Divina Pádua

Amanece nuestro tercer día en Venecia preparados para visitar una nueva ciudad del Véneto italiano. Desayunamos en la pequeña terraza del Ca’ Lucrezia y nos dirigimos a la Stazione Santa Lucia, a escasos minutos a pie de nuestro hotel. Durante la tarde de ayer ya nos escapamos durante unos minutos a comprar los billetes para nuestro nuevo destino, por lo que hoy solo nos toca esperar al tren que nos llevará a la bella Pádua. Pasaremos allí todo el día de hoy y a última hora regresaremos a nuestro hotel veneciano.

El trayecto desde la estación de Venecia hasta la Stazione Centrale Porta Bagagli de Pádua es de aproximadamente 30 minutos. Nuestra visita a Pádua (Padova en italiano), sede de una de las universidades más antiguas e importantes de Europa, estaba bien justificada. De todo su impresionante patrimonio cultural y artístico, destacan en Pádua dos tesoros únicos de fama mundial: la Basílica de San Antonio y la Cappella degli Scrovegni, cuyos frescos fueron pintados por el genio Giotto.

Museos Cívicos Eremitani

Nuestro primer destino es Piazza Eremitani, a la que llegamos desde la estación de tren en unos 10 minutos caminando. Allí se encuentra la divina capilla de los Scrovegni, sin ninguna duda uno de los lugares más bellos del mundo y para la cual habíamos reservado nuestra entrada por internet desde hacía algunos meses atrás. Como habíamos llegado pronto, decidimos visitar el complejo de los Museos Cívicos Eremitani (entrada incluida en el acceso a la Capella degli Scrovegni), que incluye el Museo Arqueológico y el Museo de Arte Medieval y Moderno. Estos museos se encuentran en los claustros del antiguo convento de los frailes Eremitani, reconstruido recientemente después de sufrir enormemente durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.

Aunque no es imprescindible, supone una visita interesante y resultó ser un buen aperitivo de lo que nos esperaba a continuación.

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Jardines del complejo de los Museos Cívicos, con la Cappella degli Scrovegni al fondo

Cappella degli Scrovegni

Por fin llegó la hora. Cuando Rafa visitó por primera vez la Cappella degli Scrovegni en 2002 durante su estancia universitaria sufrió una experiencia religiosa en toda regla. Ahora, aquí estaba de nuevo, esta vez con Inma. ¿Sentiría ella también lo mismo?

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Inma junto a la Cappella degli Scrovegni, un edificio construido en ladrillo, de planta rectangular y cubierto con bóveda de cañón

La visita a esta capilla es extremadamente rigurosa. No es de extrañar puesto que los padovanos consideran este lugar casi como un lugar sagrado y lo conservan y protegen de una manera extrema. Para acceder es aconsejable reservar con bastante antelación (nosotros lo hicimos por internet) ya que no es nada fácil comprar una entrada (13€ por adulto, incluye el acceso a los Museos Cívicos Eremitani) para el mismo día debido al número reducido de plazas por grupo. Diez minutos antes de nuestra hora ya estábamos esperando en la entrada.

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Acceso a la Cappella degli Scrovegni

Durante la visita no permiten dejar entrar a un grupo mayor de 25 personas, lo cual supone una gran comodidad para disfrutar plenamente de este espacio reducido. Primeramente pasamos a un espacio multimedia adyacente donde nos invitan a sentarnos a ver un documental que nos explica brevemente la historia de la capilla, la actuación artística por parte del pintor Giotto (el motivo por el cual esta capilla se conoce hoy en el mundo entero) y por último los pormenores de la importante restauración que se llevó a cabo en 2001. Luego pasamos al interior de la capilla propiamente dicha. Lo que esconde el sobrio exterior de un modesto edificio de ladrillos no es sino una de las cumbres del arte occidental de todos los tiempos.

