Stonehenge – Salisbury – Lacock

Parecía mentira pero el día que tanto habíamos esperado (sobretodo mi suegro Manuel y mi madre Victoria) había llegado por fin: hoy visitaremos el círculo megalítico más enigmático de toda Inglaterra y posiblemente del mundo entero, Stonehenge. Escribiendo esto me percibo nervioso, incluso después de haber pasado un tiempo de aquello. Y es que todo lo que sentí en Stonehenge tardaré en volver a sentirlo, estoy seguro. Desearía no dejarme ningún detalle importante en el relato de aquel día inolvidable, de modo que voy a intentar plasmarlo de la manera más ordenada posible teniendo en cuenta la enorme importancia que juegan las emociones cuando uno cumple un sueño tan largamente anhelado. Porque creo que cualquier buen relato no estaría completo sin incluir esa parte emocional. Porque la vida no solo está formada de datos objetivos, sino de esa chispa y esa magia que necesitamos para seguir adelante.

Aquel día, sin embargo, no todo fue Stonehenge. Otros dos lugares de una gran categoría histórica y estética completaron una jornada como decía antes, inolvidable. Nos referimos a Salisbury y Lacock, dos poblaciones que no pueden faltar por nada del mundo en un roadtrip por el sur de Inglaterra.

Aquel día nos despertamos en nuestro nuevo alojamiento, nuestra casa a las afueras de Westbury. Mientras disfrutábamos del desayuno en familia nos dimos cuenta de que la previsión climatólogica para la mañana de hoy no era precisamente buena. Sin embargo nada nos iba a detener, teníamos nuestras entradas y nuestra hora de visita reservada para contemplar in situ uno de los mayores logros que ha conocido la humanidad en toda su historia. Hasta Elia parecía estar más que dispuesta.

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Elia y su yayo Rafael en la casa de Westbury, listos para Stonehenge

Monumento de Stonehenge

El corto trayecto de apenas 30 minutos atravesando el condado de Wiltshire desde Westbury hasta el círculo megalítico se nos hizo eterno. Era tan grande la ilusión que teníamos todos que parecía que nuestro coche británico pesaba algo más que el día anterior. El tiempo no pasaba en absoluto y mi limpiaparabrisas hacía cada vez más acto de presencia sobre el cristal delantero, lo que hacía prever que iban a cumplirse las peores previsiones meteorológicas. Después de atravesar bellísimas praderas verdes llegamos al fin al aparcamiento del Centro de Visitantes de Stonehenge (gratuito los domingos y si vas acompañado de tu entrada anticipada. En caso contrario, se deben pagar £5 que se reembolsan una vez se haya adquirido la entrada). Habíamos reservado nuestra visita al monumento prehistórico para primera hora de la mañana, de 9’30h a 10h (te dejan un margen de media hora para acceder), con la esperanza de contemplarlo con el menor número de turistas posible.

Salir del coche significó experimentar la fuerza de la naturaleza en toda su magnitud. De repente y sin saber muy bien cómo, nos vimos atrapados en una intensa marea de lluvia y viento que aplastó nuestras últimas esperanzas de poder contemplar el círculo de Stonehenge de una manera cómoda. Mientras corríamos hacia el Centro de Visitantes huyendo de los elementos tuvimos la sensación de estar adentrándonos en un reino gobernado por un dios poderoso a la vez que caprichoso, y que quería darnos la bienvenida mostrándonos todo su poder natural. No sería fácil llegar hasta él, pues el monumento se encuentra a aproximadamente un kilómetro del Centro de Visitantes.

Una vez en el Centro de Visitantes, que más tarde visitaremos con tranquilidad, validamos nuestras entradas (£17.50 por adulto) y nos pusimos a hacer cola para subir a los autocares shuttle que te conducen hasta el monumento en un trayecto de 10 minutos (gratuitos con tu entrada). Otros 10 minutos de eterna espera hasta que por fin nuestro autocar se detuvo y pudimos bajar para caminar los últimos metros que nos separaban de las piedras. En este punto la lluvia y el viento eran ya tan intensos que nos costaba un gran trabajo avanzar. Con mucha dificultad pudimos divisar al fin nuestro destino, el lugar donde habita el dios de piedra creado por el hombre. 

