada como burdel y lugar de celebración de fiestas descontroladas que servían para el «desahogo» de la plana mayor de la comandancia.

Calle principal del campo, con fotografías antiguas y explicaciones colgadas del muro
La temible casa-cuartel de la guardia del campo, fuera de los límites del campo de prisioneros

La zona de comandancia

Pasamos luego a la zona de comandancia (donde antiguamente se encontraban las oficinas, los alojamientos y hasta el bar privado de los comandantes), antesala del campo de prisioneros propiamente dicho. Antes de atravesar el edificio de entrada a éste, reparamos en un pequeño reloj en su parte superior que, como detenido en el tiempo, marca la hora en que fue liberado el campo de Sachsenhausen por las tropas soviéticas el 22 de abril de 1945, exactamente las 23:08h. En la puerta, encontramos la cínica frase presente en casi todos los accesos a los campos de concentración nazis, «Arbeit macht frei» («el trabajo os hará libres»).

Edificio de ingreso al campo de prisioneros, con el reloj en la parte superior
Entrada al campo

El campo de prisioneros

Cruzada la puerta, una inmensa explanada se abrió ante nosotros. Se trata del gran patio central, la Appellplatz, donde tenía lugar el recuento de los presos varias veces al día, lo que a menudo se traducía en varias horas de tortura por el frío y la lluvia. En esta zona, además, los nazis probaban el nuevo calzado que los soldados alemanes llevarían a la guerra… con los propios presos. Con ese fin, éstos debían caminar sobre diversos tipos de superficies durante horas, lo que en realidad se trataba de una de las múltiples formas de tortura a las que eran sometidos (cínicamente se les comunicaba que, con esta acción, estaban contribuyendo a la economía y a la gloria del Reich).

En el perímetro del campo, además de las vallas electrificadas, existía una zona con carteles que indicaban “Neutrale zone: Es wird ohne Anruf sofort scharf geschossen” (Zona neutral: toda persona que entre en esta zona será disparada sin previo aviso). Los prisioneros sabían que no podían cruzar esta zona, pero a menudo eran obligados por los guardias a hacerlo a punta de pistola.

Desde la torre principal, la torre A, situada en el mismo edificio de entrada, se podía obtener un control visual absoluto y vigilar cualquier intento de fuga por parte de los presos. Inmediatamente después del patio central, un amplísimo semicírculo sobre el que antiguamente se alineaban los barracones construidos en madera donde éstos dormían. Actualmente unos marcadores en el suelo señalan el emplazamiento exacto que ocupaban las barracas, ya que hoy en día ya no se conservan. Resulta estremecedor contemplar tan enorme espacio fantasmal, al modo de un funesto cementerio simbólico.

Zona de las barracones, con las líneas delimitando el espacio que ocupaban en el pasado

Los barracones 38 y 39

De todos los barracones, los únicos en ser reconstruidos con sus materiales originales son los números 38 y 39. Ambos pertenecían al denominado «campo pequeño», reservado a los prisioneros judíos que malvivieron allí hasta octubre de 1942, cuando fueron deportados a Auschwitz. Curiosamente ambos barracones fueron víctimas de un acto vandálico en 1992, cuando un grupo de personas de ideología neonazi intentó quemarlos. En vez de restaurarlos, se decidió conservar las huellas del incendio como recordatorio de lo que la barbarie y la intolerancia son capaces de provocar aún hoy en día.

Barracones 38 y 39

Ambos barracones tienen la finalidad de ilustrar al visitante sobre las condiciones infrahumanas en la que malvivían los prisioneros judíos (pueden verse las literas triples y las zonas de aseos), sirviendo como espacios conmemorativos consagrados a la memoria de todos aquellos que sufrieron tales atrocidades. En su interior, sendas exposiciones relatan la persecución nazi de los judíos y los horrores de la vida cotidiana en el campo mediante biografías, audiovisuales y objetos originales (por respeto a la memoria de las víctimas, estos pequeños museos son el único lugar de todo el memorial de Sachsenhausen donde no está permitido hacer fotografías).

Literas del barracón 38
Zona de aseo del barracón 38. Nótese en las paredes las marcas del incendio de 1992

Las celdas de castigo

¿Una prisión dentro de una prisión? Algo que podría resultar inconcebible para una mente en su sano juicio no lo era desgraciadamente para las mentes enfermas de odio de los criminales nazis. Como ocurría en la mayoría de campos de concentración, en las celdas de Sachsenhausen se encerró y se torturó a muchos prisioneros, algunos de ellos especialmente ilustres y «ejemplarizantes» para el resto, como por ejemplo Gyula Alpári (político y propagandista comunista húngaro), Rupert Mayer (sacerdote jesuita alemán, símbolo de la resistencia católica contra el nazismo en Múnich) o Martin Niemöller (pastor protestante alemán, famoso por oponerse al control estatal de las iglesias por parte de los nazis).

Cárcel de Sachsenhausen

Junto a la galería de celdas, nuevas marcas en el suelo recuerdan la existencia de dos alas de castigo más. Y allí de pie, en el antiguo patio de la cárcel, tres postes de madera con ganchos recuerdan otro método de tortura de una crueldad sin parangón: allí se colgaban a los presos con las manos juntas atadas a la espalda y se les dejaba de esta guisa, a la intemperie durante días. Como podréis comprender, a mis padres y a mí se nos puso el vello de punta en aquel momento.

