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La ruta de los espacios de la batalla del Ebro

Hay rutas que a uno le apetece hacer consigo mismo porque le tocan algo de muy adentro. Estaba seguro de que la ruta de los espacios de la batalla del Ebro iba a saciar mis ganas de indagar en un episodio que se cobró, según algunas estimaciones, alrededor de 135.000 bajas entre muertos, heridos y desaparecidos, y traumatizó a toda una generación, provocando heridas tan profundas que aún hoy permanecen abiertas. Heridas que siguen provocando dolor, odio e intolerancia. ¿Cómo es posible? Pues porque a los traumas hay que hacerles caso. Si uno hace como que no están ahí, se enquistan y se perpetúan en el tiempo, transmitiéndose de generación en generación, que a nadie le quepa la menor duda.

Mi «bólido» aparcado en la carretera que lleva a Vilalba dels Arcs

¿Quién de entre nosotros no ha tenido un abuelo o bisabuelo que luchó o fue asesinado en la guerra? ¿O una abuela que prefiere no hablar de aquella época por miedo a revivir cosas inenarrables? Hablamos de familias marcadas que no pudieron enterrar como es debido a sus hijos, hermanos, padres o amigos. Por eso creo firmemente que visitar todos estos lugares no solo es una lección de historia (las sensaciones que uno experimenta al meterse dentro de una trinchera no pueden aprenderse de ninguna otra forma), sino que es un acto de justicia moral. En este sentido, me gustaría dedicar este artículo a todas esas personas anónimas cuyas heridas nunca más volverán a cicatrizar.

Ruinas del Poble Vell de Corbera d’Ebre

A lo largo del río Ebro, en el tramo que transcurre por la provincia de Tarragona, concretamente por las comarcas de Ribera d’Ebre y Terra Alta, se encuentran desperdigados una gran cantidad de vestigios de lo que fue la batalla más larga y cruenta de la Guerra Civil Española. Yo invertí 4 días completos en visitar con mi coche diversos espacios, entre centros de interpretación, memoriales y otros lugares de interés desperdigados en el lado izquierdo del río. Los que hoy os presento son quizás los más relevantes desde un punto de vista histórico, la mayoría gestionados por el COMEBE (Consorci dels Espais de la Batalla de l’Ebre, institución que se encarga de recuperar y difundir la memoria histórica del conflicto), pero existen muchos más, eso que quede claro.

Trincheras de Els Barrancs, en Vilalba dels Arcs

Se pueden visitar todos los escenarios relacionados con la batalla por libre, sin embargo desde aquí recomiendo encarecidamente que realicéis como mínimo alguna de las visitas guiadas que ofrece la empresa Terra Enllà. De la mano de sus profesionales especializados en la batalla del Ebro podréis obtener una visión mucho más completa que aquello que aparece en los libros, contextualizando el conflicto mediante las historias de las personas anónimas que lo sufrieron. Yo hice dos visitas con ellos, la del Refugio núm. 4 de Tortosa y la del denominado «triplete», que incluye el Poble Vell de Corbera d’Ebre, el Memorial de les Camposines y las trincheras de les Devees.

¿Estáis listos para acompañarme en un viaje sin retorno al corazón mismo del trauma que marcó la vida de muchos de nuestros antepasados? ¡Pues vamos allá!

La batalla del Ebro, contexto histórico

Empecemos situando el conflicto en su contexto. Considerada por muchos historiadores como la más decisiva de la Guerra Civil, la batalla del Ebro duró exactamente 115 días, desde el 25 de julio hasta el 16 de noviembre de 1938. Se desarrolló en un territorio de unos 800 km², desde la población de Mequinenza por el norte hasta la desembocadura del río Ebro por el sur. Como ya hemos dicho, la contienda tuvo lugar esencialmente en dos comarcas tarraconenses, las de Ribera d’Ebre y Terra Alta, aunque debemos incluir también a la capital del Baix Ebre, Tortosa, y a otros dos municipios zaragozanos, los de Mequinenza y Fayón, que también tuvieron un gran protagonismo. Es lógico pensar que sus efectos devastadores también se sintieron en otras comarcas próximas, como el Priorat, donde también existen numerosos recuerdos de la batalla que sin duda visitaré algún día.

Antecedentes de la batalla

La batalla del Ebro comenzó oficialmente el 25 de julio de 1938 a las 00:15h, cuando las tropas republicanas cruzaron a la orilla derecha del río Ebro por diversos puntos, iniciando así una audaz ofensiva contra su enemigo. Una serie de acontecimientos había propiciado que el río se convirtiera en una frontera natural entre ambos bandos: a la izquierda, el bando republicano; a la derecha, el bando franquista (o sublevado).

El río Ebro a su paso por Miravet

¿A qué serie de acontecimientos nos referimos? Terminada la batalla de Teruel (febrero de 1938), en la que los republicanos sufrieron un duro golpe, las tropas sublevadas iniciaron la denominada ofensiva de Aragón en la que penetraron en la retaguardia republicana cosechando éxitos militares en Belchite, Alcañiz, Caspe y Fraga. En abril llegaron a conquistar Lérida por el norte y Vinaroz por el sur, momento en que consiguieron dividir en dos la zona republicana y cortar así todas sus comunicaciones.

Una vez alcanzado el Mediterráneo, el mando republicano pensaba que Franco atacaría Cataluña aprovechando la circunstancia de que las unidades republicanas se encontraban muy mermadas y bajas de moral. Sin embargo, el Generalísimo decidió dirigir sus tropas hacia Valencia, iniciando la ofensiva del Levante con el fin de tomar este importante feudo republicano. Muchos historiadores atribuyen esta incomprensible decisión, criticada incluso por sus más altos cargos, a una doble estrategia: por un lado, la de desgastar al enemigo (no olvidemos que Franco se negó a negociar ningún acuerdo de paz porque su intención principal era limpiar ideológicamente el país de los seguidores de la «antipatria»), y por otro, alargar el conflicto con miras a aumentar las distancias entre él y los demás generales que formaban la cúpula militar sublevada.

