Comunidad Valenciana,  ESCAPADAS BREVES,  PUEBLOS BONICOS

Un fin de semana en Fageca, donde el tiempo pasa de puntillas

Dicen que la belleza está en el interior y el de Alicante es bastante desconocido. Guadalest y Alcoy, si acaso, y poco más. Pero más allá de la costa y del turismo de playa existen joyitas rurales por las que el verbo «escaparse» aún cobra todo el sentido. Fageca y el Valle de Seta son uno de esos tesoros desconocidos a los que nadie hace caso (al menos, todavía), pues no aparece en ninguna lista de «lugares que ver en la provincia de Alicante». Craso error, de acuerdo. Pero también una bendición para los que buscamos un lugar donde sentir que el tiempo transcurre algo más despacio.

Fageca

Hoy os voy a hablar de un lugar sereno entre montañas de caprichosas formas llamado Fageca. Un lugar donde el tiempo pasa de puntillas.

Al amparo del Valle de Seta

No nos avergüenza decirlo. Nosotros también desconocíamos la existencia del histórico Valle de Seta, uno de los territorios menos poblados de toda la provincia alicantina, formado por siete municipios, solo siete, que además se encuentran entre los más pequeños y despoblados de toda la Comunidad Valenciana: Gorga, Balones, Tollos, Famorca, Benimassot, Quatretondeta y Fageca.

«Deberíamos hacer la compra antes de ir», le dije a Elena antes de partir, pues sabía que en aquel pueblo perdido de la mano de Dios en el que íbamos a pasar los próximos dos días no habían supermercados, ni siquiera tiendas de comestibles. Así que compramos toda la mercancía que pudimos, la cargamos en el coche y emprendimos el trayecto que nos separaba de aquel pequeño municipio. Tras dejar la autovía principal, la carretera se tornó en sendero y las montañas en otras más altas. A medida que nos acercábamos a nuestro destino, nos preguntábamos cómo había sido posible que hasta ese momento aquella zona hubiese escapado al punto de mira de esos instagrammers ávidos de nuevos horizontes que conquistar.

Valle de Seta

Este nuevo fenómeno, me refiero a Instagram, ha producido cambios significativos en los hábitos del viajero, quien ahora tiende a centrarse en determinados lugares en detrimento de otros muchos que permanecen en la sombra, esperando ser descubiertos, circunstancia que conlleva una ventaja nada desdeñable: que aún existan territorios en los que se pueda desconectar de verdad. Sí, sí, como antes de que existieran las redes sociales. Como cuando viajábamos con nuestros padres en el asiento trasero del coche, mapa en mano, sin haber consultado previamente ningún blog de viajes. Pues bien, el Valle de Seta es uno de estos territorios.

Nada más llegar a Fageca, nos sorprendió no encontrar prácticamente a nadie en el pueblo, a excepción de la persona encargada de recibirnos y de una o dos personas más. Vale que Fageca es un pueblo pequeño (apenas unos 100 habitantes censados). Vale que era viernes por la tarde. Y que conste que no esperábamos una acogida digna de un ministro, pero lo cierto es que no deja de descorazonar el drama de la despoblación del mundo rural, por muchas veces que uno sea testigo de ello.

Fageca

Esa persona que nos estaba esperando se llamaba Eleuterio, alias Lute, quien estaba al cargo de la única casa rural que hay en Fageca. Su historia nos conmovió: resulta que Lute no era de Fageca, sino de Alicante capital, y había decidido dejar su trabajo y su vida anterior para buscar un lugar donde encontrar sosiego y le permitiera volver a reconectarse consigo mismo. Gracias al proyecto REVIU, impulsado por la Generalitat Valenciana para fomentar la repoblación del mundo rural, Lute llegó a Fageca con la misión de ayudar a dinamizar el turismo local. Según lo que él mismo nos contó, su primera idea había sido buscar establecerse en algún pueblo de Extremadura o de Asturias, pero más tarde pensó: «¿para qué irme tan lejos si puedo buscar en mi propia provincia?». Así fue como encontró su nueva casa en Fageca, ese lugar sereno entre montañas de caprichosas formas.

