Día 4 en Berlín: explorando el subsuelo berlinés y la Museumsinsel

Amanece nuestro cuarto día en Berlín, la ciudad maltratada por la Historia, aunque en ocasiones también bendecida. Bendecida con absolutas maravillas en forma de tesoros artísticos y arqueológicos como los que habíamos descubierto el día anterior y como los que aquel día íbamos a descubrir. Pero las tinieblas están mucho más presentes en Berlín. Las podemos encontrar a plena vista y también escondidas bajo tierra. Hoy íbamos a adentrarnos en el mundo subterráneo de la capital alemana de la mano de la asociación independiente Berliner Unterwelten para visitar uno de los pocos búnkers que se conservan utilizado durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría. Una experiencia inolvidable que dio paso a otro contraste radical (Berlín es ciudad de contrastes bruscos y fascinantes), el de volver a admirar la belleza en otros dos museos pertenecientes a la Museumsinsel: el Pergamonmuseum y la Alte Nationalgalerie.

Búnker Gesundbrunnen (Berliner Unterwelten)

¡Era hora de ponerse en marcha! Nuestro primer destino se encontraba a muy pocas paradas de U-BAHN de nuestro hotel, el Flower’s Boardinghouse Mitte, sin embargo aquel día también madrugamos por una razón muy concreta que ahora pasaré a comentar.

CONSEJO CANTINELERO

La asociación Berliner Unterwelten fue formada hace ya unos cuantos años por una serie de expertos profesionales de diversos campos (historiadores, ingenieros, arquitectos y otros apasionados del tema) para velar por la conservación y la puesta en valor de los restos históricos del subsuelo berlinés. En la actualidad organiza diversos tours en distintos idiomas (alemán, inglés… ¡y español!) en varios lugares de gran interés histórico.

Resulta muy importante resaltar que NO es posible reservar las entradas con antelación (excepto grupos), por lo que uno debe presentarse directamente en su oficina el mismo día en que va a llevarse a cabo el tour en el que se está interesado (consultar calendario en su página web). Yo recomiendo que os presentéis allí con suficiente tiempo de antelación si no queréis quedaros sin vuestra entrada. ¡Más vale ser precavidos!

Como nosotros no queríamos perdernos por nada del mundo el Tour 1 Mundos en tinieblas en español, mis padres y yo nos presentamos en la oficina de Berliner Unterwelten, situada justo al lado de la estación de U-BAHN Gesundbrunnen, minutos antes de que comenzara la visita a las 10h. Algunos españoles ya hacían cola para entonces y, como aún no habían abierto la oficina, conversamos animadamente con una pareja joven de sevillanos interesados como nosotros en conocer uno de los pocos búnkers visitables que se conservan aún hoy en día en Berlín y que fueron utilizados por la población civil durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría: el Búnker Gesundbrunnen.

Guardando la cola en la oficina de Berliner Unterwelten

La entrada al búnker en cuestión se encuentra justo al lado de la oficina de Berliner Unterwelten y está situado entre el nivel de la calle y el nivel de la estación de U-BAHN Gesundbrunnen. Como reza la propia descripción del tour en la página web de la asociación, «cientos de personas transitan diariamente frente a una puerta verde en el interior de la estación de U-BAHN Gesundbrunnen sin siquiera imaginar que, tras ésta, se ocultan extensas habitaciones llenas de historia». Y es que el origen de estas instalaciones se encuentra íntimamente ligado al de la propia estación, pues en un principio fueron construidas para el personal del U-BAHN como habitaciones, aseos, despachos, etc. Tras el crack de 1929, estos espacios no pudieron ser acondicionados debidamente, lo que dio pie a que durante la década de los años 30, cuando Europa se preparaba para la contienda más aterradora del siglo XX, fueran aprovechados por la población civil como un búnker improvisado.

Estación de U-BAHN Gesundbrunnen de Berlín, con la entrada al búnker del Tour 1 de Berliner Unterwelten

Una vez con nuestras entradas en la mano (12€ por adulto, 10€ con descuento para estudiantes), nuestro guía nos informó de la posibilidad de que alguien pudiera sentir claustrofobia en algún momento de la visita, para lo cual estaban absolutamente preparados (un segundo miembro de la asociación se encarga de seguir al grupo en todo momento y de sacar de allí a cualquier persona que pudiera sufrir cualquier tipo de inconveniente durante la visita). Desde aquí podemos asegurar que la experiencia, si bien resulta altamente intensa, en ningún momento llega a ser angustiante. Recordad que las fotografías y las reproducciones en vídeo no están permitidas durante el recorrido.

