Cataluña,  CON MUCHO ARTE,  PUEBLOS BONICOS

Horta de Sant Joan, el pueblo en el que Picasso recuperó la alegría

En la provincia de Tarragona, en pleno corazón del Parque Natural de Els Ports, se esconde un pequeño pueblo de origen medieval que se jacta de haber sido refugio y amparo para el mismísimo Pablo Ruiz Picasso en uno de sus peores momentos vitales. Llegó a marcarle tanto este lugar que a menudo solía comentar: «todo lo que sé, lo he aprendido en Horta (de Sant Joan)«.

Yo también he querido venir a este pueblo en un momento delicado de mi vida. Quizás inconscientemente esperaba que Horta también me revitalizase a mí. Y en cierto modo, así ha sido. Desde luego este lugar posee una atmósfera especial que, al respirarla, te inspira y reconforta. Una suerte de conexión maternal que te hace sentir protegido y seguro, aunque puede que simplemente todo se deba el poder curativo de los pueblos pequeños, ¿no es así?

Horta de Sant Joan

Horta de Sant Joan se encuentra en la comarca de Terra Alta y junto a otro pueblito, Arnes, son los dos últimos municipios catalanes que hacen frontera con la comarca turolense del Matarraña. Esto por situarlo de alguna manera, porque en realidad se encuentra en medio de ninguna parte, al amparo de una naturaleza exuberante y mágica coronada por los macizos calcáreos de Els Ports, cuya imponente presencia nos advierte de que estamos entrando en sus dominios. Pero es que además, el pueblo es una auténtica preciosidad, con un trazado medieval y mucha historia. Resumiendo: aislado, bonito y sugerente, el lugar ideal para que un joven y prometedor artista encuentre reposo para el cuerpo e inspiración para el alma. ¿Te apetece recorrerlo conmigo?

Recorrido por Horta, un pueblo con historia

La historia de Horta comprende, como en la mayoría de los casos, épocas de dominación árabe y cristiana. Durante más de un siglo su castillo (ya desaparecido) estuvo regido por la poderosa Orden del Temple, hasta que, tras la persecución y disolución de ésta, su destino pasó a manos de la Orden del Hospital. Como dato curioso, al igual que otras poblaciones relativamente cercanas como Flix, Morella, Sant Mateu o Beceite, a principios del siglo XIV Horta de Sant Joan se convirtió en refugio de los últimos cátaros que huyeron de la cruzada que pretendía aniquilarlos en el sur de Francia. Como veis, las piedras de este lugar guardan una memoria muy profunda.

Horta de Sant Joan, desde el Convento de Sant Salvador

Para comenzar a explorar Horta de Sant Joan conviene dejar el coche en las proximidades de la Plaça Catalunya, donde los bares han sustituido a la balsa que antiguamente recogía el agua de la lluvia y que aparece en uno de los cuadros de estilo cubista más importantes que Picasso pintó en Horta, pero de eso hablaremos más tarde. Desde aquí os adentraréis en el casco histórico, ascendiendo por el carrer Bonaire en dirección a la la Plaça de l’Esglèsia. Antes de llegar, os llamarán poderosamente la atención las regias fachadas de tres edificios históricos, la Casa Clua, la Casa Fortunyo y la Casa del Delme (antigua residencia del comendador hospitalario), los tres pertenecientes a la época renacentista. Y es que en esta zona, el Renacimiento es religión.

Plaça de Sant Salvador de Horta de Sant Joan

Después de atravesar la Plaça de Sant Salvador llegaréis a la contigua Plaça de l’Esglèsia (o Plaça de la Missa), centro neurálgico del pueblo. Su aire medieval, con el Ayuntamiento renacentista (cuyos bajos fueron utilizados como cárcel) y la iglesia cono edificios destacados y el resto de casas porticadas que delimitan el espacio, la convierten en una de las plazas más bonitas y singulares de toda Cataluña. Los porches no tenían otra función que la de albergar el mercado que desde no hace mucho se venía celebrando desde tiempos inmemoriales.

Plaça de l’Esglèsia

La Iglesia de Sant Joan Baptista, construida entre los siglos XIII y XVI y ajustada a la tipología del denominado «gótico catalán», se encuentra emparentada estilísticamente según algunos expertos con la iglesia de Morella, ya que al igual que ésta también presenta un coro elevado en el sobrecogedor interior. Impresiona encontrar un templo de estas características en un espacio tan recogido e íntimo.

