Día 1 en Berlín: plantarse frente a un muro

En esta ocasión me desplacé hasta Barcelona, mi ciudad natal, para viajar a la mañana siguiente con mis padres a Berlín con Easyjet desde el Aeropuerto de El Prat. La capital alemana cuenta con dos aeropuertos, Berlín-Tegel y Berlín-Schönefeld (tres, si contamos al que está a punto de ser inaugurado después de casi una década de retraso,  el de Berlín-Brandenburgo Willy Brandt). Nosotros volamos hasta Schönefeld, antiguo flughafen de la RDA (República Democrática Alemana) y el que se encuentra más alejado de Berlín, a unos 24km al sureste.

Cómo moverse por Berlín

No resulta demasiado complicado comprender cómo funciona el sistema de transporte público en esta ciudad, básicamente hay que tener claras tres cosas:

  • La primera es que el S-BAHN (equivalente al tren de cercanías español) y el U-BAHN (equivalente al metro), a pesar de que no comparten el mismo operador, sí comparten las mismas tarifas. Esto significa que con un único billete podréis utilizar ambos medios de transporte para desplazaros, incluyendo además el tranvía y el autobús;
  • la segunda es que la red de transportes está dividida en tres zonas, A, B y C, siendo la A el centro histórico, la B su periferia y la C aquella zona más alejada del centro, donde están incluidas algunas ciudades cercanas como Potsdam o Oranienburg (ciudad del Campo de Concentración de Sachsenhausen) y el Aeropuerto de Schönefeld;
  • la tercera es que solo existen tres tipos de tarifas, las cuales cubren estas tres zonas. Así, debes adquirir el ticket de la tarifa A-B si solo pretendes moverte entre esas dos zonas, y lo mismo ocurre con las otras dos, la B-C y la A-B-C (en caso de que solo quieras moverte por la zona A, deberás comprar igualmente un billete para la zona A-B).

Para poner un par de ejemplos, si deseas coger el U-Bahn para ir desde la parada Brandenburger Tor (zona A) hasta Alexanderplatz (zona A), deberás pagar la tarifa A-B (billete sencillo 2,80€); en cambio, si deseas ir desde el Aeropuerto Berlín-Schönefeld (zona C) hasta Alexanderplatz (zona A), deberás comprar el billete de la tarifa A-B-C (billete sencillo 3,40€). Existen abonos de transporte de 1 día y de 7 días que podréis utilizar ilimitadamente en la red de transportes berlineses y ahorrar un buen dinero. Esto era precisamente lo que hacíamos nosotros todas las mañanas, comprar un billete para todo el día para no volver a preocuparnos. Por cierto, ¡no olvidéis validar vuestro billete porque las multas son importantes! (si compráis un abono para todo el día, basta con validarlo una sola vez).

La manera más rápida para llegar al centro de la ciudad desde el Aeropuerto de Schönefeld es coger el tren Airport Express. En aproximadamente unos 40 minutos ya estábamos en la estación de Alexanderplatz, donde aprovechamos para comprar unos bocadillos y comérnoslos allí mismo, sentados en unos bancos. Estábamos a una sola parada de U-BAHN de nuestro apartamento, la parada Weinmeisterstraße de la línea U8 (iré «pintando» el nombre de las paradas con el color de la línea correspondiente). A pocos metros se encuentra el Flower’s Boardinghouse Mitte, donde descansamos unos minutos antes de realizar nuestra primera visita en Berlín.

Apartamentos Flower’s Boardinghouse Mitte

El Muro de Berlín

Queríamos empezar a lo grande, conociendo uno de los periodos más fascinantes y a la vez dolorosos de la historia de la capital alemana, de modo que esa misma tarde decidimos programar la visita de dos tramos distintos del Muro de Berlín, aquel que dividió la ciudad en dos durante casi tres décadas, desde 1961 hasta 1989. Para comprender las circunstancias de su construcción debemos retroceder en el tiempo hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, momento en que, con el fin de someter a Alemania a una desmilitarización, democratización y desnazificación, las potencias aliadas acordaron dividir el país en cuatro zonas de ocupación: estadounidense, francesa, británica y soviética.