Zona de celdas, con los tres postes de madera que servían para torturar a los prisioneros

La cocina

Desgraciadamente éstos que hemos mencionado no eran los únicos métodos de tortura utilizados impunemente en los campos de concentración. Los nazis disponían de un catálogo extremadamente variado de técnicas y objetos destinados al castigo de los reclusos. Muchos de ellos se exponen actualmente en la antigua cocina del campo de Sachsenhausen junto a otros de uso cotidiano.

Objeto de tortura en Sachsenhausen
Exposición de objetos cotidianos en la antigua cocina del campo

En el sótano de dicha cocina se encuentra el antiguo cuarto de pelar patatas. Allí me llevé una verdadera sorpresa, pues en sus muros se conservan prácticamente intactas algunas pinturas y dibujos que algún artista plasmó para decorarlos con escenas aparentemente cómicas de personajillos en forma de frutas y hortalizas. A mí, sin duda, me pareció que dichas representaciones tenían un segundo mensaje oculto que revelaba mucho más que el meramente aparente.

Sótano de la cocina
Pintura original de un muro del sótano

El Monumento soviético

En la punta superior del triángulo de la planta del campo de concentración, el antiguo gobierno de la RDA erigió en 1961 un obelisco de 40 metros de altura que servía como lugar central del Monumento Nacional de Recuerdo y Conmemoración de Sachsenhausen. Hoy forma ya parte de la historia del campo.

Monumento soviético

La macabra «Estación Z»

Tras el perímetro del campo de prisioneros y oculto a las miradas indiscretas, se encontraba la denominada «Estación Z» al tratarse del espacio donde los reclusos exhalaban su última bocanada de vida. Esta zona, sin duda la más macabra de todas, aglutinaba la fosa de fusilamiento, los hornos crematorios y la cámara de gas, entre otros espacios destinados al exterminio de personas.

Zona de la fosa de fusilamiento
Fosa de fusilamiento

Hoy en día casi nada de estos espacios se mantiene en pie, únicamente la fosa de ejecución de presos políticos y algunos pocos vestigios de las salas más letales en el Lugar Central de Conmemoración «Estación Z», que se levantó para homenajear a todas las víctimas asesinadas en Sachsenhausen. En este sentido, debemos recordar que el campo de concentración de Sachsenhausen es uno de los peores conservados de lo que fue el Tercer Reich, ya que solo un 13% de los edificios originales se mantienen en pie, lo cual no le resta ni un ápice de interés pues el dolor sigue impregnado en cada uno de sus muros.

Estatua conmemorativa en el Lugar Central de Conmemoración «Estación Z»
Ruinas de los hornos crematorios utilizados para la desaparición de los cadáveres

Los barracones de enfermería

Antes de regresar al tren que nos llevaría de regreso a Berlín, nuestro guía Javier nos llevó al último lugar que visitaríamos en Sachsenhausen y que a mis padres les puso literalmente la piel de gallina, los barracones destinados a la enfermería y la sala de autopsias. Pero que nadie se equivoque, su objetivo primordial no era simplemente el de curar a los reclusos porque sí, sino volverlos a poner en circulación para que los SS pudieran volver a torturarlos sin piedad, alargando así su sufrimiento exponencialmente.

Barracones de enfermería

Además de para controlar las epidemias que causaban estragos en el campo, la enfermería cumplía otro siniestro propósito: el de llevar a cabo experimentos médicos que pretendían llevar al límite las capacidades humanas. Así, muchos presos eran esterilizados, infectados, amputados o congelados a propósito. Si morían, se les hacía la autopsia para averiguar qué había fallado durante el experimento previo. No faltaremos a la verdad si afirmamos que «gracias a» estas monstruosidades perpetradas por los médicos nazis, la medicina avanzó vertiginosamente en conocimientos y técnicas en muy pocos años. Irónico, ¿no?

Sala de autopsias
Sala de autopsias de Sachsenhausen

Para dar por finalizada la visita, Javier mencionó que detrás de la sala de autopsias existió un burdel donde prisioneras traídas de otros campos eran obligadas a ejercer la prostitución como premio para algunos kapos y otros prisioneros que tenían ciertos privilegios. Unas cuatro horas duró nuestra visita a aquel infierno sobre la Tierra, estábamos exhaustos e impactados.

Mi madre frente a una placa conmemorativa de los presos españoles asesinados en Sachsenhausen

Museumsinsel: Neues Museum

Durante el trayecto del tren de regreso a Berlín nos comimos unos sandwiches para recuperarnos un poco de semejante carga de angustia. Necesitábamos desconectar mentalmente de todo aquello, así que decidimos dedicar aquella tarde a la visita de uno de los museos más importantes de Berlín, lo que sin duda debía ser el contrapunto perfecto, y doy fe de que así fue. Debíamos bajarnos de nuevo en la parada de Friedrichstraße, pero en vez de llegar hasta Alexanderplatz en U-BAHN, Javier nos recomendó detenernos en Hackescher Markt. Desde allí fuimos caminando y en apenas 10 minutos ya habíamos cruzado el río Spree para llegar a la Isla de los Museos (Museumsinsel), uno de los complejos museísticos más importantes del mundo.