Plaça de l’Esglèsia

Hablar de esta plaza es hablar también de un lugar picassiano, ya que durante su segunda estancia en Horta durante el verano de 1909 él y su acompañante Fernande Olivier se alojaron en el Hostal del Trompet, que corresponde a la casa que hace chaflán entre el carrer del Mig y el carrer de Santa Anna. Se llamaba así porque el hijo del propietario era el pregonero del pueblo (y, como ya se sabe, antes de «cantar» el pregón se solía tocar la trompeta). En la misma plaza, concretamente en el número 5, se encontraba la casa del panadero, quien llegó a prestarle una habitación al artista para que la usara como estudio de pintura.

Una pareja de ancianos delante del antiguo Hostal del Trompet

No dudéis en explorar las calles y callejones cercanos a la Plaça de l’Esglèsia, pues os llevaréis más de una sorpresa. El carrer Picasso (donde se encuentra el Ecomuseo dedicado al Parque Natural de Els Ports), el carrer Santa Anna, el carrer Baix y el carrer Hospital son especialmente fotogénicos.

Horta de Sant Joan

Que Horta no contase con un centro dedicado a Picasso sería, cuanto menos, extraño, aunque no fue tarea fácil. En 1967 el alcalde de entonces, Joaquim Cortés, decidió nombrarle «hijo adoptivo» del pueblo y dedicarle una calle con su nombre (posiblemente la primera calle dedicada al pintor malagueño, quien, no lo olvidemos, se encontraba exiliado y era comunista en los tiempos de la España franquista). Dos años más tarde, Cortés fue a visitarle personalmente a su residencia de la Costa Azul, donde el propio artista le propuso crear un museo en Horta que albergara algunas obras suyas originales, idea que nunca llegó a prosperar. Finalmente, en 1992 acabaría inaugurándose el Centre Picasso, que reúne todas las obras que Picasso creó en Horta, eso sí, en formato facsímil (las originales, lógicamente, se encuentran repartidas por todo el mundo). La sede elegida, otro edificio renacentista, el antiguo Hospital.

Centre Picasso de Horta

Que nadie espere encontrar, por tanto, obra original en el Centre Picasso de Horta, sino reproducciones (eso sí, de una calidad extraordinaria). Hay que decir que Picasso sólo estuvo dos veces en Horta, pero ambas fueron tremendamente productivas y trascendentes para él. Así, en la primera planta del museo encontraréis los facsímiles correspondientes a su primera estancia, que duró aproximadamente unos nueve meses entre 1898 y 1899. Su amigo y también pintor Manuel Pallarés, natural de Horta, le propuso pasar un tiempo en su pueblo con la promesa de que el contacto con la naturaleza y los buenos alimentos (se refería a los caldos de pollo de su madre) lo harían recuperarse de la enfermedad que había contraído pocos meses antes en Madrid, la escarlatina, y de su penoso estado de ánimo fruto de la penuria. Picasso, que por aquel entonces contaba solo con 16 años, aceptó la invitación sin dudarlo.

Carrer Hospital, calle cercana al Centre Picasso

Ambos artistas llegaron al pequeño municipio en junio de 1898. Alojados en la casa familiar de Pallarés, Casa Tafetans, no sólo se dedicaron a convivir con los habitantes de Horta y a retratar sus labores y costumbres, sino también a explorar el entorno realizando diversas excursiones cercanas, al convento de Sant Salvador, a la montaña de Santa Bàrbara, y, finalmente, a un lugar muy especial que tendría un gran impacto para él, una cueva en medio del bosque de Els Ports, conocida hoy como la Cova Picasso. De todas estas vivencias el joven Picasso dejó constancia en un centenar de obras, entre dibujos, apuntes y pinturas, todas ellas realizadas con un realismo que refleja esa felicidad de quien se sabe revitalizado.

Centre Picasso

La segunda planta exhibe los facsímiles pertenecientes a la segunda estancia, tres meses en el verano de 1909. Por aquel entonces Picasso ya había presentado en París el cuadro que rompería todos los principios estéticos academicistas y con el que iniciaría la aventura cubista, Les demoiselles d’Avignon (1907). El ya renombrado pintor había echado mucho de menos Horta de Sant Joan y decidió regresar acompañado por su compañera de entonces, la francesa Fernande Olivier. Como la pareja no estaba casada, la madre de su amigo Pallarés no permitió en esa ocasión que se alojaran en su casa, así que tuvieron que alojarse en el Hostal del Trompet, situado en la Plaça de l’Esglèsia.

¿SABÍAS QUE…?

Ni que decir tiene que, como vivían «en pecado», ambos fueron la comidilla de todo el pueblo durante ese verano. Se cuenta que un día Picasso, cansado de que algunos vecinos tiraran piedras al balcón de su habitación, salió enfurecido amenazándoles pistola en mano. En cualquier caso, mientras Fernande se entretenía charlando con la aristocracia del pueblo, Picasso se encerraba a pintar en su estudio ubicado en una habitación de la casa del número 5 de la Plaça de l’Esglèsia, propiedad del panadero del pueblo. El día que el pintor se marchó del pueblo, éste llegó a decirle lo siguiente:«si sigues pintando así te morirás de hambre, pero si vienes a mi casa nunca te faltará el pan».