Pero antes, un poco de contexto histórico: la capilla, dedicada a Santa María de la Caridad, fue erigida en 1303 por orden del mecenas Enrico Scrovegni, quien pretendía expiar los pecados de su padre, de quien se dice que amasó su fortuna con la usura, tal y como se explica en el Infierno de Dante. Fue diseñada como capilla funeraria para el propio Enrico, el cual se encuentra enterrado en su interior. En origen la estructura se encontraba conectada al palacio de la familia, hoy desaparecido, que había sido construido por orden de los Scrovegni siguiendo el trazado elíptico de los restos del antiguo anfiteatro romano que se encontraba allí y que hoy constituye el jardín que está delante del edificio.

Entramos por fin al interior de la capilla y quedamos absolutamente deslumbrados por UNA DE LAS OBRAS DE ARTE MÁS IMPRESIONANTES DE LA HISTORIA Y UNO DE LOS LUGARES MÁS BELLOS DEL MUNDO. Esta afirmación puede resultar subjetiva e imprecisa, pues para decir tal cosa tendríamos que haber visitado todos los países del planeta, sin embargo estamos completamente seguros de que hay muy pocos lugares que puedan provocar un sentimiento estético tan potente dentro de un espacio tan reducido.

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Interior de la capilla (Fuente: http://www.venezia360.com/arte-e-cultura/la-cappella-degli-scrovegni-giotto-padova/)

En su primera visita a la capilla de los Scrovegni, Inma sintió una extraña magia que se apoderó inmediatamente de ella al contemplar los intensos colores de los frescos que un joven Giotto di Bondone pintó para su mecenas Enrico. El conjunto narrativo de los 42 frescos de las cuatro paredes y repartidos en tres bandas horizontales superpuestos representa escenas del Antiguo y Nuevo Testamento, concretamente la historia de Santa Ana y San Joaquín, de la Virgen y de Jesús, incluyendo también un último fresco del Juicio Final en el muro oeste. La pintura de la bóveda de cañón representa el cielo estrellado. En definitiva, un conjunto iconográfico absolutamente sorprendente y con el que Giotto revolucionó la historia del arte. Cuando los artistas del Renacimiento inventaron la perspectiva casi un siglo después, se inspiraron en lo que había hecho Giotto en esta capilla.

¿Cómo resumir esta visita? Existen muchos lugares bonitos. Existen también algunos lugares únicos, inolvidables. Sin embargo existen muy pocos lugares a los que hay que ir obligatoriamente al menos una vez en la vida. La Cappella degli Scrovegni es uno de ellos, ya seas amante del arte o no.

Piazza delle Erbe y Palazzo della Ragione

Todavía conmocionados por lo que acabábamos de contemplar, continuamos adelante hasta la inmensa Piazza delle Erbe, una de las más importantes de la ciudad. Allí nos recibe un gran mercado al aire libre, al igual que se viene haciendo desde hace siglos atrás. Presidiendo la plaza, el fabuloso Palazzo della Ragione, antigua sede de los tribunales de la ciudad y que alberga el salón más grande de toda Europa. Su hermosa bóveda de color azul celeste es uno de los símbolos de Pádua.

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Palazzo della Ragione, en la Piazza delle Erbe
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El fabuloso Palazzo della Ragione, levantado entre los siglos XIII y XIV.

Piazza dei Signori

Muy cerca de la Piazza delle Erbe se encuentra la Piazza dei Signori, donde antiguamente los padovanos celebraban sus festejos cívicos. Rodeada por diversos palacios, en uno de sus extremos encontramos la hermosa Torre dell’orologio, del siglo XVI.