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Avanzando hacia las piedras de Stonehenge
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Elia con sus abuelos en Stonehenge
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Círculo de piedras de Stonehenge

Allí estábamos, bajo un cielo hostil que parecía obedecer órdenes de esa divinidad pétrea que puso patas arriba el mundo de la arqueología. Pero, ¿qué es exactamente Stonehenge? Stonehenge es un monumento megalítico de tipología crómlech formado por dos círculos, uno interior con 6 grandes bloques de piedra rematados por tres colosales dinteles y otro exterior de 17 monolitos con diversos dinteles más. Esto es todo lo que queda de un conjunto que en su día llegó a tener unos 162 elementos pétreos repartidos en cuatro círculos. Desde la Edad Media se ha atribuido su construcción a los romanos, a los sajones, a los druidas celtas e incluso al mago del rey Arturo, el mago Merlín.

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Stonehenge
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Stonehenge

Stonehenge fue proclamado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1986 y, al igual que otro monumento circular cercano, el de Avebury (más antiguo y más grande que Stonehenge), es hoy propiedad de la National Trust. La fascinación de Stonehenge se debe principalmente al hecho de que la ciencia arqueológica todavía no ha conseguido dar respuestas definitivas sobre las grandes preguntas que suscita, ¿quiénes lo levantaron? ¿Con qué fin? Y sobretodo, ¿cómo fueron capaces de llevar a cabo semejante proyecto con herramientas y conocimientos tan rudimentarios? Lejos de las especulaciones y de las teorías que buscan las respuestas en otros planetas y que proponen la intervención extraterrestre en las culturas primitivas humanas, recientes investigaciones arqueológicas (en especial The Hidden Landscapes Project de la Universidad de Birmingham y The Stonehenge Riverside Project de la Universidad de Sheffield) han arrojado algo de luz sobre algunas cuestiones que hasta ahora permanecían bajo el velo de lo desconocido. Gracias a un estudio por radiocarbono realizado hace solo unos 15 años se pudo precisar la antigüedad de Stonehenge, aproximadamente unos 4.500 años. También sabemos con relativa seguridad que su construcción fue llevada a cabo en diversas fases, en un lapso de tiempo de unos 1.500 años entre finales del Neolítico y principios de la Edad del Bronce.

Actualmente existe bastante consenso en el mundo científico acerca de la cronología. Parece ser que alrededor del año 3.100 A.C. la planicie de Salisbury ya albergaba grandes túmulos con enterramientos colectivos (conocidos como long barrows, túmulos largos), un paisaje ceremonial donde se perfiló primeramente un amplio terraplén y un foso circular de unos 110 metros de diámetro que lo rodeaba. Unos 100 años más tarde, sobre el 3.000 A.C. se construyeron las primeras estructuras de madera en el interior del citado terraplén. En una tercera fase de construcción, entre el 2.600 y el 1.600 A.C. se levantaron los grandes bloques de piedra que todos reconocemos hoy en día. Finalmente, se estima que alrededor del año 1500 A.C. el monumento de Stonehenge fue abandonado. Las razones por las que se construyó y por las que después fue abandonado, las desconocemos.

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Stonehenge
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Stonehenge

La cuestión de la supuesta función que desempeñaba Stonehenge continúa siendo la principal incógnita. Lo que sí parece claro es que debía tener un propósito muy, muy especial dada la extraordinaria inversión de tiempo y de esfuerzo humano que requirió su edificación. En 1906 se relacionó por primera vez el monumento con el solsticio de verano, lo que nos lleva a comentar la teoría más extendida en la actualidad: se trataba de un centro ritual alineado con el movimiento del Sol. Tenemos que entender la enorme importancia que para las primeras comunidades agrícolas tenía el ciclo de las estaciones cuyo transcurso implicaba periodos de abundancia y otros de carencia. La alineación de Stonehenge con el solsticio de verano (el momento del año en que el Sol está en su cénit y por tanto el día más largo del año) sugiere que se debió levantar para acoger actividades rituales relacionadas con la abundancia, la fecundidad y la vida.

