CANTINELAS VARIAS,  NATURALEZA,  PUEBLO BONICO,  Región de Murcia

Qué ver en el Valle de Ricote, el último reducto morisco

Eso de que valoramos más lo de fuera que lo nuestro es algo que sabe perfectamente mi querido suegro Manuel, quien aún suele decirnos muy a menudo eso de «no entiendo por qué os vais tan lejos teniendo aquí mismo el Valle de Ricote«. Ha tenido que importunarnos la vida un virus pandémico para que al fin le hiciera caso y me decidiera a explorar uno de los grandes tesoros paisajísticos que tenemos en la Región de Murcia: el Valle de Ricote. Imperdonable, lo reconozco, aunque a mi favor diré que este pequeño territorio agazapado entre las localidades de Cieza y Archena aprendió desde tiempos remotos a sobrevivir permaneciendo oculto. Y oculto permanece aún hoy en día, prácticamente virgen para el deleite de quien se anime a descubrirlo.

La singularidad ecológica y cultural del Valle de Ricote radica en que pocas regiones conservan en toda España un recuerdo musulmán tan marcado. Cuando uno se adentra en su paisaje, tiene enseguida la sensación de haberse trasladado instantáneamente a Marruecos o a algún país de Oriente Próximo por el contraste entre sus áridas montañas y su fértil vegetación. Un infinito mar amarillo y verde de limoneros del que emergen una gran cantidad de palmeras desconcierta y fascina al visitante a partes iguales. Esto tiene una explicación muy sencilla: los árabes estuvieron habitando este territorio durante mucho más tiempo que cualquier otro del resto de España.

Valle de Ricote

Al Valle de Ricote se le considera el último reducto morisco de toda la Península Ibérica, hasta que en 1614 el rey Felipe III los expulsó definitivamente. Los moriscos eran los descendientes de aquellos musulmanes forzados a convertirse al cristianismo en tiempos de los Reyes Católicos, de quienes obtuvieron la concesión para seguir cultivando sus tierras en este valle cuando la Orden de Santiago ya hacía siglos que lo administraba. Mientras algunos de ellos seguían practicando en secreto la religión de Mahoma y ayudaban de vez en cuando a los piratas berberiscos en sus ataques en el litoral levantino, continuaron desarrollando sus costumbres y las técnicas de cultivo cuya herencia es todavía bien visible a lo largo y ancho del valle en forma de norias, acequias, azarbes, bancales, presas y azudes. Eso sí, que nadie piense que este valle lo descubrieron los árabes. Diversos yacimientos arqueológicos, como el de Bolvax o el del Salto de la Novia (que esperamos puedan ser puestos en valor muy pronto), demuestran que la presencia del ser humano en estas tierras data de mucho más atrás.

Valle de Ricote

A quien visite el «valle morisco» le esperan una gran cantidad de miradores en los que deleitarse con la explosión cromática del paisaje, pero también pueblos con encanto donde respirar a pleno pulmón la fragancia de sus huertas. Son concretamente 7 los que tienen la suerte de pertenecer a esta selecta comarca (Abarán, Blanca, Ojós, Ricote, Villanueva del Río Segura, Ulea y Archena), al que deberíamos sumar un octavo de forma extraoficial, Cieza, porque, si bien en la actualidad no forma parte administrativamente del valle, sí lo hizo en el pasado, además de estar enclavado geográficamente en él, reposando junto al río Segura al igual que los demás.

En este artículo os invito a serpentear por el camino que desde antiguo discurre a la vera del río Segura, a través de la frondosa huerta de este valle cuya fisonomía conserva un fuerte gen musulmán. Juntos recorreremos los 7+1 municipios que conforman este territorio, deteniéndonos en sus puntos más asombrosos y fotogénicos. ¿Estáis listos para acompañarnos?

Cieza, patrimonio natural y cultural

A Cieza se la considera la puerta norte del Valle de Ricote, título que se disputa (como tantas otras cosas) con Abarán, con quien mantiene una relación de amor-odio de proporciones bíblicas. La capital de la comarca de la Vega Alta del Segura se encuentra protegida por la omnipresente Atalaya, un conjunto de dos grandes monolitos de roca, el más pequeño de los cuales sirvió de posición estratégica para el antiguo despoblado de Medina Siyâsa (con castillo incluido), predecesor islámico y núcleo originario de la ciudad actual. Resulta inexcusable visitar el más importante yacimiento europeo en elementos decorativos arquitectónicos de época medieval islámica, cuyas piezas podemos contemplar en el Museo Siyâsa, en el que podremos adentrarnos además en una réplica reconstruida de una de las viviendas de la antigua medina.

