Día 2 en Berlín: un paseo por el centro

¡Riiiiing! Sonó la alarma en nuestra habitación del Flower’s Boardinghouse Mitte de Berlín. Amanecía un nuevo día, el primero completo de los que pasaríamos en la capital alemana. Después de comernos nuestros croissants y de tomarnos nuestros cafés (cortesía del hotel) en su terracita nos pusimos en marcha. Aquella mañana teníamos programada una de las dos visitas guiadas que íbamos a hacer con la empresa Civitatis, concretamente un tour por el centro de Berlín de la mano de África, una guía catalana residente en la ciudad. Esta era la primera vez que nos decidíamos a hacer algo así (siempre nos ha gustado más organizarlo todo nosotros e ir por libre), pero lo cierto es que en una ciudad con tantísimos atractivos como Berlín viene muy bien para comenzar a situarte y tener una visión global. Esa misma tarde, después de la visita guiada, completamos el día visitando la cúpula del Reichstag, el edificio del parlamento alemán.

Las 10h de la mañana era la hora acordada por Civitatis para comenzar nuestra visita por el centro histórico. Por supuesto, nosotros no llegamos tarde a la cita. El lugar, una de las plazas más emblemáticas de Berlín: Alexanderplatz. Estaba previsto que el recorrido a pie acompañados de África durase unas 4 horas, sería una mañana larga e intensa, pero muy interesante ya que nos esperaban numerosas referencias a diversos periodos históricos como el nazismo o la Guerra Fría. ¿Estáis listos para caminar? ¡Pues empezamos!

Comienza nuestra visita con África, guía de Civitatis

Alexanderplatz

En su novela Berlin Alexanderplatz, el escritor Alfred Döblin describió esta plaza en la década de 1920 como un «lugar de recreo de delincuentes, prostitutas y desheredados». Es innegable que hoy en día poco queda de aquel lugar frenético y vibrante de los años previos a la guerra, aunque ha recuperado algo de su animación gracias al incesante trasiego de gente que frecuenta los restaurantes y los grandes almacenes de la Galleria Kauhof. Con unas medidas desmesuradas y una planta realmente extraña (las estaciones de S-Bahn y U-Bahn la parten literalmente por la mitad), esta plaza es uno de los principales puntos de referencia para la mayoría de turistas que visitan Berlín.

Originalmente un mercado de lana y ganado, Alexanderplatz se convirtió en una plaza a la que se dio en 1805 el nombre del zar ruso Alejandro I cuando éste hizo una visita a Berlín. De todos los edificios históricos que poblaban la plaza, solo dos han sobrevivido, la Alexanderhaus y la Berolinahaus, ambas exponentes de la arquitectura moderna de los años 30. La Segunda Guerra Mundial arrasó la plaza reduciéndola a cenizas y años más tarde, tras la separación de las dos Alemanias y la ocupación de este lado de la ciudad por parte de la República Democrática Alemana (RDA), comenzaron a levantarse sus edificios más emblemáticos (todos de factura soviética, desde luego). El más impresionante es sin duda la Fernsehturm (Torre de Televisión), que con sus 368 metros es la estructura más alta de toda Alemania y uno de los símbolos más reconocibles de Berlín.

Unos soportales de hormigón de 26.000 toneladas sostienen su distintivo globo que alberga una plataforma de observación a 203 metros de altura y, justo encima, un restaurante giratorio que gira 360 grados cada media hora, el Sphere. Esta torre significó uno de los logros más destacados por parte del bloque comunista durante la Guerra Fría. Su construcción estaba destinada a mejorar las transmisiones en la televisión pública de la RDA, sin duda un pretendido gesto de superioridad frente a su rival capitalista. Sin embargo, al parecer no era ésta su única misión. Después de la caída del muro y el fin de la Guerra Fría, el gigante de las telecomunicaciones Deustsche Telecom tomó el control de la torre. La sorpresa llegó cuando se descubrieron montones de equipos de espionaje en su interior apuntando directamente al Berlín Oeste. Vaya, vaya…

¿SABÍAS QUE…?

A la torre de Televisión se le han asignado muchos motes, como «la pelota de golf en el palo» o «la venganza del Papa». Éste último vino motivado por el hecho de que, durante los días soleados, se crea un reflejo de luz en forma de crucifijo en el globo. Por supuesto, esto suponía un verdadero problema para la RDA, oficialmente un estado laico, motivo por el cual los arquitectos no fueron invitados a la inauguración de la estructura. ¡Mira que es mala suerte!

Otro recuerdo comunista que se pudimos ver en Alexanderplatz es el curioso Weltzeituhr, un reloj mundial que se convirtió en todo un icono en su época y un popular punto de encuentro para los habitantes del Berlín Oriental.

Cerca de la Torre de Televisión se yergue uno de los pocos monumentos históricos de Berlín que sobrevivió (aunque muy maltrecho) a la guerra, la Marienkirche. Construida originalmente en 1270, fue extensamente remodelada durante el siglo XIV. Su torre barroca, diseñada por Carl Gotthard Langhans en 1790, la convierte en una de las iglesias más hermosas de la capital alemana. Aunque no tuvimos tiempo para entrar, su interior alberga un púlpito de alabastro, una pila bautismal gótica y un fresco de 22 metros de longitud titulado Der Toten tanz (La danza macabra) de 1485.

