Cañón del Río Lobos – El Burgo de Osma – Morón de Almazán – Almazán

¡Buenos días cantineler@s!

Amanece nuestro cuarto y penúltimo día en la provincia de Soria y mis amigos y yo estamos dispuestos a exprimirlo a tope. Para empezar haremos una breve parada en el interior del Parque Natural del Cañón del Río Lobos donde visitaremos una de las muchas joyas que atesora: la Ermita de San Bartolomé. Después, nos dirigiremos a la bellísima localidad de El Burgo de Osma donde disfrutaremos a partes iguales de todo su patrimonio así como de unos buenos torreznos. Finalizaremos el día en la comarca de Tierras de Almazán para conocer dos pueblos muy interesantes: Morón de Almazán y Almazán, el cual nos brindará diversas sorpresas inesperadas. ¿Te subes a nuestro coche?

Hoy nos toca volver a hacer las maletas después de pasar las dos últimas noches en Las Candelas de Torreandaluz, pues la última noche la pasaremos en Almazán. Esta vez no nos tocó buscar un sitio para desayunar, pues habíamos hecho la compra el día anterior, así que después de cargar nuestros bártulos en mi querido Hyundai pusimos rumbo a uno de los lugares más enigmáticos de toda la provincia: la Ermita de San Bartolomé, a la entrada del Parque Natural del Río Lobos. ¡Empezamos con un auténtico plato fuerte!

Ermita de San Bartolomé, esoterismo en el Cañón del Río Lobos

Sería una absoluta necedad afirmar que conoces el Cañón del Río Lobos si únicamente has visitado la Ermita de San Bartolomé, ya que el paraje que envuelve este minúsculo templo románico representa solo una ínfima parte de las más de 10.000 hectáreas de un territorio protegido que pertenece en sus tres cuartas partes a la provincia de Soria y en una cuarta parte a la de Burgos. Y es que en esta ermita, dotada de una belleza sin igual, parecen querer concentrarse todos los atractivos propios de un gigantesco cañón de origen kárstico que, en realidad, tiene una extensión de 25 kilómetros. Atractivos como la espectacularidad paisajística o el misticismo de un lugar cargado de una energía muy especial. De ahí que sea el lugar más visitado de todo el parque.

Cañón del Río Lobos

Sin embargo, el Cañón del Río Lobos ofrece mucho más, especialmente a los amantes del senderismo y el ciclismo, pues existen diversos senderos a seguir repletos de miradores, puentes y otros lugares de gran interés. El más importante de todos ellos es la llamada Senda del Río (o PR SOBU-65), un camino lineal de 24 kilómetros que recorre el cañón al completo, desde Ucero hasta Hontoria del Pinar, y que es posible transitar también parcialmente, dando la vuelta en el momento que consideremos más oportuno. Aunque el terreno resulta algo irregular en determinadas zonas, se trata de una ruta prácticamente llana y sin dificultades técnicas.

Cañón del Río Lobos

Nosotros contábamos con un margen de tiempo muy ajustado, pero por nada del mundo queríamos perder la oportunidad de conocer una pequeña pincelada de este lugar. Accedimos al Parque Natural a través de una de sus puertas de entrada, la de la Galiana, la más conocida y transitada por los visitantes, pasando por Ucero, un pueblo con encanto rural gobernado en lo alto de una meseta por un castillo que, al igual que en el caso de la Ermita de San Bartolomé, parece ser de origen templario. Después de dejar el coche en uno de los aparcamientos habilitados, recorrimos a pie la corta distancia hasta el templo entre chopos, sauces y encinas, proporcionando aire puro a nuestros pulmones. El paraje que encontramos al final del trayecto en completa soledad y a primera hora de la mañana nos dejó sin palabras.

Ermita de San Bartolomé
Ermita de San Bartolomé

Al amparo de paredes milenarias y el meandro de un río de aguas cristalinas y sosegadas (el río Lobos), se yergue solitaria San Bartolomé, erigida a principios del siglo XIII, posiblemente como oratorio del desparecido Monasterio de San Juan de Otero, que a su vez estaba vinculado a la Orden del Temple. La enigmática iconografía de sus capiteles y canecillos ha alimentado el imaginario popular durante siglos, como en todo lo concerniente a las construcciones templarias. Algunos estudios han señalado la presencia de corrientes telúricas alrededor de este edificio. Sin duda, el lugar, especial es. Lástima que no pudiésemos visitar el interior.

Ermita de San Bartolomé
Ermita de San Bartolomé

Justo por detrás de la ermita, mis amigos y yo pudimos adentrarnos en la Cueva Grande, una de las múltiples concavidades que la erosión de las aguas formó hace millones de años como grutas subterráneas y cuya forma recordaba al poeta y periodista Agustín de Foxá al de una vulva femenina. Efectivamente, según algunos antropólogos esta cueva pudo servir de lugar sagrado para las comunidades prehistóricas que se establecieron aquí, dando lugar a una sacralización del lugar como una vulva de la Madre Tierra. La presencia de pinturas rupestres (que nosotros no acertamos a vislumbrar dada la oscuridad en la que nos vimos sumergidos) y otros hallazgos arqueológicos apuntarían a dicha hipótesis.