Yacimiento de Medina Siyasa

Pero no es esta la única joya arqueológica de Cieza. Los amantes del arte rupestre encontrarán aquí dos santuarios incluidos en el catálogo del Arte Rupestre del Arco Mediterráneo, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO: el Barranco de los Grajos y la Cueva Sima de la Serreta, abierta al impresionante Cañón de Almadenes. Esta última, además, cuenta en su interior con el único hábitat romano peninsular identificado dentro de una cueva. Para poder visitarlos, tendremos que ponernos en contacto con la empresa Stipa Servicios Turísticos.

Para saber más sobre la experiencia que supone adentrarse en la Cueva Sima de la Serreta de Cieza, os recomiendo leer el artículo que escribí sobre esta maravilla arqueológica sin parangón. ¡No podéis dejar de visitarla!

Cueva-sima de la Serreta

Cieza es hoy una ciudad moderna, la más grande de su comarca, pero su casco histórico merece un relajado paseo que bien podría comenzar en el Paseo decorado con los murales cerámicos de su artista más internacional, Pepe Lucas. En la Plaza de la Esquina del convento admiraremos la iglesia del antiguo Convento de los Franciscanos descalzos de San Joaquín y San Pascual, del siglo XVII, cuyo claustro se convirtió en la biblioteca municipal. En la calle San Sebastián se respira el ambiente señorial y bohemio de otros tiempos. Frente al Museo Siyasa se encuentra la Galería de Arte Efe Serrano, que al igual que su propietaria, es única en su especie. En este templo del arte encontraremos una muestra permanente con piezas de Dalí, Picasso, Miró, Tàpies y otros, que se combina con exposiciones temporales que traen a Cieza lo último de lo último. Después de callejear un poco y visitar el Centro de Interpretación del Esparto o la Casa-Museo de la Semana Santa, llegaremos a la Plaza Mayor, donde se yergue el Ayuntamiento y la Basílica de la Asunción, templo de principios del siglo XVIII edificado sobre uno anterior renacentista.

Galería de arte Efe Serrano
Plaza Mayor de Cieza, con la Basílica de la Asunción

Terminaremos el paseo en el Balcón del muro, donde la muralla actual de finales del siglo XIX sustituyó a la anterior que existía desde el siglo XV. Este enclave privilegiado fue testigo de importantes acontecimientos históricos, tales como la sangrienta incursión de 1477 que tuvo como protagonista a Abu-I-Hassan y sus tropas granadinas, y que daría como resultado el lema de su escudo «por pasar la puente, nos dieron la muerte». Desde aquí apreciaremos la inmensa riqueza natural de la huerta ciezana, que puede ser explorada mientras se sigue el curso del río a través del precioso Paseo Ribereño, donde nos detendremos a visitar el Molino de Teodoro con su acequia de origen árabe La Andelma, declarada Bien de Interés Cultural.

Pueblo de Cieza desde el albergue municipal
Acequia de la Andelma de Cieza, declarada Bien de Interés Cultural y cuyo origen se remonta al siglo X

Y hablando de riqueza natural, no existe mejor momento para venir a Cieza que durante la famosa floración de sus árboles frutales (aquí los melocotones son casi una religión) durante la cual todo su entorno se tiñe de verde, blanco y, muy especialmente, de rosa. El reclamo turístico más importante de los últimos años en la comarca Vega Alta tiene lugar entre los meses de febrero y marzo. Podréis visitarla por libre o de la mano de alguna de las muchas empresas que te la mostrarán gustosas y encantadas.

Imagino que tendréis ganas de saber más acerca de la floración de Cieza. No os preocupéis, en este artículo os explico todos los detalles sobre el espectáculo natural más pintoresco de toda la Región de Murcia. ¡No vais a ver nada más bonito!

Flores en el paraje de El Horno de Cieza

Antes de abandonar Cieza, nos sentaremos en alguna terraza a probar su famoso granizado de avellana o sus tortas de pan dormido, ¡absolutamente imperdibles!

