Hoy es nuestro día en Praga, aunque en realidad es mañana cuando nos levantaremos temprano para ir al aeropuerto. Como estos días han sido muy ajetreados decidimos tomarnos el día de hoy de una manera pausada y relajada, sin prisas.

El primer punto del día es contemplar la curiosa Casa Cubista, también conocida como la Casa de la virgen negra (debido a una escultura situada en una de sus esquinas), muy cerca de la Plaza de la Ciudad Vieja. Obra del arquitecto checo Josef Gočár, este edificio es todo un manifiesto artístico que refleja la importancia que tuvo el cubismo en esta ciudad. Nos pareció muy interesante este hallazgo ya que desconocíamos que una arquitectura de este estilo, al que siempre habíamos asociado a la pintura…

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Casa Cubista

El último destino de nuestro viaje era la alargada Plaza Wenceslao, no muy lejos de allí, un lugar que ha sido testigo de numerosos acontecimientos históricos para el pueblo checo, a pesar de lo cual no nos pareció una plaza especialmente bonita ni atractiva.

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Plaza Wenceslao

Quizás el único punto interesante sea el Grand Hotel Europa, un edifico de principios de siglo XX muy bonito de estilo Art Nouveau.

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Grand Hotel Europa

Comemos en un restaurante y nos vamos al hotel a descansar. Y vaya si descansamos… Estuvimos toda la tarde, incluso decidimos cenar allí mismo. Si entonces hubiéramos conocido la existencia del campo de concentración de Terezín, de bien seguro que le hubiéramos dedicado esa tarde. Desgraciadamente no fue así, pero si miramos el lado positivo, esto nos sirve de excusa perfecta para tener que volver alguna vez, pues nos encanta todo lo relacionado con la Segunda Guerra Mundial.

Aquella última noche la recordaremos por ser aquella en que Rafa intentó dar vida con sus manos a un títere de Mozart que habíamos comprado en uno de los numerosos puestos de artesanía de la ciudad…

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Rafa haciendo caminar a un Mozart de madera

A la mañana siguiente nos levantamos temprano para volver al aeropuerto y regresar a casa.

Praga, la ciudad de los callejones pintorescos, la ciudad que tiene un castillo que no es un castillo, la de los teatros negros y las marionetas, la de los cisnes en el Moldava y las noches azules.

¡Gracias por tu magia, Praga!

Y a vosotros, ¡gracias por seguirnos en esta aventura! ¡Hasta la próxima!