Río Spree a su paso por la Museumsinsel, con el Bode-Museum, uno de los 5 museos que la componen, a la derecha

Denominada a menudo la Acrópolis Prusiana y actualmente Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, la Museumsinsel ocupa la punta oeste de la isla del río Spree y está compuesta por cinco museos (Bode-Museum, Pergamonmuseum, Altes Museum, Neues Museum y Alte Nationalgalerie) donde se exponen una gran cantidad de tesoros artísticos y arqueológicos, en gran parte piezas sustraídas (o «expoliadas», según se mire…) de las excavaciones llevadas a cabo por los alemanes durante el siglo XIX en aquellos países donde en el pasado habían surgido las grandes civilizaciones de la Antigüedad, como la mesopotámica, la egipcia o la griega.

Museumsinsel

Durante la Segunda Guerra Mundial, muchos de los edificios de este espacio sufrieron daños severos a los que siguieron las negligencias del comunismo. En el momento en que nosotros fuimos (agosto de 2019) gran parte de la Museumsinsel se encontraba en estado de rehabilitación, por lo que tuvimos que quedarnos sin ver algunos de estos tesoros, como el Altar de Pérgamo, una de las obras cumbre del arte helenístico griego. Una auténtica pena, porque era uno de nuestros sueños, pero quedará para otra ocasión.

CONSEJO CANTINELERO

Desde aquí recomiendo comprar la tarjeta Museum Pass Berlin, la tarjeta turística oficial que os permitirá entrar gratis a más de 30 museos de la capital alemana, incluyendo los 5 museos de la Museumsinsel. Su validez es de 3 días y su precio, de 29€ por adulto y 14,50€ para estudiantes con acreditación (precios de agosto de 2019). Para comprarla, debéis dirigiros a cualquier oficina de turismo de la ciudad, incluidos los puntos de información de los aeropuertos. Nosotros adquirimos las nuestras en la oficina de la Puerta de Brandenburgo.

De los cinco museos, nosotros visitamos un total de tres. El primero de ellos, aquella misma tarde, fue el Neues Museum (Museo Nuevo), reabierto en 2009 bajo el diseño del arquitecto David Chipperfield después de los severos daños sufridos durante la contienda. Sin duda, el Neues Museum es uno de los museos imprescindibles de Berlín debido a la importancia de sus colecciones, un sinfín de piezas procedentes de la prehistoria y la historia antigua de todas las culturas repartidas en cuatro pisos.

Neues Museum

Las estancias que más nos impresionaron fueron aquellas pertenecientes al Ägyptisches Museum (Museo Egipcio) y al Papyrussammlung (Colección de Papiros). Las obras egipcias del Neues Museum presentan un estado de conservación sorprendente, especialmente aquellas relacionadas con el periodo del faraón Akenatón (1353-1336 a.C.), fundador de una nueva capital e instaurador del culo al dios solar Atón. Esto es algo digno de mención si tenemos en cuenta que los faraones siguientes dedicaron sus esfuerzos en borrar cualquier rastro de su predecesor, incluyendo las obras de arte dotadas de un estilo nunca visto hasta ahora caracterizado por un realismo inusitado.

Salas de arte egipcio del Neues Museum
Sección de los sarcófagos

La joya de la corona de todo el Neues Museum (y podríamos decir también de todo Berlín) y paradigma del realismo exacerbado propio del reinado de Akenatón es el busto de Nefertiti, esposa del faraón, custodiado por altas medidas de seguridad que incluyen una vitrina anti-robo y dos «gorilas» vigilando que nadie apunte con su cámara de fotos al objeto sagrado. Creedme si os digo que admirar las perfectas facciones de este rostro inmortal sería ya justificación suficiente para viajar a Berlín. Su belleza me recordó a la de una actriz de cine clásico, al más puro estilo Audrey Hepburn. Una de las obras de arte más perfectas de la historia. Tendríais que haber visto la cara de mis padres al contemplarlo. Otro sueño cumplido junto a ellos.

El busto de Nefertiti, protegido por altas medidas de seguridad en su sala independiente

En los pisos superiores del museo se encuentran las colecciones, no menos desdeñables, del Museum für Vorund Frühgeschichte (Museo de Prehistoria y de Historia temprana), de las que destacaré un cráneo neandertal encontrado en el yacimiento de Le Moustier (perteneciente al Paleolítico y declarado Patrimonio de la Humanidad), el famoso Goldhut, el mejor conservado de los únicos cuatro sombreros cónicos cubiertos de pan de oro pertenecientes a la Edad del Bronce que se han hallado en el mundo, y una pequeña muestra del Tesoro de Príamo que el arqueólogo Schliemann desenterró en la mítica ciudad de Troya y que los soviéticos se llevaron como botín de guerra en 1945.