Abarán y sus norias

La manera más rápida de llegar hasta Abarán desde Cieza es por carretera, sin embargo la más bonita es haciéndolo a pie siguiendo el curso del río Segura, cruzando el Paraje de El Menjú. En ambos márgenes del río, ya en el término municipal de Abarán, encontraremos el conjunto más importante de norias tradicionales de la Región de Murcia, que todavía continúan en funcionamiento hoy en día, nutriéndose del agua de dos acequias cercanas que a su vez la toman del propio río. Al igual que los molinos de viento manchegos, las 4 norias de Abarán tienen cada una su propio nombre: noria Hoya de don García, noria Candelón, noria de la Ñorica y noria Grande, que con sus 11,92 metros de diámetro, 1,18 metros de ancho y 64 palas presume de ser la mayor noria en funcionamiento de toda Europa. La ruta peatonal que conecta las norias discurre a lo largo de algo más de un kilómetro a través de un paisaje fluvial y agrario de un gran valor etnográfico.

¿SABÍAS QUE…?

Los árabes no fueron los inventores de las norias, pero sí sus grandes impulsores como técnica de cultivo. Su funcionamiento es sencillo pero tremendamente efectivo: aprovechando la energía renovable como la hidráulica, el movimiento giratorio de la noria permite elevar el agua de una acequia a un canal realizado a una cota superior para conseguir aumentar la superficie de tierras regables. ¡Increíble!

La Noria Grande de Abarán data de 1805, aunque fue reconstruida en 1951

Una buena idea es prolongar esta ruta senderista siguiendo el curso del río y llegar hasta el Parque de El Jarral, donde se encuentra la presa del mismo nombre. Ésta incluye un espectacular desnivel por donde el agua fluye en abundancia. Aquí os espera un auténtico remanso de paz con un merendero y una pequeña playa fluvial que hace las delicias de los más pequeños y jóvenes durante la temporada estival.

Presa de El Jarral

Abarán es «la San Francisco del Valle de Ricote» debido a sus empinadas cuestas y sus calles estrechas. A pesar de que los tiempos modernos han hecho mella en la localidad, merece la pena detenerse a admirar sus edificios más emblemáticos, la Iglesia de San Pablo, la Ermita de San Cosme y San Damián o el Teatro Cervantes, levantado en 1926 y declarado Bien de Interés Cultural. Su interior de estilo ecléctico con pequeños toques de modernismo aún conserva la esencia de otros tiempos al mismo tiempo que representa la gran vocación musical de los abaraneros, manifestada especialmente en el genero lírico de la zarzuela y las Bandas de Música.

Ermita de San Cosme y San Damián, en la zona más alta del pueblo abaranero
Teatro Cervantes

Para terminar nuestra visita de Abarán subiremos con el coche al Santuario de Ntra. Sra. del Oro, custodio de la Virgen del Oro, patrona del pueblo, de una colección de piezas artísticas de notable valor (algunas de origen napolitano) y de unos restos mortales que guardan una curiosa historia, la del religioso Ángel Filemón Carrasco Fernández.

¿SABÍAS QUE…?

Ángel Filemón fue un abaranero nacido en 1921 que ingresó en el noviciado de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios en Ciempozuelos, Madrid, donde contrajo tuberculosis pulmonar, enfermedad a causa de la cual fallecería a los 21 años de edad. Un amigo suyo, el párroco D. Antonio Templado, se trasladó hasta allí tiempo después para recoger los restos de Ángel Filemón tras su exhumación y traerlos de vuelta a Abarán… ¡por taxi y tren en una maleta! Hoy descansan en el modesto templo que D. Antonio levantó en honor a la Virgen del Oro, justo en el mismo lugar donde antaño el Círculo del movimiento Mariano del Oro, el grupo de jóvenes devotos al que pertenecían ambos, solía reunirse para rezarle a la Virgen.

Restos mortales de Ángel Filemón Carrasco, en el Santuario de la Virgen del Oro

Aprovechando que nos encontramos en plena Sierra del Oro, los más deportistas podrán aventurarse a hacer una ruta senderista que comienza en el propio santuario y termina alcanzando el Mirador de la Cruz, también llamado Cabezo del Mortero, desde donde se obtienen unas vistas espectaculares de la zona norte del Valle de Ricote, Cieza, la Sierra del Carche y la Sierra de la Pila. Allí, una pequeña cruz blanca marca el lugar donde se encuentra una urna con las cenizas de otro abaranero, éste desconocido, que tuvo que abandonar su adorado Abarán y marcharse al extranjero debido a la miseria que padecía y que quiso que sus restos reposaran en tan privilegiada ubicación.

