Castilla y León,  PARAÍSOS RURALES,  PUEBLOS BONICOS

Las Merindades

Ruta de 5 días recorriendo cascadas y románico

No fue fácil decidirnos. En esta ocasión mis amigos y yo (a estas alturas ya conocéis de sobra a mis dos fieles acompañantes, Dani y Marcelo) tuvimos que hacer malabarismos para irnos de viaje. La puñetera crisis pandémica hacía que las fronteras entre comunidades se abriesen y se cerrasen cada dos por tres, lo cual hacía imposible hacer planes a largo plazo. Pero aquello no iba a detener a los tres mosqueteros, de cuyas aventuras ya os he contado alguna que otra vez (recordad nuestro viaje a los pueblos medievales más bonitos del Baix Empordà o nuestra ruta por la provincia de Soria), y después de algunos intentos fallidos y cancelaciones varias, finalmente pudimos volver a meternos en el coche para marcharnos a la comarca burgalesa de Las Merindades, sin duda uno de los mejores roadtrips que se pueden hacer en España.

Las Merindades

La culpa de que nos decantásemos finalmente por este destino fue mi pasión por el arte románico. Al norte de Burgos no le falta precisamente románico, ni tampoco naturaleza a raudales para refrescar el alma, que era lo que nosotros buscábamos en aquella ocasión. El clima húmedo característico de esta zona hace posible que los parajes que aquí se esconden, más propios de Cantabria o de Asturias que del típico paisaje castellano, luzcan aún más espectaculares. Éramos conscientes de que junio no era el mejor mes poder disfrutar de las célebres y caudalosas cascadas de Las Merindades (algunas las visitamos, con más o menos agua, y otras no, como el Salto del Nervión, la más alta de España, porque sabíamos de antemano que no llevaba agua en aquellos momentos), pero no penséis por ningún momento que aquí se viene solo por las cascadas.

La ermita de San Pedro de Tejada, paradigma del románico burgalés

Como ya he dicho, hablar de Las Merindades es hablar de románico, no en vano es uno de los territorios que condensa una mayor cantidad de edificios románicos de toda Europa (las ermitas de San Pantaleón de Losa o San Pedro de Tejada son dos de sus ejemplos más destacados). Pero si a esto añadimos bellísimos y tranquilos pueblos medievales e historia, mucha historia (estas tierras desempeñaron un papel decisivo en el surgimiento del Reino de Castilla), el éxito está asegurado. ¿Os hemos convencido ya? De no ser así, tranquilos, las imágenes hablarán por sí solas.

¿SABÍAS QUE…?

Resulta que lo de «merindades» es un recuerdo del pasado. Durante la Edad Media, el Reino de Castilla no quedó dividido, como fue el caso de otros reinos, en condados, sino en «merindades». Este no fue un caso aislado, pues dicha circunstancia también se dio en los reinos de Aragón y Navarra. Y es que tras la creación del reino castellano-leonés, en la Baja Edad Media, a efectos de gobierno  se crearon grandes distritos denominados «merindades mayores», las cuales a su vez se dividían en «merindades menores» que incluían municipios, señoríos y tenencias. Como recordatorio de aquellos tiempos, en la actualidad esta comarca del norte de Burgos que comprende una veintena de municipios conserva dicha denominación, incluso alguno de ellos mantiene el vocablo «merindad» en su toponimia, como Merindad de Valdivieso, Merindad de Sotoscueva o Merindad de Valdeporres.

Día 1

Comenzar una ruta por Las Merindades en Burgos capital siempre es una buena idea, ya que se encuentra a menos de una hora de la histórica comarca. Como mis amigos no habían estado nunca, decidimos pasar la primera noche y la mañana del día siguiente degustando despacito algunas de las muchas maravillas patrimoniales y gastronómicas que ofrece una ciudad por la que uno nunca se cansa de pasar una y otra vez (no en vano la considero una de mis favoritas de toda España). Pero teníamos ganas de llegar a Las Merindades, así que después de comer nos montamos en el coche dirección norte.

Monasterio de San Salvador de Oña

A primera hora de la tarde llegamos al fin a territorio Merindades, comenzando por uno de sus lugares de más enjundia histórica: Oña. La visita de este pequeñísimo pueblo, declarado conjunto histórico-artístico, os llevará poco tiempo pero merecerá la pena. Apenas una coqueta plaza, una iglesia (la de San Juan Bautista) y unas pocas calles. Pero la parada resulta obligada para aquellos que quieran admirar una construcción regia íntimamente relacionada con la historia de Castilla, el Monasterio de San Salvador de Oña.