Ermita de San Bartolomé desde el interior de la Cueva Grande

Al salir de la cueva nos dedicamos a pasear por los alrededores y yo, a hacer mil y una instantáneas. Y es que la belleza del lugar da para eso y mucho más. Todo amenizado por los notorios graznidos de los buitres leonados que sobrevolaban toda la zona. Justo antes de marcharnos, las nubes se abrieron y un oportuno rayo de sol incidió sobre San Bartolomé, añadiendo todavía más misticismo si cabe a la escena.

Ermita de San Bartolomé
Cañón del Río Lobos
Ermita de San Bartolomé

El Burgo de Osma, la ciudad deslumbrante

La ciudad que más me gustó de todas las que vimos en la provincia de Soria fue El Burgo de Osma. Por sus monumentos, por su historia y por el aspecto de la villa, limpia, blanca, señorial. En una palabra: deslumbrante. Lo primero que hay que decir es que en realidad el municipio está formado por dos núcleos urbanos vecinos separados por el río Ucero: la Ciudad de Osma y el Burgo de Osma.

El Burgo de Osma

Aunque el segundo surgió del primero, ambos comparten los mismos orígenes: una ciudad celtibérica llamada Uxama Argaela, que se encontraba en el Cerro Castro, donde siguen estando hoy en día sus ruinas (visitables, por cierto). Como ocurrió en Numancia, en Tiermes y en otras muchas ciudades arévacas, Uxama sucumbió a la conquista romana y se convirtió en una destacada ciudad situada en la vía de comunicación que unía Caesaraugusta (la actual Zaragoza) y Asturica (Astorga). Más tarde llegaron los visigodos, que la convirtieron en sede episcopal, y luego los musulmanes, quienes construyeron atalayas (una de ellas, aún visible) desde donde poder tener contacto visual con el Castillo de Gormaz, entre otros.

Durante la época de disputa entre musulmanes y cristianos, estos últimos deciden asentarse en el cerro vecino, en el margen izquierdo del río, y construir un castillo que cambió de manos varias veces hasta la definitiva conquista por parte de los castellanos a principios del siglo XI, después de la caída de Almanzor (supuestamente en Calatañazor). Los restos de lo que queda del Castillo medieval de Osma y de sus antiguas murallas siguen viéndose imponentes desde cualquier punto de la ciudad.

Castillo de Osma, con el Puente romano (rehabilitado recientemente) cruzando el río Ucero en primer término

A partir de entonces la población cristiana fue abandonando el cerro del castillo y fue trasladándose progresivamente al llano, al lado derecho del río, ocupando lugar de la actual población de Osma. En el año 1101, tras la restauración de la diócesis por el obispo francés Pedro de Bourges, se comenzó a construir la catedral románica, pero en el margen izquierdo del río, momento a partir del cual empezó a establecerse a su alrededor un pequeño burgo de artesanos y comerciantes al que años después Alfonso VIII acabaría reconociendo finalmente como una entidad jurídica independiente. Et voilà! De este modo nació El Burgo de Osma.

Iglesia de Sta. Cristina de Osma

Sobre esa primera catedral románica se erigió un templo gótico mucho más grande y espléndido, la actual Catedral de Sta. María de la Asunción, la cual sufrió modificaciones hasta bien entrado el siglo XVIII. Sin duda el gran lamento de este viaje, así lo recordaremos siempre, fue el no poder visitar este edificio por dentro a causa del dichoso COVID-19, que nos privó de poder disfrutar, entre otras cosas, del retablo de la Capilla Mayor de Juan de Juni, del claustro de estilo gótico flamígero o de la Sala capitular con el sepulcro de San Pedro de Osma.

Catedral de El Burgo de Osma

La manera más triunfal de llegar hasta la catedral es accediendo desde el paseo fluvial y las murallas, por la única de las tres antiguas puertas de la ciudad que todavía sigue en pie, la Puerta de San Miguel, y atravesando después una preciosa plaza que parecería haber sido dibujada por un artista del Renacimiento por su maravillosa perspectiva. La preside el monumento a San Pedro de Osma (quien en realidad era Pedro de Bourges, fundador de aquella primera catedral románica).

El Puente de la Matilla, que salva las aguas del río Ucero. Al fondo, las murallas del siglo XV y la Puerta de San Miguel
Plaza de San Pedro d Osma
Monumento a San Pedro de Osma, con el campanario de la catedral al fondo

En la Plaza de la Catedral, de planta triangular y una fuente en el centro, el visitante encontrará un compendio de todas las virtudes que se reúnen en El Burgo de Osma: solemnidad (la de la piedra clara de la pared lateral del templo), elegancia (la de la galería porticada y sus edificios con balcones acristalados) y amplitud.