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Stonehenge
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Stonehenge

Pero la cosa no acaba aquí porque al parecer Stonehenge no era un centro ritual más. El estudio de los hallazgos más recientes (sobretodo una gran cantidad de enterramientos y restos de cremaciones) sugiere que este fue un lugar de culto de gran trascendencia cuya influencia atraía a personas de más allá del actual Reino Unido. 

Otros importantes hallazgos apoyan esta teoría de una manera contundente. El primero de ellos tiene que ver con el hecho de que Stonehenge no era el único monumento prehistórico de la llanura de Salisbury. A unos 3km al noreste de allí se encontraron otros dos henges (círculos), uno de ellos veinte veces más grande que Stonehenge y que contenía otros monumentos (llamado Durrington Walls), y otro más pequeño que contenía un monumento de madera (conocido como Woodhenge). Además, existían avenidas ceremoniales que conectaban los monumentos de Stonehenge y Durrington Walls con el río Avon, lo cual sugiere una conexión ritual entre ambos emplazamientos y que, en definitiva, todo formaba parte de un centro ritual mucho más amplio.

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Stonehenge
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Stonehenge

Cerca del Durrington Walls, además, se descubrieron los restos de una aldea neolítica compuesta por cientos de casas. Los arqueólogos del Stonhenge Riverside Project, autores del descubrimiento, proponen que esta aldea guardaba una estrecha relación con todo el recinto ritual del que formaba parte importante Stonehenge. El equipo liderado por Mike Parker Pearson cree que este asentamiento era precisamente el lugar ocupado por las personas que asistían estacionalmente a las actividades rituales celebradas en los monumentos de piedra y de madera. Vamos, que aquello debía ser una especie de Woodstock prehistórico durante los solsticios.

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Stonehenge
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Stonehenge

Otra cuestión enigmática que ha alimentado durante décadas la fantasía de las mentes más curiosas se refiere al origen de las piedras. Existen dos tipos de piedra en Stonehenge: unas piedras areniscas denominadas sarsen, las cuales se podían encontrar con relativa facilidad por todo el sur de Inglaterra, y unas piedras basálticas que recibieron el nombre de bluestone debido a que, cuando la lluvia las moja, adquieren tonos ligeramente azulados. Al parecer el lugar de procedencia más cercano de este segundo tipo de piedras son las montañas Preseli, en el suroeste de Gales, a más de 200km de distancia de la llanura de Salisbury. La cuestión de cómo pudieron transportar hasta allí las bluestone, de dos metros de altura y 4.000 kilos de peso, y de cómo elevaron las piedras sarsen y encajarlas con una precisión casi milimétrica teniendo en cuenta la posición de los astros en el momento del solsticio, sigue siendo hoy la mayor fuente de discusión en la comunidad científica. Lo que está claro es que, hicieran como lo hicieran, estamos ante una de las grandes proezas de la ingeniería de la historia de la humanidad.

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Stonehenge
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Stonehenge

Volvamos a nuestra visita. Por culpa de las inclemencias del tiempo y por temor a que Elia cogiera una pulmonía, Inma y su madre Rosa decidieron regresar con ella al Centro de Visitantes. Mientras tanto, mis padres, mi suegro y yo recorrimos con grandes dificultades de visión, aunque maravillados hasta la extenuación, el perímetro que rodea la estructura para contemplarla desde distintos puntos de vista. De hecho solo es posible contemplar las piedras desde lejos (pero no os preocupéis porque en algunas zonas estás muy cerca de ellas), excepto en algunos momentos del año cuando abren el perímetro y te permiten tocarlas.

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Mis padres y mi suegro disfrutando del monumento a pesar de las inclemencias del tiempo

Cuando ya encaminábamos el trayecto de vuelta el tiempo comenzó a darnos una tregua, lo que aprovechamos para volver al punto inicial y echarle un último vistazo mucho más nítido, regresando después con el autocar al Centro de Visitantes. Allí nos esperaban Inma, Elia y la abuela Rosa.