Mapa de España después de la ofensiva de Aragón. De color rosado, la zona republicana; de color ocre, la zona ocupada por el bando sublevado. Las flechas negras indican los movimientos de éste último en marzo y abril de 1938, cuando partió el territorio republicano en dos (Fuente de la imagen: Wikipedia)

En cualquier caso, la decisión de Franco permitió a Cataluña rearmarse y reunir un ejército, el Ejército del Ebro, comandado por Juan Modesto Guilloto y constituido por diversos cuerpos de Ejército, muchos soldados de los cuales formaban parte de las antiguas milicias que habían fracasado en el Frente de Aragón. Para cubrir la carencia de efectivos, fueron creadas nuevas unidades con reclutados a la fuerza, muchos de ellos con 17 y 18 años que ni siquiera tenían una ideología política definida (la llamada «Quinta del Biberón«).

Después de caer Sagunto el 13 de junio, el avance franquista se vio bruscamente detenido a causa de la feroz resistencia republicana. Fue justo entonces cuando tuvo lugar la ofensiva republicana en el Ebro, cuyo principal objetivo era detener el ataque de los sublevados sobre Valencia, aunque no era el único. Relanzar la moral y devolver el prestigio que había perdido el gobierno republicano eran, también, tareas fundamentales.

Comienza la batalla: el avance republicano

El estado mayor republicano preparó dos maniobras de distracción para ocultar el lugar exacto de la ofensiva principal: una por el sur entre Tortosa y Amposta, y otra por el norte entre Mequinenza y Fayón. Ambas fueron repelidas a los pocos días pero cumplieron su cometido de facilitar la maniobra principal en el núcleo central del Ebro, entre Riba-roja d’Ebre y Benifallet. La madrugada del 24 al 25 de julio los soldados republicanos cruzaron el río por distintos puntos, unos pocos nadando y la mayoría usando barcas de remo y pasarelas ligeras, arrollando a las fuerzas franquistas que vigilaban la orilla opuesta.

Esta imagen que se ha convertido en un icono de la batalla del Ebro es en realidad un fotograma del documental «El paso del Ebro». En ella aparecen soldados republicanos cruzando el río Ebro en Miravet en julio de 1938. Pero no es oro todo lo que reluce, ya que se sabe que estas imágenes fueron filmadas horas después del paso, a plena luz del día, una vez fueron reducidas las tropas franquistas que se defendieron desde el castillo templario.

El éxito inicial de la operación fue absoluto: en apenas un día los republicanos consiguieron profundizar casi 800 km² y conquistar nueve pueblos, llegando a las puertas de Vilalba dels Arcs y de Gandesa. Éste último era su gran objetivo, pues se trataba de un importante nudo de comunicaciones. Sin embargo, el efecto sorpresa fue diluyéndose poco a poco, pues el mando franquista se movilizó rápidamente para reforzar las líneas con tropas venidas desde Lérida y el Levante.

Contraataque franquista

Después de lograr detener el avance enemigo, los franquistas procedieron a lanzar diversas contraofensivas, primero entre Fayón y Mequinenza, después en la Sierra de Pàndols (donde tuvo lugar una lucha encarnizada para conquistar la cota 705, la más elevada de la cordillera), más tarde en los alrededores de Vilalba dels Arcs y Corbera d’Ebre, y finalmente en un ataque simultáneo en diversas zonas para alcanzar el cruce estratégico de Les Camposines. Los franquistas encontraron una brutal resistencia, hasta tal punto que tardaron más de tres meses en recuperar lo que habían perdido en solo un día. 

Mapa que muestra los movimientos de la batalla del Ebro (Fuente de la imagen: www.archivoshistoria.com)

A los franquistas nunca les faltó la ayuda inestimable de sus socios fascistas europeos, alemanes e italianos, quienes enviaban armamento, carros blindados y aviones constantemente. Los republicanos, en cambio, solo recibieron apoyo de los soviéticos, cuyo sistema comunista representaba una amenaza para Europa. Ésta fue una de las razones por las que la República nunca recibió el apoyo de las democracias europeas, a pesar de los repetidos intentos del presidente Negrín, quien incluso llegó a retirar a las brigadas internacionales de la batalla en septiembre de 1938 como gesto de buena voluntad. Pero ni así. Por aquel entonces al bando republicano solo le quedaba intentar alargar la contienda con la esperanza de que una eventual guerra europea entre democracias y fascismos permitiera a la República recibir el tan ansiado apoyo por parte de Francia y Gran Bretaña. Sin embargo, el Pacto de Múnich terminó de dar al traste con todas sus esperanzas, ya que en él ambas potencias se mostraron incapaces de prohibir a Hitler que se adueñara de la región checa de los Sudetes pensando que así evitarían un mal mayor (¡qué ilusos!) y evidenciando que no romperían su política de no intervención en el conflicto español.

Estos hechos unidos a la falta de coordinación y de unión en el bando republicano terminaron por desequilibrar la balanza en favor de Franco, quien anunció la victoria en el Ebro después de que el 16 de noviembre cruzaran nuevamente a la orilla derecha del río los últimos soldados republicanos en la localidad de Flix. Terminaba así la batalla del Ebro, la cual daría paso poco después a la ofensiva para conquistar Cataluña y, finalmente, a la ofensiva final en la zona centro-sur de España.

Ruta de los espacios de la batalla

Paso a detallar ahora la ruta de 4 días en coche que hice por las comarcas de Terra Alta, Ribera d’Ebre y Baix Ebre, incluyendo la localidad de Fayón (Zaragoza), en la que visité los espacios más destacados relacionados con la batalla del Ebro.