División política de Alemania tras el final del conflicto bélico en 1945. Nótese cómo la capital, Berlín, también quedó dividida a su vez en cuatro (fuente de la imagen: wikipedia)

Berlín, a su vez, también quedó dividido en cuatro sectores de ocupación, aunque como puede apreciarse en el mapa su ubicación quedaba dentro de la zona de ocupación soviética (atentos a este pequeño detalle, pues resulta de vital importancia en el tema que nos ocupa). Las disputas entre los soviéticos y los aliados occidentales empezaron pronto, llegando a un punto de no retorno en 1949, cuando las evidentes diferencias ideológicas hicieron que los países occidentales decidieran unirse para formar un nuevo estado, la República Federal Alemana (RFA), trasladando la capital a Bonn, mientras que los soviéticos harían lo propio creando la República Democrática Alemana (RDA) con capital en Berlín Oriental. Esta nueva situación geo-política hizo que Berlín Occidental quedara literalmente aislado dentro del territorio de la Alemania Oriental. La Guerra Fría iba tomando forma, ya que la separación supuso también la confrontación de dos ideologías y ejes económico-culturales: el comunista y el capitalista.

División política de Berlín (fuente de la imagen: wikipedia)

La tensión se agravó aún más cuando, a partir de la década de los 50, muchos alemanes (entre ellos, una gran cantidad de profesionales brillantes) que vivían en el bloque comunista comenzaron a huir hacia el bloque capitalista, bien por aversión al gobierno apoyado por la URSS, bien porque la vida en Alemania Oriental era, si cabe, todavía más dura que en la Alemania Occidental, la cual estaba recuperándose a una mayor velocidad (se calcula que entre los años 1945 y 1961 unos 3 millones de alemanes pasaron del Este al Oeste). Semejante éxodo estaba dejando a la RDA al borde del colapso político y económico, de modo que en la madrugada del 13 de agosto de 1961 las autoridades del lado oriental autorizaron levantar una alambrada de espino provisional que separase ambas zonas de la ciudad, cerrando la práctica totalidad de los puntos de paso. Durante los días posteriores la alambrada pasó a convertirse en un muro de ladrillos, y luego éste en un muro de hormigón de entre tres y cuatro metros de altura al que acompañaron una serie de pasos fronterizos que regulaban el cruce de civiles, militares o diplomáticos de un lado a otro, como por ejemplo el llamado Tränenpalast (literalmente “palacio de las lágrimas” por ser un lugar de constantes despedidas lacrimosas entre alemanes del Este y sus familias del Oeste) o el Checkpoint Charlie, lugar donde se vivió el momento más tenso de la Guerra Fría con una confrontación de tanques de ambos bandos en octubre de 1961. El Muro no solo partía ambos lados de la ciudad por el centro, sino que rodeaba literalmente el Berlín Occidental convirtiéndola en una isla dentro de un mar comunista (de ahí la importancia de comprender la ubicación de la ciudad en la zona de ocupación soviética).

La línea amarilla señala el perímetro de 155 metros que tenía el Muro, aislando al Berlín Occidental en territorio soviético (fuente de la imagen: www.laguiadeberlin.com/muro-de-berlin/)

Pero el Muro no consistía en una única pared de hormigón. En realidad habían dos muros (uno de ellos interno en el lado soviético) cuyo espacio entre ambos era conocido como la «franja de la muerte», formada por torres de vigilancia, alambradas, barreras antitanques, sistemas de autodisparo, zonas de arena para reconocer la forma de las huellas y soldados armados, entre otros dispositivos.