Marienkirche

Frente a la Marienkirche, se encuentra la neobarroca Neptunbrunnen (Fuente de Neptuno, de 1895), una obra de 1888 del escultor Reinhold Begas que representa al dios Neptuno rodeado por cuatro figuras femeninas que simbolizan cuatro ríos de Alemania (el Rin, el Vistula, el Elba y el Oder). La fuente tiene una curiosa historia: en un principio fue encargada como un regalo para el kaiser Guillermo II y colocada frente al antiguo Palacio Real de Berlín, en la plaza Schloßplatz. Sin embargo, tras la polémica demolición de dicho palacio por parte del régimen de la RDA en 1951, la fuente fue primero almacenada durante algunos años y posteriormente trasladada a su actual ubicación en los alrededores de Alexanderplatz. Quien sabe si algún día volverá a acompañar al nuevo Palacio Real que actualmente está siendo construido justo en el mismo lugar que el anterior.

Neptunbrunnen

Ayuntamiento Rojo (Rotes Rathaus)

Durante la época que duró la división de las dos Alemanias, en Berlín habían dos administraciones que funcionaban por separado y a modo de espejo, de modo que por ejemplo había un aeropuerto en el Berlín Este y otro en el Berlín Oeste, y lo mismo pasaba con la universidad o el ayuntamiento, cada sector tenía el suyo. Muy cerca de Alexanderplatz se encuentra el que fuera el ayuntamiento del Berlín soviético, el Ayuntamiento Rojo (rojo, no porque fuera comunista, sino por el color de sus ladrillos), construido en 1869 por Hermann Friedrich Waesemann. Tras la caída del muro de Berlín, este edificio de estilo neorenacentista se convirtió en el ayuntamiento de la ciudad reunificada.

Ayuntamiento Rojo

Barrio Nikolaiviertel

Desde el Ayuntamiento Rojo, África condujo al grupo a otro punto de interés, Nikolaiviertel, o lo que es lo mismo, el barrio de Nikolai. Adentrarse en esta zona del distrito de Mitte significa hacer un viaje atrás en el tiempo, o así lo pretendieron las gentes que durante la década de 1980 quisieron recuperar el aspecto que tenía desde la época medieval reconstruyendo sus casas y calles.

Nikolaiviertel
Estatua de San Jorge en Nikolaiviertel, con la iglesia Nikolaikirche al fondo

Y es que el barrio de Nikolaiviertel poseía una larga tradición como barrio de mercaderes y artesanos desde que se formara en el siglo XIII alrededor de la iglesia Nikolaikirche, la más longeva de la capital alemana. Pero la Segunda Guerra Mundial lo borró del mapa con sus bombas.

Nikolaikirche
Casas de Nikolaiviertel

Después de varias décadas de abandono y con motivo del 750 aniversario de la ciudad, se decidió devolverle la vida al barrio. Bajo la dirección del arquitecto Günter Stahn y siguiendo los modelos históricos, las casas y las calles fueron reconstruidas de manera tan exacta como fue posible. Muchos de los edificios se terminaron sin demasiados adornos debido a que el presupuesto para la obra se agotó rápidamente. Además, hemos de tener en cuenta que seguimos en la parte soviética y eso nunca fue bueno para la estética. Pese a todo, os garantizo de que veréis pocos lugares tan encantadores en Berlín como el barrio de Nikolaiviertel.

Nikolaiviertel

Palacio Real (Humboldt Forum)

Continuamos nuestro paseo por el centro histórico de Berlín bordeando el río Spree a la altura de la denominada Museumsinsel (Isla de los Museos), la cual visitaremos en los próximos días. Nuestra guía África nos hizo reparar en la fachada de la renacentista Ribbeck-Haus, al otro lado de la orilla, la cual conserva un funesto recuerdo de la Segunda Guerra Mundial en forma de pequeños agujeros de metralla.

Agujeros de metralla en la Ribbeck-Haus

En nuestro paseo en dirección a la Berliner Dom (Catedral de Berlín), nos encontramos con el Palacio Real, cuya última reconstrucción estaba previsto que finalizara en 2019, sin embargo nosotros nos lo encontramos todavía en obras (algo que, por lo visto, sucede bastante a menudo en la capital alemana). Este edificio es el que mejor podría resumir la desgraciada historia de esta ciudad, pues ha sido destruido y vuelto a construir tantas veces como la propia Berlín.

A la izquierda, una de las fachadas laterales del Humboldt Forum, antiguo Palacio Real, en la orilla del río Spree. Al fondo, la Berliner Dom

La primera construcción que ocupó este espacio fue el castillo del siglo XV que el príncipe elector Federico II de Brandenburgo, apodado «Diente de hierro», mandó erigir desoyendo las airadas protestas de los ciudadanos berlineses que incluso llegaron a inundar los terrenos de la futura fortaleza (este hecho pasó a la historia como la Berliner Unwille, es decir, la «Indignación de Berlín» de 1448). Un siglo después el castillo fue derribado y en su lugar se levantó el Palacio Real que serviría durante siglos como residencia de los reyes de Prusia, miembros de la dinastía Hohenzollern. Tras la división de las dos Alemanias, en 1951 los dirigentes de la RDA decidieron derribar el edificio por su simbolismo imperialista, a pesar de las protestas de muchos berlineses que reclamaban su valor histórico y artístico. En su lugar, se levantó en 1976 el Palacio de la República que hacía las funciones de parlamento, cámara del pueblo y centro cultural, pero éste también fue derribado tras la caída del muro y el fin del comunismo, ya a principios del siglo XXI.