Búnker de Gesundbrunnen(fotografía propiedad de Berliner Unterwelten © Holger Happel)

El Búnker Gesundbrunner se encontraba en un estado bastante ruinoso pero los profesionales independientes de la asociación Berliner Unterwelten se encargaron de limpiarlo y volver a acondicionarlo (con objetos no originales del lugar) para las visitas. El recorrido transcurre a través de una serie de «habitaciones» sin ventanas y con muy poca ventilación en cuyos muros está escrita la capacidad del número de personas que, en teoría, tenía cada una de ellas (aunque en la práctica se llegaba a triplicarla). Solo tres de ellas cumplían una finalidad específica: la «central de comando», la enfermería y un cuarto de emergencias.

Enfermería del búnker (fotografía propiedad de Berliner Unterwelten © Holger Happel)

Puesto que el búnker no poseía un generador de emergencia propio sino que dependía enteramente del suministro eléctrico externo, para iluminar las estancias cuando la luz eléctrica dejaba de funcionar y brindar así un mínimo de orientación visual a las personas que estaban dentro, se pintaron las paredes con un tipo de pintura luminiscente cuyos restos todavía se conservan. Como a simple vista resulta imperceptible, nuestro guía apagó las luces durante un momento para poder apreciarla y aunque se encuentra ya algo desgastada, todavía sigue haciendo efecto. Por cierto, nos recomendaron no tocar las paredes pues dicha pintura es tóxica debido a que contiene una mezcla de zinc y sulfato de cobre.

Pintura luminiscente del búnker (fotografía propiedad de Berliner Unterwelten © Holger Happel)

Gracias a las explicaciones de nuestro guía, siempre rigurosas y respetuosas con la memoria de las personas que pasaron allí las horas más amargas e inciertas de sus vidas, pudimos comprender que el búnker, aunque aparentemente seguro, en realidad no ofrecía ninguna garantía ante los bombardeos pues como hemos comentado anteriormente, su construcción no fue concebida para tal fin. Además, tampoco ofrecía seguridad contra armas químicas, la ventilación era prácticamente nula y las condiciones de habitabilidad, realmente deficientes. Dicho de otro modo: meterse en este búnker no era mucho más seguro que quedarse en el exterior. Así de cruda era la realidad.

Sala del búnker (fotografía propiedad de Berliner Unterwelten © Holger Happel)

En este sentido, la propaganda por parte del gobierno nazi se encargaba de maquillar esta realidad. No solo instaban a la población a comprar objetos «imprescindibles» para tener en sus casas (como las mascarillas anti-humo que en realidad no servían contra ataques de gas), sino que además aleccionaban a los más pequeños sobre cómo comportarse en caso de bombardeos con revistas y juegos de mesa. Algunos de estos objetos se exponen en algunas de las salas del Búnker Gesundbrunnen junto a proyectiles auténticos que, por fortuna, nunca llegaron a explotar y que fueron encontrados en el subsuelo pantanoso de Berlín.

Sala donde se exponen objetos relacionados con la Segunda Guerra Mundial (fotografía propiedad de Berliner Unterwelten © Holger Happel)

Si hablamos de cifras, a uno se le pone la piel de gallina. Se estima que Berlín fue devastada cinco veces solo en el siglo XX y los refugios y búnkers de la ciudad solo tenían capacidad para un 5% de la población. Como es de suponer, la capital del Reich era el objetivo militar más codiciado por los aliados. Los primeros bombardeos por parte de los escuadrones británicos que hicieron tambalear la capital comenzaron en agosto de 1940 y se prolongaron, cada vez con más intensidad, hasta el final de la contienda, momento en el que el centro de la urbe y su entorno fueron destruidos hasta en un 80%,

Vitrina de exposición (fotografía propiedad de Berliner Unterwelten © Holger Happel)