Reconstrucción virtual de un fragmento de la franja de la muerte (fuente de la imagen: www.die-tagespost.de)

Cuando uno viene a Berlín, espera poder contemplar al menos uno de los fragmentos del famoso Muro que aún quedan en pie o alguno de los monumentos conmemorativos que se han levantado en su honor. Creo que no voy mal encaminado si afirmo que son siete los lugares más importantes relacionados con el Muro en Berlín: el monumento conmemorativo Gedenkstätte Berliner Mauer, el Tränenpalast, la Topographie des Terrors, el Checkpoint Charlie, la plaza Potsdamer Platz, el parque Mauerpark y la East Side Gallery. Durante este viaje de cinco días, nosotros visitaremos cinco de estos lugares, comenzando por el que es probablemente el menos frecuentado por los turistas, aunque sin duda el que más me impresionó a mí.

Gedenkstätte Berliner Mauer

Para llegar al Gedenkstätte Berliner Mauer (monumento conmemorativo del Muro de Berlín) solo tuvimos que volver al U-BAHN y tomar la línea U8 hasta la parada Bernauer Straße.

Fachada de una casa de la calle Bernauer Straße en la que se reproduce una fotografía de 1961, año de la construcción del Muro

A mi juicio, no hay mejor lugar para empezar a conocer la historia del Muro que en este amplio espacio al aire libre de 1,4 km de longitud a lo largo de la calle Bernauer Straße que incluye, no solo uno de los tramos originales del Muro, sino también una recreación de la «franja de la muerte», fachadas de casas pintadas con reproducciones de fotografías que pertenecen a los meses en los que se levantó el Muro, un centro de documentación y diversos espacios multimedia con textos explicativos.

Gedenkstätte Berliner Mauer
Escultura conmemorativa que representa la reconciliación de ambos lados del Muro
Centro de documentación del Gedenkstätte Berliner Mauer

A mí este lugar me puso literalmente los pelos de punta, pues documenta tanto la historia del propio Muro y el entorno político de la Guerra Fría, como su impacto en la vida diaria de ciudadanos corrientes que vivían en la Bernauer Straße, escenario de escenas de gran dramatismo. La mañana del 13 de agosto de 1961, un domingo, la calle amaneció atravesada por alambradas mientras empezaban los preparativos para demoler una veintena de viviendas por quedar en medio del trazado del Muro. Las ruinas de una de esas viviendas aún son visibles, cuyos desnudos cimientos antaño separaban las diferentes estancias de la casa.

Ruinas de la casa demolida bajo una estructura protectora
Ruinas de la casa demolida

No fueron las viviendas las únicas construcciones en ser «sacrificadas» por el levantamiento del Muro. Unos pocos metros más adelante encontramos una pequeña capilla levantada en el año 2000 en honor a una iglesia que había existido justo en este mismo punto desde finales del siglo XIX y que, con la construcción del Muro, quedó aislada en terreno de la «franja de la muerte». En 1985 el régimen de la RDA decidió finalmente demolerla.

Capilla de la Reconciliación, levantada en el lugar donde antes había existido la iglesia del siglo XIX. En el suelo, se ha marcado el trazado del perímetro que ésta tenía.

La primera vez que pude ver con mis propios ojos el fragmento original del Muro que hay en el Gedenkstätte Berliner Mauer sentí una punzada en el corazón. Allí estaba yo, frente a la última versión de la infraestructura diseñada en 1983, conocida como «muro de cuarta generación», la más compleja y eficaz que se había conseguido pues estaba formada por módulos de hormigón armado en forma de «L», los cuales solo podían llegar a ser tumbados con un tanque. La emoción que sentí fue indescriptible.

Tocando con mis propias manos el Muro de Berlín
Sección «amputada» del Muro de Berlín en el memorial Gedenkstätte Berliner Mauer
Muro de Berlín

En un principio no comprendíamos que había justo detrás de esta sección del Muro, un espacio cerrado del que solo asomaba una antigua torre de vigilancia. Entonces caímos en la cuenta: aquella era una recreación de la «franja de la muerte», una tierra de nadie que se convirtió desgraciadamente en un dramático escenario de agonía y desesperación para muchas personas que intentaron cruzar del lado este al oeste. Otro escalofrío recorrió mi cuerpo, y ya iban dos.