Monasterio de San Salvador de Oña

Fundado a principios del siglo XI por el conde castellano Sancho García, este cenobio llegó a desarrollar un poder tal que más de setenta monasterios e iglesias llegaron a estar bajo su jurisdicción. Además de sus funciones religiosas, también ha servido a lo largo de la historia como lugar de enterramiento de importantes condes y reyes castellanos y navarros, tales como el rey Sancho II el Fuerte (cuyos restos se dice que fueron traídos por el mismísimo Cid el Campeador), tras morir en el sitio de Zamora, o el rey Sancho III el Mayor.

Fachada principal del Monasterio de San Salvador de Oña

El monasterio es un edificio eminentemente tardogótico en el que aún sobreviven diversos elementos románicos dispersos en el exterior. Su valor artístico es inagotable pues atesora obras de arte de todas las épocas y estilos. El recorrido comprende la visita a todo el conjunto, compuesto por la iglesia abacial y su extraordinaria colección de retablos, pinturas murales y elementos escultóricos, el Panteón condal y real (en el interior de la iglesia), el claustro gótico y la sala capitular. Lamentablemente solo podréis hacer fotos en el claustro y, por supuesto, en el exterior. Tenedlo en cuenta.

Claustro del monasterio

¿SABÍAS QUE…?

La tradición dice que allá por el siglo XVI el monje benedictino fray Ponce de León instauró en el Monasterio de San Salvador de Oña la primera escuela de sordomudos del mundo. En el exterior del templo, a un lado de la escalera por la que se accede al templo abacial, una estatua homenajea a este singular personaje y su hazaña.

Alcázar de los Condestables de Medina de Pomar

Nos dirigimos más al norte y en menos de media hora nos plantamos en Medina de Pomar, el municipio más poblado de la comarca. La que antaño fuera capital de Las Merindades se convirtió en un potente señorío, el de los Velasco, Condestables de Castilla, cuyo poderío es perceptible aún hoy en día en los dos principales monumentos históricos de la ciudad: el Alcázar (conocido popularmente como «Las Torres»), su residencia, y el Monasterio de Santa Clara, panteón familiar.

Alcázar de Medina de Pomar

La mala suerte hizo que por diez míseros minutos no nos permitieran visitar el interior del imponente Alcázar, actual Museo Histórico de Las Merindades. Concebido originalmente como una auténtica fortaleza, su tamaño y belleza sobrecogieron en su día al mismísimo Rafael Alberti, quien en su día escribiera:

«¡A las altas torres altas
de Medina de Pomar.
Al aire azul de la almena,
a ver si ya se ve el mar!
¡A las altas torres mi morena!»
(Poemas de amor, 1967)

Antes de organizar vuestro viaje a Las Merindades, aseguraos bien de no tener problemas con el infame horario de apertura de este monumento. Quien avisa no es traidor.

Castillo de Las Cuevas (Cebolleros)

Ya sabéis cuánto me gusta que en alguna de nuestras rutas se cuele de vez en cuando una de esas rarezas que tanto me gustan. En este caso, la «rareza» en cuestión se encuentra muy cerca de Medina de Pomar, a tan solo 12 kilómetros, en el pequeño municipio de Cebolleros, un pintoresco edificio que levantó con sus propias manos Serafín Villarán, un burgalés afincado en Santurtzi (País Vasco). Resulta que este hombre se casó con su novia de toda la vida, que era natural de Cebolleros, y luego compró un pequeño terreno allí (al parecer sin pedirle permiso a ella, pero esto ya es harina de otro costal…), justo en un lugar donde habían dos pequeñas cuevas centenarias. Como ambos vivían en el País Vasco, solían ir a Cebolleros únicamente los fines de semana y durante las vacaciones de verano. Fue entonces cuando Serafín decidió comenzar a dar forma a un sueño que siempre había tenido: el de tener un castillo.

Castillo de Las Cuevas en Cebolleros

Y así fue como en 1978 comenzó la obra él solo, usando como único material de construcción los guijarros que él mismo recogía de los cercanos ríos Nela y Trueba, además de cemento. Sin tener conocimientos de arquitectura, ni de ingeniería, ni de albañilería. Una locura, ¿no? Eso fue lo que pensó su familia. Pero el caso es que Serafín aprendió por sí mismo y así pasó los siguientes 20 años, levantando poco a poco su construcción, hasta que murió repentinamente en 1998, dejando inacabada una obra que continuaron después su hija Yolanda y su yerno Luís Miguel. El resultado: un edificio de varios pisos con reminiscencias gaudinianas (incluyendo el pasamanos en forma de serpiente, con su lengua y todo). Si tenéis la suerte de encontrar abierto el bar del piso inferior, regentado por Yolanda, podréis visitar todas las estancias del castillo, incluyendo la terraza del piso superior (aún por concluir) y las dos cuevas inferiores, de forma totalmente gratuita (pudiendo dejar, si así lo estimáis oportuno, un donativo a la salida).