Nuestro anfitrión, Lute

Un entorno privilegiado

Durante la mañana del sábado el propio Lute nos acompañó hasta uno de los lugares más curiosos e interesantes del municipio, dos de los misteriosos petroglifos que se encuentran cerca del cementerio (que por cierto es uno de los más altos de toda la provincia), en plena montaña, concretamente en una zona formada por rocas que el viento y los elementos se han encargado de moldear durante millones de años. Hay que tener en cuenta que no existe indicación ni camino alguno y que uno debe hacer un poco el cabra para llegar hasta ellos, pero merece mucho la pena si uno quiere admirar estas curiosas formas con significado incierto que podrían tener hasta 10.000 años de antigüedad, según algunas investigaciones.

Petroglifo de Fageca

Nuestro acompañante también nos informó de la existencia de otros lugares próximos de gran interés. Me refiero por ejemplo al Yacimiento de la Salema, de notable importancia paleontológica, pues allí se recuperaron más de 300 restos óseos pertenecientes a grandes mamíferos del Pleistoceno superior, y a la Cueva de Bernat, donde se hallaron diversos útiles como raspadores y punta de flechas prehistóricas. Esta última, así como los diversos conjuntos de pinturas rupestres que hay en la zona del Carrascar, confirmarían la presencia de comunidades humanas en esta zona ya desde finales del Paleolítico. Desde el Ayuntamiento se está trabajando para proteger y poner en valor todos estos espacios.

Banco en medio de la montaña

La Cueva de Bernat se puede visitar durante el recorrido que asciende al Pla de la Casa, que con sus 1.379 metros de altura es el pico más alto de la Sierra de la Serrella, una de las formaciones montañosas más indómitas y espectaculares de la geografía alicantina (tanto es así que el Pirineo alicantino, como se le conoce, forma parte de la Red Natura 2000). A lo largo de esta ruta senderista circular de 14’3 kilómetros (PR-CV 182) que parte precisamente del lavadero público de Fageca, se atraviesan otros muchos atractivos como los restos del castillo de Xeroles (el más alto de toda la provincia y que funcionó entre los siglos XI y XIII), el Barranco del Moro, la Font Roja o un pozo de nieve del siglo XVIII de 13 metros de profundidad. Los que se han animado a hacer esta ruta dicen que se tarda entre 5 y 6 horas en completarla.

Caminando por Fageca

Espero que nuestros amigos montañeros no se molesten con nosotros pero aquel fin de semana Elena y yo decidimos que no íbamos a invertir nuestro tiempo en hacer esta ruta, sino en abandonarnos a las caminatas dulces y sosegadas, como aquella que hicimos explorando el pequeño casco histórico del pueblo justo después de que Lute se despidiera de nosotros.

Fageca

El paseo nos supo a poco, porque nos parecieron muy bonitas esas calles que, apoyadas en la montaña, ascienden y descienden como las del Albaicín granaíno, de modo que volvimos a recorrerlas en diferentes momentos del día, disfrutando de esas casas antiguas de colores rehabilitadas con gusto, respetando la esencia de antaño. En la fachada de muchas de ellas colgaba y nos tentaba el cartel de «SE VENDE»: un drama para unos, una oportunidad para otros.

Fageca

A pesar de ser un pueblo de interior, en él se respira la fragancia del Mediterráneo. Bien podría ejercer como telón de fondo el mar en vez de la imperial Sierra de la Serrella, y las gaviotas bien podrían sustituir a las águilas reales o los chotacabras, pues el entramado urbano te transporta inevitablemente a algún escenario de costa. En mi cuaderno de notas anoté «a momentos me parece estar en Cadaqués, a momentos en Ibiza».