Día 1: Tortosa (Tarragona)

Tortosa es sin duda un buen lugar para comenzar la ruta de los espacios de la batalla del Ebro, a pesar que el cruce de las tropas republicanas por la zona sur (una de las dos maniobras de distracción iniciales) fue un fracaso. Pero esta ciudad no solo sufrió durante la contienda, sino también anteriormente, durante la Ofensiva de Aragón. Sobre la capital de la comarca del Baix Ebre cayó tal cantidad de material explosivo desde 1937 (unos 80 bombardeos, según estimaciones) que de los 4.000 edificios que había en pie, 600 fueron destruidos y 2.400 requirieron diversos grados de reparación. El 15 de abril de 1938, un Viernes Santo, fue el día más destructivo pues cayeron entre 54.000 y 58.000 kg de bombas (aproximadamente el doble que en la ciudad de Guernica).

Los objetivos perseguidos por la aviación eran los talleres dedicados a la industria de guerra, la estación de ferrocarril y, sobretodo, los puentes que conectaban ambas orillas del río y por tanto también los dos feudos republicanos más importantes, Barcelona y Valencia. Sin embargo, no fueron los bombardeos los que acabaron con ellos, sino el propio Ejército de la República quien decidió destruirlos en abril de 1938 para impedir el avance franquista. De sus tres puentes, el puente del ferrocarril, el puente del Estado y el puente de la Cinta, solo este último no fue reconstruido una vez acabada la guerra. Actualmente su antigua pilastra central sirve de peana al monumento franquista erigido en medio del río Ebro en 1964 e inaugurado por el Generalísimo en 1966 para recordar a los caídos durante la batalla del Ebro.

¿SABÍAS QUE…?

Llama mucho la atención que en una ciudad como Tortosa podamos encontrar el monumento franquista más grande de toda Cataluña que aún queda en pie. En el año 2016 se convocó en Tortosa una consulta popular para decidir qué hacer con el monolito de hierro. Un 68’36% de los tortosinos que fueron a votar prefirieron mantenerlo en su lugar en vez de derribarlo, aunque con la condición de que se le diera una reinterpretación. Y ahí quedó la cosa. Desde entonces no se ha llevado a cabo dicha reinterpretación. Mientras tanto, parece que los habitantes ya se han acostumbrado a convivir con esta piedra en el zapato de la memoria histórica.

Monumento franquista de Tortosa dedicado a lo caídos de la batalla del Ebro

Tortosa quedó completamente marcada por la Guerra Civil y también por los actos previos a la misma. En algunos lugares todavía podemos encontrar algunas de estas cicatrices, como atestiguan los restos de la Iglesia de los Dolores en la plaza del mismo nombre, que sufrió la quema de los revolucionarios en 1936. El conflicto en Tortosa atrajo a los más destacados periodistas y corresponsales del mundo, como Herbert Matthews, Robert Capa, Martha Gellhorn o el más célebre de todos, Ernest Hemingway, quien estuvo en la ciudad en abril de 1938 para cubrir la defensa de la zona del Baix Ebre frente al avance de las tropas sublevadas. Allí escribió sus famosas crónicas de los bombardeos sobre Tortosa:

«Encima de nuestras cabezas, el cielo alto y sin nubes, flota tras flota de bombarderos volaba con estrépito sobre Tortosa. Cuando dejaron caer el repentino fragor de sus cargas, la pequeña ciudad a orillas del Ebro desapareció en una creciente nube de polvo amarillo. El polvo no llegó a posarse, ya que acudieron más bombarderos y finalmente flotó como una niebla amarillenta sobre todo el valle del Ebro».

Restos de la Esglèsia dels Dolors

Sin embargo, si hay un lugar vinculado a la Guerra Civil en Tortosa es el Refugio número 4, el más grande de la veintena que se construyeron para proteger a la población civil. De la mano de mi guía Maite de Terra Enllà pude vivir la experiencia de meterme en aquel agujero excavado en terreno arcilloso y revestido con ladrillos y hormigón, un sistema de galerías de un metro de ancho por dos de alto en el que unos 400 tortosinos sentían el brutal impacto de las bombas sobre sus cabezas. De hecho, durante la visita se reproduce la vivencia de un bombardeo mediante efectos de luz y sonido que te ponen los pelos de punta. Sin duda, un lugar imprescindible en nuestra ruta.

Refugio núm. 4 de Tortosa

Pero que nadie piense que el interés de Tortosa se limita exclusivamente a su vinculación con la Guerra Civil. En realidad, sobran los motivos como para quedarse en ella durante, al menos, una jornada entera. Citaré solo algunos de sus muchos atractivos: la Catedral gótica de Santa María, los Jardines del Príncipe (un antiguo balneario reconvertido en museo al aire libre con esculturas del artista Santiago de Santiago), el Castillo templario de Zuda (actual Parador de Tortosa), los Reales Colegios, el barrio judío y sus edificios renacentistas y modernistas. En definitiva, una ciudad con un río de posibilidades.

Claustro de los Reales Colegios de Tortosa
La Catedral de Santa María y el río Ebro desde el Castillo de la Zuda
Casa Grego, emblemático edificio modernista diseñado por Pau Monguió

Día 2: espacios más próximos al Ebro

En este segundo día vamos a explorar aquellos lugares que, por encontrarse más próximos al río, fueron conquistados antes por las tropas republicanas durante la ofensiva y también los últimos en volver a caer del bando franquista al finalizar la batalla. Todos ellos fueron especialmente castigados por los bombardeos de la aviación alemana e italiana.