Neues Museum

Ya iba siendo hora de reponer fuerzas, así que nos despedimos de la Museumsinsel (regresaremos mañana para visitar nuevos museos) y nos dirigimos a la orilla del río Spree, donde nos detuvimos en una pequeña terraza donde servían las famosas currywurst con patatas fritas acompañados de una buena cerveza alemana. Allí disfrutamos de ese sabroso placer en la que es, bajo mi punto de vista, la zona más bonita de toda la ciudad, con unas vistas fabulosas de la impresionante Berliner Dom.

Berliner Dom y río Spree

Berliner Dom (Catedral de Berlín)

Precisamente este monumento ubicado entre la Museumsinsel y el Schloß imperial iba a ser nuestra última visita del día. Como muchos otros edificios berlineses, la Berliner Dom (7€ por adulto), que había sido construida en estilo neo-renacentista entre 1894 y 1905 sustituyendo a un templo neoclásico anterior diseñado por Schinkel, también fue víctima de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Quedó en un estado tan lamentable que el régimen comunista llegó a considerar derribarla por completo en la década de 1950. Sin embargo, en 1975 comenzaron las obras de restauración, que todavía hoy siguen en curso.

Berliner Dom desde la Museumsinsel

La Berliner Dom fue concebida como iglesia principal de la corte de la familia Hohenzollern. El interior, neo-barroco, sorprende por su magnificencia y su suntuosidad. Destaca el altar mayor hecho de mármol, la imponente escalinata por la que subían los emperadores para ocupar el palco real durante los oficios, el gran órgano y la imponente cúpula central.

Cúpula de la Berliner Dom

Precisamente esta cúpula es uno de los mejores miradores de la ciudad. Aunque eso sí, la ascensión hasta la cima no resulta precisamente un paseo. ¿Que si merece la pena subir los casi 300 escalones para llegar hasta arriba? En mi opinión, la merece, siempre que dispongáis de tiempo suficiente. De lo contrario, no os lo penséis dos veces y evitad la subida.

Vistas desde lo alto de la cúpula

Por último, cabe señalar que este templo también fue concebido como el principal lugar de sepultura de la dinastía Hohenzollern. En los sótanos de la catedral se encuentra la cripta, que alberga las tumbas de más de 100 de sus miembros de varias generaciones a lo largo de cuatro siglos. Aquí el visitante encontrará el más solemne de los espacios para dar por finalizada la visita a la Catedral de Berlín, otra de las imprescindibles de la capital alemana.

Cripta de la familia Hohenzollern

Mis padres estaban ya reventados, había sido un día intenso emocionalmente hablando. Habíamos experimentado la angustia más dolorosa en Sachsenhausen y admirado la más proporcionada belleza en el Neues Museum y la Berliner Dom. Podíamos darnos por contentos, de modo que regresamos al hotel y cenamos algo rápido allí mismo.

Berliner Dom

Día 4

Amanece nuestro cuarto día en Berlín, la ciudad maltratada por la Historia, aunque en ocasiones también bendecida. Bendecida con absolutas maravillas en forma de tesoros artísticos y arqueológicos como los que habíamos descubierto el día anterior y como los que aquel día íbamos a descubrir. Pero las tinieblas están mucho más presentes en Berlín. Las podemos encontrar a plena vista y también escondidas bajo tierra. Hoy íbamos a adentrarnos en el mundo subterráneo de la capital alemana de la mano de la asociación independiente Berliner Unterwelten para visitar uno de los pocos búnkers que se conservan utilizado durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría. Una experiencia inolvidable que dio paso a otro contraste radical (Berlín es ciudad de contrastes bruscos y fascinantes), el de volver a admirar la belleza en otros dos museos pertenecientes a la Museumsinsel: el Pergamonmuseum y la Alte Nationalgalerie.

Búnker Gesundbrunnen (Berliner Unterwelten)

¡Era hora de ponerse en marcha! Nuestro primer destino se encontraba a muy pocas paradas de U-BAHN de nuestro hotel, el Flower’s Boardinghouse Mitte, sin embargo aquel día también madrugamos por una razón muy concreta que ahora pasaré a comentar.

CONSEJO CANTINELERO

La asociación Berliner Unterwelten fue formada hace ya unos cuantos años por una serie de expertos profesionales de diversos campos (historiadores, ingenieros, arquitectos y otros apasionados del tema) para velar por la conservación y la puesta en valor de los restos históricos del subsuelo berlinés. En la actualidad organiza diversos tours en distintos idiomas (alemán, inglés… ¡y español!) en varios lugares de gran interés histórico.

Resulta muy importante resaltar que NO es posible reservar las entradas con antelación (excepto grupos), por lo que uno debe presentarse directamente en su oficina el mismo día en que va a llevarse a cabo el tour en el que se está interesado (consultar calendario en su página web). Yo recomiendo que os presentéis allí con suficiente tiempo de antelación si no queréis quedaros sin vuestra entrada. ¡Más vale ser precavidos!

Como nosotros no queríamos perdernos por nada del mundo el Tour 1 Mundos en tinieblas en español, mis padres y yo nos presentamos en la oficina de Berliner Unterwelten, situada justo al lado de la estación de U-BAHN Gesundbrunnen, minutos antes de que comenzara la visita a las 10h. Algunos españoles ya hacían cola para entonces y, como aún no habían abierto la oficina, conversamos animadamente con una pareja joven de sevillanos interesados como nosotros en conocer uno de los pocos búnkers visitables que se conservan aún hoy en día en Berlín y que fueron utilizados por la población civil durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría: el Búnker Gesundbrunnen.