Vistas desde el Mirador de la Cruz, donde se aprecia la cadena montañosa de la Umbría del Cuchillo

Blanca, musa de Pedro Cano

Durante el dominio musulmán el municipio de Blanca era conocido como «Negra» debido a la tonalidad oscura de la peña donde se asienta desde el siglo XII su poderoso castillo, cuyos restos fueron restaurados hace pocos años. La llegada de los cristianos trajo consigo el cambio toponímico para «limpiar» su pasado árabe y dejarlo más limpio y casto. A los pies de la destartalada fortaleza discurre el Segura justo en el punto exacto donde suelen culminar los descensos en rafting que organizan diversas empresas multiaventuras durante los meses de verano. Estos descensos suelen comenzar a la altura del Puente de Hierro en Cieza y siguen el curso del Segura atravesando Abarán, cuyo desnivel de la Presa de El Jarral constituye su punto más emocionante.

El castillo de Blanca visto desde el puente de Blanca

Blanca es el municipio más artístico de todos los que componen el Valle de Ricote. Durante la visita de su casco urbano nos iremos topando con diversas esculturas (algunas de Antonio Campillo), grafitis, fotografías y demás intervenciones artísticas en lo que se conoce como la Vía del Arte, un recorrido impulsado por el Ayuntamiento de la localidad durante las últimas décadas gracias al empeño de un hombre, Pedro Cano, el más ilustre e internacional de los blanqueños, quien, a diferencia de la mayoría de los pintores, sí es profeta en su tierra. La Fundación Pedro Cano es un símbolo de ello y la visita más imprescindible que debemos hacer en Blanca. Si tenemos suerte, él mismo se encargará de mostrarnos y explicarnos con la dulzura y la sabiduría que le caracterizan sus obras más importantes, fruto de sus innumerables viajes.

Fundación Pedro Cano

Para completar el amplio patrimonio cultural de Blanca, debemos visitar la Iglesia de San Juan Evangelista, un templo del siglo XVI reformado en el siglo XVIII, el Centro Negra, un espacio de investigación y creación contemporánea para artistas de todo el mundo, y el Centro de Interpretación de la Luz y el Agua, dedicado a dar a conocer el proceso de aprovechamiento del agua a lo largo de la Historia.

Iglesia de Blanca en la Plaza dieciocho de Julio

La mejor manera de despedirse de Blanca en subir con el coche hasta el Mirador del Alto de Bayna, uno de los mejores de todos los que encontraremos en el Valle de Ricote. Se trata de una pasarela flotante de metal desde la que obtendremos una panorámica única de Blanca, el río Segura y el Azud (o embalse) de Ojós, situado sobre el cauce del río y considerado como Zona de Especial Protección para las Aves Acuáticas.

Mirador del Alto Bayna en Blanca
Azud de Ojós, también conocido como el Pantano de Blanca, desde el Mirador del Alto Bayna

Ojós, el belén viviente

Para llegar a la pequeña localidad de Ojós (con algo más de 500 habitantes, es una de las más pequeñas de la Región de Murcia) desde Blanca debemos atravesar por carretera el azud antes mencionado por su lado derecho. Antes de llegar al pueblo, recomiendo realizar tres paradas estratégicas: la primera en el Pino del Solvente, un árbol singular que marca el lugar donde se reunían las comunidades mudéjares del valle en la Edad Media; el segundo, un poco más adelante, en un mirador, llamado también del Solvente, desde donde podremos deleitarnos con la preciosa huerta de Ojós y las espectaculares montañas que la cobijan como a un bien preciado; y la tercera, justo antes de llegar al cruce que conduce a Ricote, en la que es probablemente la casa más fotografiada de todo el valle. ¡Si no queremos pasarla de largo, deberemos prestar mucha atención!

Esta imagen resume la esencia del Valle de Ricote

La toponimia de Ojós tiene un origen incierto, aunque en ningún caso tiene que ver con la palabra «ojos». Se cree, en cambio, que proviene del árabe oxox o huxus, que vendría a significar «huertos». Bajo mi criterio personalísimo, Ojós es la joya indiscutible del Valle de Ricote, así como uno de los pueblos más bonitos de Murcia.