Me apasionan los autores del denominado «arte outsider», aquellas personas que, sin ningún conocimiento previo, llevan a cabo obras gloriosas únicamente empujados por su propio instinto creador. Si te interesa el tema, te invito a leer mi artículo cantinelero dedicado a Justo Gallego, el hombre que levantó con sus propias manos la «catedral» de Mejorada del Campo. Puedes hacerlo en ESTE ENLACE.

Catedral de Justo Gallego

Cascada del Peñón (Pedrosa de la Tobalina)

Después de semejante fantasía inesperada nos apetecía algo de poder natural y ¡qué casualidad!, teníamos muy cerca de allí una de las cascadas más célebres de Las Merindades. Me refiero a la Cascada del Peñón, un salto de agua de 12 metros de altura que el río Jerea forma a la altura de la localidad de Pedrosa de Tobalina, en pleno Valle de Tobalina. Como ya dije anteriormente, junio no resulta la mejor época para ser testigo del caudal descomunal que el río suele llevar en épocas de  lluvias intensas, sin embargo, la belleza del lugar resulta motivo suficiente para hacer una breve parada.

Cascada de Pedrosa de Tobalina

Día 2

Nuestro segundo día en la comarca burgalesa de Las Merindades fue sin duda el más completo, como vais a poder comprobar enseguida.

Monumento Natural Ojo Guareña

A primera hora teníamos reservada nuestra visita guiada a la Cueva Ermita de San Bernabé, una de las muchas cavidades que forman parte del Complejo kárstico de Ojo Guareña, uno de los mayores de España y del mundo gracias a sus más de 100 km de galerías interiores.

Accediendo a Ojo Guareña

Situado en la Merindad de Sotocueva, esta maravilla natural en constante evolución ha sido cincelada durante millones de años por la acción geológica e hidrológica de los ríos Guareña y Trema. Además de su extraordinaria extensión, este conjunto de cavidades resulta único por la gran diversidad biológica hallada por los expertos, especialmente faunística (hasta 190 especies de invertebrados, 16 de las cuales han sido catalogadas como únicas en el planeta), y por los restos humanos que evidencian la ocupación del complejo desde el Paleolítico hasta la Edad Media (se han encontrado restos de cerámica, armas, huesos, huellas de pies y pinturas rupestres).

Complejo de Ojo Guareña

Hoy en día la taquilla de Ojo Guareña se encuentra en la antigua «Sala del Ayuntamiento», una cavidad que sirvió hasta el año 1924 como lugar de reunión en concejo de los 25 representantes de las entidades de población que forman el actual ayuntamiento de Cornejo. De todas las visitas que se pueden realizar aquí, la más accesible para todos los públicos es la de la Cueva Ermita de San Bernabé, situada en los niveles más altos de todo el complejo, en un valle ciego conocido como «Circo de San Bernabé».

Solo mediante el acompañamiento de un guía, primeramente se visita la cavidad, un recorrido de 400 metros de singular belleza acondicionado con una pasarela con rampas que ayudan a salvar el desnivel que desciende hasta la última parte de la visita, la Ermita rupestre de San Bernabé, cuyas pinturas populares plasmadas en los muros relatan la vida y milagros de San Tirso y San Bernabé. Se sabe que datan entre 1705 y 1877.

Ermita de San Bernabé

Los más aventureros suelen visitar la Cueva Palomera (con dos recorridos posibles, uno de 2 horas y media y el otro de 4 horas de duración), pero no fue nuestro caso. Resulta muy recomendable, sin embargo, explorar libremente los alrededores en el exterior, sobretodo el sendero que desciende hasta el sumidero del río Guareña. ¡Espectacular!

Sendero que conduce al sumidero del Guareña

Espinosa de los Monteros y los Valles Pasiegos burgaleses

Pues sí, resulta que los Valles Pasiegos no son patrimonio exclusivo de la comunidad de Cantabria y se extienden hasta un extenso territorio perteneciente a la provincia de Burgos. No os voy a engañar, yo tampoco lo sabía, pero un artículo fantástico de Rebeca del blog Viajeros 3.0 me abrió los ojos y propició que decidiéramos visitar la que probablemente sea una de las zonas más bonitas que podáis contemplar en vuestro viaje por Las Merindades. Os lo digo yo: ¡absolutamente imprescindible!