Guardando la cola en la oficina de Berliner Unterwelten

La entrada al búnker en cuestión se encuentra justo al lado de la oficina de Berliner Unterwelten y está situado entre el nivel de la calle y el nivel de la estación de U-BAHN Gesundbrunnen. Como reza la propia descripción del tour en la página web de la asociación, «cientos de personas transitan diariamente frente a una puerta verde en el interior de la estación de U-BAHN Gesundbrunnen sin siquiera imaginar que, tras ésta, se ocultan extensas habitaciones llenas de historia». Y es que el origen de estas instalaciones se encuentra íntimamente ligado al de la propia estación, pues en un principio fueron construidas para el personal del U-BAHN como habitaciones, aseos, despachos, etc. Tras el crack de 1929, estos espacios no pudieron ser acondicionados debidamente, lo que dio pie a que durante la década de los años 30, cuando Europa se preparaba para la contienda más aterradora del siglo XX, fueran aprovechados por la población civil como un búnker improvisado.

Estación de U-BAHN Gesundbrunnen de Berlín, con la entrada al búnker del Tour 1 de Berliner Unterwelten

Una vez con nuestras entradas en la mano (12€ por adulto, 10€ con descuento para estudiantes), nuestro guía nos informó de la posibilidad de que alguien pudiera sentir claustrofobia en algún momento de la visita, para lo cual estaban absolutamente preparados (un segundo miembro de la asociación se encarga de seguir al grupo en todo momento y de sacar de allí a cualquier persona que pudiera sufrir cualquier tipo de inconveniente durante la visita). Desde aquí podemos asegurar que la experiencia, si bien resulta altamente intensa, en ningún momento llega a ser angustiante. Recordad que las fotografías y las reproducciones en vídeo no están permitidas durante el recorrido.

Búnker de Gesundbrunnen(fotografía propiedad de Berliner Unterwelten © Holger Happel)

El Búnker Gesundbrunner se encontraba en un estado bastante ruinoso pero los profesionales independientes de la asociación Berliner Unterwelten se encargaron de limpiarlo y volver a acondicionarlo (con objetos no originales del lugar) para las visitas. El recorrido transcurre a través de una serie de «habitaciones» sin ventanas y con muy poca ventilación en cuyos muros está escrita la capacidad del número de personas que, en teoría, tenía cada una de ellas (aunque en la práctica se llegaba a triplicarla). Solo tres de ellas cumplían una finalidad específica: la «central de comando», la enfermería y un cuarto de emergencias.

Enfermería del búnker (fotografía propiedad de Berliner Unterwelten © Holger Happel)

Puesto que el búnker no poseía un generador de emergencia propio sino que dependía enteramente del suministro eléctrico externo, para iluminar las estancias cuando la luz eléctrica dejaba de funcionar y brindar así un mínimo de orientación visual a las personas que estaban dentro, se pintaron las paredes con un tipo de pintura luminiscente cuyos restos todavía se conservan. Como a simple vista resulta imperceptible, nuestro guía apagó las luces durante un momento para poder apreciarla y aunque se encuentra ya algo desgastada, todavía sigue haciendo efecto. Por cierto, nos recomendaron no tocar las paredes pues dicha pintura es tóxica debido a que contiene una mezcla de zinc y sulfato de cobre.

Pintura luminiscente del búnker (fotografía propiedad de Berliner Unterwelten © Holger Happel)

Gracias a las explicaciones de nuestro guía, siempre rigurosas y respetuosas con la memoria de las personas que pasaron allí las horas más amargas e inciertas de sus vidas, pudimos comprender que el búnker, aunque aparentemente seguro, en realidad no ofrecía ninguna garantía ante los bombardeos pues como hemos comentado anteriormente, su construcción no fue concebida para tal fin. Además, tampoco ofrecía seguridad contra armas químicas, la ventilación era prácticamente nula y las condiciones de habitabilidad, realmente deficientes. Dicho de otro modo: meterse en este búnker no era mucho más seguro que quedarse en el exterior. Así de cruda era la realidad.

Sala del búnker (fotografía propiedad de Berliner Unterwelten © Holger Happel)

En este sentido, la propaganda por parte del gobierno nazi se encargaba de maquillar esta realidad. No solo instaban a la población a comprar objetos «imprescindibles» para tener en sus casas (como las mascarillas anti-humo que en realidad no servían contra ataques de gas), sino que además aleccionaban a los más pequeños sobre cómo comportarse en caso de bombardeos con revistas y juegos de mesa. Algunos de estos objetos se exponen en algunas de las salas del Búnker Gesundbrunnen junto a proyectiles auténticos que, por fortuna, nunca llegaron a explotar y que fueron encontrados en el subsuelo pantanoso de Berlín.