Calle de Ojós

Es aquí donde podremos sentir el espíritu morisco con más intensidad, con su entramado de estrechísimas y frescas calles delimitadas por hileras de macetas con plantas (de todas ellas, la más auténtica es la calle San José, por favor, no os la perdáis), con sus casas pintadas de distintos colores, con sus rincones escondidos y con algún que otro escudo armero en las fachadas que antaño pertenecieron a las familias más ilustres (como el de los Massa, los Pérez, los Marín, los Melgarejo o los Hoyos).

Calle San José de Ojós
Calle San José de Ojós

En Ojós también encontraremos un antiguo lavadero público, donde aún hoy mujeres de edad avanzada hacen la colada como en tiempos pretéritos (mientras se cuentan unas a otras, con ese acento tan particular y en animada tertulia, los dimes y diretes de la vida local), la Iglesia de San Agustín, con una cruz de Santiago pintada en su fachada principal (que nos recuerda que estas tierras pertenecieron a la orden santiaguista a partir del siglo XIII), y hasta, ojo al dato, un Museo de Belenes del Mundo, el cual expone 235 conjuntos de belenes de los cinco continentes. Todo esto, unido a sus afamados bizcochos borrachos harán de nuestra visita a Ojós algo digno de recordar.

Lavadero de Ojós

Al encanto que desprende el casco urbano, hay que sumarle la magia de su entorno. Y es que resultaría un pecado mortal marcharse de Ojós sin acercarse a contemplar sus huertos plagados de limoneros y naranjos, varias norias, acequias, brazales y un viejo molino harinero. Una vez allí, cerca del Jardín de las Tres Culturas, podremos cruzar nuevamente el río Segura a través de su fotogénico Puente Colgante.

Huertos de limoneros en Ojós
Puente Colgante de Ojós
Río Segura desde el Puente Colgante de Ojós

Una vez allí, uno puede acceder en una breve caminata de aproximadamente un kilómetro a otro de esos lugares que no deberíamos perdernos por nada del mundo en el Valle de Ricote, el Mirador del Salto de la Novia, ubicado en medio de la serpenteante carretera que conecta Ojós con Ulea por el otro lado del río (también es posible acceder en coche, aunque apenas hay espacio para aparcar). Al amparo de unos restos arqueológicos tardo-romanos aún por acondicionar, desde este lugar elevado obtendremos una de las panorámicas más extraordinarias del valle. Y con leyenda de origen medieval incluida, la de una novia que saltó al vacío con su caballo huyendo de un rey moro que se había encaprichado de ella, con distintos finales según quien la cuente.

El río segura atravesando las huertas del Valle de Ricote
El río Segura pasando a la altura del Salto de la Novia

Ricote, cuna de pensadores

Antes de dirigirnos al sur en dirección a Villanueva del Río Segura, ascenderemos a través de una carretera en pendiente que nos conducirá al único pueblo del Valle de Ricote que no se asienta a las orillas del Río Segura, aunque no por ello su entorno resulta menos atractivo. Además de la belleza de sus calles, Ricote puede presumir de ser escenario de una gran cantidad de sucesos históricos de gran relevancia. Fue en su Castillo Al-Sujayrat (llamado también de Los Peñascales) donde el caudillo musulmán Ibn Hud se levantó contra los Almohades en 1228 liderando una campaña militar para la reunificación de Al-Ándalus. El ejército murciano de Ibn Hud conseguiría su propósito mediante la conquista posterior de las ciudades de Almería, Granada, Jaén y Málaga (el Califato de Bagdad llegó a premiar las hazañas de Ibn Hud con el nombramiento de gobernante de Al-Ándalus, aunque por poco tiempo). De lo que fue la fortaleza más importante del Valle de Ricote, hoy solo quedan unos pocos restos que podremos visitar siguiendo un bonito sendero montañoso desde el pueblo.

Los restos del Castillo de Ricote en lo alto del cerro de la sierra del Salitre

Ricote fue además cuna de personajes ilustres del ámbito cultural del siglo XIII, como fueron Al-Raqutí (o Al-Ricotí), quien regentó en Murcia un prestigioso centro de estudios superiores amparado por el propio rey Alfonso X, donde enseñaba a cristianos, judíos y musulmanes en sus propias lenguas vernáculas, o Ibn Sabín, sabio y místico que estableció en el marco de la espiritualidad sufí una nueva línea teológica. Ambos gozaron de la admiración de reyes, califas y papas.

