Castilla y León,  CON MUCHO ARTE

La historia de amor de Antonio y Leonor: la ruta machadiana de Soria

Hoy deseo dirigirme a todas aquellas personas a las que, como a mí, les gustan las bonitas historias con final triste. A las personas nostálgicas y romanticonas para las que «cualquier tiempo pasado fue mejor». Hay en Soria, ciudad de leyendas y poetas, una ruta dedicada a uno de los personajes que mejor supo inmortalizarla, Antonio Machado, quien vivió aquí una historia de amor que bien pudo ser el argumento de uno de sus relatos. Porque a veces, ya lo sabemos, la realidad supera la ficción. En este sentido, la ruta de los espacios machadianos es solo una de las muchas maneras que existen de conocer el rico patrimonio soriano, desde luego la más poética y melancólica.

Palacio de los Condes de Gómara de Soria

Antonio Machado tan solo vivió 5 años en Soria, pero éstos fueron sin duda los más intensos de toda su vida. Aquí se enamoró perdidamente, se casó y vivió los momentos más felices junto a su esposa, Leonor Izquierdo. Según sus propias palabras, “si la felicidad es algo posible y real –lo que a veces pienso- yo la identifico mentalmente con los años de mi vida en Soria y con el amor de mi mujer”. Pero el destino le tenía reservado el más amargo de los capítulos finales a esta bella historia de amor.

Os propongo recorrer juntos los que a mi juicio son los 9 lugares imprescindibles de la ruta machadiana, en los que el poeta dejó una impronta eterna. A excepción de aquellos más próximos al río (San Juan de Duero y Ermita de San Saturio), todos los espacios se encuentran en pleno casco histórico, muy cercanos los unos de los otros y fácilmente accesibles a pie, por lo que no os llevará mucho tiempo visitarlos todos. ¿Estáis listos para un viaje a medio camino entre la vida y la literatura?

A la historia de amor entre Antonio y Leonor le pega una meteorología igualmente triste. Aquella mañana al salir del Hotel Apolonia no nos hizo ninguna gracia a mis dos fieles amigos y a mí comprobar cómo el viento, la lluvia y el frío sorianos se habían apoderado literalmente de los solitarios callejones de la ciudad. Sin embargo, tengo que reconocer que aquel ambiente grisáceo y lúgubre le dieron su «puntillo» a nuestro recorrido machadiano. ¡Empezamos!

Iglesia de San Juan de Rabanera, símbolo del románico soriano

IES Antonio Machado

El joven poeta sevillano de 32 años llegó a la hoy ya desaparecida estación de tren de San Francisco en octubre de 1907, siendo ya un escritor de cierto prestigio en los círculos literarios (ese mismo año había publicado Soledades, galerías y otros poemas, una relectura de su obra Soledades). El motivo no era otro que el de haber obtenido, mediante oposición, la Cátedra de Lengua Francesa. Nuestra ruta comienza en un instituto de secundaria alojado en un antiguo convento de Jesuitas, el hoy Instituto Antonio Machado, donde antaño el ilustre escritor dio clase en una de sus aulas, la cual todavía conserva su aspecto original así como toda la documentación académica que éste dejó como profesor.

IES Antonio Machado

En la parte exterior del edificio encontraréis dos esculturas del poeta. La primera, un busto de bronce realizado por Pablo Serrano en 1982. La segunda, una figura de Machado sentado en una silla del escultor Ricardo González Gil, quien en 2010 quiso representarlo justo en la misma posición que tenía en la foto del día de su boda con Leonor. A sus pies, justo detrás de él, dos huellas en el suelo hacen referencia a su compañera inexistente. Y es que en realidad a esta obra la complementa otra que representa a Leonor ubicada junto al acceso de la Iglesia de La Mayor y que más tarde veremos.