Sala donde se exponen objetos relacionados con la Segunda Guerra Mundial (fotografía propiedad de Berliner Unterwelten © Holger Happel)

Si hablamos de cifras, a uno se le pone la piel de gallina. Se estima que Berlín fue devastada cinco veces solo en el siglo XX y los refugios y búnkers de la ciudad solo tenían capacidad para un 5% de la población. Como es de suponer, la capital del Reich era el objetivo militar más codiciado por los aliados. Los primeros bombardeos por parte de los escuadrones británicos que hicieron tambalear la capital comenzaron en agosto de 1940 y se prolongaron, cada vez con más intensidad, hasta el final de la contienda, momento en el que el centro de la urbe y su entorno fueron destruidos hasta en un 80%,

Vitrina de exposición (fotografía propiedad de Berliner Unterwelten © Holger Happel)

Tras el final de la guerra, la mayoría de búnkers fueron inmediatamente usados como refugios por la población más desamparada y por algunos fugitivos. Finalmente serían demolidos por decreto de la desmilitarización de Alemania (previo saqueo del inventario disponible por parte de los supervivientes), sin embargo el de Gesundbrunnen se salvó de la destrucción gracias a su proximidad con la estación de metro. A partir de ese momento, decenas de miles de personas se dedicaron a buscar restos de valor entre los escombros, amontonando estos en montañas cada vez más altas. Esto ocurrió por ejemplo en el Parque Humboldthain, donde fueron apilados 1’6 millones de metros cúbicos de escombros alrededor de la torre antiaérea Flakturm, la única que queda en pie en Berlín de las tres que existieron y protagonista del Tour 2 «De la torre antiaérea a la montaña de escombros» con la asociación Berliner Unterwelten.

La visita al Búnker Unterwelten finaliza mostrando al público para qué otras funciones era utilizado el subsuelo de Berlín, además de para albergar el metro o como refugio para la población civil. Durante décadas también fue destinado a la fabricación de cerveza o para el correo neumático, que era transportado a través de unos tubos por toda la ciudad.

Sala donde se muestran los tubos que servían para el transporte del correo neumático que se utilizaba en el subsuelo de Berlín (fotografía propiedad de Berliner Unterwelten © Holger Happel)

Para terminar, cabe resaltar que en el interior de la oficina de Berliner Unterwelten podréis visitar la exposición Mitos de Germania.  A través de una gran maqueta y recursos audiovisuales, se muestran los planes urbanísticos y arquitectónicos que Hitler, con ayuda de su arquitecto principal Albert Speer, pretendía llevar a cabo en Berlín para convertirla en la «capital del mundo».

Museumsinsel: Pergamonmuseum

Al finalizar la visita subterránea mis padres y yo aprovechamos para comer algo rápido en el pequeño establecimiento que hay justo al lado de la oficina de Berliner Unterwelten. Al igual que habíamos hecho durante la jornada anterior, era hora de poner el contrapunto a tanta intensidad emocional y regresamos a la Museumsinsel para visitar el último de sus 5 museos en ser construido (1930) y el más visitado de todo Berlín: el Pergamonmuseum. Sede de tres importantes colecciones (la Antikensammlung o Colección de Antigüedades Clásicas, el Vorderasiatisches Museum o Museo del antiguo Oriente Próximo y el Museum für Islamische Kunst o Museo de Arte Islámico), el Pergamonmuseum alberga algunas de las piezas artísticas de la Antigüedad más importantes del planeta.

Pergamonmuseum en fase de rehabilitación

En ese momento el museo llevaba ya algunos años en fase de remodelación y, para desgracia nuestra, continuaba sin ser posible admirar el tesoro más preciado de toda la colección, el Altar de Pérgamo, desenterrado junto con otras partes de la acrópolis de la antigua ciudad griega de Pérgamo (actual Bergamo, en el oeste de Turquía) durante las décadas de 1870 y 1880. Los hallazgos principales fueron los frisos que rodeaban el altar y que representan batallas en las que los dioses se enfrentan a los gigantes. Lo que se podrá verse en los próximos años (esperemos que no se demoren mucho más) es la reconstrucción del lado oeste del altar original, levantado hacia el 170 a.C. Los frisos de los lados norte, sur y este se expondrán colgados de las paredes de la sala. ¡Ya tenemos excusa para volver a Berlín!

Mis padres frente a los guardianes Lammasu, divinidad protectora de la mitología asiria, que dan entrada a la sección del Museo del antiguo Oriente Próximo en el Pergamonmuseum

En el interior del Pergamonmuseum os esperan, sin embargo, otras muchas obras maestras de las culturas antiguas «rescatadas» durante las expediciones arqueológicas llevadas a cabo por los alemanes durante los siglos XIX y XX. Sin duda, la que más impresiona es la maravillosa Puerta de Ishtar o Puerta de Astarté, una de las 8 puertas monumentales (de 10 metros de altura) de la antigua muralla interior de Babilonia, a través de la cual se accedía al templo de Marduk. Construida en el siglo VI a.C. bajo el reinado de Nabucodonosor II, se compone de adobe y cerámica vidriada de un intenso color azul debido al lapislázuli. Para llegar hasta ella, deberéis atravesar un pasillo central que reconstruye la vía procesional que había en Babilonia decorada con extraordinarios relieves de animales dotados de un realismo incomparable.