En este pueblo no podremos dejar de admirar algunos edificios de notable y bella factura. Destacan poderosamente la fachada de la Casa de Hoyos (el resto del edificio ya no se conserva), la cual pertenecía a una de las familias hidalgas más antiguas de la villa, la Iglesia de San Sebastián, de cuyo interior destacan dos tallas originales de Salzillo y un órgano donado por la familia Llamas en 1743 y diseñado por Joseph Meseguer, y el Palacio de Llamas, del que destaca su sobria y proporcionada fachada y su escalera noble. Todos ellos datan del siglo XVIII, a excepción del Palacio de la Encomienda Santiaguista, que se remonta a la época en que la orden tenía su sede administrativa en Ricote.

Palacio de Llamas, el símbolo de Ricote. Actualmente ocupa solo una cuarta parte de su extensión original
Escalera del Palacio de Llamas

A lo largo de nuestro paseo a través de un casco urbano de sugestivas calles que delatan su origen medieval, nos iremos topando con diversos carteles explicativos que mencionan el lugar exacto donde se encontraban otros edificios de factura santiaguista ya desaparecidos, como la Ermita de Santiago, la almazara o el horno de la encomienda.

Ricote

Villanueva y su «catedral»

Retomaremos nuestra ruta descendiendo de nuevo hasta Ojós y siguiendo nuevamente la carretera en dirección a Villanueva del Río Segura, antiguamente conocido como «Asnete», cuya situación privilegiada ha determinado gran parte de su devenir histórico ya desde época romana como cruce de caminos entre poblaciones. De hecho, una población con la que ha mantenido siempre una fuerte disputa de dependencia, Ulea, se encuentra a muy poca distancia.

En Villanueva el visitante podrá disfrutar de hermosas vistas desde sus muchos miradores (hay muchísimos, por citar solo algunos: el de la Asomá, San Roque, La Morra, la Plaza de la Fábrica, Floridablanca o el Reloj) o de paseos fluviales por parajes insospechados como el Pilarica o el Golgo, en cuyos ecosistemas distintas especies botánicas y faunísticas fueron recuperadas.

Desde el Mirador de la Asomá uno puede divisar a lo lejos el vecino pueblo de Ulea

En el pequeño casco urbano de Villanueva conviene callejear por el Barrio de la Cuna, declarado Bien de Interés Cultural junto con su Iglesia de Ntra. Sra. de la Asunción, conocida popularmente como la «catedral» del Valle de Ricote. Sus grandes dimensiones se deben a la disputa que Villanueva mantuvo durante siglos con su pueblo vecino, Ulea, de quien dependía administrativamente hasta el siglo XVI, cuando obtuvo el Privilegio de Villazgo por el Rey Felipe II. Durante el siglo XVIII fueron constantes los debates suscitados entre ambos municipios sobre la primacía de sus respectivas iglesias, hasta que a partir de 1795 se iniciaron las gestiones para promover la construcción de un nuevo templo basado en los planos del arquitecto neoclásico juan de Villanueva. Las obras, no obstante, duraron hasta finales del siglo XIX debido a paralizaciones y desamortizaciones varias.

Iglesia de Ntra. Sra. de la Asunción, en la Plaza Constitución de Villanueva del Río Segura

Ulea y el frutero de Eiffel

Tengo que reconocer que Ulea, a la sombra de la gran pared montañosa del monte del Castillo, es otra de mis debilidades del Valle de Ricote. Comenzaremos su visita en las afueras de la villa, en el paraje del Gurugú (cuyo nombre proviene del Monte Gurugú en Marruecos), donde se encuentra una curiosa torre de estilo árabe que el militar D. Antonio Tomás Sandoval mandó levantar en 1870 a imitación de aquellas que había visto en el Norte de África. En este lugar, además, encontraremos la antigua presa abandonada del Golgo y un magnífico mirador desde el que obtendremos bonitas vistas de la localidad, así como del río Segura.

Torre del Gurugú

Ya en el casco urbano, nos dirigiremos directamente a la Plaza de la Constitución, donde se miran amorosamente, llegando casi a tocarse, sus dos monumentos más emblemáticos. Junto al Ayuntamiento se alza la Iglesia de San Bartolomé Apóstol, el templo que resume mejor que ningún otro en este territorio el cambio religioso que se produjo a comienzos del siglo XVI. Una de las consecuencias inevitables de la forzosa conversión de los musulmanes al cristianismo fue la transformación de las mezquitas en iglesias. La de Ulea, cuya construcción comenzó en el siglo XVI y se alargó hasta el siglo XIX, está emplazada en el lugar donde se asentaba la antigua mezquita, con su puerta de entrada orientada hacia el oeste, a la que se accede a través de una vistosa escalinata.