Cota 705 de la Sierra de Pàndols (Pinell de Brai)

Comenzaremos en la famosa Cota 705 de la Sierra de Pàndols, conocida también como Punta Alta, un lugar de un alto valor estratégico que permitía el dominio sobre el resto de las cotas de la Sierra de Pàndols. No es de extrañar, por tanto, que se convirtiera en una de las más codiciadas por ambos bandos, que protagonizaron allí durísimos combates en agosto de 1938, durante la primera contraofensiva del ejército franquista. La batalla mostró aquí su faceta más cruel y sangrienta. Imaginadlo: un calor asfixiante, con temperaturas de más de 40ºC (los combatientes no disponían de agua, lo cual obligaba a muchos de ellos a beberse sus propios orines), soldados heridos que debían permanecer sin asistencia durante horas, un aire irrespirable debido al humo de los árboles que se quemaban por el efecto de las bombas incendiarias, el hedor insoportable de los cadáveres putrefactos que no podían ser enterrados debido a la falta de tierra,… Vamos, que aquello tuvo que ser un auténtico infierno en la Tierra.

Sierra de Pàndols, con la Cota 705 en lo alto

Durante mi visita, pude comprobar por mí mismo la dificultad por hacerse con esta zona, cuya orografía es tremendamente irregular y agreste. Los soldados republicanos se emplearon a fondo para no perder esta posición privilegiada, hecho que no ocurrió hasta el final de la batalla, en noviembre de 1938. Para llegar hasta lo alto de la Cota 705, hay que tomar un camino de montaña pedregoso y muy inestable. Mi coche, bajito como su dueño, tuvo que detenerse a la mitad por no poder superar un gran agujero en el suelo, por lo que tuve que dar media vuelta quedándome con las ganas de llegar hasta la cima y contemplar el Monumento de la Paz, el lugar donde todos los 25 de julio la Agrupación de Supervivientes de la Leva del Biberón (aquellos que fueron alistados en el bando republicano con apenas 17-18 años) homenajea a los compañeros muertos durante la batalla del Ebro. Una auténtica pena, tenedlo en cuenta cuando vayáis.

Pinell de Brai

Próximo a la Sierra de Pàndols, se encuentra la pequeña localidad de Pinell de Brai, una de las más castigadas por los bombardeos de la batalla del Ebro. Desde el momento de su ocupación por parte de las tropas republicanas el 25 de julio, se convirtió en una zona de retaguardia donde se instalaron servicios sanitarios, de intendencia y de descanso, razón por la cual se convirtió en el objetivo de la aviación del ejército franquista, quien terminó recuperando el pueblo en noviembre de 1938. Se estima que más de 70 casas fueron destruidas, una decena de las cuales hoy todavía permanece en el mismo estado que el de entonces. Son las denominadas Cases caigudes («casas caídas»), un macabro recuerdo del deplorable estado en que quedó Pinell de Brai.

Cases caigudes de Pinell de Brai

Curiosamente, el edificio con más renombre de Pinell de Brai, el Celler Cooperatiu, se salvó de la destrucción, al igual que la otra gran Catedral del Vi de la zona, la de Gandesa. Ambos edificios son obras del mismo arquitecto modernista, Cèsar Martinell, discípulo directo de Antoni Gaudí. Se sabe que ésta última sobrevivió a los bombardeos por tratarse de un punto de avituallamiento para las tropas (de vino, claro está) y porque se sabía que se convertiría en un negocio altamente rentable para el bando ganador una vez finalizada la guerra. La visita por el sobrecogedor y original interior del Celler de Pinell de Brai, diseñado a partir de naves con arcos parabólicos de ladrillo, se complementa con una degustación de suculentos vinos tintos y blancos, y de aceites.

Celler Cooperatiu de Pinell de Brai, cuya fachada está decorada con un friso cerámico, obra de Xavier Nogués
Interior del Celler Cooperatiu de Pinell de Brai

Miravet

Mi recorrido tuvo su siguiente parada en Miravet, uno de los pueblos más bonitos de la provincia de Tarragona y un buen ejemplo de que, a veces, la tragedia y la belleza pueden coincidir en un mismo espacio. Nunca sabremos si a alguno de los soldados de la 11ª División del V Cuerpo de Ejército de Líster que cruzó el río la madrugada del 25 de julio se le pasó por la mente detenerse, ni que fuera por un instante, a contemplar la belleza hipnótica de este lugar. Lo que sí sabemos es que éstos consiguieron ocupar la población y también su castillo, desde donde se defendieron los franquistas, que decidieron rendirse sobre las 14h después de sufrir numerosas bajas y la muerte del comandante del batallón. A partir de ese momento el pueblo se convirtió en depósito de material para los soldados que combatían en las sierras de Pàndols y Cavalls.

Hoy Miravet es un lugar ideal para la práctica de los deportes acuáticos como el kayac

Por supuesto, la visita a Miravet debería comenzar por su monumento más importante y uno de los más destacados de toda Cataluña, el castillo que los templarios construyeron entre los siglos XII y XIII sobre una antigua fortaleza andalusí. Sus galerías y salas, así como su impresionante patio principal y su iglesia fueron utilizados durante la Guerra dels Segadors (siglo XVII) y las guerras carlistas (siglo XIX). Se encuentra en la zona más elevada de la población y se puede acceder caminando desde el centro histórico (unos 15 minutos) y también en coche.

Castillo templario de Miravet

Las vistas desde este monumento histórico son realmente impagables. Desde aquí se aprecia perfectamente cómo el pequeño conjunto se encuentra encaramado sobre el meandro que el Ebro forma en su paso por Miravet. La frondosa vegetación se extiende por doquier y la panorámica resulta fabulosa.