Relieves del pasillo procesional de Babilonia
Pasillo procesional de Babilonia
Relieve de león
Vía procesional de Babilonia

Desgraciadamente, no es posible apreciar la visión de conjunto de la Puerta de Ishtar desde el pasillo central. Eso significa que hasta que uno no llega a los pies de la misma, no puede contemplarla en su totalidad. En mi opinión, resulta una pena que la distribución de los espacios museísticos le impida una mayor sensación de monumentalidad, por lo que pierde mucho impacto. A pesar de esta circunstancia, nosotros quedamos extasiados por la intensidad de ese azul tan deslumbrante.

Puerta de Ishtar
Puerta de Ishtar
Pergamonmuseum

Cruzando por debajo de la Puerta de Ishtar nos encontramos con otro maravilloso acceso antiguo, la Puerta del Mercado de Mileto, una ciudad de origen griego de la costa occidental de la actual Turquía. Erigida hacia el 120 a.C., esta colosal obra arquitectónica era en realidad un elemento relativamente modesto en el panorama de la próspera ciudad, un importante puerto comercial del Mediterráneo como recrea una maqueta presente en la sala.

Puerta del Mercado de Mileto
Puerta del Mercado de Mileto

De la colección de arte islámico me gustaría destacar la cúpula de la Alhambra, un fabuloso techo labrado tomado de una torre de vigilancia del famoso palacio granadino (adquirido de un coleccionista de arte berlinés), un conjunto arquitectónico formado por la base de la fachada y las torres del palacio de un principe del siglo VIII de Mshatta, en la actual Jordania, y por último la sala de Alepo, un recibidor completo de la casa de un acomodado hombre de negocios cristiano de esta ciudad del norte de Siria, un extraordinario ejemplo de marquetería.

Palacio de Mshatta
Sala de Alepo en el Pergamonmuseum

Museumsinsel: Alte Nationalgalerie

Mis padres ya se encontraban algo cansados, pero yo no pensaba en dar por finalizado el día, de modo que, mientras ellos me esperaban fuera, yo decidí dedicarle mi tiempo a la pintura. La Alte Nationalgalerie, proyectada por el arquitecto Schinkel en un elegante edificio neoclásico (y posteriormente restaurado tras los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial), forma parte también de la Museumsinsel y está considerada la pinacoteca más importante de Berlín.

Alte Nationalgalerie
Alte Nationalgalerie

Nacida de la colección de la Fundación Cultural de Herencia Prusiana, alberga importantes obras de artistas europeos del siglo XIX de gran renombre, entre los que destacaré a Constable, Delacroix, Goya, Friedrich, Manet, Cézanne, Monet, Renoir, Degas, Pisarro y Rodin. Además, dos artistas berlineses gozan de un protagonismo destacado en la Alte Nationalgalerie: Menzel, pintor favorito de la corte de Federico el Grande, y Liebermann, el máximo representante del impresionismo en Alemania.

Alte Nationalgalerie
Sala dedicada al impresionismo francés en la Alte Nationalgalerie

Pasear un rato a solas entre los distintos movimientos pictóricos del siglo XIX, eso sí que es un tiempo bien invertido en uno mismo. Realismo, neoclasicismo, romanticismo, impresionismo… Una auténtica clase de historia del arte y un deleite para la vista y el espíritu. ¿Puede haber algo mejor para terminar una jornada de turismo en Berlín?

Alte Nationalgalerie

¡Pues sí! Al regresar al hotel y cenar algo rápido en nuestra habitación, mi padre accedió a acompañarme a dar un paseo nocturno por la Potsdamer Platz para visitar el Sony Center (que ya vimos en nuestro segundo día de viaje). Mientras compartíamos confidencias entre padre e hijo, llegamos hasta la Puerta de Brandenburgo, donde aproveché para fotografiarla prácticamente sin gente.

Sony Center
Puerta de Brandenburgo
Pariser Platz

Día 5

Guten Morgen! Aquella soleada mañana mis padres y yo nos levantamos con un sabor agridulce, pues iba a ser la última que íbamos a pasar en la capital alemana. Nuestro avión salía aquella misma tarde, por lo que todavía nos quedaba tiempo para visitar un último monumento que resume en sí mismo la fatalidad de una ciudad machacada por la Historia: la Iglesia-Memorial Kaiser Wilhelm. Esta se encuentra en lo que antiguamente correspondía a la zona occidental controlada por la República Federal Alemana (RFA), lo cual nos permitió conocer en toda su esencia al menos un trocito de esa otra parte de la ciudad.

Iglesia-Memorial Kaiser Wilhelm

La Kaiser-Wilhelm Gedächtniskirche fue una de las más de treinta iglesias que el káiser Guillermo II mandó construir tras subir al trono con el fin de embellecer la ciudad. Ésta concretamente la levantó en honor a su abuelo, el káiser Guillermo I, en estilo neo-bizantino, con llamativos mosaicos y relieves en su interior que representaban la historia de la dinastía de los Hohenzollern. Sin embargo, el templo hubiese sido eso, uno más de tantos, de no ser porque las protestas de los berlineses durante la década de 1950 evitaron los planes de su demolición tras ser bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial y convertirse así en memorial. La iglesia, apodada en la actualidad «la muela picada», es otro de esos monumentos que aún conservan las cicatrices más visibles de la contienda.