Iglesia de San Bartolomé Apóstol

Su interior posee el antiguo artesonado mudéjar del siglo XVI y otras joyas arquitectónicas, sin olvidarnos de su Lignum Crucis, conservado en rica cruz custodia, a la que se baña ritualmente todos los 3 de mayo en un templete octogonal levantado al efecto sobre la acequia conocido como el Baño de Santa Cruz o Henchidor.

Justo a lado de la iglesia, un edificio que sorprende por sus curiosas formas y su color extravagante. La Casa del Cura es una de las construcciones más extrañas y enigmáticas de toda la Región de Murcia. Con 4 pisos, dos torreones rematados por agujas piramidales y dos entradas a diferentes alturas (una al nivel de la calle y otra superior, al nivel del templo), posee un estilo de difícil catalogación (entre modernista y ecléctico, podríamos decir)  y no deja indiferente a ningún viajero que viene atraído por la preciosa historia a la que está vinculada.

¿SABÍAS QUE…?

Se la conoce como Casa del Cura porque durante muchos años aquí vivió el párroco de Ulea. Sin embargo, también se la conoce como la «casa parisina» o la «casa Eiffel», veamos el porqué. El edificio fue levantado entre 1910 y 1912 por orden de D. José Ríos Carrillo, quien poseía un puesto de frutas en el mercado central de París. Se dice que en uno de sus viajes a la capital francesa, conoció a Gustave Eiffel, el creador de la torre más famosa del mundo. Según se cuenta, Eiffel se hizo asiduo comprador de las naranjas y limones uleanos, llegando a entablar amistad con José Ríos. En una de sus conversaciones, Eiffel le habló de sus dolores articulares, que no conseguía paliar con los medicamentos, y el uleano le habló de los múltiples beneficios medicinales de las aguas del Balneario de Archena (a pocos kilómetros de Ulea) y ni corto ni perezoso, invitó al ingeniero francés a pasar una temporada en su casa para que lo comprobara por sí mismo. Durante su estancia en la Región de Murcia, el propio Eiffel habría terminado diseñando presumiblemente la nueva casa de José Ríos como gesto de agradecimiento por su hospitalidad.

Si bien es Joaquín Carrillo Espinosa, el cronista oficial de Ulea, quien confirma la veracidad de esta historia, lo cierto es que en realidad no existen documentos históricos que la sostengan.

La Casa del Cura, al lado de la Iglesia de Ulea

Nuestra visita por el pueblo continuará explorando las calles adyacentes a la plaza principal, subiendo y bajando pequeñas cuestas y descubriendo rincones absolutamente preciosos, como la Casa de la Condesa de Villar Felices, edificio histórico que albergará, después de su rehabilitación, el futuro Centro de Interpretación del yacimiento arqueológico Salto de la Novia.

 

Rincón de Ulea

Terminaremos nuestra visita subiendo a pie al Mirador del Corazón de Jesús, al que se accede a través de una senda con un desnivel considerable. El monumento se alza en lo alto de una colina, muy cerca de la Sierra del Castillo donde se encuentra la Pila de la Reina Mora, antiguo enclave defensivo musulmán. Merecerá la pena nuestro esfuerzo, pues las vistas que obtendremos del trazado irregular de Ulea, así como del perfil de Villanueva a lo lejos y de las caprichosas montañas del Valle de Ricote son sencillamente espectaculares.

Senda al Mirador del Corazón de Jesús
Mirador del Corazón de Jesús

Archena, relax milenario

No hay mejor manera de terminar una ruta por el Valle de Ricote que en su puerta sur, Archena, por un motivo más que obvio. Seguramente los íberos fueron los primeros en sacarle provecho al manantial de agua termal próximo a la localidad, pero fueron los romanos quienes levantaron allí unas termas, siendo el germen del futuro Balneario de Archena, el cual llegó a ser uno de los más visitado de España a finales del siglo XIX. El complejo termal se sitúa a orillas del río Segura, aprovechando las propiedades minero-medicinales de las aguas del manantial que circulan bajo tierra y que emergen a una temperatura de 51.7ºC. Además, incluye 3 hoteles (uno de los cuales, el Hotel Termas, presenta un precioso estilo neo-nazarí), unas galerías termales subterráneas, una capilla, un casino y un enclave arqueológico romano, además de restaurantes y espacios de ocio.