Las obras que pintó en esta segunda estancia fueron decisivas para la articulación del denominado «cubismo analítico», muy diferentes, por tanto, a las obras de su primera estancia. De todas ellas, destacaremos solo tres: La balsa de Horta, pintada desde la actual Plaça de Catalunya mirando hacia el pueblo; La fábrica de Horta, que en realidad representa el molino de aceite propiedad de los Pallarés además de unas palmeras que no existían en la realidad (y que fueron añadidas por el artista únicamente por el bien de la composición); y La montaña de Santa Bárbara, que vendría a ser el equivalente picassiano de la Montagne Sainte-Victoire que su adorado maestro Cézanne pintaba continuamente en Aix-en-Provence.

Segunda planta del Centre Picasso

Antes de abandonar Horta de Sant Joan recomiendo dar un breve paseo por las calles de su zona más elevada, el barrio donde antiguamente se ubicaba el castillo templario, ya desaparecido. Entre otros edificios rehabilitados cuidadosamente, pasaréis por delante de la fachada de la casa familiar de los Pallarés, Casa Tafetans, situada en el carrer Grau.

Rincón cercano al Carrer Castell

Convent de Sant Salvador

Si estáis en Horta de Sant Joan, resulta imprescindible coger el coche y desplazarse hasta el cercano Convent dels Àngels, conocido popularmente como Convent de Sant Salvador debido a que este ilustre franciscano residió aquí a mediados del siglo XVI. Se encuentra a unos dos kilómetros del casco histórico, a los pies de la singular montaña de Santa Bárbara, en un lugar privilegiado desde donde poder disfrutar de una maravillosa panorámica del pueblo.

Convent de Sant Salvador

El convento está constituido por un grupo de edificios de cronologías diversas que van desde el siglo XIII hasta el XVII, situados entorno a un claustro renacentista. Las partes más antiguas, como las últimas cuatro secciones y el ábside de la iglesia, pertenecen a manos de constructores templarios. Fue una verdadera lástima encontrármelo cerrado y no poder descubrir qué se esconde al otro lado de esa portada formada por doce arquivoltas ogivales. Desde luego, la escalinata de acceso y el atrio ya son lo suficientemente impactantes. El convento estuvo habitado por monjes franciscanos desde el siglo XVI hasta su desamortización en el siglo XIX.

Portada de Sant Salvador

Mi interés por este lugar también se debía a que Picasso lo representó durante su primera estancia en Horta en varios dibujos al carbón y en un óleo, Procesión en el convento (1898), cuya reproducción podréis disfrutar en el Centre Picasso. Justo antes de llegar a él, hay instalado un marco en el lugar desde donde el artista lo pintó.

Convent de Sant Salvador

La montaña de Santa Bàrbara es indivisible del convento, formando ambos un todo que integra patrimonio arquitectónico y natural. Considerada desde tiempos inmemoriales como un lugar mágico, algunos expertos han querido ver en su forma cónica la inspiración que Picasso tomó para realizar los cuellos de sus retratos cubistas durante su segunda estancia en Horta, en 1909. Repartidas en diversas ubicaciones de la montaña, uno puede encontrar hasta seis ermitas.

Montaña de Santa Bàrbara

Cova Picasso (Els Ports)

Ya hemos hecho mención a la gran influencia que el Parque Natural de Els Ports, uno de los espacios naturales más importantes y extensos de toda Cataluña, tiene sobre el paisaje de Horta de Sant Joan. Se trata de un macizo de materiales calcáreos que forma parte de la transición entre la Sierra Prelitoral Catalana y el Sistema Ibérico. Su relieve es tremendamente complejo y accidentado, y esto se traduce en una gran variabilidad de microclimas y, en consecuencia, en una gran diversidad biológica. Si venís a visitar el pueblo, resultaría irrespetuoso por vuestra parte no dedicarle algunas horas para hacer, al menos, una de las muchas rutas senderistas que existen. Obviamente, yo me decanté por aquella que lleva a la Cova Picasso.

Parque Natural de Els Ports. A la derecha, las Rocas de Benet, las más emblemáticas y representativas del parque natural

Nada más llegar a Horta por primer vez en 1898, un joven Picasso de 16 años y su amigo Pallarés (cuatro años mayor que él) proyectaron una excursión que les llevaría a adentrarse en Els Ports con el objetivo de llegar hasta una cueva en medio del espeso bosque. Así, un día de primeros de agosto ambos salieron acompañados por el hermano pequeño de Pallarés, Salvadoret, un perro y una mula cargada con todo el avituallamiento necesario para vivir durante un tiempo en medio de la naturaleza.