Mis padres frente al muro interior que se levantó en suelo soviético, detrás del cual se encontraba la «franja de la muerte». En ella, una torre que vigilaba todos los movimientos que se llevaban a cabo en la frontera.

Una instalación artística hecha a base de barrotes, a modo de prisión, prolongan simbólicamente el recorrido que en su día seguía el Muro a lo largo de la calle Bernauer. Resultó cuanto menos chocante ver cómo los turistas atravesaban sin ninguna dificultad una frontera que durante casi 30 años había sido prácticamente infranqueable. Mis padres y yo mismo pudimos experimentar esa extraña sensación al pasar de un lado a otro en varias ocasiones.

Barrotes situados donde anteriormente se levantaba el Muro
Fachada de una casa en el cruce entre las calles Bernauer Straße y Ackerstraße, pintada con la reproducción de una fotografía de 1961
Grafitti en la pared de un edificio en la calle Bernauer. Nótese cómo en el cuchillo aparece una referencia al Muro (1961-1989)

A lo largo del monumento conmemorativo se suceden diversos espacios multimedia y carteles explicativos (en alemán y en inglés) que dan cuenta de algunas dramáticas historias personales que allí se vivieron. Historias que hablan de puertas y ventanas tapiadas por el régimen de la RDA para evitar que algunos edificios fueran utilizados como vía de huida, cosa que no impidió que algunos ciudadanos saltaran al vacío igualmente. Historias de personas que no consiguieron su objetivo de cruzar al lado occidental y perecieron, como Peter Fechter, un obrero de 18 años quien en 1962 fue alcanzado por los disparos de los guardias de frontera al intentar cruzar el Muro junto a su amigo Helmut Kulbeik cerca del paso fronterizo Checkpoint Charlie. Mientras éste logró su objetivo, Fechter quedó malherido en el suelo de la franja de la muerte del lado este, a la vista de cientos de testigos occidentales que contemplaron cómo el joven pedía ayuda de manera infructuosa, pues no recibió auxilio de ninguna de las partes, muriendo desangrado una hora más tarde. La muerte de Fechter se convirtió en el símbolo de la pasividad de ambos gobiernos por encontrar una solución al conflicto y del miedo mutuo a desencadenar un conflicto de grandes proporciones, cosa que por suerte nunca llegó a ocurrir. 

Monumento a las víctimas del Muro de Berlín, en el Gedenkstätte Berliner Mauer
Monumento a las víctimas del Muro de Berlín, con todas las fotografías de las personas que perecieron tratando de cruzar al lado occidental

¿SABÍAS QUE…?

Seguro que muchos de nuestros lectores cantineleros recuerdan la canción Libre de Nino Bravo, ¿cómo no hacerlo? Editada en 1972, se convirtió en uno de los éxitos más recordados de nuestra música y en un himno a la libertad. Pues bien, el caso es que el protagonista de esta canción universal está inspirado precisamente en Peter Fechter. Repasemos durante un momento la letra:

Tiene casi veinte años y ya está
Cansado de soñar,
Pero tras la frontera está su hogar,
Su mundo, su ciudad.
Piensa que la alambrada sólo es
Un trozo de metal,
Algo que nunca puede detener
Sus ansias de volar…

¿No cobra ahora todo el sentido?

Fotografía de Peter Fechter

East Side Gallery

El monumento Gedenkstätte Berliner Mauer representa la manera rigurosa y respetuosa de tratar la historia del Muro de Berlín. Desgraciadamente en la capital alemana también pudimos ser testigos de otra manera, aquella que banaliza la experiencia histórica y el sufrimiento humano convirtiéndola en una especie de parque temático donde hacerse selfies con una absoluta desvergüenza. Esto fue lo que sentimos en el Checkpoint Charlie o la East Side Gallery, nuestro siguiente destino del día. Para llegar hasta allí tuvimos que coger nuevamente el U-BAHN, siguiendo la línea U8 hasta la parada Jannowitz-brücke y una vez allí cambiar al S-BAHN (tren de cercanías) hasta la parada Warschauer Straße.