Escultura del escritor sentado en una silla, delante del instituto donde dio clase

Pensión (Calle Estudios, 7)

Como es lógico, a su llegada el poeta tuvo que buscarse un lugar donde alojarse. Después de una breve estancia en una casa de huéspedes, decidió trasladarse a una pensión situada en la calle Estudios, regentada por un matrimonio y la sobrina de éstos, una muchachita de 13 años llamada Leonor Izquierdo de la que Antonio quedaría absolutamente prendado desde su primer encuentro. El cariño y la admiración mutuas fueron creciendo poco a poco entre ambos y la chispa del amor terminó prendiendo, hasta tal punto que no les importó la enorme diferencia de edad.

Hoy la antigua pensión donde la pareja se conoció ya no existe pero si decidís pasaros por allí encontraréis una pequeña placa en la fachada del edificio actual marcando su ubicación exacta. Como buen romántico, tengo que confesar que un escalofrío recorrió mi cuerpo al encontrarme frente al lugar donde ambos enamorados comenzaron a escribir la más bella (y breve) historia de amor, aún a pesar de que ya no se conserve nada del edificio original.

Círculo de la Amistad Numancia y Museo de la Casa de los Poetas

Nuestra siguiente parada de la ruta de espacios machadianos es el Círculo de la Amistad Numancia, resultado de la fusión en 1961 del antiguo Casino Numancia y el club cultural Círculo de la Amistad. Situado en la más emblemática y céntrica arteria soriana, la calle el Collado, este precioso edificio de mediados del siglo XIX sirvió como lugar de reunión y pasatiempo para personas de la alta burguesía soriana. El propio Antonio Machado, quien solía frecuentar este lugar para tomar café y leer el periódico, fue admitido como socio en 1908.

Calle el Collado de Soria
Escultura que representa al poeta Gerardo Diego, asiduo visitante del Círculo de la Amistad Numancia

Sin embargo, Machado no fue el único personaje ilustre que llegó a participar de sus tertulias. También llegaron a hacerlo los hermanos Bécquer o Gerardo Diego, que ha dado nombre al salón donde él mismo solía tocar el piano, un Steineway & Sons adquirido en 1872 por 7.500 pesetas de la época (y cuya compra causó una deuda considerable a la institución).

Sala Gerardo Diego, donde aún se conserva el piano original que solía tocar el poeta

Durante nuestra visita su amable recepcionista se encargó de mostrarnos las salas más importantes del antiguo casino, que aún hoy se utilizan para el disfrute de sus socios. En la tercera planta se encuentra el Museo de la Casa de los Poetas, un pequeño y onírico espacio expositivo dedicado a los tres grandes líricos que cantaron a Soria, Gustavo Adolfo Bécquer, Gerardo Diego y, por supuesto, Antonio Machado.

Museo de la Casa de los Poetas
El homenaje al olmo seco del poema machadiano recoge las reacciones literarias de los visitantes del Museo de la Casa de los Poetas

Iglesia de Santa María La Mayor

Situada en plena Plaza Mayor, se encuentra la Iglesia de La Mayor, asentada en el siglo XVI sobre un templo románico anterior. Posiblemente sea éste el espacio más importante de todos los que conforman la ruta machadiana pues aquí tuvieron lugar los dos acontecimientos más importantes de su estancia soriana. El primero de ellos fue el 30 de julio de 1909, día en que se celebró la boda de Antonio y Leonor, quienes tuvieron que esperar hasta que ella hubo cumplido 15 años, la edad legal para casarse. Seguro que podéis imaginar el revuelo que causó la diferencia de edad de ambos contrayentes (Antonio ya contaba con 34 años), sin embargo y contra todo pronóstico, el matrimonio era extremadamente feliz y gozaba de un sinfín de momentos de complicidad y admiración mutua.