La nueva edificación del Palacio Real: el Humboldt Forum

Y hé aquí que se convocó una consulta popular para decidir si volver a reconstruir el Palacio Real o no. Por un ajustado margen, ganó el sí y las obras comenzaron. Eso sí, el nuevo pasará a llamarse Humboldt Forum (en honor a Alexander von Humboldt, viajero y naturalista berlinés del siglo XIX, considerado el padre de la geografía moderna) y será utilizado, ya no como residencia de reyes y emperadores, sino como un lugar de encuentro para las diferentes culturas del mundo, albergando diversos museos y exposiciones.

Llegamos a la altura de la Berliner Dom, la gran catedral de Berlín que visitaremos en los próximos días (razón por la cual aplazo su explicación para cuando toque, os fastidiáis).

Berliner Dom

Desde el parque Lustgarten, amplio espacio ajardinado que antaño servía al mismísimo Adolf Hitler como plaza para sus discursos multitudinarios, pudimos divisar, además de la impresionante fachada de la Catedral, el Altes Museum, uno de los 5 museos que forman la Museumsinsel (Isla de los Museos), declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Que nadie se alarme, pues volveremos también a este lugar más adelante para disfrutar de ella como se merece.

Berliner Dom desde el Lustgarten
El Altes Museum fue construido a la manera de un templo griego de la Antigüedad clásica

Unter den Linden

El boulevar más conocido de Alemania, el Unter den Linden, es la principal arteria de Berlín. Con una historia de más de 3 siglos, esta avenida «bajo los tilos» (esa es la traducción literal) ha sido testigo de los momentos más grandes y también de los más horribles de la ciudad. Su origen se remonta al siglo XVI, cuando a un miembro de la dinastía Hohenzollern, Juan Jorge de Brandeburgo, se le antojó crear una larga senda que uniera el Palacio Real con su coto de caza en el Tiegarten. Un siglo más tarde, Federico Guillermo I de Brandeburgo la decoró con tilos y de ahí su nombre. De aquellos tilos originales ya no queda ninguno (demasiados avatares históricos, como para quedar alguno en pie…), aunque siglos más tarde volvieron a colocarse. Y es que, como cantaba Marlene Dietrich, «mientras los tilos florezcan en Unter den Linden, Berlín seguirá siendo Berlín».

Unter den Linden

A finales del siglo XIX se había convertido en el equivalente berlinés de los Campos Elíseos, pero durante el siglo XX fue hecha trizas durante la guerra, desatendida por los alemanes orientales y privada de su condición de centro de la ciudad por la división de Berlín. Hoy ha recuperado su gran esplendor y una gran multitud de turistas recorren su kilómetro y medio de distancia todos los días, desde su punto de inicio, la Puerta de Brandenburgo en la Plaza de París, hasta la Museumsinsel, pasando por delante de lugares tan emblemáticos como el Hotel Adlon, las embajadas de Hungría, Rusia y Francia, la estatua ecuestre de Federico el Grande, el Museo Histórico Alemán, la Universidad Humboldt (la cual se quedó dentro del sector del Berlín Oriental, pasando a ser la universidad principal del bloque soviético) o la Nueva Guardia, edificio que visitamos a continuación.

Edificio de la Nueva Guardia (Neue Wache)

Diseñado como cuartel de la Guardia Real a principios del siglo XIX por Karl Friedrich Schinkel, uno de los arquitectos más destacados del Neoclasicismo alemán, la Neue Wache es ahora un monumento a las víctimas de la Segunda Guerra Mundial.

Edificio de la Neue Wache en la Unter den Linden

Merece mucho la pena adentrarse en su interior (de acceso gratuito), un espacio que ha sido pensado para el recogimiento y la reflexión entorno al sufrimiento humano causado por el monstruo de la guerra. En su techo se abre una ventana circular (óculo) por donde las inclemencias del tiempo (desde el calor abrasador hasta la espesa lluvia) inciden únicamente sobre una escultura en bronce que representa a una madre sosteniendo a su hijo muerto. ¿Puede haber mejor metáfora para describir lo que sintieron aquellos que fueron víctimas de la tragedia y la desgracia?

«No hay nadie que tenga más derecho que yo a realizar este monumento», escribió en una ocasión la escultora alemana Käthe Kollwitz acerca de su obra Madre con hijo muerto, cuya figura protagonista representa a la propia artista sosteniendo el cadáver de su hijo Peter, muerto en combate durante la Primera Guerra Mundial. Nótese como, a diferencia de anteriores representaciones de la Piedad, aquí se representa a una madre ya anciana, por lo que la posibilidad de continuidad y pervivencia de la vida se detiene abruptamente.

Bebelplatz

En vez de continuar por la Unter den Linden, África nos guió hasta el extremo sur de la avenida donde se sitúa Bebelplatz, antiguamente conocida como Opernplatz debido a que allí se encuentra el teatro de ópera Staatsoper. Este fue el lugar elegido por los miembros de las Juventudes Hitlerianas (instigados por el recién nombrado ministro de propaganda Joseph Goebbels) para hacer una inmensa hoguera la noche del 10 de mayo de 1933. Frente al Altes Palais, que durante más de un siglo había sido la principal biblioteca de la ciudad, se arrojaron a las llamas miles de libros (se calcula que alrededor de 20.000) de autores considerados indeseables por los miembros del Partido Nazi. Karl Marx, Sigmund Freud, Thomas Mann, Bertolt Brecht o Heinrich Heine fueron algunos de los escritores cuyas obras tenían que ser «depuradas».