En la plaza principal confluyen su Ayuntamiento, la Iglesia de l’Esperit Sant, del siglo XVI, y en uno de sus extremos una amalgama cubista de fachadas, balcones y chimeneas. A sus pies, un pequeño parque infantil cumple la función de atraer a los más jóvenes como lo hacía la casa de caramelo de la bruja en el cuento de Hansel y Gretel. Qué bonito sería imaginar que muchos niños y niñas quedarán atrapados por el embrujo de este parque y se quedarán a construir nuevas vivencias en Fageca, prolongando un linaje que corre el riesgo de desaparecer a causa de ese monstruo cruel llamado «despoblación».

Plaza principal de Fageca
Plaza principal de Fageca

¿SABÍAS QUE…?

En esta misma plaza se erigía el que era el anciano más querido del pueblo, un olmo centenario que con su sombra cobijó los sueños de varias generaciones de fagequins y fagequines y al que dio muerte la enfermedad de la grafiosis repentinamente en el año 2006. Con el fin de mantener vivo su espíritu y su recuerdo, se decidió trasladar su tronco, al cual se le aplicó un tratamiento especial para evitar su putrefacción, a otro lugar. Hoy en día puede ser admirado junto al polideportivo.

Monumento al olmo de Fageca

La floración del almendro

Cualquier momento del año es propicio para venir a Fageca pero nos habían dicho que su naturaleza se maquilla y se pone especialmente guapa a mediados de febrero, cuando tiene lugar la floración del almendro, un fenómeno natural que, si bien tiene lugar por todo el Valle de Seta, resulta especialmente llamativo e intenso en Fageca.

Floración en Fageca

Desde el propio pueblo, uno queda prendado al contemplar la falda de la montaña salpicada de puntitos de tonos blancos y rosados, como si de gotas de acuarela se trataran. En esta época lo mejor que uno puede hacer es ponerse a explorar los alrededores en busca de algún campo de almendros en flor donde improvisar alguna sesión de fotos, y es que malgastar semejante escenario sería caer en una descortesía absoluta hacia la Madre Naturaleza. Nosotros lo hicimos con diferentes luces, a primera hora de la mañana y a última de la tarde.

Floración en Fageca
Floración en Fageca

Conociendo otros pueblos del valle

Nuestra curiosidad nos llevó a explorar otros pueblos que también forman parte del Valle de Seta. Al primero de ellos, Famorca, llegamos a pie desde Fageca a través del llamado Camino Real, un agradable sendero de 2 kilómetros entre cultivos ideal para hacer un poco de ejercicio al aire libre y hacer hambre antes de comer.

Camino Real de Fageca a Famorca
Famorca

Famorca

Famorca, cuya toponimia remite a la repoblación mallorquina de esta comarca, es uno de los pueblos más pequeños de toda la Comunidad Valenciana. En efecto, visitar Famorca lleva poco tiempo, apenas son cuatro calles contadas. Recuerdo que al llegar allí nos dio respeto alzar demasiado la voz, por aquello de que resonaba en las paredes al no encontrar ni un alma en sus calles. Era la hora de comer e imagino que casi todos sus habitantes se encontraban haciendo la comida en el interior de sus casas.

Tras cruzar la calle principal de arriba a abajo hasta la Iglesia de San Cayetano, del siglo XVI, nos dirigimos al parque público recién reformado, muy próximo al Bar La Font, donde nos sentamos en una mesa junto a la de algunos parroquianos que nos hicieron una radiografía completa durante varios segundos en completo silencio. Las cosas de los pueblos… Al poco rato comenzaron a llegar algunos moteros, y es que junto a Tollos y Benimassot, también en el Valle de Seta, Famorca forma parte de la denominada Ruta 99, un recorrido turístico que une a los 24 municipios que cuentan con menos de 100 habitantes con el fin de darles visibilidad.

Famorca
Famorca

Tollos

Dedicamos la jornada del domingo a visitar otros tres municipios, Tollos, Benimassot y Quatretondeta. Hasta allí llegamos en un corto trayecto en coche, pues ya quedan algo más alejados de Fageca. De todos ellos nos gustó especialmente Tollos, quien guarda el mismo trazado urbano desde hace siglos y una cantidad notable de rincones fotogénicos.