Iglesia de Santa María La Mayor, con la estatua de Leonor Izquierdo

El segundo acontecimiento tuvo lugar tan solo tres años después, cuando el templo acogió el funeral de Leonor, muerta a causa de una tuberculosis detectada durante un viaje en París, de tal modo que se convertiría en el escenario del momento más feliz en la vida de Machado, y también del más dramático. Un antagonismo vital plasmado en la estatua de Leonor de Ricardo González Gil ubicada junto al acceso al templo, la segunda parte de una foto nupcial seccionada por la tragedia (recordemos que la otra parte se encuentra en el IES Antonio Machado). Allí, de pie junto a la silla vacía de su esposo, espera la novia a su Antonio como un fantasma, de día y de noche, ajena a las miradas de los turistas y habitantes de Soria que a veces juegan a sentarse en la silla.

Estatua de Leonor Izquierdo

Además de la iglesia, en la Plaza Mayor, centro administrativo de la ciudad desde el siglo XVI y escenario del mercado semanal y de las corridas de toros hasta fechas relativamente recientes, encontraréis la Fuente de los Leones, la Casa de los Doce Linajes (actual Ayuntamiento), la Casa del Común, el Palacio de Doña Urraca y el Palacio de la Audiencia. Coronando este último, el famoso reloj con su campana a la que el escritor sevillano dedicó unos versos inolvidables:

“¡Soria fría! La campana
de la Audiencia da la una.
Soria, ciudad castellana
¡tan bella! bajo la luna.”

Plaza Mayor de Soria

Iglesia de Santo Domingo

Tras la boda, Machado disfrutó con la ilusión de un niño pequeño de su nueva vida de casado en la ciudad. Acudía a sus clases en el instituto con entusiasmo y se dejaba ver los domingos a la hora del rezo junto a su esposa en la Iglesia de Santo Domingo, situada a pocos metros del instituto. Erigida en el siglo XII y remodelada en el siglo XVI, ésta resulta una parada indispensable en nuestra ruta debido a su impresionante fachada occidental, unánimemente catalogada como una de las mejores de todo el románico español gracias a su elegante rosetón y a la rica decoración escultórica de la portada (presente en sus capiteles, arquivoltas y tímpano).

Iglesia de Santo Domingo de Soria

Ermita del Mirón y Mirador de los Cuatro Vientos

La felicidad le duró poco al pobre Antonio, quien tuvo que ver cómo su jovencísima esposa enfermaba de tuberculosis en París durante una beca de ampliación de sus estudios. Ante la gravedad de la situación, el matrimonio decidió regresar inmediatamente a Soria y alquilar una casa junto a la Ermita de Nuestra Señora del Mirón, ubicada en un cerro en lo alto de la ciudad. Allí, en el paseo que pasa por delante de este excelso templo barroco, el poeta solía empujar la silla de ruedas de su mujer, ya muy débil y enferma, para que pudiera respirar aire puro, con la esperanza de contrarrestar así la enfermedad. Todo fue en vano, pues falleció finalmente el 1 de agosto de 1912, con 18 años recién cumplidos.

Ermita del Mirón

Al final del Paseo del Mirón, muy próximo a la ermita, se encuentra el Mirador de los Cuatro Vientos, el cual sin duda hace gala de su nombre como bien pudimos comprobar. Con motivo del centenario de la llegada de Machado a la capital soriana, se colocó aquí un sencillo monumento en honor a él y a su esposa, cuyas siluetas recortadas son una ventana abierta por donde se cuela el viento.

Monumento a Antonio y Leonor en el Mirador de los Cuatro Vientos

Iglesia del Espino, tumba de Leonor y el olmo seco

Tras su muerte, el cuerpo de Leonor fue enterrado en el cementerio que hay junto a la Iglesia del Espino, un templo del siglo XVI que custodia la patrona de la ciudad y que me recordó vagamente a los que hay en Gran Bretaña por su lúgubre aspecto. A su lado reposa un viejo olmo convertido en el símbolo de uno de los poemas más célebres y desgarradores de Machado, A un olmo seco, escrito poco antes del fallecimiento de su mujer. En él se ven reflejadas su pena y su angustia por la progresiva enfermedad de ésta a la vez que también sus esperanzas por un restablecimiento milagroso.

«Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo,
algunas hojas nuevas le han salido.

¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.
Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas de alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.»