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Torre dell’orologio de Pádua, en Piazza dei Signori

Regresamos sobre nuestros pasos, dirigiéndonos hacia la Via San Francesco. Allí encontramos una pequeña pizzería, lugar que elegimos para reponer fuerzas pues ya era la hora de comer. Muy cerca de allí y ya con el estómago lleno, encontramos dos curiosas casas cuyos propietarios fueron ilustres habitantes de Pádua durante un breve lapso de tiempo: la bellísima casa de Dante, quien vivió en Pádua durante su exilio, y la casa de Galileo Galilei, quien enseñó en la prestigiosa Universidad de Pádua entre 1592 y 1610.

 

Basílica de San Antonio de Pádua

A muy pocos metros de allí se encuentra la gran joya patrimonial de la ciudad (con el permiso de la Cappella degli Scrovegni, claro), la Basílica de San Antonio (entrada gratuita), famosa mundialmente por albergar los restos de San Antonio, sacerdote y predicador de origen portugués que murió en la ciudad italiana en el año 1231 siendo canonizado solo un año después. Ese mismo año se inicia la construcción de la basílica, un templo de aspecto bizantino (en este sentido presenta numerosas similitudes con la Basílica de San Marcos de Venecia) donde se dan citas distintos estilos arquitectónicos, el románico, el gótico, el renacentista y el barroco.

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San Antonio de Pádua

Al lado de su fachada principal, una escultura de Donatello, el Monumento del Gattamelata, un monumento ecuestre realizada por el maestro florentino en el siglo XV que representa a Erasmo de Narni, condotiero y jefe de las milicias vénetas fallecido en Pádua en 1443.

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Monumento del Gattamelata

El edificio es una auténtica obra maestra de la arquitectura. Sus ocho cúpulas y sus campanarios pueden verse desde casi cualquier punto de la ciudad. Mientras que su aspecto exterior resulta desmesurado, sorprendente, su interior es sencillamente abrumador. En él podemos encontrar, entre otras sorpresas, numerosas capillas, un monumental candelabro de bronce, más de 30 esculturas (algunas de Donatello), hermosos bajorrelieves de bronce con episodios del Antiguo Testamento y altorrelieves en mármol con episodios de la vida y milagros de San Antonio. A este templo acuden todos los días peregrinos de todo el mundo deseando visitar la tumba del Santo, algunos de ellos suplicándole algún milagro como los que supuestamente realizó en vida.

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Fachada de San Antonio de Pádua

Anexos a la iglesia hay una serie de claustros, el primero de ellos  posiblemente el más hermoso, el Claustro de la Magnolia, llamado así por el enorme árbol magnolio que se encuentra en su centro.

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Chiostro della Magnolia

Piazza Prato della Valle

Nos gustó tanto esta iglesia que la visitamos dos veces. La segunda, ya de regreso a la estación de tren y después de visitar la plaza elíptica más grande de Italia y una de las más grandes de Europa, Prato della Valle, con una extensión de casi 90.000 metros cuadrados. Con una isla verde en el centro, l’Isola Memmia, esta plaza está rodeada por un pequeño canal bordeado por dos anillos de estatuas. 78 estatuas, para ser exactos. Es un auténtico placer recorrer tranquilamente esta plaza, que ha sido restaurada recientemente reavivando una antigua zona marginal por el bien de los padovanos.

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Inma en uno de los pequeños puentes que rodean Prato della Valle.

Era hora de tomar el camino de regreso a la estación, no sin antes tomar un delicioso helado en una gelateria, volver a entrar en San Antonio y volver a admirar el Palazzo della Ragione en Piazza delle Erbe.

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Basílica de San Antonio
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Palazzo della Ragione

Regresamos a Venecia en el tren, buscamos restaurante para cenar y de vuelta al hotel. Mañana visitaremos otra de las ciudades más importantes del Véneto, allí donde Rafa pasó un mes entero de su vida, la ciudad elegida por Shakespeare para situar la tragedia más famosa de todos los tiempos: Verona. Allí pasaremos una noche inolvidable en un escenario único, ¡pero esto os lo contaremos mañana!

Buona notte!!

SIGUIENTE ETAPA. DÍAS 4 y 5