Plaza de la Catedral
Plaza de la Catedral
Plaza de la Catedral

Desde esta plaza parte la Calle Mayor repleta de viviendas sobre soportales con columnas de madera y de piedra. Mis dos amigos y yo completamos el disfrute de pasearla cediendo a la tentación de detenernos en una de sus tabernas y abandonamos al placer de degustar los famosos torreznos sorianos antes de proseguir nuestro camino. La taberna en cuestión estaba ambientada enteramente con los colores del Atlético de Madrid, equipo de los amores de la dueña, ¡incluso con música de Joaquín Sabina como banda sonora!

Calle Mayor
Calle Mayor
Calle Mayor

Continuando por la Calle Mayor, llegamos a la Plaza Mayor, centro neurálgico de El Burgo de Osma más moderno, también con edificios porticados y un Ayuntamiento de estilo neoclásico. Sus dos torres hacen de espejo al edificio que tiene justo enfrente, el Hospital de San Agustín, de majestuosa fachada barroca. En la actualidad es un centro cultural que alberga la biblioteca, la oficina de turismo, un teatro y el Aula Arqueológica de las ruinas de Uxama.

Plaza Mayor
Hospital de San Agustín
Patio interior del Hospital de San Agustín, convertido en museo de arte contemporáneo

Completando la lista de un patrimonio verdaderamente envidiable, la antigua Universidad de Santa Catalina, del siglo XVI (actualmente, un hotel termal, ya ves tú qué cosas…), la Iglesia de Santa Cristina, edificio de un barroco tardío en el núcleo de Osma (frente al castillo) y el propio Yacimiento celtibérico-romano de Uxama, origen de la ciudad, entre otros. Ya os había dicho que El Burgo de Osma era deslumbrante. Lo que coloquialmente viene a ser «para mear y no echar gota», con perdón.

Morón de Almazán, ¿la plaza más bonita de Soria?

Era hora de poner rumbo al sur en dirección a una nueva comarca, Tierras de Almazán. Embriagados por el buen comer y el dulce traqueteo del coche, mis dos amigos se echaron una buena siesta en sus respectivos asientos mientras yo conducía, lo que ya venía siendo la tónica habitual de aquella escapada. A muy pocos kilómetros de la ciudad de Almazán se encuentra un minúsculo pueblo de apenas 200 habitantes que presume de tener uno de los conjuntos urbanísticos más interesantes de todo el Renacimiento español. Eso había que comprobarlo in situ, ¿no os parece?

Morón de Almazán

Los pueblos de la denominada «España vaciada» (un problema con especial incidencia en la provincia de Soria y que además, por desgracia, se acentúa cada vez más) suelen atesorar auténticos tesoros patrimoniales. Este es el caso de Morón de Almazán, cuya Plaza Mayor fue diseñada en cuatro niveles distintos para representar la jerarquía de poderes simbólicos de sus edificios. En su nivel más alto se sitúa la Iglesia de Ntra. Sra. de la Asunción, como símbolo del poder dominante de la Iglesia católica; seguidamente, en un segundo nivel, se encuentra el Palacio de los Hurtado de Mendoza (actual Museo Provincial del Traje Popular), representando a la nobleza y las clases altas; justo por debajo, el Concejo o antigua Casa Consistorial, sede del gobierno local y símbolo del poder civil; y por último, en la parte más baja, las viviendas donde residía el pueblo llano. Brillante, ¿no es así?

Plaza Mayor de Morón de Almazán

Todos los edificios que he citado fueron levantados entre los siglos XV y XVI, conservándose su distribución prácticamente inalterada desde entonces. La única transformación reseñable ocurrió recientemente, cuando se eliminó una antigua pared situada en el centro del conjunto y que era aprovechada por los vecinos para jugar al frontón. En su lugar, se colocó el rollo jurisdiccional que originariamente se encontraba en otro lugar. Este elemento es probablemente la huella que mejor ilustra el pasado glorioso de una villa que llegó a tener incluso el derecho de impartir justicia. Aquel día, sin embargo, nosotros llegamos a visitarla en completa soledad. Cómo cambian los tiempos…

Plaza Mayor de Morón de Almazán, con el Palacio de los Hurtado de Mendoza y el campanario de estilo plateresco

Almazán, ¡menuda sorpresa!

Llegamos a Almazán a primera hora de la tarde. Como íbamos muy bien de tiempo decidimos pasar primero por el último de los alojamientos de nuestro viaje. Y allí, en La Estación del Alma, una antigua estación de tren reconvertida en hotel rural con encanto, descansamos un poco antes de recorrer el centro histórico de una ciudad que nos esperaba con sorpresas inesperadas…

Una vez hubimos reposado lo suficiente, los tres aventureros nos dispusimos a conocer «El fortificado», que es lo que en realidad significa el nombre de Almazán en su toponimia de origen musulmán. Y lo tiene bien merecido si atendemos a sus robustas murallas 

Murallas de Almazán