Vistas del río Ebro y de Miravet desde su castillo templario

En el pequeño casco histórico de Miravet (Cap de la Vila) todavía son visibles algunas cicatrices provocadas por los bombardeos que sufrió, como algunas casas en ruinas y numerosos restos de metralla como los que hay en los muros de la renacentista Esglèsia Vella, cuya cúpula fue atravesada por una bomba que por suerte nunca llegó a explotar. Todo esto no ha conseguido robarle su encanto, sino darle un toque decadente al antiguo trazado medieval inmortalizado en su día por el pintor Joaquin Mir.

Iglesia Vieja de Miravet
Vista de las casas del pueblo desde el mirador de la Sanaqueta, antiguo patio de la desaparecida mezquita

Móra d’Ebre

La última etapa de este segundo día es Móra d’Ebre, capital de la comarca de Ribera d’Ebre, otra localidad que resume en sí misma los acontecimientos de la batalla del Ebro. Su puente, al igual que los de Tortosa, fue destruido por el propio bando republicano en abril de 1938 con el fin de impedir el avance franquista y solo fue reconstruido en los años 40, una vez ya finalizada la guerra (Puente de las Arcadas).

El Ebro a su paso por Móra d’Ebre, con el Puente de las Arcadas al fondo

Cuando comenzó la batalla en julio, se construyó un puente de hierro que debía asegurar el tráfico de vehículos de todo tipo, pero solo duró unas pocas semanas, ya que fue arrastrado por una de las crecidas artificiales que provocaba el bando franquista cuando soltaban el agua de los embalses del Pirineo. Hoy, justo en ese mismo lugar, entre el actual Club Náutico y el embarcadero, se encuentra una antigua pontona, un tipo de embarcación de hierro utilizada, no solo para cruzar de un lado a otro del río, sino también como base de otros puentes provisionales (éstos eran frecuentemente destruidos y vueltos a construir por la noche).

Pontona original a orillas del río

Siguiendo el Passeig de l’Ebre un poco más adelante, encontraréis otros elementos que remiten al conflicto bélico, como un destartalado edificio que en su día cumplió las funciones de hospital de sangre y, ya a la altura del mirador Mitjans de Pas junto a la Plaça de Baix, un curioso detalle que me hubiese pasado desapercibido de no ser por un anciano vecino de Móra que reparó en mi cámara de fotos. Uno de los barrotes de la barandilla que da al río se encuentra «marcado» por un disparo. «¿Quién disparó aquel tiro? ¿Sería joven o adulto? Podría haber matado a alguien pero en vez de eso fue a parar aquí». Las palabras de mi interlocutor me pusieron la piel de gallina.

El edificio que vemos a la derecha era un antiguo hospital de sangre para los heridos que llegaban de los combates en las sierras de Pàndols y Cavalls. Desde allí, los supervivientes eran trasladados a hospitales de la retaguardia utilizando los puentes construidos por los pontoneros
Impacto de bala en el barrote de una barandilla

Por supuesto, no debéis dejar de visitar el monumento más importante de Móra, su castillo medieval, una joya que quedó gravemente afectada a causa de las bombas que cayeron sobre la ciudad.

Castillo de Móra d’Ebre

Día 3: espacios más alejados del Ebro

En este tercer día vamos a explorar la zona de máxima expansión de las tropas republicanas, quienes consiguieron llegar a las puertas de Vilalba dels Arcs y de Gandesa durante el primer día de ofensiva. Sin embargo, allí se encontraron con la feroz resistencia del bando sublevado y no consiguieron su objetivo de conquistar estas poblaciones.

Corbera d’Ebre

Si existe un lugar icónico en la ruta de los espacios de la batalla del Ebro, éste sin duda es Corbera d’Ebre. Situado en lo alto de la colina de la Montera, el Poble Vell («Pueblo Viejo») de Corbera d’Ebre se ha convertido en uno de los símbolos de la devastación de la Guerra Civil Española. Su proximidad con respecto del frente republicano y los constantes bombardeos que sufrió, primero por parte de los republicanos durante la primera ofensiva y luego por parte de los franquistas durante la contraofensiva para recuperar la población, provocaron que, una vez finalizado el conflicto, el pueblo quedase literalmente destrozado.

Ruinas del Poble Vell de Corbera d’Ebre

Algunos de sus vecinos regresaron y rehabilitaron como pudieron sus casas, viviendo aquí hasta los años 60. Progresivamente fueron trasladándose a vivir a la parte baja del pueblo, donde fueron instalándose nuevos y mejores servicios. Lo que es visible hoy en día no es, por tanto, tal y como quedó después de la batalla, sino el resultado de diversos grados de afectación. Hoy en día el Poble Vell está catalogado como BCIN (Bien Cultural de Interés Nacional) por la Generalitat de Cataluña.

En 2018 tuvimos la oportunidad de visitar el Pueblo Viejo de Belchite, otro ejemplo de pueblo devastado por los combates y las bombas. En este caso, fue el propio Generalísimo quien mandó no reconstruirlo con el objetivo de que sus ruinas se convirtieran en un testimonio de la «barbarie roja». Si queréis conocer todos los pormenores de la visita, así como también las sensaciones personales que nos despertó, podéis hacerlo en este enlace.

Ruinas del Pueblo Viejo de Belchite

En Corbera decidí volver a contar con los servicios de la empresa Terra Enllà, con quien había tenido muy buena experiencia en el Refugio número 4 de Tortosa. En esta ocasión contraté la visita guiada del «triplete» de una mañana entera de duración, que incluye, además del Poble Vell de Corbera, las trincheras de Les Devees y el Memorial de Les Camposines.

Acceso al Poble Vell de Corbera d’Ebre, A la derecha podréis apreciar una «A» gigante que forma parte de una instalación artística colectiva de 1995, el Abecedario de la Libertad-Mensaje Escrito, formada por veintiocho obras que representan el conjunto del abecedario. Representan el poder de la palabra frente a la barbarie y el sinsentido de la guerra.