Tras el final de la guerra, la mayoría de búnkers fueron inmediatamente usados como refugios por la población más desamparada y por algunos fugitivos. Finalmente serían demolidos por decreto de la desmilitarización de Alemania (previo saqueo del inventario disponible por parte de los supervivientes), sin embargo el de Gesundbrunnen se salvó de la destrucción gracias a su proximidad con la estación de metro. A partir de ese momento, decenas de miles de personas se dedicaron a buscar restos de valor entre los escombros, amontonando estos en montañas cada vez más altas. Esto ocurrió por ejemplo en el Parque Humboldthain, donde fueron apilados 1’6 millones de metros cúbicos de escombros alrededor de la torre antiaérea Flakturm, la única que queda en pie en Berlín de las tres que existieron y protagonista del Tour 2 «De la torre antiaérea a la montaña de escombros» con la asociación Berliner Unterwelten.

La visita al Búnker Unterwelten finaliza mostrando al público para qué otras funciones era utilizado el subsuelo de Berlín, además de para albergar el metro o como refugio para la población civil. Durante décadas también fue destinado a la fabricación de cerveza o para el correo neumático, que era transportado a través de unos tubos por toda la ciudad.

Sala donde se muestran los tubos que servían para el transporte del correo neumático que se utilizaba en el subsuelo de Berlín (fotografía propiedad de Berliner Unterwelten © Holger Happel)

Para terminar, cabe resaltar que en el interior de la oficina de Berliner Unterwelten podréis visitar la exposición Mitos de Germania.  A través de una gran maqueta y recursos audiovisuales, se muestran los planes urbanísticos y arquitectónicos que Hitler, con ayuda de su arquitecto principal Albert Speer, pretendía llevar a cabo en Berlín para convertirla en la «capital del mundo».

Museumsinsel: Pergamonmuseum

Al finalizar la visita subterránea mis padres y yo aprovechamos para comer algo rápido en el pequeño establecimiento que hay justo al lado de la oficina de Berliner Unterwelten. Al igual que habíamos hecho durante la jornada anterior, era hora de poner el contrapunto a tanta intensidad emocional y regresamos a la Museumsinsel para visitar el último de sus 5 museos en ser construido (1930) y el más visitado de todo Berlín: el Pergamonmuseum. Sede de tres importantes colecciones (la Antikensammlung o Colección de Antigüedades Clásicas, el Vorderasiatisches Museum o Museo del antiguo Oriente Próximo y el Museum für Islamische Kunst o Museo de Arte Islámico), el Pergamonmuseum alberga algunas de las piezas artísticas de la Antigüedad más importantes del planeta.

Pergamonmuseum en fase de rehabilitación

En ese momento el museo llevaba ya algunos años en fase de remodelación y, para desgracia nuestra, continuaba sin ser posible admirar el tesoro más preciado de toda la colección, el Altar de Pérgamo, desenterrado junto con otras partes de la acrópolis de la antigua ciudad griega de Pérgamo (actual Bergamo, en el oeste de Turquía) durante las décadas de 1870 y 1880. Los hallazgos principales fueron los frisos que rodeaban el altar y que representan batallas en las que los dioses se enfrentan a los gigantes. Lo que se podrá verse en los próximos años (esperemos que no se demoren mucho más) es la reconstrucción del lado oeste del altar original, levantado hacia el 170 a.C. Los frisos de los lados norte, sur y este se expondrán colgados de las paredes de la sala. ¡Ya tenemos excusa para volver a Berlín!

Mis padres frente a los guardianes Lammasu, divinidad protectora de la mitología asiria, que dan entrada a la sección del Museo del antiguo Oriente Próximo en el Pergamonmuseum

En el interior del Pergamonmuseum os esperan, sin embargo, otras muchas obras maestras de las culturas antiguas «rescatadas» durante las expediciones arqueológicas llevadas a cabo por los alemanes durante los siglos XIX y XX. Sin duda, la que más impresiona es la maravillosa Puerta de Ishtar o Puerta de Astarté, una de las 8 puertas monumentales (de 10 metros de altura) de la antigua muralla interior de Babilonia, a través de la cual se accedía al templo de Marduk. Construida en el siglo VI a.C. bajo el reinado de Nabucodonosor II, se compone de adobe y cerámica vidriada de un intenso color azul debido al lapislázuli. Para llegar hasta ella, deberéis atravesar un pasillo central que reconstruye la vía procesional que había en Babilonia decorada con extraordinarios relieves de animales dotados de un realismo incomparable.