Los mosaicos del interior fueron restaurados y hoy lucen con el esplendor de antaño. De todo el conjunto destaca la serie en que aparecen representados los emperadores alemanes, incluidos los dos personajes que más vinculación tienen con el lugar, los káisers Guillermo I y Guillermo II. Bajo este manto dorado, objetos religiosos expuestos en vitrinas de un gran valor histórico y simbólico.

Interior de la iglesia
Mosaicos del interior
Detalle del mosaico

Rodeando por delante y por detrás al templo, se encuentran dos edificios de moderna construcción: un alto campanario que actualmente alberga una tienda de recuerdos y una capilla (llamada Iglesia Nueva), formada por cristales azules a través de los que se refleja la luz como si estuviésemos dentro de una preciosa vidriera gigante, una circunstancia que la convierte en un lugar óptimo para el recogimiento y la contemplación.

Interior de la moderna capilla
Figura de Jesucristo en el interior de la capilla

¿SABÍAS QUE…?

En el interior de esta moderna capilla se encuentra la famosa Madonna de Stalingrado, un dibujo que el doctor y pastor evangélico alemán Kurt Reuber hizo en el dorso de un mapa ruso con un trozo de madera quemado durante la batalla de Stalingrado, concretamente en la Navidad de 1942. Siendo médico de la 16.ª División-Panzer,​ Reuber se encontraba en un refugio alemán cercado por las fuerzas rusas mientras se libraba la contienda. Una vez hubo terminado su obra, la colgó en una de las paredes del refugio. Muchos soldados de otros refugios cercanos comenzaron a arriesgar sus vidas para venir a contemplarla a un lugar que terminaría por convertirse en una suerte de santuario. En la actualidad existe un gran número de reproducciones del dibujo repartidas por todo el planeta al tratarse de un símbolo que apela a la reconciliación entre pueblos.

Madonna de Stalingrado

Al salir de la capilla mis padres y yo reparamos en algo que nos erizó el vello del cuerpo. Alguien había colocado unas cuantas fotos, flores y velas en las escaleras cercanas a la entrada, y al acercarnos, nos dimos cuenta de que allí mismo había tenido lugar el último golpe que la fatalidad ha asestado a esta maravillosa ciudad. Me estoy refiriendo al atentado del 19 de diciembre de 2016 (reivindicado por el grupo terrorista ISIS, el autodenominado Estado Islámico) en el que un hombre condujo un camión robado a través de un mercado navideño atropellando a 11 personas justo en este punto.

Memorial del atentado de 2016, con los nombres y la nacionalidad de las personas asesinadas aquel día

Para terminar con nuestro viaje a Berlín, decidimos volver a pasear por el Nikolaiviertel, el barrio de Nicolai, el mismo que habíamos visitado durante nuestro segundo día en la ciudad de la mano de nuestra guía de Civitatis, Marta, quien precisamente entonces nos había recomendado un buen sitio para comer allí mismo. No desaprovechamos la ocasión y después de llenar la panza nos dirigimos por última vez al hotel para recoger las maletas antes de regresar al aeropuerto.

LOS CANTINELEROS RECOMIENDAN…

Un lugar recomendable para reponer fuerzas si uno se encuentra en el barrio de Nikolai es la Brauhaus Georgbraeu, una cervecería que ofrece comida típica berlinesa (un buen snitzchel o unas buenas salchichas alemanas) acompañada de cerveza artesanal. ¡Y todo a un precio bastante razonable!

Brauhaus Georgbraeu, en Nikolaiviertel

¡Y esto ha terminado! Así di por finalizada esta preciosa escapada berlinesa que tanto disfruté junto a mis padres, cumpliendo varios sueños viajeros que teníamos pendientes. Berlín, uno de esos destinos imprescindibles para los amantes de la Historia en mayúsculas.

Alojamiento cantinelero

De todos los apartamentos que busqué para este viaje, el Flower’s Boardinghouse Mitte fue el que más me convenció por relación calidad-precio y por ubicación, ya que se encuentra en una zona tranquila pero con muchas tiendas y restaurantes, muy cerca de dos líneas de metro que conectan directamente con aquellos lugares que queríamos visitar, Weinmeisterstraße (línea U8) y Rosa-Luxemburg Platz (línea U2). Además era el único alojamiento que ofrecía un croissant recién horneado y un buen café por la mañana, detalle que agradecíamos profundamente al comenzar la jornada. Limpia y lo suficientemente amplia, nuestra habitación contaba además con una pequeña cocina equipada con todo lo necesario. Si vienes a Berlín, ¡es todo un acierto!

Apartamentos Flower’s Boardinghouse Mitte
Apartamentos Flower’s Boardinghouse Mitte

Si habéis disfrutado con la lectura de este diario de viajes, ¡ayúdame a difundirlo para que llegue a muchas personas y pueda servirles de ayuda para preparar su viaje a Berlín!

Auf wiedersehn!

4 comentarios

  • Rodcar Life

    Enhorabuena por el post de Berlín.
    Lleno de información y de sentimientos.
    Felicidades porque transmite muchísimo y merece mucho la pena.
    Deseando leer los posteriores
    Un saludo

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