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Centro de Visitantes de Stonehenge

Era hora de visitar este interesante museo cuya visita es imprescindible para obtener una visión general de Stonehenge. Compuesto por una exposición permanente y una recreación de cómo eran las casas de aquellos hombres y mujeres prehistóricas, el Centro de Visitantes fue creado en 2013 para la difusión de la historia de este monumento emblemático y la conservación de más de 300 objetos arqueológicos encontrados en esta llanura (principalmente joyas, cerámica y restos humanos).

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Exposición permanente del Centro de Visitantes
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Recreación entorno a una hipótesis de transporte de las piedras
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Recreación de las casas que componían la aldea neolítica levantada cerca del monumento

Después de visitar el museo, entramos a la tienda de recuerdos (donde me compré un libro fabuloso sobre la historia del monumento megalítico) y luego a la cafetería. ¡Qué bien entró el café calentito después del frío que habíamos pasado!

Ciudad de Salisbury

El tiempo ya había comenzado a mejorar justo antes de despedirnos de Stonehenge y la cosa iba a mejor, de hecho ya había dejado de llover definitivamente. Una vez montados en el coche, nos dirigimos hacia nuestro siguiente destino del día, la ciudad de Salisbury. En apenas 20 minutos ya estábamos aparcando en el amplísimo y céntrico Salisbury Central Car Park, muy cerca del centro comercial Sainsbury’s. Al ser domingo no tuvimos que pagar ni una sola libra por el estacionamiento.

Salisbury es el prototipo de ciudad inglesa, con sus calles de suelo empedrado y pequeñas casas de origen medieval y entramados de madera que bordean el río Avon y sus cuatro afluentes. Aunque no estábamos seguros antes de venir, hoy os podemos asegurar que la visita a Salisbury es absolutamente imprescindible. La mayoría de la gente os dirá que merecerá la pena venir aunque solo sea por venir a admirar su catedral, y es cierto, porque es una de las más bonitas del mundo. Sin embargo Salisbury tiene encanto en sí misma y posee rincones muy pintorescos, así que ya sabéis, ¡ni se os ocurra pasarla de largo!

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High Street de Salisbury
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High Street
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High Street Gate

Desde el aparcamiento caminamos por la High Street, pasando por debajo de la puerta de origen medieval que antiguamente daba acceso al barrio de la catedral (Cathedral Close), la High Street Gate. Una vez atravesada ésta, accedimos primero a la preciosa Choristers Square, compuesta por un grupo de lujosas mansiones como la Mompesson House (propiedad de la National Trust), y seguidamente a la Catedral de Salisbury. Después de haberle echado de menos durante aquellos dos últimos días, de pronto volvió a asomar el sol justo en el preciso instante en los que estábamos a punto de vislumbrar el gran icono de la ciudad.

Catedral de Salisbury

Hemos tenido el privilegio de admirar muchas catedrales a lo largo de nuestros viajes. Muchas, muchísimas. Pues bien, no creo exagerar si digo que la Catedral de Salisbury (entrada libre) es sin lugar a dudas una de las que más nos ha gustado. Y es así porque nos impresionó desde el primer momento en que la vimos, porque es a la vez esbelta y poderosa y porque su decoración es a la vez rica en detalles y sencilla en matices. Es tan bonita que hasta sirvió de inspiración al pintor romántico John Constable, quien la inmortalizó en algunas de sus telas.

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Catedral de Salisbury
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Fachada principal

Cuesta creer que el cuerpo principal de este templo tan grande y tan alto (el más alto de toda Inglaterra, pues su aguja, visible desde cualquier punto de la ciudad, se eleva hasta los 123 metros de altura) se construyera en apenas 40 años, entre los años 1220 y 1258. Su construcción comenzó después de que la población abandonara su antiguo emplazamiento, hoy conocido como Old Sarum, y se trasladara a vivir a New Sarum, la actual Salisbury, en el siglo XIII. El antiguo asentamiento de Old Sarum, ubicado sobre una colina a muy pocos kilómetros de Salisbury, se remonta a la Edad de Hierro y hoy posee vestigios de todos los pueblos que pasaron por allí, especialmente los normandos, quienes construyeron allí un castillo y una catedral durante el siglo XI, de los cuales únicamente quedan unas pocas marcas en el suelo que indican el lugar donde estaban situados los monumentos.