Desde el primer momento, supe que no me había equivocado. Nuestros guías Maite y Andreu no se limitaron a contar las vicisitudes que sufrió el pueblo de Corbera, sino que nos dieron una auténtica lección de historia sin partidismos, aportando datos objetivos y contrastados tanto de uno como de otro bando. Su explicación arrancó en 1936 con las barbaridades de la ola anticlerical (expolio de obras de arte, persecución y asesinato de religiosos, etc.) perpetradas en templos religiosos como el de Corbera, la Esglèsia de Sant Pere, que fue desacralizada y nunca más volvió a cumplir funciones religiosas (una vez finalizada la guerra, se decidió construir otra iglesia temiendo que ésta pudiera venirse abajo). Hoy es un espacio destinado a actividades culturales.

Iglesia de Sant Pere

Sant Pere es el punto de referencia de este monumento a la paz que es Corbera d’Ebre. Su imponente tamaño recuerda la importancia que llegó a tener un pueblo cuyas ruinas hoy son víctima de la desgana y el abandono de las instituciones (hasta en eso se parece a Belchite) y amenazan con desaparecer definitivamente. Una cubierta transparente hecha con láminas EFTE ocupa el lugar de la antigua que ya no existe, produciendo un efecto de luces y sombras en el interior sencillamente sobrecogedor.

Interior de la Iglesia de Sant Pere
Interior de Sant Pere
Atendiendo a las explicaciones de Andreu y Maite, de Terra Enllà

Es posible pasear libremente por las calles del Poble Vell de Corbera d’Ebre (entrada 3€ por adulto), sin embargo yo necesitaba que aquellos muros mudos volvieran a hablar, cosa que fue posible gracias a estos dos expertos guías que son Maite y Andreu. Para completar la visita de Corbera, os recomiendo pasar por el Centro de Interpretación 115 días, uno de los cinco espacios expositivos gestionados por el COMEBE. De todos ellos, es el que muestra una visión más completa del conflicto bélico. Cuenta con audiovisuales, carteles explicativos y material bélico original.

Los otros cuatro centros de interpretación gestionados por el COMEBE se centran en temáticas más específicas. El C.I. Soldados en las trincheras (Vilalba dels Arcs) analiza cómo este elemento estratégico clave condicionaba la vida del soldado; el C.I. Hospitales de sangre (Batea) muestra cómo funcionaban estas unidades sanitarias improvisadas; el C.I. Las voces del frente (Pinell de Brai) expone qué papel tuvo la prensa durante la batalla; y finalmente el C.I. Internacionales en el Ebro (La Fatarella) se centra en la participación internacional que apoyó las causas de ambos bandos, siendo desequilibrante para decantar la balanza del vencedor.

Centro de Interpretación 115 días de Corbera d’Ebre

Trincheras de Les Devees (La Fatarella)

Seguimos a nuestros guías hasta el término municipal de La Fatarella, donde se esconden dos lugares muy interesantes. El primero de ellos es una antigua posición de retaguardia republicana que formaba parte de la red de protección de esta población. Se trata del conjunto de Les Devees, formado por unas trincheras en forma de zigzag y un refugio en el suelo que servía para que los soldados pudieran descansar (con la inestimable compañía de las bombas y las ratas).

Les Devees

Esta posición republicana no era demasiado importante, de haberlo sido toda la zona hubiese quedado arrasada. Esta circunstancia y el trabajo del COMEBE ha posibilitado que se conserven de una manera notable las trincheras y otras huellas visibles de los combates que se libraron aquí, como sendos cráteres en el suelo provocados por bombas de aviación. Imaginad tener la oportunidad de meteros en el interior de una trinchera auténtica y recorrerla de un lado a otro. Imaginad el escalofrío que recorrió mi cuerpo en ese momento. ¿Puede haber un sitio mejor para aprender sobre los efectos de la guerra?

Trincheras de Les Devees

Memorial de Les Camposines (La Fatarella)

A pocos kilómetros de estas trincheras se encuentra otro de esos puntos estratégicos cuya conquista hizo derramar ríos de sangre. Se trata de Les Camposines, un importante cruce de comunicaciones que conectaba el territorio litoral con las tierras de interior. Aquí tuvieron lugar numerosas ofensivas franquistas en septiembre y octubre para forzar la retirada de las fuerzas republicanas y sin embargo, no fue hasta el 11 de noviembre, pocos días antes del final de la batalla, que el frente republicano se vio forzado a ceder la posición de Les Camposines.

Memorial de Les Camposines

En la actualidad, justo en la elevación que permitía controlar el cruce de carreteras y sobre una antigua línea defensiva, podréis encontrar un memorial cuyo objetivo es dignificar a todos los soldados que desaparecieron sin dejar rastro alguno. Dicho memorial contiene más de 40 paneles con alrededor de 1.600 nombres de combatientes desaparecidos. A petición de las familias que a día de hoy todavía continúan buscando a sus hermanos, padres o abuelos, cada año se van añadiendo más nombres a esta funesta lista. En el interior del memorial, un osario (no visitable) que contiene los restos de algunos combatientes encontrados en la zona de Les Camposines.

Memorial de Les Camposines

Nuestros guías de Terra Enllà se despidieron del grupo contando historias personales de algunas personas cuyos nombres figuraban en la lista. Fue entonces cuando comprendí el verdadero drama de aquella batalla: no se está escuchando a las personas marcadas por los traumas de sus antepasados, personas que aún esperan a que se les haga justicia con el fin de poder pasar página de una vez por todas. Gracias Maite y Andreu, por darles voz.

Gandesa

La siguiente parada en esta ruta de los espacios de la batalla del Ebro fue Gandesa, capital de la Terra Alta, la ciudad por la que suspiraba el Ejército republicano. De haber sido conquistada, la República hubiese tenido opciones reales para progresar hacia el oeste. Sin embargo, Gandesa nunca llegó a ser republicana, pues el rápido rearme franquista logró detener su ofensiva.