Bebelplatz, con la ópera a la derecha y la Universidad Humboldt, en la Unter den Linden, al fondo

En el mismo centro de la plaza se colocó un memorial casi imperceptible para los viandantes apresurados que recuerda este hecho y que consiste en un agujero en el suelo cubierto por una pieza de cristal a través de la cual se adivinan estanterías blancas vacías. En ellas podrían haber estado los libros que fueron quemados aquella triste noche. Por cierto, a un lado de este memorial se encuentra una placa con una cita del escritor Heinrich Heine (uno de los autores «prohibidos» por los nazis) quien en 1817, más de cien años antes de la ascensión del Partido Nazi al poder, escribió: «Eso sólo fue un preludio, ahí en donde se queman libros, se terminan quemando también personas». 

Memorial de la quema de libros en Bebelplatz

Además de la ópera Staatsoper y de la Universidad Humboldt, en Bebelplatz pudimos admirar la pequeña Catedral de Santa Eduvigis, en origen un bello templo neoclásico del siglo XVIII que quedó destruida casi por completo durante la Segunda Guerra Mundial y a la que una restauración en el siglo XX le devolvió su esplendor. Durante la Noche de los Cristales Rotos de 1938 en la que las tropas de asalto de las SA llevaron a cabo linchamientos a diestro y siniestro contra ciudadanos judíos y sus propiedades, el deán de esta Catedral, Bernhard Lichtenberg, fue de los pocos en orar públicamente por los judíos. Tiempo después sería encarcelado por el gobierno nazi y muerto de camino al campo de concentración de Dachau. Sus restos terminarían siendo llevados años más tarde a la cripta catedralicia.

Catedral de Santa Eduvigis

Gendarmenmarkt

Continuamos nuestro recorrido a pie por el centro de Berlín de la mano de nuestra guía África de la empresa Civitatis, deteniéndonos esta vez en la que para muchos es la plaza más bonita de la capital alemana, la alargada Gendarmenmarkt, una afirmación con la que coincido plenamente. Esta antigua plaza de mercado fue el lugar elegido por Federico I de Prusia para que las comunidades protestantes francesas y alemanas que se trasladaron a esta zona durante el siglo XVIII pudieran construir sus respectivas iglesias. Así, la Gendarmenmarkt parece un campo de combate entre dos templos casi idénticos frente a frente: por un lado, la Französischer Dom, erigida en 1705 por los hugonotes franceses, y por el otro, la Deutscher Dom, levantada unos pocos años más tarde por los luteranos alemanes. Como curiosidad, ambas torres con cúpulas gemelas fueron diseñadas por el mismo arquitecto, Carl von Gontard, en 1785.

Deutscher Dom
Französischer Dom

Entre las dos iglesias, en el centro de la plaza se encuentra la Konzerthaus, otro de los edificios neoclásicos diseñados por Schinkel. Esta sala de conciertos es actualmente la sede de la Konzerthausorchester, la Orquesta Sinfónica de Berlín. Justo delante de su egregia fachada, una estatua de Friedrich von Schiller, uno de los grandes literatos alemanes del siglo XVIII.

Konzerthaus, con la estatua de Schiller

Checkpoint Charlie

Nos tocaba caminar algo más de la cuenta, unos 15 minutos bajando la Friedrichstraße para llegar a nuestro siguiente destino, otro de los lugares relacionados con el Muro de Berlín más frecuentados por los turistas. En el día de ayer ya os comentaba mis impresiones personales acerca de cómo algunos lugares históricos de la capital alemana se han convertido en horteras atracciones turísticas, auténticos parques temáticos donde la frivolidad del hombre moderno no tiene límites. Uno de ellos es sin duda el Checkpoint Charlie, uno de los tres puestos fronterizos que antaño dividía el sector soviético del sector americano. Entre 1961 y 1989 fue la principal puerta de entrada y salida de empleados militares y de embajadas de los aliados, extranjeros, trabajadores de las delegaciones de la RFA y la RDA, entre las dos partes de la ciudad.

Checkpoint Charlie, con la instalación de la fotografía del último guardia de frontera estadounidense que trabajó en el puesto fronterizo

Fue precisamente en este punto donde tuvo lugar uno de los momentos más delicados de toda la Guerra Fría cuando, en octubre de 1961, solo dos meses después del levantamiento del muro, los problemas fronterizos unidos a la alta tensión que existía entre ambas potencias provocaron que tanto los americanos como los soviéticos sacaran los tanques a la calle, situándolos en posición de ataque. El mundo entero estuvo durante unas horas al borde de una tercera guerra mundial, una mecha que por suerte no llegó a encenderse.

Foto histórica de 1961, cuando los tanques americanos y soviéticos acudieron a enfrentarse en el Check Point Charlie (Fuente de la imagen: www.msn.com)

Un año después, en 1962 tuvo lugar el intento fallido de cruzar al sector aliado por parte de Peter Fechter del que os hablé en el día anterior, muriendo desangrado ante la pasividad (y también el miedo a desencadenar un conflicto a escala mundial) por parte de ambos bandos. Casos como el de Fechter eran habituales en los puestos fronterizos y en otras secciones del muro y las estrategias empleadas por los que trataban de pasar al Berlín Occidental, de lo más variopintas (cabe destacar el uso de un globo aerostático o el de un coche con falso suelo). De todo ello se habla tanto en el Mauer Haus am Checkpoint Charlie como en la exposición gratuita al aire libre que se encuentra junto al puesto fronterizo.