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Catedral de Salisbury

La Catedral de Salisbury tiene nada más y nada menos que dos transeptos y una planta con una longitud de 142 metros. Ésta tiene forma de doble cruz y está compuesta por tres naves cubiertas con arcos de crucería. Cuando entramos en el interior, toda la familia se quedó boquiabierta. 

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Nave central de la catedral
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Nave lateral
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Interior del templo
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Reflejo de la nave central en el agua de la pila bautismal
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La moderna pila bautismal fue diseñada en 2008 con motivo del 750 aniversario de la fundación de la catedral

Sin duda nos encontramos en uno de los interiores catedralicios más hermosos en los que hemos estado nunca. Rosa, la madre de Inma, estaba tan entusiasmada que no pudo dejar de mirar hacia todas direcciones. Y es que no en vano la catedral de Salisbury está considerada una obra cumbre de la arquitectura gótica inglesa, con sus arcos apuntados, su bóveda de crucería y sus ventanas ojivales altas y puntiagudas. 

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Nave central
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Interior del templo
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Vidrieras
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Banderas en el interior de la catedral

Llegamos al bellísimo claustro añadido entre 1263 y 1284 de estilo gótico florido, el mayor de toda Inglaterra, por el que accedemos más tarde a la Sala Capitular, que custodia uno de los grandes tesoros nacionales. Nos referimos a una de las cuatro copias originales de la Carta Magna, (concretamente la mejor conservada de todas ellas), un documento que fue redactado en el año 1215 por el arzobispo de Canterbury, Stephen Langton, con el fin de establecer la paz entre el monarca inglés Juan I de Inglaterra y un grupo de barones  que se habían sublevado debido a imposiciones y limitaciones propugnadas por el monarca. 

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Claustro de la catedral
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Claustro de la catedral
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Claustro de la catedral

La importancia de la Carta Magna radica en que por primera vez en la historia se limitaba por escrito los derechos de un rey frente a su pueblo, de ahí que haya servido de inspiración a la Declaración Universal de los Derechos Humanos y a todas las democracias del mundo. El documento se conserva celosamente en la Sala Capitular y desde aquí os recomendamos encarecidamente su visita, no solo porque es parte viva de la historia británica, sino porque su escritura es sencillamente deliciosa.

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Sala Capitular, donde se guarda una copia original de la Carta Magna
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Torre de la Catedral de Salisbury

Terminamos la visita a la catedral con susto incluido porque mi padre, como es su costumbre cada vez que pisa tierras inglesas, tropezó en el claustro y cayó al suelo, por suerte sin consecuencias graves. Habíamos leído en algún sitio que el restaurante que hay dentro de la catedral (justo al lado de la tienda de recuerdos) era una opción más que aceptable para comer, así que no nos lo pensamos dos veces. Allí, mientras gozábamos de unas vistas maravillosas (a través de la cubierta de cristal podíamos ver el espléndido exterior de la catedral) comimos un plato del día (pollo asado, suele ser la comida típica de los domingos) y descansamos un rato antes de continuar.

Una vez llenada la panza en el restaurante de la catedral (habiendo rematado la faena con cafés y pasteles en una cafetería de la High Street), toca regresar al coche para poner rumbo a un nuevo destino, pero antes nos desviamos ligeramente para acercarnos a la Market Place, la plaza más importante de la ciudad donde viene celebrándose el mercado semanalmente desde el siglo XIII.

