Blanca Salzburgo

Después de una noche reparadora nos levantamos, tomamos el desayuno en el bonito hotel y nos despedimos de la amable dueña. Cogemos el coche y nos preparamos para un viaje de aproximadamente dos horas hasta la ciudad de Salzburgo, ya en Austria. Teníamos muchas ganas de conocer este país y en especial esta maravillosa ciudad, de la cual habíamos leído comentarios muy positivos. Además nuestro amor por la música clásica y en especial por Mozart, bien merecía esa visita. A continuación os mostramos el recorrido, que llevamos a cabo principalmente por autopista:

Itinerario

Habíamos leído que resultaba bastante complicado aparcar en el centro de Salzburgo, por lo que ya teníamos un plan preparado para esta eventualidad. Pusimos en nuestro GPS la dirección del Park and Ride Sud de Salzburgo, y allí dejamos el coche. Existen tres Park and Ride en Salzburgo y el más barato era este, desde allí coge un autobús que en menos de 10 minutos te deja justo en el centro, así te despreocupas de dónde dejar el coche. En total, el parking y los billetes de autobús de ida y vuelta nos costaron 14€. Lo cierto es que podíamos haber buscado aparcamiento pero esta opción nos pareció la más rápida y la que menos complicaciones conllevaba.

Una vez montados en el autobús ya sólo tuvimos que empezar a disfrutar de la ciudad. Decidimos ir directamente a la parada más cercana de los Jardínes del Palacio de Mirabell.

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Jardines de Mirabell
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Jardines de Mirabell con el castillo al fondo
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Palacio de Mirabell

Como veis por fin el tiempo nos daba una tregua y no llovió durante todo el día, incluso llegó a salir el sol. Paseamos por los jardines como dos príncipes del siglo XVIII, en dirección al río al Salzach. Cruzamos el puente y nos deleitamos con las vistas.

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Puente sobre el río Salzach

Seguidamente llegamos en unos pocos minutos al pie del funicular que te sube al mirador Monchsberg, dónde se obtienen probablemente las mejores instantáneas de toda la ciudad. Habíamos adquirido momentos antes la Salzburg Card en uno de los kioskos turísticos, nos costó 54€ los dos y con ella puedes acceder libremente y sin colas a todos los monumentos y atracciones turísticas de Salzburgo, así como también a toda la red de transportes públicos. Validamos por primera vez nuestra Salzburg Card en las taquillas del funicular, subimos y nos encontramos con esta panorámica:

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Salzburgo

Al bajar del mirador necesitábamos reponer fuerzas y ambos teníamos muchas ganas de probar el famoso schnitzel austriaco. Muy cerca de allí, en uno de los callejones que desembocan en la Getreidegasse, encontramos un restaurante intimo, con buena atención y con muy buena relación calidad-precio. Se trata del café-restaurante Beberly en la calle Griesgasse, nº29, sin duda una muy buena elección.

Después de comer pusimos rumbo a la Getreidegasse, una de las calles con más encanto que hemos visto, a pesar de los muchos turistas que la visitan todos los días. No dudéis en explorar sus callejones, pues os llevaréis más de una sorpresa.

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Calle Getreidegasse

A mitad de la calle se ubica la famosa Mozarthaus, la casa donde el genial compositor nació en 1756. Tenemos que decir que la visita nos resultó insuficiente y la consideramos completamente prescindible para una próxima vez, ya que siendo nosotros unos grandes admiradores de su música, esperábamos algo más interesante, si obviamos el hecho de que puedes estar justo en la habitación donde él vino al mundo. Fuera de eso, poco más…

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Mozarthaus

Seguimos con nuestro recorrido hasta Kranzl Markt para llegar a Residenz Platz. Las plazas de Salzburgo son amplias, blancas, limpias, con unos edificios de un tono pastel elegantísimo.

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Fachadas de Salzburgo
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Plaza de Salzburgo
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Plaza de Salzburgo

Residenz Platz es el centro neurálgico del denominado Dom Quartier, formado por la Residenz, la Residenz Galerie y la Catedral, un conjunto monumental de palacios y museos. Como no queríamos perdernos la visita al Castillo de Salzburgo, dimos una vuelta rápida a todo el complejo, ya que además la visita la teníamos incluida en la Salzburg Card.

 

La Catedral es un edificio grandioso, de un interior barroco fastuoso. La fachada, imponente, puede ser contemplada desde la Dom Platz.

 

Al salir de allí nos fuimos a visitar una de las muchas iglesias, Franziskaner Kirche, también de estilo barroco.

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Franziskaner Kirche

Seguimos la ruta hacia otra de las plazas, Kapitel Platz, la cual se encontraba abarrotada de gente a causa de un evento deportivo que se estaba celebrando en ese momento. La cruzamos rápidamente, no sin antes sacar una instantánea del castillo.

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Castillo de Salzburgo desde Kapitel Platz

Llegamos a unos de los lugares más especiales y estéticos de la ciudad, el cementerio de San Pedro es uno de los más famosos y bonitos del mundo, anclado junto a la imponente mole de la montaña, con sus airosas arcadas y los enterramientos de gentes notables.

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Cementerio de San Pedro

 

Después de visitar también la Abadía de San Pedro y las catacumbas nos dirigimos al funicular para subir al castillo.

 

 

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Catacumbas

Por supuesto la subida al castillo, la Fortaleza de Hohensalzburg, la teníamos incluida y en menos de cinco minutos estábamos arriba. Dicha fortaleza es la mayor de centroeuropa conservada en su totalidad, se dice que jamás ningún enemigo consiguió conquistarla por completo. Su interior es en sí toda una ciudad en miniatura, tiene un curioso y pequeño museo de marionetas y unas vista de la ciudad tan espectaculares como las del monte Monchsberg.

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Panorámica desde el castillo
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Panorámica de la ciudad desde el castillo

Después de algo más de una hora visitando el castillo, volvemos bajar con el funicular y nos dedicamos a disfrutar de los pequeños y mágicos rincones que se encuentran escondidos por toda la ciudad. En uno de ellos decidimos sentarnos en un café precioso y probar nuestro primer trozo de tarta Sacher. Mmmm… delicioso…
Seguimos callejeando, Inma se quedó prendada de una de las tiendecitas típicas de adornos de Navidad y la verdad es que yo también me enamoré… Esta ciudad en época navideña tiene que salirse de bonita…

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Tienda de adornos de navidad

Después de un día maravilloso, tenemos que decir que Salzburgo nos dejó un buenísimo sabor de boca, una de las ciudades más bonitas y con más encanto que hemos visto. Volvemos a coger el autobús para ir al parking, recogemos el coche y media horita después estábamos recorriendo los verdes prados de Salzkammergut. A las afueras de un pueblo pequeñito llamado Sankt Koloman, en las alturas de la montaña se encontraba nuestro próximo lugar de descanso, una casita de madera que no olvidaremos fácilmente.

Silencio absoluto. Nuestra única compañía, vaquitas y ciervos. ¡¡Buenas noches!!

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