Valles Pasiegos burgaleses

Empezaremos visitando la puerta de entrada a los Valles Pasiegos burgaleses, el pueblo de Espinosa de los Monteros, del que, para ser sincero, no guardábamos grandes expectativas y sin embargo la sorpresa terminó siendo mayúscula. No en vano la villa atesora el mayor número de monumentos catalogados de la provincia después de la capital, muchos de los cuales se pueden contemplar en la denominada «ruta heráldica», que recorre más de una veintena de escudos nobiliarios que encontraréis en diversas torres, palacios, iglesias y casonas.

Espinosa de los Monteros
Espinosa de los Monteros

El centro se encontraba muy animado aquella mañana de domingo. Recuerdo que en la Plaza de Sancho García, de un precioso diseño con soportales y galerías acristaladas, jugaban los niños con sus familias. Nosotros nos limitamos a dar un agradable paseo por el Ayuntamiento, la Iglesia de Santa Cecilia, el Palacio de los Marqueses de Chiloeches… antes de comer, muy bien por cierto, en Tu Casa Gastrobar, ¡todo un acierto!

Plaza de Sancho García

Antes o después de visitar el centro histórico, resulta imprescindible hacer una breve parada en el margen del río Trueba. Cerca de allí, en lo alto de un montículo, se alza un edificio absolutamente imponente: la Torre de los Velasco. Levantada en el siglo XV seguramente como baluarte defensivo, su estado ruinoso actual (hecho del todo incomprensible e inaceptable) ha hecho que la vegetación se haya apoderado de ella, convirtiéndola en uno de los lugares abandonados más románticos que he tenido la suerte de visitar.

Una naturaleza desbordante espera impaciente al tomar la carretera BU-570 desde Espinosa de los Monteros en dirección a los Valles Pasiegos burgaleses. Una vez allí, el deleite visual es tan abrumador que no te deja respirar. A un lado y a otro, inmensas alfombras verdes con sus características cabañas de pastoreo construidas con piedra y pizarra, el último reducto de la vida trashumante de aquellas familias que se ganaban la vida con la ganadería en estas tierras hostiles.

Cabañas pasiegas
Vacas en los Valles Pasiegos

De todas las opciones disponibles, nosotros elegimos continuar siempre por la misma carretera siguiendo el curso del río Trueba en sentido ascendente hasta llegar al Valle de Estacas de Trueba, cuyo punto culminante es la impresionante Cascada de Guarguero, probablemente mi favorita de todas Las Merindades (a excepción de las que hay en Tobera). ¡Un verdadero espectáculo natural! Aunque debíamos continuar con nuestra ruta, sin duda nos quedamos con muchas ganas de explorar mucho más a fondo los demás valles que conforman este bellísimo territorio.

Cascada de Guarguero
Cabaña pasiega en la frontera con Cantabria

Puentedey y la Cascada de la Mea

Si hay un pueblo en Las Merindades que no puedes perderte por nada del mundo, ese es Puentedey, perteneciente a la Merindad de Valdeporres. En realidad, más que un pueblo, se trata de una pequeña aldea de apenas 50 habitantes que ha conseguido colarse recientemente en la lista de los pueblos más bonitos de España. ¿El motivo? Asentarse sobre un arco de piedra natural de 15 metros de altura que ha sido modelado por el río Nela durante millones de años. Un verdadero «puente de Dios», como ha sido conocido siempre por sus vecinos (y de ahí proviene el nombre original del pueblo: Puente Dei).

Puentedey
Arco de piedra natural sobre el que se asientan las casas de Puentedey

Además de esta colosal obra de la naturaleza, en Puentedey encontraréis un coqueto casco urbano con casas solariegas y construcciones populares (incluyendo un antiguo horno de pan rehabilitado y un pequeño museo dedicado a los bolos), un templo románico (la Iglesia de San Pelayo) con una portada en cuyo dintel aparece una rudimentaria representación de un hombre enfrentándose a un reptil, unos miradores de infarto y un marco natural que quita el hipo. No está mal, ¿verdad?

Puentedey
Puentedey

A pocos kilómetros de Puentedey se encuentra otro de los saltos importantes de Las Merindades, la Cascada de la Mea. Ya intuíamos que no íbamos a poder verla con agua ni disfrutar de sus 30 metros de caída en aquella época del año, y así fue, a pesar de lo cual no quisimos dejar pasar la oportunidad de acercarnos. Tenedlo en cuenta a la hora de organizar vuestro viaje.