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Market Place
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Market Place
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Market Place

Si tenéis tiempo no dejéis de visitarla ya que, además de ser preciosa, se encuentra muy cerca de la pintoresca zona de los canales de la ciudad, absolutamente imperdible. Resulta que Salisbury es un lugar donde confluyen nada más y nada menos que cinco ríos: el Nadder, el Ebble, el Wylye y el Bourne, todos ellos afluentes del Avon, el quinto río. Seguro que si visitáis esta ciudad, tarde o temprano tendréis la oportunidad de cruzar algún pequeño puente que cruza alguno de sus canales. Para nosotros el paseo por esta preciosa zona supuso el broche de oro a una visita maravillosa.

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Canales de Salisbury
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Canales de Salisbury
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Canales de Salisbury

Pueblo de Lacock

Me resistía a abandonar Inglaterra sin visitar algún otro pueblo de los Cotswolds, de modo que propuse a la familia poner rumbo a Lacock, uno de los lugares más antiguos y emblemáticos de la campiña inglesa. Debo decir que nadie opuso demasiada resistencia, pues aún era temprano y esa horita que separa Salisbury de Lacock era ideal para echar una siesta en el coche. Mi suegro que iba de copiloto y que me había prometido no dormirse, ¡fue el primero en dormirse!

En el centro mismo de Lacock hay un párking de pago (National Trust Car Park, en la calle Hither Way) donde dejamos nuestro coche. Lacock se conserva en un estado impoluto gracias a que está protegido por la National Trust, la institución que se encarga de preservar los tesoros nacionales más importantes, gracias a lo cual ha servido de plató televisivo y cinematográfico en multitud de ocasiones. Entre la lista de films que se han rodado en Lacock, Orgullo y prejuicio (1995), Moll Flanders (1996) y, más recientemente, algunas de las entregas de la saga de Harry Potter.

Abadía de Lacock (Lacock Abbey)

A escasos minutos caminando del aparcamiento se encuentra la joya de Lacock, su Abadía, que hoy en día acoge además el Fox Talbot Museum.

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Abadía de Lacock

Su historia es verdaderamente interesante. En 1232 Ela, condesa de Salisbury, fundó la primera abadía en Lacock que comenzó como un convento de monjas agustinas en memoria de su difunto marido, William Longespee, medio hermano del rey Juan y testigo de la firma de la Carta Magna. Después de convertirse formalmente en abadía en 1240, Ela obtuvo el derecho de celebrar mercados y ferias en el pueblo, que pasó a prosperar gracias al mercado de la lana como muchos otros lugares de los Cotswolds. Después de la disolución de los monasterios en el siglo XVI, la abadía fue comprada por sir William Sharington, quien la convirtió en su mansión particular en estilo Tudor, y adquirida posteriormente por la familia Talbot en el siglo XVIII. Fue la misma familia quien finalmente la cedió a la National Trust décadas más tarde, en 1944. Tal y como explicaremos más tarde, uno de los miembros de esta familia hizo historia precisamente en uno de los rincones de este lugar.

Llegamos a la Abadía pocos minutos más tarde de la hora de cierre, las 17h, sin embargo el destino quiso que nos encontráramos con un trabajador benevolente que nos dejó entrar para que visitáramos el claustro y el jardín exterior que rodea el edificio (cobrándonos la mitad del precio habitual, £14.50 por adulto), no así el interior de la Abadía ni el Fox Talbot Museum que ya habían cerrado sus puertas.

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Abadía de Lacock
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Abadía de Lacock
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La familia Ibáñez-López posando en la escalera de la fachada principal de la Abadía de Lacock

Lo primero que hicimos fue recorrer el perímetro de esta preciosa abadía remodelada en estilo neogótico cuando la compraron los Talbot. Precisamente uno de sus descendientes, William Henry Fox Talbot, fue el artífice de un hito histórico, la primera fotografía en negativo, realizada en agosto de 1835 desde su casa, la Abadía de Lacock. El tema inmortalizado fue concretamente una de las ventanas oriel que hay en el lado este, la de la biblioteca. Después de la publicación de su invento, el calotipo (procedimiento a través del cual se generaba una imagen en negativo que podía ser posteriormente positivada tantas veces como se deseara), Fox Talbot acabaría siendo reconocido como uno de los padres de la fotografía moderna. Recordando este hecho, el Fox Talbot Museum, situado en un antiguo granero de la casa, está dedicado a los experimentos que Talbot llevó a cabo antes de su gran descubrimiento. Una lástima que no pudiéramos visitarlo.