En el camino ascendente que conduce hasta el campanario de la Iglesia de San Antonio Abad, único vestigio que ha sobrevivido (aunque restaurado) de lo que fue su antigua fortaleza islámica en lo alto del pueblo, nosotros nos topamos con más de una casa que nos hubiéramos querido agenciar. Un lugar muy cuidado y enormemente inspirador. Nuevamente la fragancia del Mediterráneo en un pueblo de interior.

Campanario de la iglesia de Tollos
Rincones de Tollos

Benimassot

A Benimassot, el pueblo vecino de Tollos, lo llaman «el balcón de la Serrella» no por casualidad. Gracias a su privilegiada ubicación, desde su paseo-mirador con blanca balconada se obtienen una de las mejores panorámicas de todo el valle.

Mirador de Benimassot
Benimassot

Existen tres calles en Benimassot cuyo pavimento ha sido recientemente restaurado con la misma técnica del empedrado de antaño. También hay un pasaje con azulejos, un antiguo trinquet donde desde muy antiguo se ha jugado a la pelota valenciana. Ambos detalles delatan a una localidad comprometida con la recuperación de sus tradiciones.

Quatretondeta

Para terminar este fin de semana dedicado al sosiego de mente y cuerpo, quisimos dar un breve paseo por Quatretondeta. Una placa en su Ayuntamiento recuerda a Matilde Pérez Mollá, quien en 1924 se convirtió en la primera alcaldesa de la historia de España.

Quatretondeta
Quatretondeta

A pesar de que sus calles quizás no resulten tan «resultonas» como las de los anteriores, Quatretondeta presume orgullosa de su monumento geológico estrella, els frares o agulles de la Serrella, un conjunto de pináculos de roca caliza de hasta 50 metros de altura situados en la cara norte de la sierra que comparte con Fageca (reciben su nombre en valenciano, frares, por su parecido a una procesión de frailes). Este paisaje de excepción que desafía a la gravedad con semejantes formas imposibles ha sido esculpido por la erosión del agua y el hielo a lo largo de milenios. Numerosas rutas senderistas que parten desde Quatretondeta se adentran a conocer este excepcional marco natural.

Els frares de Quatretondeta

Con la visión de estos colosos nos despedimos del Valle de Seta, volviendo a nuestras vidas. Y de repente tuvimos la sensación de que el tiempo volvía a correr, como siempre lo había hecho. «Será que en Fageca transcurre más despacio», pensé. ¿No es esto precisamente lo que buscamos cuando pensamos en un fin de semana?

Quiero dedicar este artículo a Elena, mi ángel, por compartir conmigo el tiempo dentro del tiempo, y al alcalde de Fageca, Ismael, por hacer posible que el Valle de Seta ya no sea más un desconocido para nosotros.

¡Hasta la próxima, cantineleros!

¿Dónde comer?

Bar La Font (Famorca)

En una zona donde no abundan precisamente los sitios donde sentarse a comer, el único bar que hay en Famorca ofrece sencillos y económicos menús del día confeccionados a base de comida casera caliente. Durante un buen día de sol resulta muy agradable disfrutar de su terraza en un marco natural envidiable.

Bar-Restaurante L’Om de Fageca (Fageca)

Durante nuestra cena en el bar del Polideportivo de Fageca pudimos disfrutar de la cocina innovadora de su nueva gestora, Alba. ¡No perdáis la oportunidad de probar sus tapas en algún momento de vuestra estancia en Fageca!

¿Dónde dormir?

Casa la Mestra

Una de las únicas casas rurales que hay en Fageca es La Mestra. Modesta, agradable, con ese olor a pueblo tan característico. Una casa rural como las de antes, compuesta por un salón con chimenea (leña incluida), tres habitaciones, una cocina bien equipada con todo lo necesario y un aseo. Después de un sueño reparador, levantarse cada mañana con vistas a la coqueta plaza principal de Fageca y a la montaña, ¡no tiene precio!

Casa La Mestra

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