Eremitorio rupestre de San Pedro de Argés

Entre los siglos VI y X en el territorio de Las Merindades se desarrolló un importante fenómeno eremítico por el que muchos anacoretas decidieron apartarse de la sociedad para practicar su fe en lugares de culto aislados. Fue mucho antes de que existieran las iglesias en las aldeas. Para ello moldearon la roca arenisca en espacios apartados para crear verdaderos templos rupestres, como el de Los Portugueses en Tartales de Cilla (el conjunto más extenso) o el de San Pedro en Argés, el que nosotros visitamos. Os aconsejo visitéis al menos uno de estos muchos espacios para conocer in situ cómo era la vida de estos primeros cristianos.

Eremitorio de San Pedro de Argés

Ruinas del Monasterio de Sta. María de Rioseco

Nuestra última parada del día es una de las imprescindibles de Las Merindades, por muchos motivos. A la entrada misma del Valle de Manzanedo, a orillas del río Ebro, se encuentra un tesoro excepcional, las ruinas del antiguo Monasterio de Rioseco, fundado a principios del siglo XIII, el cual llegó a ser uno de los cenobios cistercienses más importantes de Castilla (sus muros llegaron a albergar hasta 100 monjes). Su esplendor quedó interrumpido en el siglo XIX a causa de la Guerra de la Independencia, primero, y de las leyes desamortizadoras de Mendizábal, después. Y quedó abandonado… ¿para siempre?

Claustro de Sta. María de Rioseco

Por suerte no. En el año 2010, ante la absoluta pasividad institucional y el riesgo de desaparición total del edificio, un colectivo de voluntarios creó la plataforma «Salvemos Rioseco« con el fin de resucitar esta joya histórica y artística. Durante la última década este grupo de voluntarios ha dedicado su tiempo libre a limpiar escombros, consolidar y rehabilitar con sus propias manos un monumento único que hoy en día se ha convertido en un reclamo turístico de referencia en la zona.

Monasterio de Rioseco

La visita, libre y gratuita, comprende todas las dependencias del monasterio, incluyendo la iglesia monacal, la sala capitular o la cilla. Pero sin duda la joya indiscutible del conjunto es el impresionante claustro, reedificado en el siglo XVII, que con su terrorífico aspecto sería digno de una novela de Edgar Allan Poe. Os dejará literalmente sin palabras. Y un consejo: no os vayáis sin subir a la parte alta del edificio, desde allí se obtiene la mejor perspectiva posible de todo el conjunto y su entorno.

Día 3

Como ya he avanzado al principio de mi artículo, hablar de Las Merindades es hablar de arte románico. Con más de 90 localizaciones a lo largo y ancho de la comarca, este territorio es uno de los más ricos en ejemplos de arquitectura románica de toda la Península, y nosotros quisimos conocer algunos de ellos durante nuestro viaje. ¡Vayámonos a la búsqueda de ermitas románicas!

Ruta de ermitas románicas (1ª parte)

San Pantaleón de Losa

Comenzamos con el edificio que probablemente ostenta una localización más espectacular, San Pantaleón de Losa, levantado al parecer a principios del siglo XIII. Ubicado en el Valle de Losa, esta bellísima ermita se yergue en lo alto de la Peña Colorada, un espectacular otero cuya forma recuerda a la de la quilla de un barco. Pero no os preocupéis, se puede llegar hasta la cumbre en coche o bien caminando en un corto paseo ascendente.

San Pantaleón de Losa en lo alto de la Peña Colorada

Es precisamente su peculiar ubicación, unido a las estrambóticas figuras que pueblan su iconografía en capiteles y columnas (especialmente aquellas que flanquean su portada: a mano izquierda, lo que parece ser un atlante; a mano derecha, una especie de serpiente) por las que algunos estudiosos han sugerido la vinculación de este templo con la Orden del Temple. Además de para contemplar este bello ejemplar románico, la otra razón por la que debéis llegar hasta aquí es para tener unas maravillosas vistas del valle y sentiros por unos momentos los amos del mundo.

San Pantaleón de Losa

Sta. María de Siones, San Lorenzo de Vallejo de Mena y San Pedro de El Vigo

Os llevará algo de tiempo llegar hasta el Valle de Mena desde aquí pero os aseguro que merecerá la pena cada kilómetro. No solo por lo bonito del trayecto atravesando el espectacular Valle de Angulo, con sus abruptas montañas y frondosos hayedos, sino también por lo bucólico del paisaje de vuestro destino, cuyo clima y vegetación recuerda inevitablemente a la vecina Vizcaya. El Valle de Mena sirve de escenario al templo de Santa María de Siones, levantado probablemente a finales del siglo XII. Nos encontramos nuevamente ante un edificio que algunos han relacionado con la orden templaria, en parte por la toponimia del pueblo, Siones, que podría hacer referencia al legendario Monte Sión.