El poema fue escrito en mayo de 1912, un mes después de la publicación de su libro Campos de Castilla, cuya enorme repercusión, según me explicó mi amigo Dani, le hizo comprender que su vida debía continuar a pesar de la muerte que sentía en su interior, pues su arte podría ayudar a sanar muchos corazones que, como el suyo, se habían roto por completo. Nunca tuvo el aplomo de acercarse a la tumba de Leonor (cuya sencilla inscripción reza: «A Leonor. Antonio») y absolutamente destrozado por la pérdida del amor de su vida, decidió abandonar Soria tan solo ocho días después de su muerte.

Monasterio de San Juan de Duero

Terminamos nuestro recorrido en los dos escenarios más alejados del centro histórico, ubicados a orillas del río Duero, un lugar por donde le gustaba pasear especialmente al poeta con el fin de hallar la inspiración. Para no perder tiempo nosotros decidimos llegar hasta allí en coche, aunque es posible hacerlo a pie desde el centro en un largo y provechoso paseo. He decidido incluir al Monasterio de San Juan de Duero en esta ruta de espacios machadianos por tratarse de un lugar enormemente vinculado con la leyenda y la poesía, ya que por ejemplo fue aquí donde Gustavo Adolfo Bécquer situó en 1861 una de sus historias más inmortales y terroríficas, El Monte de las Ánimas, perteneciente a su colección de relatos titulada Soria.

¿SABÍAS QUE…?

Dicha historia tiene como protagonistas a dos primos, Alonso y Beatriz, hijos de los Condes de Borges y Alcudiel respectivamente. Durante una cena en palacio él le dice a ella que pronto se irá de allí y desea entregarle una joya como recuerdo. Ella acepta el obsequio, pero Alonso quiere llevarse un recuerdo de su prima también. Ésta le dice que le dará una cinta azul, prenda que extravió en el Monte de las Ánimas, y le pide a su primo que vaya a buscarla justamente la noche de Todos los Santos, momento en que, según la tradición, los espíritus de los caballeros templarios, custodios de la montaña, se aparecen a cualquier mortal que se aventura a acercarse. Para hacer feliz a su prima, Alonso acepta el reto y allí que se dirige.

Esa misma noche Beatriz se desveló al creer oír su nombre en una pesadilla. Al despertarse no pudo volver a conciliar el sueño, así que decidió ponerse a rezar muy asustada. Cuando amaneció vio su cinta azul en su mesilla de noche, ensangrentada y desgarrada. Beatriz se quedó petrificada, no podía creer lo que veía. Más tarde, sus sirvientes fueron a avisarla de que Alonso había sido devorado por los lobos del monte, pero la encontraron muerta.

Después de este suceso, cuentan que un cazador vio en el Monte de las Ánimas a los esqueletos de los caballeros templarios y a una mujer hermosa desmelenada y con los pies ensangrentados, perseguida por caballos y gritando de terror, dando vueltas alrededor de la tumba de Alonso.

Claustro de San Juan de Duero

Popularmente conocido como Arcos de San Juan de Duero, su origen se remonta al siglo XII cuando la Orden de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalen decidió levantar aquí un complejo monástico. El espacio que sin duda llama más la atención es el claustro del siglo XIII, uno de los más originales de toda España gracias a su arquería de fantasía en la que se conjugan un gran número de influencias artísticas diferentes, desde elementos románicos y mudéjares con trazas normando-sicilianas hasta otros con claros tintes árabes. Ante semejante complejidad de formas, nosotros llegamos a la conclusión que los artífices de todo aquello tuvieron que tener forzosamente unas mentes privilegiadas. Algo así como unos Gaudís de la Edad Media.

El interior de la iglesia es austero pero igualmente original pues presenta dos baldaquinos de influencia oriental que separan la única nave de la cabecera. Cada uno de ellos, además, cobija una mesa de altar de posible uso ritual.

