Día 5 en Berlín: el último golpe

Guten Morgen! Aquella soleada mañana mis padres y yo nos levantamos con un sabor agridulce, pues iba a ser la última que íbamos a pasar en la capital alemana. Nuestro avión salía aquella misma tarde, por lo que todavía nos quedaba tiempo para visitar un último monumento que resume en sí mismo la fatalidad de una ciudad machacada por la Historia: la Iglesia-Memorial Kaiser Wilhelm. Esta se encuentra en lo que antiguamente correspondía a la zona occidental controlada por la República Federal Alemana (RFA), lo cual nos permitió conocer en toda su esencia al menos un trocito de esa otra parte de la ciudad.

Iglesia-Memorial Kaiser Wilhelm

La Kaiser-Wilhelm Gedächtniskirche fue una de las más de treinta iglesias que el káiser Guillermo II mandó construir tras subir al trono con el fin de embellecer la ciudad. Ésta concretamente la levantó en honor a su abuelo, el káiser Guillermo I, en estilo neo-bizantino, con llamativos mosaicos y relieves en su interior que representaban la historia de la dinastía de los Hohenzollern. Sin embargo, el templo hubiese sido eso, uno más de tantos, de no ser porque las protestas de los berlineses durante la década de 1950 evitaron los planes de su demolición tras ser bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial y convertirse así en memorial. La iglesia, apodada en la actualidad «la muela picada», es otro de esos monumentos que aún conservan las cicatrices más visibles de la contienda.

Los mosaicos del interior fueron restaurados y hoy lucen con el esplendor de antaño. De todo el conjunto destaca la serie en que aparecen representados los emperadores alemanes, incluidos los dos personajes que más vinculación tienen con el lugar, los káisers Guillermo I y Guillermo II. Bajo este manto dorado, objetos religiosos expuestos en vitrinas de un gran valor histórico y simbólico.

Interior de la iglesia
Mosaicos del interior
Detalle del mosaico

Rodeando por delante y por detrás al templo, se encuentran dos edificios de moderna construcción: un alto campanario que actualmente alberga una tienda de recuerdos y una capilla (llamada Iglesia Nueva), formada por cristales azules a través de los que se refleja la luz como si estuviésemos dentro de una preciosa vidriera gigante, una circunstancia que la convierte en un lugar óptimo para el recogimiento y la contemplación.

Interior de la moderna capilla
Figura de Jesucristo en el interior de la capilla

¿SABÍAS QUE…?

En el interior de esta moderna capilla se encuentra la famosa Madonna de Stalingrado, un dibujo que el doctor y pastor evangélico alemán Kurt Reuber hizo en el dorso de un mapa ruso con un trozo de madera quemado durante la batalla de Stalingrado, concretamente en la Navidad de 1942. Siendo médico de la 16.ª División-Panzer,​ Reuber se encontraba en un refugio alemán cercado por las fuerzas rusas mientras se libraba la contienda. Una vez hubo terminado su obra, la colgó en una de las paredes del refugio. Muchos soldados de otros refugios cercanos comenzaron a arriesgar sus vidas para venir a contemplarla a un lugar que terminaría por convertirse en una suerte de santuario. En la actualidad existe un gran número de reproducciones del dibujo repartidas por todo el planeta al tratarse de un símbolo que apela a la reconciliación entre pueblos.

Madonna de Stalingrado

Al salir de la capilla mis padres y yo reparamos en algo que nos erizó el vello del cuerpo. Alguien había colocado unas cuantas fotos, flores y velas en las escaleras cercanas a la entrada, y al acercarnos, nos dimos cuenta de que allí mismo había tenido lugar el último golpe que la fatalidad ha asestado a esta maravillosa ciudad. Me estoy refiriendo al atentado del 19 de diciembre de 2016 (reivindicado por el grupo terrorista ISIS, el autodenominado Estado Islámico) en el que un hombre condujo un camión robado a través de un mercado navideño atropellando a 11 personas justo en este punto.

Memorial del atentado de 2016, con los nombres y la nacionalidad de las personas asesinadas aquel día

Para terminar con nuestro viaje a Berlín, decidimos volver a pasear por el Nikolaiviertel, el barrio de Nicolai, el mismo que habíamos visitado durante nuestro segundo día en la ciudad de la mano de nuestra guía de Civitatis, Marta, quien precisamente entonces nos había recomendado un buen sitio para comer allí mismo. No desaprovechamos la ocasión y después de llenar la panza nos dirigimos por última vez al hotel para recoger las maletas antes de regresar al aeropuerto.

LOS CANTINELEROS RECOMIENDAN…

Un lugar recomendable para reponer fuerzas si uno se encuentra en el barrio de Nikolai es la Brauhaus Georgbraeu, una cervecería que ofrece comida típica berlinesa (un buen snitzchel o unas buenas salchichas alemanas) acompañada de cerveza artesanal. ¡Y todo a un precio bastante razonable!

Brauhaus Georgbraeu, en Nikolaiviertel

¡Y esto ha terminado! Así di por finalizada esta preciosa escapada berlinesa que tanto disfruté junto a mis padres, cumpliendo varios sueños viajeros que teníamos pendientes. Berlín, uno de esos destinos imprescindibles para los amantes de la Historia en mayúsculas.

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Auf wiedersehn!

 

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