Santa María de Siones

Pertenecientes también al Valle de Mena, otros dos edificios cercanos a Siones os brindarán la posibilidad de seguir disfrutando de las sobrias y exquisitas líneas del románico burgalés. Me refiero a las ermitas de San Lorenzo de Vallejo de Mena, con exquisito ábside con influencia del románico lombardo (lo cual no es muy habitual por estas tierras), y San Pedro de El Vigo. A este último vinimos atraídos por el curioso tímpano de su portada, cuya iconografía, se dice, pudo haber recibido influencias artísticas de los pueblos irlandeses, que mantenían constantes vínculos comerciales con los puertos cantábricos, incluso de la mismísima India como han señalado algunos autores.

San Lorenzo de Vallejo de Mena
San Pedro de El Vigo

San Salvador de Escaño

Regresamos sobre nuestros pasos en dirección a la Merindad de Castilla la Vieja. A muy pocos kilómetros de Puentedey, se sitúa la pequeñísima localidad de Escaño, donde encontramos una de las ermitas más antiguas de toda la provincia de Burgos. En este sentido, se considera a San Salvador de Escaño como uno de los pocos edificios románicos de la provincia levantados en el siglo XI.

San Salvador de Escaño

San Miguel de Cornezuelo

Nuevamente en el Valle de Manzanedo, a muy poca distancia de las ruinas del Monasterio de Rioseco, nos dirigimos a la ermita de San Miguel de Cornezuelo, erigida a finales del siglo XII. Hasta allí llegamos atraídos por la curiosidad de ver la serie de canecillos de temática erótica que rodean su perímetro (recuerdo perfectamente haber visto a una mujer «toda espatarrada», entre otras escenas subiditas de tono).

San Miguel de Cornezuelo

Día 4

Durante nuestro cuarto día en Las Merindades dedicamos la mañana a seguir buscando ermitas románicas (especialmente la de San Pedro de Tejada), y la tarde a visitar otros dos pueblos imprescindibles, Tobera y Frías, considerada ésta última la ciudad más pequeña de España.

Ruta de ermitas románicas (2ª parte)

Santos Justo y Pastor de Incinillas

Muy cerca de Bisjueces, pueblo donde nos alojábamos, se encuentra la pequeñísima localidad de Incinillas. Allí admiramos el primer templo de la jornada, la ermita de los Santos Justo y Pastor, cuya fisonomía ha sido visiblemente modificada a lo largo de los siglos, a pesar de lo cual sigue conservando prácticamente intacto su bellísimo ábside, en cuyos capiteles y canecillos se puede apreciar una interesante decoración escultórica.

Ermita de los Santos Justo y Pastor de Incinillas

San Miguel de Valdenoceda

Seguimos adelante hasta detenernos en Valdenoceda, municipio situado ya en el Valle de Valdivielso. Allí pudimos disfrutar de un precioso conjunto monumental compuesto de una iglesia, la de San Miguel (levantada en el último cuarto del siglo XII), y una torre a escasos metros, la Torre de los Velasco, de 20 metros de altura, el tercer edificio que visitábamos que se debía al poder que atesoraban los señores de Medina de Pomar, Condestables de Castilla.

Conjunto monumental de Valdenoceda, con la iglesia en primer término y la torre al fondo

San Nicolás de El Almiñé

Qué bonito nos pareció el pequeño pueblo de El Almiñé, con sus fuentes y su ermita situada justo en el centro… Una auténtica joya donde el viajero podrá encontrar la tranquilidad necesaria antes de retomar de nuevo su camino. Dedicado a San Nicolás de Bari, su precioso templo es uno de los que más nos gustaron de todos los que vimos en Las Merindades. Aunque de factura originalmente románica, diversas transformaciones posteriores modificaron su aspecto hasta su estado actual. Una delicia.

San Nicolás de El Almiñé

San Isidoro de Santa Olalla de Valdivielso

Y de una joya a otra. A muy pocos kilómetros de El Almiñé, a las afueras de un pueblo llamado Santa Olalla de Valdivielso, hallaréis la Iglesia de San Isidoro, que aunque no es románica, bien justificará vuestro desplazamiento. Por lo visto formaba parte de un monasterio dedicada a Santa Eulalia que se levantó ya en el siglo XVI. El entorno que cobija este precioso edificio me encandiló.

San Isidoro de Santa Olalla de Valdivielso

Puente Arenas y San Pedro de Tejada

Nuestra ruta de ermitas debía terminar con el mejor colofón posible, con la que está considerada por su arquitectura románica prácticamente intacta como el ejemplo más destacado del románico burgalés: San Pedro de Tejada. De todos los templos que visitamos, la de San Pedro de Tejada fue la única en la que pudimos acceder a su interior (todos los demás nos los encontramos cerrados y solo pueden ser visitados poniéndote en contacto con el responsable de turno de cada pueblo), eso sí, mediante visita guiada concertada el día anterior. Tenedlo en cuenta a la hora de planificar vuestra visita.