Tengo que reconocer que la zona donde está situada la East Side Gallery, el decadente y destartalado barrio de Friedrichshain, situado entre el Oberbaumbrücke (puente del siglo XIX, considerado por muchos como el más bonito de los 1.700 que hay en Berlín, afirmación con la que discrepo) y la Ostbahnhof, no nos inspiró demasiada confianza. Calles sucias, personas en evidente estado de embriaguez tiradas por el suelo,… Algunos dirán que ésta es precisamente la esencia de la capital alemana, desorganizada, despreocupada e indisciplinada, pues vale.

Oberbaumbrücke

Volvemos a la historia. La llegada de Mijaíl Gorbachov al gobierno soviético en 1985 trajo consigo nuevas medidas económicas y una nueva tendencia política que animó a los países comunistas a instaurar gobiernos reformistas. La RDA, cuya autoridad quedó gravemente desamparada, se mantuvo como el último bastión de un sistema político que ya empezaba a dar señales de agotamiento. La situación se agravó cuando Hungría retiró el telón de acero en verano de 1989, haciendo que muchos alemanes orientales pudiesen ir allí de vacaciones para luego cruzar la frontera con Austria y finalmente escapar a Alemania Occidental. Finalmente, gracias a la presión popular, el gobierno de la RDA anunció el 9 de noviembre de 1989 que los alemanes orientales tenían libertad para viajar a Occidente. Aquel mismo atardecer, una inundación de gente festejó la caída del muro de la vergüenza, lo que a la postre significaría la desintegración de la RDA y el restablecimiento de la unidad de Alemania, con la devolución de la capitalidad a Berlín.

Fragmento del Muro de la East Side Gallery en el que aparece el eslogan «Mucha gente pequeña, que en muchos lugares pequeños, hacen muchas cosas pequeñas, pueden cambiar la cara del mundo».

El Muro se desmanteló a toda prisa, pero se dejó un tramo prácticamente intacto en Mühlenstraße, paralelo al río Spree, que pasó a llamarse la East Side Gallery debido a que más de un centenar de artistas de más de veinte países distintos plasmaron en este lienzo de piedra su euforia en relación a este acontecimiento histórico. La East Side Gallery es el tramo original del Muro de Berlín más largo que queda en pie con sus 1,3 km de longitud. Desde un punto de vista estrictamente artístico, además, está considerada la mayor exposición mural al aire libre del mundo.

East Side Gallery
Moscow, China, Everywhere, Berlin, obra de la East Side Gallery
East Side Gallery

Como podéis imaginar, un apasionado del arte como yo no pudo sino disfrutar del amplio y pintoresco mosaico de visiones surrealistas y declaraciones pacifistas que conforman la East Side Gallery. En realidad, lo que podemos ver hoy en día es fruto de una restauración llevada a cabo en 2009. Muchas de las obras se desdibujaron y fueron víctimas de actos vandálicos durante los primeros años, motivo por el cual,  para el 20 aniversario de la caída del Muro, se invitó a los artistas originales a rehacer sus trabajos en una pared que sería restaurada previamente. Algunos accedieron, otros declinaron la oferta. El caso es que, cuando llegaron allí muchos se encontraron con una sorpresa desagradable: la mayoría de sus obras habían sido ya borradas y otras habían sido repintadas con otros motivos que no tenían nada que ver con los originales ni con el espíritu de la época. Esto provocó que algunos artistas demandaran a la ciudad por violar sus derechos de autor.

Save our Earth, del artista Indiano
Vergeßt mir die Liebe nicht, del artista Henry Schmidt
La obra Danke, Andrej Sacharow del artista Dmitri Vrubel es un retrato del eminente físico nuclear y disidente del régimen soviético, Premio Nobel de la Paz en 1975

No esperéis encontrar grafittis con un alto componente técnico, sino más bien obras apasionadas fruto de la espontaneidad y la emoción del momento, huellas de personas que deseaban participar activamente de un acontecimiento histórico al mismo tiempo que liberaban una rabia contenida durante años. Así es como debemos verlas, como un compendio de manifestaciones instintivas y mayoritariamente irreflexivas. Aunque hay excepciones, obras que trascendieron y se convirtieron en auténticos iconos de una época.