Relieves del pasillo procesional de Babilonia
Pasillo procesional de Babilonia
Relieve de león
Vía procesional de Babilonia

Desgraciadamente, no es posible apreciar la visión de conjunto de la Puerta de Ishtar desde el pasillo central. Eso significa que hasta que uno no llega a los pies de la misma, no puede contemplarla en su totalidad. En mi opinión, resulta una pena que la distribución de los espacios museísticos le impida una mayor sensación de monumentalidad, por lo que pierde mucho impacto. A pesar de esta circunstancia, nosotros quedamos extasiados por la intensidad de ese azul tan deslumbrante.

Puerta de Ishtar
Puerta de Ishtar
Pergamonmuseum

Cruzando por debajo de la Puerta de Ishtar nos encontramos con otro maravilloso acceso antiguo, la Puerta del Mercado de Mileto, una ciudad de origen griego de la costa occidental de la actual Turquía. Erigida hacia el 120 a.C., esta colosal obra arquitectónica era en realidad un elemento relativamente modesto en el panorama de la próspera ciudad, un importante puerto comercial del Mediterráneo como recrea una maqueta presente en la sala.

Puerta del Mercado de Mileto
Puerta del Mercado de Mileto

De la colección de arte islámico me gustaría destacar la cúpula de la Alhambra, un fabuloso techo labrado tomado de una torre de vigilancia del famoso palacio granadino (adquirido de un coleccionista de arte berlinés), un conjunto arquitectónico formado por la base de la fachada y las torres del palacio de un principe del siglo VIII de Mshatta, en la actual Jordania, y por último la sala de Alepo, un recibidor completo de la casa de un acomodado hombre de negocios cristiano de esta ciudad del norte de Siria, un extraordinario ejemplo de marquetería.

Palacio de Mshatta
Sala de Alepo en el Pergamonmuseum

Museumsinsel: Alte Nationalgalerie

Mis padres ya se encontraban algo cansados, pero yo no pensaba en dar por finalizado el día, de modo que, mientras ellos me esperaban fuera, yo decidí dedicarle mi tiempo a la pintura. La Alte Nationalgalerie, proyectada por el arquitecto Schinkel en un elegante edificio neoclásico (y posteriormente restaurado tras los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial), forma parte también de la Museumsinsel y está considerada la pinacoteca más importante de Berlín.

Alte Nationalgalerie
Alte Nationalgalerie

Nacida de la colección de la Fundación Cultural de Herencia Prusiana, alberga importantes obras de artistas europeos del siglo XIX de gran renombre, entre los que destacaré a Constable, Delacroix, Goya, Friedrich, Manet, Cézanne, Monet, Renoir, Degas, Pisarro y Rodin. Además, dos artistas berlineses gozan de un protagonismo destacado en la Alte Nationalgalerie: Menzel, pintor favorito de la corte de Federico el Grande, y Liebermann, el máximo representante del impresionismo en Alemania.

Alte Nationalgalerie
Sala dedicada al impresionismo francés en la Alte Nationalgalerie

Pasear un rato a solas entre los distintos movimientos pictóricos del siglo XIX, eso sí que es un tiempo bien invertido en uno mismo. Realismo, neoclasicismo, romanticismo, impresionismo… Una auténtica clase de historia del arte y un deleite para la vista y el espíritu. ¿Puede haber algo mejor para terminar una jornada de turismo en Berlín?

Alte Nationalgalerie

¡Pues sí! Al regresar al hotel y cenar algo rápido en nuestra habitación, mi padre accedió a acompañarme a dar un paseo nocturno por la Potsdamer Platz para visitar el Sony Center (que ya vimos en nuestro segundo día de viaje). Mientras compartíamos confidencias entre padre e hijo, llegamos hasta la Puerta de Brandenburgo, donde aproveché para fotografiarla prácticamente sin gente.

Sony Center
Puerta de Brandenburgo
Pariser Platz

Solo nos quedaba un día en Berlín, en realidad medio día, pero íbamos a aprovecharlo al máximo. ¿A alguien le quedaba alguna duda? Mañana visitaremos una iglesia muy especial en un lugar nuevamente golpeado por la Historia.

¡Hasta mañana!

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