El Celler de Gandesa se salvó de la destrucción, al igual que sucedió con el de Pinell de Brai

En esta localidad resulta indispensable visitar el Museo Memorial de la batalla del Ebro, nacido en 2011 gracias a la iniciativa de un grupo de estudiosos y coleccionistas de Gandesa (germen de la asociación CEBE, Centre d’Estudis de la Batalla de l’Ebre) interesados en la historia y en la recuperación de material bélico de la batalla del Ebro.

Museo Memorial de la batalla del Ebro de Gandesa

Una vez finalizada la guerra muchos de los vecinos tuvieron que ganarse la vida como «metralleros», es decir, recogiendo metralla abandonada en los campos de batalla. Hoy su legado se encuentra ampliamente representado en este museo, que combina la exposición de modernos recursos museográficos con todo tipo de objetos militares, entre uniformes, maquetas y armamento (llama la atención poderosamente un proyectil de 250 kg, ¡espectacular!), y dos escenografías, una de un equipamiento sanitario y otra de una trinchera.

Vitrina del Museo Memorial de la batalla del Ebro de Gandesa, junto a la que se expone la bomba de 250 kg, una de las joyas de la colección

Mirador de Coll de Moro (Gandesa)

Los altos cargos franquistas instalaron uno de sus observatorios principales a pocos kilómetros al oeste de Gandesa, sobre una pequeña colina de 483 metros de altura. Desde el mirador de Coll de Moro podían dominar todo el frente: la propia Gandesa, Corbera d’Ebre y las sierras de Cavalls y Pàndols. Durante toda la batalla este lugar fue visitado por los principales jefes del bando sublevado, incluido el propio general Franco, quien dirigió desde aquí la tercera contraofensiva en septiembre de 1938. 

Mirador Coll de Moro

En 2017 fue derribado el monumento franquista que había sido erigido aquí en 1953 para rendir homenaje a las tropas sublevadas que habían combatido en la batalla, acontecimiento que dio paso a la excavación arqueológica del yacimiento íbero localizado justo al lado del antiguo puesto de mando. A pesar de tratarse únicamente de una pequeña terraza, considero al Coll de Moro un lugar de obligada visita en esta ruta de los espacios de la batalla del Ebro.

Campo de batalla de Quatre Camins (Vilalba dels Arcs)

Mis últimas visitas del día las hice en Vilalba dels Arcs, otro pueblo que, al igual que Gandesa, nunca llegó a caer en manos republicanas, en este caso debido a la dura resistencia del Tercio de requetés de Montserrat, una unidad de militares carlistas principalmente catalanes que rechazaron los ataques del ejército republicano durante varios días en el cruce de Quatre Camins, que terminaría convirtiéndose en otro de los escenarios más sangrientos de la batalla.

Cruce de carreteras de Quatre Camins, con Vilalba dels Arcs al fondo

La Hermandad del Tercio de Requetés de Nuestro Señora de Montserrat erigió aquí dos monumentos (uno levantado en la Cota 427, la línea defensiva de los requetés, y otro en la denominada Punta Targa o Cota 481, la línea ofensiva de las brigadas republicanas) separados por un camino de unos 100 metros flanqueado por pequeños monolitos con nombre de algunas familias, un via crucis simbólico que en su momento representó uno de los primeros actos de reconciliación entre los combatientes de los dos ejércitos en tiempos de la posguerra.

El día de mi visita contemplé horrorizado cómo ambos monumentos habían sido mutilados recientemente por algunas personas sin cultura ni respeto por la historia. Y es que la barbarie, desgraciadamente, puede adoptar las más variadas formas.

Monumento destrozado de Quatre Camins

Trincheras de Els Barrancs (Vilalba dels Arcs)

Para terminar el día de hoy os propongo visitar otras trincheras, la de Els Barrancs, también en el término municipal de Vilalba dels Arcs, las cuales formaban parte de la línea defensiva que las unidades republicanas establecieron entre esta población y la de La Pobla de Massaluca. Aquel día tuve la gran suerte de visitarlas en completa soledad y nuevamente colarme dentro para recorrer los cerca de 700 metros que las forman y admirar embelesado los diferentes elementos que las conforman, entre pozos de tirador, refugios y líneas de evacuación. Absolutamente impresionante.

Trincheras de Els Barrancs

Día 4: Fayón (Zaragoza)

Mi último día de ruta transcurrió en Fayón, ya en la provincia de Zaragoza. El Estado Mayor republicano planificó aquí una de las dos maniobras de distracción que pretendía ocultar a los franquistas el lugar exacto de la ofensiva principal. Esta operación se llevó a cabo entre Fayón y Mequinenza (de ahí que se conozca como la bolsa de Mequinenza), cuando la 226ª Brigada de la 42ª División cruzó el río la misma noche de la ofensiva principal, la del 24 al 25 de julio. Otras dos brigadas de la misma división, la 59ª y la 227ª, fueron a apoyar a la primera al día siguiente, después de haber tenido éxito en el núcleo central del Ebro. Después de hacerse con el control de unos 60 m², los sublevados contraatacaron con ayuda de la aviación italiana, consiguiendo finalmente recuperar a principios de agosto el territorio que habían perdido y obligando al bando republicano a volver a cruzar el río. Estos hechos son los que se recrean todos los años a finales de julio en la célebre Recreación de la batalla del Ebro de Fayón, una de las más prestigiosas del país, formada por cientos de vecinos ataviados con uniformes, armas, vehículos militares y otros muchos artefactos auténticos propios del periodo de la Guerra Civil. Espero poder ser testigo alguna vez de un acontecimiento que reúne a cada vez más visitantes.