La ermita de San Pedro de Tejada, paradigma del románico burgalés

Situada a las afueras de la localidad de Puente Arenas, esta ermita fue levantada a principios del siglo XII en un elegante y depurado estilo. Sin embargo, debemos situar su origen en el monasterio fundado en este mismo lugar allá por el siglo IX, el más importante por aquel entonces de Las Merindades hasta que el Monasterio de Oña le arrebató el protagonismo. No desvelaré aquí los detalles de esta maravilla, solo os diré que su visita es del todo imprescindible.

San Pedro de Tejada

Si habéis llegado hasta aquí, resultaría una temeridad marcharos sin dar un paseo por Puente Arenas, a mi juicio uno de los pueblos más bonitos de Las Merindades. Eclipsado por la fama de su excepcional ermita, sin duda un paseo por Puente Arenas, con su excelsa iglesia parroquial (otro bello ejemplo de factura románica, aunque alterado posteriormente), sus calles de piedra y sus viviendas impecablemente rehabilitadas, bien justifica una parada.

Iglesia de Santa María de Puente Arenas

Tobera

A mi juicio personalísimo, si hay un lugar que resume la esencia de Las Merindades, ese es Tobera. El conjunto patrimonial que hay a las afueras del pueblo, junto a la carretera que lo conecta con Frías (de la cual depende administrativamente), formado por su puente medieval de origen romano que salva el cauce del río Molinar, el pequeño humilladero del Cristo de los Remedios (siglo XVII) y la ermita de Santa María de la Hoz (del siglo XIII), con los elevados montes de los Obarenes como telón de fondo, compone una de las postales más idílicas de toda España. Un encuadre ideal para fotógrafos y pintores. Un lugar de meditación e inspiración para viajeros y poetas.

Conjunto arquitectónico de Tobera

Pero Tobera eso no es solo este rincón. Precisamente este bucólico paraje es el punto de partida de la maravillosa Ruta de las Cascadas, un paseo apto para todos los públicos que sigue paralelo al río Molinar en su camino hasta el casco histórico del pueblo. La ruta es corta y muy cómoda, con miradores y saltos de agua espectaculares que os dejarán literalmente sin aliento. Esta vez sí tuvimos suerte con las cascadas, que portaban un caudal extraordinariamente abundante. Recuerdo que fue allí precisamente donde más sentimos la fuerza arrolladora de la Madre Naturaleza durante nuestro viaje por Las Merindades.

Frías

Y después de refrescarnos en las cascadas de Tobera, nos esperaba Frías, sin duda el mejor complemento posible para una jornada inolvidable. Hemos vuelto al Valle de Tobalina.

¿SABÍAS QUE…?

A pesar de pertenecer a la Asociación de los pueblos más bonitos de España, Frías atesora el curioso título de ser la ciudad más pequeña de toda España. ¿Cómo puede ser, con apenas 300 habitantes? Todo se debe a una circunstancia histórica. En el año 1435 el rey Juan II de Castilla le concedió el título de “ciudad”, al parecer con el fin de poder intercambiarla años más tarde a Pedro Fernández de Velasco, Conde de Haro, por la de Peñafiel. En aquel momento los habitantes de Frías no estuvieron contentos con la decisión, de modo que se levantaron contra su nuevo señor. Tras un largo asedio, finalmente pudieron ser sometidos, momento a partir del cual Frías se convertiría en un importante lugar de señorío. Actualmente, la fiesta más relevante de la ciudad, la Fiesta del Capitán, conmemora aquella rebelión del pueblo de Frías contra el poder feudal.

Frías

Admirar la Iglesia de San Vicente y subir hasta lo más alto de la Torre del Homenaje del Castillo de los Velasco, una de las fortalezas roqueras mejor conservadas de toda la provincia, son dos cosas imprescindibles que hay que hacer en esta villa medieval levantada sobre un cerro conocido como «la Muela». Ambos edificios datan del siglo XIII y cumplieron una clara función defensiva, lo que es palpable en sus respectivas arquitecturas.

Iglesia de San Vicente

Salvando la pendiente del cortado rocoso se apiña, además, un caserío organizado en estrechas y empinadas calles con casas de adobe, entramado de madera y toba, algunas de ellas colgadas literalmente de la roca, desafiando la ley de la gravedad.