Interior de la iglesia monástica de San Juan de Duero

Paseo junto al Duero y Ermita de San Saturio

El último de los espacios machadianos que visitaremos es el más icónico de una ciudad a la que, como hemos visto, no le faltan atractivos. Se trata de la Ermita de San Saturio, un templo construido a principios del siglo XVIII sobre una gruta eremítica visigoda en la que vivió San Saturio, un noble del siglo VI que llevó una vida de anacoreta después de haber entregado todos sus bienes a los más necesitados y que fue canonizado, según se cuenta, merced a diversos actos milagrosos.

Ermita de San Saturio

Además de que el marco es incomparable, su ubicación resulta todo un desafío a la ley de la gravedad, pues el edificio se alza inverosímil en lo alto de un gran peñasco a orillas del río Duero (las mejores vistas las obtendréis desde el puente que hay justo enfrente). Además, la visita al interior resulta de lo más interesante, ya que se accede por la zona inferior a través de la gruta natural, ascendiendo progresivamente hasta llegar a la Capilla de San Miguel, un espléndido espacio barroco con pinturas murales que quitan el hipo.

Gruta de San Saturio

Antonio Machado solo regresó una vez a Soria después de la muerte de su Leonor. Fue en 1932, cuando el Ayuntamiento decidió nombrarle hijo adoptivo de la ciudad, rindiéndole un sentido homenaje precisamente en la plazoleta que da entrada a la ermita, que a partir de ese momento pasó a llamarse el Rincón del Poeta. 

Escalera de la Ermita de San Saturio, con el Duero al fondo

San Saturio es en realidad el punto culminante de un precioso paseo de algo más de un kilómetro a orillas del Duero que comienza en el párking habilitado al aire libre junto a la carretera y que atraviesa el Monasterio de San Polo (actualmente solo es visitable exterior), obra de la Orden del Temple, que junto a la de los Hospitalarios de San Juan de Duero fueron las dos órdenes militares que antaño defendieron el acceso a la ciudad. Este sendero, que discurre entre álamos y chopos tatuados con nombres de enamorados, era el que a Machado le gustaba hacer y deshacer cada vez que solicitaba la visita de las musas. 

Monasterio de San Polo
El río Duero a su paso por la Ermita de San Saturio

Como veis, nuestra mañana por Soria terminó en el más bucólico de los paisajes, justo en el momento en que la lluvia y el frío decidieron darnos un respiro. ¿Puede haber mejor escenario para terminar la ruta de los espacios machadianos que aquél donde Machado se inspiró para cantarle a su Soria querida?

«He vuelto a ver los álamos dorados,
álamos del camino en la ribera
del Duero, entre San Polo y San Saturio,
tras las murallas viejas
de Soria —barbacana
hacia Aragón, en castellana tierra—.

Estos chopos del río, que acompañan
con el sonido de sus hojas secas
el son del agua, cuando el viento sopla,
tienen en sus cortezas
grabadas iniciales que son nombres
de enamorados, cifras que son fechas.

¡Álamos del amor que ayer tuvisteis
de ruiseñores vuestras ramas llenas;
álamos que seréis mañana liras
del viento perfumado en primavera;
álamos del amor cerca del agua
que corre y pasa y sueña,
álamos de las márgenes del Duero,
conmigo vais, mi corazón os lleva!»

¿Te apetece seguir recorriendo con nosotros los rincones imprescindibles de esta provincia sorprendente? Pues no se hable más, ¡el viaje no ha hecho más que comenzar!

SIGUIENTE ETAPA. DÍA 1 (TARDE) (próximamente)

2 comentarios

  • Ana Gonzalez

    Me ha encantado. Nunca había pensado visitar Soria como algo inmediato, pero, después de ver tus stories, y ahora leerte, si que me lo he planteado. Estoy deseando leer las siguientes etapas. Enhorabuena, escribes muy bien

    • Rafael Ibáñez

      Muchisimas gracias Ana, no sabes el buen sabor de boca que te deja un comentario como el tuyo. Me anima a seguir compartiendo sueños y experiencias Si necesitas cualquier cosa para tu futuro viaje, aquí estaré!

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