¿SABÍAS QUE…?

Para alcanzar su destino, antes debían pasar por un dificultoso desfiladero de roca por donde pasaba el río. Allí, el joven Picasso resbaló y, justo antes de que cayera al río, fue atrapado por su amigo, evitando así una trágica caída. El propio Picasso a veces recordaba este suceso comentándole a Pallarés: «nunca olvidaré que me salvaste la vida». Y así era, pues el pintor no sabía nadar.

Al cuarto día de su partida desde el pueblo, al fin llegaron a la cueva, quedándose a vivir en ella durante casi un mes. A partir de ese momento y mientras pintaban por los alrededores, ambos tuvieron que buscarse la vida para sobrevivir en aquel lugar, teniendo que aprender por ejemplo a encender un fuego, a buscar comida, a abrirse paso entre la maleza, a pelar patatas,… Uno podría preguntarse, ¿por qué hicieron tal cosa? ¿Por qué se marcharon a esta cueva para vivir como dos ermitaños? El propio Picasso llegó a decir en una ocasión:

«mis emociones más puras las he experimentado en un gran bosque de España (se refiere a Els Ports) donde, a los dieciséis años, me retiré para pintar».

Allí ambos amigos pretendían alejarse de la civilización y vivir la existencia del hombre primitivo. ¿Quién no ha sentido alguna vez una necesidad similar de fundirse con la naturaleza?

Cova Picasso

En cualquier caso, para llegar a la Cova Picasso se debe conducir primero hasta el área recreativa de La Franqueta (a unos 12 kilómetros desde Horta que se hacen en unos 25 minutos) y desde allí, caminar durante una media hora siguiendo las indicaciones. Para muchos esta visita no merecerá mucho la pena: la cueva es pequeña y humilde, perdida en medio del bosque. En realidad ni siquiera es una cueva como tal, sino más bien un abrigo. Sin embargo, lo que yo sentí al llegar a la Cova Picasso no puedo describirlo con palabras. Para mí, fue como estar en una especie de lugar sagrado, cargado de energía, y estoy convencido de que muchas personas sensibles y amantes del arte sentirán algo muy parecido.

En Horta de Sant Joan Picasso no solo recuperó la salud y la alegría, sino que descubrió una sensación que buscaba desde hacía tiempo: la libertad. Hasta entonces había estado sometido a la obediencia artística de su padre y de la academia. Esta sensación eclosionó durante su estancia en Els Ports, allí no tenía ninguna autoridad, sólo a su amigo y la naturaleza. Picasso se sintió fuerte de nuevo, y lo que es más importante, se sintió libre para desarrollarse como ser humano y como artista a partir de ese momento. De ahí que muy probablemente su categórica frase «todo lo que sé, lo he aprendido en Horta» se refiriese a un nivel mucho más amplio que el puramente artístico.

Consejo cantinelero: visita de Arnes

En la medida de los posible, y si el tiempo os lo permite, no dejéis de hacer una visita al pueblo de Arnes, a unos 10 minutos de distancia de Horta de San Joan. Declarado también Bien de Interés Cultural, Arnes puede presumir de un patrimonio arquitectónico igualmente sobresaliente, del cual destaca sobremanera su Ayuntamiento con su porche de grandes columnas de 1584, del que se dice que fue el primero en estilo renacentista de toda Cataluña, y su Iglesia de la Magdalena, templo barroco edificado sobre otro anterior de estilo gótico. Yo de vosotros no perdería la ocasión de darme un buen paseo por el trazado medieval, fijando mi atención en sus piedras, que esconden más de una sorpresa, y en su forja. Para terminar, visitad el Museu de la Mel (museo de la miel) y llevaos una exquisita muestra del producto estrella del pueblo. ¡No os arrepentiréis!

Arnes
Arnes
Arnes

 

Alojamiento cantinelero

Precisamente el lugar que elegí para quedarme a dormir se encontraba en Arnes, concretamente una casa de vacaciones llamada La Vella Era. Mi apartamento era de lo más completo: cocina equipada con todos los electrodomésticos necesarios, una cama comodísima y hasta una terraza privada. Pepa, la dueña, no solo es la perfecta anfitriona, sino que además es una apasionada del arte y de la obra picassiana, por lo que gracias a ella pude conocer todos los espacios relacionados con el pintor que hay en Horta, hasta los más recónditos y desconocidos. ¡Muchísimas gracias por todo, Pepa!

Hotel Arnes

¿Os ha gustado este post sobre Horta de Sant Joan y Picasso? ¿Nos ayudas a compartirlo? ¡Muchísimas gracias!

¡Hasta pronto cantineleros!

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