Exposición al aire libre junto al Checkpoint Charlie

¿SABÍAS QUE…?

Antes de que el muro adquiriera la consistencia suficiente como para que la gente tuviera que jugarse literalmente la vida para cruzarlo, muchas personas aprovecharon los primeros días de su construcción (en los que el muro consistía en unas simples barricadas de madera y una valla de espino) para escapar a la Alemania Occidental. En la Bernauer Straße tuvo lugar una fuga histórica. Conrad Schumann era un soldado de 19 años de la Alemania Oriental cuando el 15 de agosto de 1961 lo enviaron allí a hacer guardia. Sin dudarlo, dejo su fusil en suelo, corrió para tomar el impulso necesario y saltó la frontera política que dividía el país. En aquel mismo el lugar se encontraba el fotógrafo Peter Leibing, quien se había plantado allí esperando con su cámara porque habían rumores sobre soldados que saltaban. El momento del salto fue inmortalizado por Leibing y pronto se difundió como un símbolo de la opresión soviética, suponiendo todo un espaldarazo para la parte occidental.

Conrad Schumann saltando la valla de alambre (Fuente de la imagen: www.etheriamagazine.com)

¿Y qué pasó con aquel soldado cuya imagen dio la vuelta al mundo? Pues que comenzó una nueva vida en el sector aliado, por supuesto. Trabajó, se casó y tuvo un hijo. Durante años se comunicó de forma precaria por correspondencia con su familia, ya que el aparato soviético intervenía sus comunicaciones (de hecho, intentaron engañarlo para volver al Este). No pudo abrazarles hasta 1989, año en que cayó el muro, sin embargo algunos de sus familiares y camaradas todavía le guardaban rencor y le reprocharon su abandono hacia la causa comunista. La presión hizo que Conrad cayera en una depresión que terminó en tragedia, pues terminó suicidándose en 1998.

¿En qué consiste el Checkpoint Charlie? Pues en una sencilla réplica de una cabina fronteriza de las Fuerzas Aliadas y otra del famoso letrero «You are leaving the American sector» escrito en inglés, ruso, francés y alemán, además de la instalación de las dos icónicas fotografías que, según nos explicó África, pertenecen al último soldado que trabajó en el puesto fronterizo en el sector americano y a su «compañero» del lado soviético (dos jóvenes imberbes cuyos rostros reflejan la condición absurda de cualquier frontera ideológica). Aparte de eso, ná de ná. Bueno, sí: tiendas de souvenirs que venden pequeños trozos del muro de Berlín con su certificado de autenticidad incluido, tenderetes de salchichas y patatas fritas, vendedores de chaquetas y sombreros militares, figurantes disfrazados de soldados norteamericanos que piden la propina por sacar una foto con ellos… Curiosa manera de respetar la memoria histórica.

Ordas de turistas haciendo cola para hacer una absurda foto frente a la réplica de la cabina fronteriza del Checkpoint Charlie
Las tiendas de souvenirs cercanas al Checkpoint Charlie venden pequeños fragmentos supuestamente originales del Muro de Berlín

Topographie des Terrors

A apenas 400 metros volvimos a toparnos con una nueva prueba de que Berlín tiene dos caras, la que banaliza sin remedio el valor de los monumentos históricos (caso, por ejemplo, del Checkpoint Charlie o la East Side Gallery) y la que, en cambio, sabe tratarlos con el respeto y la rigurosidad que merecen. Este último es el caso de la Topographie des Terrors, un lugar en el que coinciden los dos episodios históricos más importantes del Berlín del siglo XX.

Topographie des Terrors

Al final de la Niederkirchnerstraße existe en la actualidad un solar casi vacío que produce escalofríos, no por lo que hay allí, sino por lo que precisamente había tiempo atrás. Y es que en este mismo lugar se levantaban las instituciones más temidas de la Alemania nazi, el cuartel general de la Gestapo (policía secreta de los nazis) y las comandancias centrales de las SS (abreviatura de Schutzstaffel o escuadrón de protección) y de las SD (Sicherheitsdienst o servicio de seguridad), todas ellas demolidas en la década de 1950. En este singular espacio hoy se levanta un museo tremendamente completo e interesante, pues repasa las etapas de terror y persecución que estas organizaciones llevaron a cabo. Menos mal que tuve la genial idea de regresar aquella misma tarde a este lugar para visitar su interior (de acceso gratuito), cosa que no pudimos hacer con el grupo aquella mañana.

Museo de la Topographie des Terrors
Interior del museo

La visita de la Topographie des Terrors continúa en el exterior, donde hay otra exposición al aire libre que se centra en cómo cambió la vida de Berlín y de los berlineses después de convertirse en capital nazi. Lo más heavy del asunto es que los carteles expositivos con textos y fotografías están colocados en los antiguos sótanos de la sede de la Gestapo, donde se encontraban las cárceles en las que se interrogaba y torturaban a todos aquellos que discrepaban de los ideales del Partido Nazi. Y aquí no acaba el asunto, pues la casualidad quiso que años después una sección del muro de la vergüenza ¡se levantara justo aquí!