Balneario de Archena (Fuente de la imagen: www.cmonmurcia.com)

Pero Archena no es solo su balneario. A diferencia de las demás villas del Valle de Ricote, Archena no perteneció administrativamente a la Orden de Santiago sino a la Orden Militar de San Juan de Jerusalén. A pesar de ello, la cultura árabe dejó en su paisaje la misma impronta que en aquellas. Como complemento ideal al relax, visitaremos su moderno museo local, donde se exponen los restos arqueológicos hallados en las inmediaciones del municipio, especialmente en el yacimiento íbero del Cabezo del Tío Pío; el Museo del Esparto, ubicado en un palacete en medio del Jardín Villa-Rías; la Iglesia de San Juan Bautista, del siglo XVIII; el castillo de Don Mario, construido originariamente como palomar; y el graffiti que el artista murciano Carlos Callizo dedicó al pintor Inocencio Medina Vera en la pared del Centro Cultural Ramón Centenero.

El Museo del Esparto, ubicado en el palacete de Villa-Rías

Nuestra estancia en Archena no estaría completa sin recorrer el paseo fluvial que conecta el balneario con el término municipal de Lorquí, durante el cual podremos disfrutar de dos bonitas norias y varios miradores. Dicho paseo incluye la ruta de Vicente Medina, que consiste en 10 monolitos de piedra en los que se recogen poemas populares del libro Aires murcianos del insigne escritor archenero. Sin duda, la mejor manera más saludable y poética de terminar nuestra ruta por el Valle de Ricote.

Graffiti dedicado a Inocencio Medina Vera

¿Dónde comer?

Restaurante El Sordo (Ricote)

El clásico entre los clásicos. Mucha gente viene a Ricote únicamente para comer en El Sordo, un restaurante familiar que lleva más de 100 años siendo una referencia en toda la Región. Cocina casera y a la vez creativa en un entorno envidiable. Posee bodega propia. Eso sí, no es nada económico.

Restaurante Tarradellas (Cieza)

Para mí, el mejor restaurante de Cieza con diferencia. Aunque no es precisamente económico, el Tarradellas siempre es una apuesta segura. Tus amigos y familiares quedarán encantados, tanto con la comida como con el servicio. Platos abundantes con una presentación espectacular.

Jardines de Ojós (Ojós)

Lugar ideal y económico para comer algo rápido mientras visitas esta preciosa localidad. Los Jardines de Ojós está situado en un marco incomparable, con una terraza que da a un mar de limoneros que quita el sentido.

¿Dónde dormir?

Complejo Rural Atalaya (Cieza)

Sin duda la mejor opción si vienes acompañado por mucha gente es el Complejo Rural Atalaya, ya que consta de un albergue de 56 plazas, una casa rural totalmente equipada con 3 habitaciones independiente del albergue, un aula de formación y un parque multiaventura. Se encuentra a las afueras de Cieza, a los pies de la montaña Atalaya, justo al lado del Paseo Ribereño por donde discurren las aguas del río Segura. Un auténtico paraíso donde disfrutar de la naturaleza en su máxima expresión.

Complejo Rural Atalaya

La Joya del Valle de Ricote (Villanueva del Río Segura)

La Joya es un alojamiento rural con encanto ubicado en una finca agrícola en pleno corazón del Valle de Ricote, próximo a la localidad de Villanueva del Río segura. Dispone de 3 apartamentos independientes: una suite para 2 personas, un estudio Haymah donde vivir la experiencia de «Las mil y una noches» con tu pareja y un amplio apartamento para 4 personas. Además, cuenta con una plantación de limoneros y naranjos de 120.000 m² donde podrás realizar el «tour de los cítricos» y sentir el auténtico espíritu del valle morisco.

La Joya del Valle de Ricote (Imagen propiedad del establecimiento)

Balneario de Archena (Archena)

Siempre es una buena idea quedarte en uno de los 3 hoteles que conforman el complejo termal del Balneario de Archena. Tanto si te quedas en el Hotel Termas, el Hotel Levante o el Hotel León, el cuidado y el relax están asegurados con las infinitas opciones termales que el balneario pone a tu disposición. Durante tu estancia podrás disfrutar del Spa Piscinas Termales, el Circuito Termal Balnea, la Galería Termal o elegir entre sus muchos tratamientos. ¡Tú decides!

Imagen propiedad del Balneario de Archena

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¡Hasta la próxima, cantineleros!

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