Ninguna ruta de la batalla del Ebro estaría completa sin llegar hasta Fayón y disfrutar de su Museo de la batalla del Ebro, que no es ni por asomo el que cuenta con más medios de todos los que he visitado, pero sí es el más espectacular y completo. Su ubicación, una nave industrial de unos 1.000 m². Sus guías, los propios voluntarios que han ayudado a su creación, coleccionistas amateurs de todo tipo de objetos militares y fanáticos de la historia. Vamos, un museo hecho de manera artesanal y con pasión. Y es que en Fayón, todo se debe al esfuerzo de sus habitantes, lo comprobaremos más adelante.

Museo de la batalla del Ebro de Fayón, donde podemos observar la recreación de una escena en la que algunos soldados cruzan el río

Este museo es sencillamente impresionante, por las colecciones que atesora y por las escenografías que se han hecho a gran escala. Hasta el más pequeño objeto esconde la historia personal de quien lo portaba, soldados cuyos nombres y apellidos por fortuna conocemos, como el de Germán Visús, recientemente fallecido a los 102 años. Las historias que protagonizó «el abuelo de Fayón», como se le conocía, son espeluznantes e increíbles. En mi caso, no me cansaba de escucharlas en boca de Josep, uno de los voluntarios que ayudan a mantener viva esta gran pasión conjunta que es el Museo de Fayón. Desde aquí, mi más sincero agradecimiento por acompañarme en este viaje en el tiempo.

Museo de la batalla del Ebro de Fayón

Joyas en este gran espacio museístico hay muchas, pero me gustaría destacar sus vehículos militares que descansan en la sala más importante, especialmente un anti-tanque ruso utilizado en la batalla de Belchite y un cañón antiaéreo Flak 88/56 mm alemán de la Segunda Guerra Mundial, comprado en Sant Sadurní pero posiblemente proveniente de Normandía. Ésta última es in duda la pieza más monstruosa y gigantesca de una colección que te deja sin palabras por su variedad. Por último, tened en cuenta que para que a uno le abran sus puertas debe ponerse en contacto previamente con el Ayuntamiento, pues como he dicho son los propios voluntarios quienes se encargan de su mantenimiento.

Sala en la que se encuentran el anti-tanque ruso y el cañón antiaéreo alemán

El siglo XX trajo dos desgracias al pueblo de Fayón. De la primera ya hemos hablado, durante la batalla del Ebro. La segunda tuvo lugar ya en pleno franquismo, concretamente en 1967, cuando la construcción de un embalse, el de Ribarroja, lo sumergió bajo las aguas previa demolición de sus edificios, dejando forzosamente sin casa a sus 1.800 habitantes. Un caso que desgraciadamente no fue el único a lo largo y ancho de la geografía española.

Embalse de Ribarroja, desde el privilegiado mirador de la Ermita del Pilar

Algunos de ellos decidieron trasladarse a otros pueblos vecinos, pero otros no quisieron marcharse y decidieron levantar un pueblo nuevo (el actual Fayón) a unos pocos kilómetros de allí. Hoy el único elemento del pueblo viejo que se niega a desaparecer es el campanario de la antigua iglesia, que emerge como una poética visión y un recordatorio fantasmal de una deuda histórica que probablemente nunca se pagará. La torre puede ser admirada desde el agua mediante paseos fluviales guiados en barca o en llaüt (embarcación de madera típica de la parte baja del río Ebro que se usaba para transportar el carbón que se sacaba de las minas de Mequinenza y llevarlo hasta la estación de tren) o bien desde una orilla cercana a la que se llega en coche a través de un camino de tierra en el que os toparéis, además, con los restos del castillo medieval y la Cueva de La Oriola, que durante la guerra sirvió como puesto de intendencia franquista.

La torre de la iglesia semisumergida del pueblo viejo de Fayón

En Fayón terminamos nuestra ruta de espacios de la batalla del Ebro. Menuda rutaza, ¿no os parece? Vamos con las últimas recomendaciones…

Alojamientos cantineleros

Hostal Agrobotiga 7 de Ribera (Móra d’Ebre)

Móra d’Ebre es un muy buen centro de operaciones para visitar todos los espacios de la ruta. El Hostal Agrobotiga 7 de Ribera es un alojamiento con encanto, sencillo y limpio, donde sus dueños te harán sentir como en casa. Disponen de una tienda de productos ecológicos donde podréis comprar productos elaborados artesanalmente, Por cierto, ¡no os podéis perder las mermeladas del desayuno de Conxita!

Hostal Agrobotiga 7 de Ribera en Móra d’Ebre

Pensión Matarraña (Fayón)

La Pensión Matarraña es la opción perfecta si buscáis alojamiento muy económico y confortable en Fayón. Su dueño, Alberto, es amable y servicial hasta decir basta, gracias a sus recomendaciones no tendréis ningún problema para llegar a todos los sitios de interés, incluidos aquellos más desconocidos. ¡Muchísimas gracias por todo, Alberto!

Pensión Matarraña en Fayón

 

Consejo cantinelero: visita de Horta de Sant Joan

Aprovechando que os encontráis haciendo la ruta de los espacios de la btalla del Ebro, no dejéis de hacer una visita al cercano pueblo de Horta de Sant Joan, en el Parque Natural de Els Ports. En este precioso municipio de trazado medieval pasó dos temporadas el pintor Pablo Picasso, quien dejó allí un recuerdo imborrable. ¡No os arrepentiréis! Si queréis conocerlo a fondo, os recomiendo leer este post cantinelero.

Horta de Sant Joan

Espero que os haya gustado recorrer conmigo esta ruta histórica de los espacios de la batalla del Ebro, indagando así en una parte de nuestro pasado reciente tremendamente importante. ¿Me ayudáis a compartir este artículo cantinelero con aquellas personas a las que le pueda interesar este recorrido? ¡Muchas gracias!

¡Hasta pronto!

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