Exposición al aire libre en el antiguo sótano del edificio de la Gestapo
Fragmento del muro de Berlín que pasa por la Topographie des Terrors
Muro de Berlín

El área en la que nos encontrábamos fue el núcleo de la actividad política berlinesa desde el siglo XIX. Durante la Administración nazi la Wilhelmstraße  estuvo bordeada de un gran número de dependencias, como la Cancillería del Reich, el Ministerio de Propaganda o el Ministerio de Exteriores, además de los citados anteriormente que se levantaban en lo que hoy es el solar de la Topographie des Terrors. En la actualidad no queda nada de todos ellos, aunque con algunas excepciones. Uno de los pocos edificios de construcción nazi que todavía queda en pie (y funcionando) en Berlín es el antiguo Luftfahrtministerium o Ministerio de Aviación, justo enfrente de la Topographie des Terrors. Resulta gracioso saber que hoy en día este edificio es… ¡el Ministerio de Hacienda!

El edificio del Luftfahrtministerium se alza sobre la Topographie des Terrors
Luftfahrtministerium, antiguo Ministerio de Aviación nazi

Potsdamer Platz y Sony Center

Nuestro camino continuó hasta llegar a otra plaza que no parece una plaza, Postamder Platz, que hasta 1945 fue la encrucijada de calles con el tráfico más intenso de Europa. En la década de 1920 se daban cita en la plaza diariamente 100.000 personas, 20.000 vehículos y 30 líneas de tranvías. Allí se instaló en 1924 el primer semáforo en suelo europeo, importado de Estados Unidos. se trataba de una torre pentagonal que, instalada en el centro de la plaza, señalaba el paso a las cinco calles que allí confluían.

Potsdamer Platz
Ahí lo tenéis: el primer semáforo de Europa

Pero aquel esplendor duró poco. Las bombas de la Segunda Guerra Mundial destruyeron el 80% de la plaza y la división de Berlín la convirtió en tierra de nadie durante casi 40 años. Tras la caída del muro, empresas privadas como Daimler-Benz o Sony se hicieron las dueñas del destino de la Potsdamer Platz, siendo el prestigioso arquitecto Renzo Piano el responsable de diseñar el nuevo proyecto urbanístico de la plaza y algunos de sus edificios. Otros arquitectos que participaron de la recuperación de este espacio fueron Richard Rogers, Arata Isozaki o el español Rafael Moneo, entre otros.

El encajonado espacio del Sony Center, el más emblemático de la Potsdamer Platz, es obra de Helmut Jahn, quien diseñó un conjunto formado por un rascacielos y otros edificios de cristal que albergan restaurantes, bares, una sala de cine IMAX y otros espacios futuristas (entre los que se encuentra el Filmmuseum Berlin), ordenados alrededor de una enorme plaza cubierta por una colosal y extraña estructura que parece que flota a 35 metros de altura. Para disfrutar al máximo de las luces y colores del Berlín contemporáneo, lo ideal es visitar el Sony Center de noche, tal y como haríamos mi padre y yo durante una salida nocturna que hicimos por la ciudad días más tarde.

Cubierta del Sony Center
Sony Center

Monumento a los judíos de Europa asesinados

Nuestra siguiente parada fue el Monumento a los judíos de Europa asesinados, otro de esos lugares que los amantes del selfie irreverente han convertido en un verdadero templo de la banalización de la historia. Inaugurado en 2005 a muy poca distancia de Potsdamer Platz y de la Puerta de Brandenburgo, este monumento pretende homenajear al colectivo posiblemente más perseguido y castigado durante los años del sinsentido nazi, el de los judíos, sin embargo no fue el único. Otros colectivos como el de los gitanos o los homosexuales también tienen sus propios memoriales en Berlín, aunque ni de lejos tan importantes en tamaño como éste (parece increíble que el gobierno alemán no reconociera a los homosexuales como víctimas del Holocausto hasta el año 2002, negándoles indemnizaciones y pensiones de estado). En cualquier caso, la creación de estos monumentos responde a la necesidad por parte del pueblo alemán de reconocer que el genocidio es un capítulo que, aunque vergonzoso, forma parte de su historia nacional.

Monumento a los judíos de Europa asesinados
Monumento a los judíos de Europa asesinados

Con una superficie de 19.000 metros cuadrados (aproximadamente el tamaño de un campo de fútbol), este singular espacio fue obra del arquitecto estadounidense Peter Eisenman y pretende que el visitante experimente de manera simbólica la angustia y el temor sufridos por el pueblo judío durante los años de incesante persecución irracional a los que fue sometido desde 1933 hasta 1945.

Monumento a los judíos de Europa asesinados

El monumento consiste en 2.711 monolitos de hormigón de diferentes alturas (varían entre los 0,2 y los 4,7 metros) que, cual lápidas, emergen de forma lúgubre y amenazadora. No tiene entrada ni salida fijas, por lo que se puede acceder desde cualquier punto y seguir diferentes itinerarios. Una vez inmerso en él, la sensación de desorientación así como el efecto claustrofóbico son absolutos, ya que este campo de losas forma una rejilla de caminos tan estrechos que los visitantes solo pueden ver el camino en el que están y no los demás, por los que son totalmente incapaces de prever si pueden cruzarse o chocar con otras personas. En definitiva, un laberinto en el que quedas atrapado como en una tela de araña que parece no tener fin.

Monumento a los judíos de Europa asesinados

En la parte este del monumento se encuentra la entrada al Ort der Information, un conjunto subterráneo de salas (Sala de Dimensiones, Sala de Familias, Sala de Nombres y Sala de Emplazamientos) donde se exponen textos, imágenes y grabaciones que invitan a la reflexión acerca del horror del Holocausto.