East Side Gallery
El saltador de Muro, del artista Gabriel Heimler
Gente del mundo, somos un pueblo, grafitti del artista Shamil Gimayev

Pongamos solo dos ejemplos: Test the best («Prueba lo mejor»), de la pintora alemana Birgit Kinder, que representa a un utilitario atravesando el Muro sin sufrir apenas daños, concretamente el modelo Trabant, el único modelo de coche al que podían acceder los ciudadanos de la Alemania soviética antes de la reunificación, ahí queda el mensaje simbólico; y Mein Gott hilf mir, diese tödliche Liebe zu überleben («Dios mío, ayúdame a sobrevivir a este amor mortal»), del artista ruso Dmitri Vrubel. Apodado como «El beso», este trabajo alude al beso de hermanamiento que tuvo lugar en 1979 entre Leonid Brezhenev, entonces Secretario General de la Unión Soviética, y Erich Honecker, a la sazón Presidente del Consejo de Estado de la RDA. Ni que decir tiene que el beso original era en realidad un simple gesto protocolario que expresa confianza mutua, muy común entre los mandatarios de los países eslavos. Sin embargo, el pintor sacó de contexto este gesto aparentemente pasional por parte de dos fríos mandatarios, añadiéndole una connotación sexual que resulta enormemente provocativa y transgresora. Precisamente delante de este icónico mural fui testigo de otro gesto transgresor… ¡por parte de mi santa madre!

Dios mío, ayúdame a sobrevivir a este amor mortal, del artista Dmitri Vrubel, posiblemente la imagen más icónica de la East Side Gallery

Resultaba absolutamente imposible acercarse a contemplar el beso inmortal creado por Vrubel por la ingente multitud que se agrupaba frente a él como una manada de buitres en busca de su presa. De hecho, pasamos tres veces por delante de él y la multitud todavía seguía ahí. Se trataba de una lucha encarnizada por posar ante la icónica imagen de la manera más desvergonzada y menos respetuosa posible. El clásico posado a lo «yo he estado aquí» de finales de los años 90 ya ha pasado de moda, al parecer. Ahora lo que se lleva es el postureo puro y duro, sin medias tintas. La apología de la ignorancia y el mal gusto. Pues bien, ante semejante panorama mi madre, Victoria tenía que llamarse, ni corta ni perezosa y pequeñita como es, decidió plantarse delante de todos esos turistas que hacían turistadas, fastidiando la foto a más de uno, simplemente porque quería disfrutar de algo que poseía un enorme valor testimonial e histórico. Fue, de entre todas aquellas personas, la única que tenía el deseo de «escuchar» lo que aquella obra de arte tenía que decir.

«Con dos cojones», así titularía esta fotografía

Un gesto que, por lo que tenía de respetuoso a lo que ese símbolo representaba, yo lo sentí como transgresor, por lo que me vi en la obligación de inmortalizarlo con mi cámara. Como en la famosa foto en la que Jeff Widener retrató al manifestante que se plantó frente a una hilera de tanques en la plaza de Tiananmén, yo también tuve la suerte de ser testigo del desafío de una mujer que se plantó frente al absurdo de una sociedad que banaliza impunemente la historia y la cultura de un lugar en favor de su propio beneficio narcisista. Y ojo que yo también me incluyo.

En fin, volvamos al relato. No serán éstas las únicas experiencias que tendremos durante este viaje con el célebre Muro. Mañana, durante nuestro paseo guiado por la ciudad, visitaremos otros lugares donde se conservan fragmentos originales como Alexanderplatz, la Topographie des Terrors y el Checkpoint Charlie. Pero eso será mañana, que hoy ya toca regresar al hotel (previa parada para comprar unos sandwiches en un puesto de una parada del U-BAHN, ¡qué práctico!).

Muro de Berlín en su segmento de la East Side Gallery
Anochece en la orilla del río Spree

Hasta mañana, gute nacht!

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