Frías

No debéis abandonar Frías sin acercaros a orillas del río Ebro para contemplar uno de los más bellos puentes románicos de España, el cual se levantó sobre los restos de uno romano anterior. En el siglo XIV se construyó en él una torre que tenía la función de controlar el paso y cobrar el impuesto de portazgo de aquellos que atravesaban la antigua vía comercial que unía la meseta y la costa cantábrica.

Puente medieval de Frías

Día 5

Bonus extra: Orbaneja del Castillo

Resultaría un pecado mortal venir a esta parte del mundo y no acercarse a visitar uno de los pueblos más bonitos de España, Orbaneja del Castillo, a pesar de no pertenecer administrativamente a Las Merindades. Principalmente debido a su marco natural privilegiado, el Valle de Sedano (aquel donde hubiese querido nacer Miguel Delibes), que pertenece al Parque Natural Hoces del Alto Ebro y Rudrón, un lugar donde el curso del río Ebro ha tallado durante miles de años una obra titánica en forma de cañón gigantesco con formas de auténtica fantasía, como esas curiosas rocas a las que llaman popularmente el «beso de los camellos». Para poder admirar todo esto, tendréis que subir hasta el mirador natural que hay situado en la parte alta del pueblo. No os llevará mucho tiempo y la subida es cómoda.

Orbaneja del Castillo desde el mirador natural

Pues ahí incrustada es donde se encuentra esta antigua villa a la que divide literalmente en dos una cascada cuyas aguas van a alimentar al propio Ebro. Lo llamativo del asunto es que este salto de agua produce una serie de terrazas escalonadas en forma de pozas con musgos y líquenes que le dan un color turquesa realmente especial y que se producen a causa de la saturación de carbonatos del agua que procede de los acuíferos kársticos. No importará la época en la que vengáis o si la cascada lleva mucho o poco caudal: la imagen de Orbaneja del Castillo desde la carretera siempre resulta inolvidable.

Cascada de Orbaneja del Castillo

Recomiendo, como hicimos nosotros, ir a encontrar el origen mismo de esta cascada en la Cueva del Agua, ubicada en la base del circo rocoso que abraza al pueblo, proveniente de un acuífero localizado en el subsuelo del Páramo de Bricia. Encontraréis fácilmente la entrada a la cueva partiendo desde la Plaza Mayor, previo pago de la entrada.

Después de esto, y si no sois unos apasionados del senderismo y el turismo de aventura, lo único que os quedará por hacer en Orbaneja del Castillo es disfrutar sin prisas de un tranquilo paseo a través de sus antiguos molineros harineros que aprovechaban la fuerza de la corriente del agua y de su conjunto histórico de casas de estilo tradicional montañés, donde la cercana Cantabria nuevamente se deja sentir.

Orbaneja del Castillo

Alojamientos cantineleros

Hotel Rural Anamari (Cigüenza)

Situado a dos kilómetros de Villarcayo, este sencillo hotel rural es limpio y económico, y ofrece una ubicación ideal para visitar el Monumento Natural de Ojo Guareña. En su restaurante, el mejor de toda la zona, podréis degustar la sabrosa gastronomía tradicional de la zona a un precio más que asequible. ¡Todavía recuerdo aquellas carnes a la brasa, con esos suculentos postres caseros!

Hotel Anamari (Fuente de la imagen: web del alojamiento)

Hotel Rural La Torre de Bisjueces (Bisjueces)

Esta antigua casona del siglo XVII rehabilitada en hotel rural se encuentra en el pequeñísimo pueblo de Bisjueces, en el mismísimo corazón de Las Merindades, lo cual lo convierte en la base de operaciones ideal para moverse por la comarca. Un dueño muy atento a todas las necesidades y unas habitaciones que, a pesar de disponer de las comodidades modernas, conservan el encanto de lo tradicional. Un lugar perfecto para disfrutar de un merecido descanso tras una larga jornada. Eso sí, ¡tened en cuenta que no hay restaurantes en el pueblo!

Hotel La Torre de Bisjueces (Fuente de la imagen: web del alojamiento)

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2 comentarios

  • María

    Hasta no hace mucho, el monasterio de San Salvador de Oña, era lo que se llamaba en Burgos «un manicomio». Era muy burgalés decir, «estás para cerrar en Oña»
    Afortunadamente hay cosas que cambian

    Y se que has dejado para el próximo viaje, cuando vengas a verme, la zona de la lora (zona petrolífera de España) y Santa María de Valpuesta, donde parece que se originó el castellano. Por aquí te espero!

    • Rafael Ibáñez

      Qué curioso, amiga! No conocía ese dicho burgalés, me encanta saber este tipo de cosas. Por supuesto, te tomo la palabra y la próxima vez que vaya por tierras burgalesas espero que me enseñes algunas de las maravillas que me quedan por conocer!! Un besazo, compi!

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