Entrada al Ort der Information, en el Monumento a los judíos de Europa asesinados

¿SABÍAS QUE…?

Irónicamente, muy cerca del Monumento a los judíos de Europa asesinados antaño se encontraba el último reducto de la resistencia nazi durante el ocaso de la guerra. Hoy, junto a Gertrud-Kolmar-Straße, un parking residencial de coches (¿posiblemente el parking más fotografiado del mundo?) ocupa el solar cuya siniestra historia solo desvela un panel informativo, instalado allí por el ayuntamiento de Berlín tras la incesante avalancha de curiosos que se arremolinaban día sí y día también. Y es que allí mismo se encontraba el Búnker de Adolf Hitler (Führerbunker), que fue demolido en varias ocasiones para evitar que se convirtiera en un santuario de neonazis y adeptos enfermizos. Fue allí donde Hitler se suicidó el 30 de abril de 1945 junto a su compañera durante largo tiempo, Eva Braun, solo unas horas después de contraer matrimonio, mientras Berlín ardía en llamas y los tanques soviéticos avanzaban inexorablemente hacia el centro de la ciudad.

Parking de coches con un panel informativo que indica la situación del búnker de Hitler

Puerta de Brandenburgo (Brandenburger Tor)

Nuestro tour guiado por el centro histórico de Berlín de la mano de África de la empresa Civitatis concluyó en el que es sin ningún género de duda el monumento más icónico de la capital alemana, la Puerta de Brandenburgo. Como ya hemos explicado anteriormente, la rectangular plaza de Pariser Platz, trazada en 1734, culminaba el extremo occidental de la Unter den Linden en su recorrido desde el desaparecido Palacio Real hasta el coto de caza en el Tiegarten. Ésta era parte del meditado plan urbanístico de Philipp Gerlach, que incluía también la circular Mehringplatz (entonces llamada Rondell) y la octogonal Leipziger Platz. En cada una de estas plazas debía levantarse una puerta de la ciudad, inaugurándose en 1791 la Puerta de Brandenburgo en la Pariser Platz en medio del entusiasmo popular. Su autor fue el arquitecto neoclásico Carl Gotthard Langhans.

Puerta de Brandenburgo

Este elegante arco del triunfo simboliza el triunfo de la paz. En 1795 se coronó el monumento con una estatua de cobre, una cuadriga de 5,5 metros de altura, obra del berlinés Johann Gottfried Schadow, que representa a la diosa de la paz, Eirene, cabalgando en un carro tirado por cuatro caballos. Tras vencer a los prusianos en 1806, Napoleón se llevó a París la cuadriga como botín de guerra y allí permaneció hasta que el general prusiano Ernst von Pfuel la liberó en 1815. Sin embargo, quedó en su mayor parte destruida en la Segunda Guerra Mundial por lo que la escultura que podemos ver hoy en día es una copia realizada en el sector de Berlín Occidental durante la división de la ciudad. En un infrecuente gesto de cooperación entre Este y Oeste, ambas partes colaboraron en la restauración del monumento.

Puerta de Brandenburgo

El muro de la vergüenza pasaba justo por delante de la puerta, que quedaba en el sector Occidental. Cuando el presidente norteamericano Ronald Reagan visitó el monumento en 1987, se dirigió al presidente soviético en un discurso que ya ha pasado a la historia: «Secretario General Gorbachev, si lo que busca es la paz, si lo que busca es la prosperidad para la Unión Soviética y la Europa del Este, si lo que busca es la liberación, ¡venga a ver esta puerta! Señor Gorbachev, ¡abra esta puerta! Señor Gorbachev, ¡derribe este muro!«. Dos años más tarde no fueron los soviéticos quienes asestaron golpes al odiado hormigón, sino los propios berlineses.

Puerta de Brandenburgo

La Puerta de Brandenburgo, símbolo de la división durante la Guerra Fría, ahora personifica la reconciliación y la unidad alemana. Fue allí mismo donde terminó el tour de 4 horas con Civitatis de la mano de nuestra fantástica guía África, quien antes de despedirse se molestó en responder a todas nuestras preguntas sobre aspectos prácticos de la ciudad. En uno de los laterales de la Puerta se encuentra un punto de información turística, allí adquirimos las tarjetas Museum Pass que utilizaríamos al día siguiente.

LOS CANTINELEROS RECOMIENDAN…

En la misma Pariser Platz, justo al lado de la Puerta de Brandenburgo, se encuentra la Trattoria Mama, el lugar que elegimos para reponer fuerzas después de 4 horas de paseo por el centro histórico de Berlín. Un restaurante italiano de calidad, elegante y bastante económico, cuya presencia le vino de perlas a mi madre, pues le salvó de un momento más que comprometido.

Trattoria Mama de Berlín

Reichstag

Después de comer nos esperaba la visita de otro de los símbolos de Berlín. El Reichstag, el edificio del parlamento alemán, es probablemente el lugar que mejor podría resumir la historia reciente de Berlín: después de su construcción, ha sido quemado, bombardeado, reconstruido, apuntalado por el Muro, recubierto de tela plástica y finalmente resucitado.

El Reichstag desde su parte trasera

Este edificio neobarroco terminado en 1894 y diseñado por Paul Wallot para acoger la Dieta Imperial Alemana no le gustaba al káiser Guillermo II, pues a pesar de que el poder ejecutivo lo ostentaba él mismo y sus ministros, el parlamento ejercía cierta influencia en los asuntos de estado. Le preocupaba, además, que su magnificencia pudiese eclipsar la de su residencia oficial en Berlín, el Palacio Real en el extremo oriental de la Unter den Linden. Para que os hagáis una idea, al káiser le gustaba referirse al edificio del Reichstag como «la jaula de los monos» o «la cumbre del mal gusto». 

Fachada del Reichstag

Menos de un mes después de que Adolf Hitler fuera nombrado canciller de Alemania, el Partido Nazi encontró el pretexto perfecto para hacerse con el poder absoluto. En la noche del 27 de febrero de 1933, se desató un terrible incendio en el Reichstag. La policía arrestó a Marinus van der Lubbe, un comunista neerlandés de 24 años, circunstancia que fue aprovechada por los dirigentes nazis para convencer a la opinión pública de que se trataba de una prueba irrefutable de un intento organizado de disparar la revolución comunista (hoy muchos creen que fueron los propios nazis quienes provocaron el incendio). Al día siguiente la Constitución de Weimar fue suspendida, declarándose el estado de emergencia y allanándose el camino para la persecución legal de los opositores políticos de los nazis. Con los escaños del parlamento de los comunistas vacíos, los nazis ganaron la mayoría absoluta y nombraron a Hitler dictador al año siguiente, después de la muerte del presidente Hindenburg.

Reichstag

Los nazis no se preocuparon de restaurar el Reichstag tras el incendio y sufrió nuevos daños durante la Segunda Guerra Mundial. Los restos de la cúpula diseñada por Wallot, que había despertado los elogios de sus contemporáneos, se dinamitaron en 1954, pero el resto del edificio, situado en el sector Occidental del muro, fue restaurado en la década de 1960, a pesar de lo cual un acuerdo de 1971 prohibió al parlamento federal de Alemania Occidental, con sede en Bonn, utilizar el Reichstag.

Fachada del Reichstag

Todo cambió con la reunificación alemana. Antes de que el Reichstag volviera a convertirse en la sede del Bundestag (parlamento) alemán, en 1995 los artistas Christo y Jeanne-Claude envolvieron el edificio entero con 100.000 metros cuadrados de tela plástica. Unos pocos años más tarde, en 1999 el prestigioso arquitecto Norman Foster llevó a cabo una de sus más famosas intervenciones cuando reconstruyó definitivamente el Reichstag, conservando su solemne exterior pero restaurando todo el interior. El elemento más espectacular que diseñó Foster es la cúpula de cristal, que pretende simbolizar la nueva Alemania del futuro, democrática y unida.

Cúpula de Norman Foster, fotografiada desde la azotea del Reichstag

La visita al interior de la cúpula del Reichstag es gratuita, pero es necesario registrarse en la página del Bundestag y reservar la visita anticipadamente en el siguiente enlace para poder acceder a ella a través de un ascensor. Una vez allí, uno se percata de que se encuentra ante una de las obras arquitectónicas contemporáneas más emblemáticas del planeta (aunque personalmente debo reconocer que siempre preferiré las estructuras antiguas a las modernas). En el centro de la cúpula se levanta una estructura en forma de embudo revestido de espejos, justo por encima de la Plenarsaal, la sala de plenos, a la que también se puede acceder mediante visita guiada. Para ascender hasta el punto más alto y disfrutar de las vistas de Berlín, uno debe subir por una rampa en espiral.

Interior de la cúpula de cristal de Norman Foster
Estructura central de la cúpula realizada a base de espejos

En torno a la base de la estructura central de la cúpula, hay instalados unos paneles informativos que explican la atribulada historia del Reichstag, cuyo último capítulo (hasta el momento) fue la instalación de su cúpula de cristal. A pesar de la radical modernidad de este elemento, Foster quiso conservar algunas partes del edificio del siglo XIX, además de un recuerdo histórico: los grafitis en alfabeto cirílico que los soldados soviéticos dejaron cuando conquistaron uno de los últimos reductos de resistencia nazi. Desgraciadamente no pudimos encontrarlos, pero sí pudimos encontrar el lugar exacto de la azotea desde donde Yevgeny Khaldei realizó una de las fotografías más icónicas de la Segunda Guerra Mundial, la de unos soldados izando una bandera soviética en señal de triunfo el 2 de mayo de 1945.

«Alzando una bandera sobre el Reichstag», fotografía de Yevgeny Khaldei (Fuente de la imagen: www.fotoscuriosas.org)
Azotea del Reichstag, desde donde se hizo la histórica fotografía

El último tramo que recorrimos aquel día fue a través del Tiegarten mientras regresábamos a la Puerta de Brandenburgo para que mis padres pudieran coger el metro de regreso al apartamento. Yo, en cambio, me dediqué a volver a algunos de los lugares en los que habíamos estado aquella mañana para poder explorarlos con más calma, como por ejemplo el Monumento a los judíos asesinados de Europa, la Topographie des Terrors o el Checkpoint Charlie. Ya podéis imaginar lo cansados que terminamos aquel día, y deseosos de descansar mi padre y yo salimos a comprar algo rápido para cenárnoslo en la habitación del Flower’s Boardinghouse Mitte.

Tiegarten

Mañana nos espera un campo de concentración y el busto de Nefertiti, entre otras cosas. ¿Os lo vais a perder?

¡Buenas noches!

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