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Lado este de la Abadía. La segunda empezando por la izquierda es la ventana fotografiada por Fox Talbot
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Detalle de la ventana que fotografió Fox Talbot (en el centro)
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Primera fotografía de la historia, realizada por Fox Talbot al retratar una de las ventanas de la Lacock Abbey

Lo que sí pudimos visitar fue el claustro medieval y el jardín exterior que rodea a la mansión. Muchos fans de la saga Harry Potter acuden en peregrinación a este claustro, pues aquí (así como en sus salas contiguas) se rodaron algunas escenas de dos de sus películas: Harry Potter y la piedra filosofal (2001) y Harry Potter y la cámara secreta (2002). Desde allí hubiéramos accedido al interior de las salas y habitaciones de la antigua mansión pero como ya he dicho antes, no pudimos visitar esa parte porque ya se encontraba cerrada al público.

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Claustro de la Abadía de Lacock
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Claustro de la Abadía de Lacock
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Claustro de la Abadía de Lacock
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Jugando en el claustro de la Abadía de Lacock
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Sala contigua al claustro, donde se rodaron varias escenas de la primera entrega de la saga

Desde allí nos dirigimos al extenso jardín exterior, compuesto de diversos tipos de plantas y árboles. Un auténtico remanso de paz que solo los británicos saben crear y donde nuestra pequeña disfrutó de lo lindo.

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Elia corriendo alrededor de la Lacock Abbey
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Jardín de la Lacock Abbey
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Patio de la abadía
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El yayo Rafael jugando con su nieta

Visitar el pueblo de Lacock es una tarea extremadamente sencilla y rápida, pues solo tiene, literalmente, un par de calles. Una vez salimos del recinto de la abadía, nos abandonamos a un nuevo placer sensorial, el de dejarse llevar por el embrujo de sus limpias y cuidadas calles. A última hora de la tarde esto puede hacerse sin ningún tipo de problema, ya que por entonces ya no hay ni un solo turista en Lacock.

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Entrando al pueblo de Lacock
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Patio del Hotel Red Lion, donde se grabó una escena de la película Orgullo y Prejuicio
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Casas de Lacock
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Casas de Lacock
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Lacock

Nuevamente esas antiguas fachadas de piedra color miel contrastando con el cielo azul, esas mismas fachadas que echaremos tanto de menos al regresar a España. ¡Qué bonitos recuerdos nos vamos a llevar de esta maravillosa región inglesa!

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Casas de Lacock
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Casas de Lacock
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Pequeño jardín en Lacock
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Establecimiento Sign of the Angel, escenario de una de las películas de Harry Potter

Al final de la calle (una sola pero ¡qué calle!), se alza el único templo del pueblo, la Iglesia de Saint Cyriac, del siglo XI. Su interior, que no pudimos visitar, contiene la grandiosa tumba renacentista de sir William Sharington, quien recordemos había sido dueño de la Abadía de Lacock.

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Iglesia de Saint Cyriac

Antes de regresar al coche nos detuvimos en un bonito parque público para que Elia pudiera jugar a sus anchas, se lo merecía por lo bien que se había portado hoy, ¡aunque no fue la única que se lo pasó teta allí!

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La familia al completo disfrutando del parque

White Horse de Westbury

Nos resistíamos a regresar a nuestra casa de Westbury y dar por terminado este día inolvidable en el que habíamos cumplido un gran sueño, el de visitar Stonehenge, de modo que poco después de montarnos en el coche para salir del aparcamiento de Lacock se nos ocurrió que podíamos visitar muy rápidamente un último lugar que además se encontraba muy cerca de nuestro alojamiento. Se trata de algo que al menos nosotros no habíamos visto nunca, un gigantesco caballo tallado en la falda de la colina de Salisbury Plain y cuyo color blanco se debe a la roca caliza de la montaña. El conocido como Bratton White Horse mide unos 55 metros de alto por unos 50 de ancho y es visible desde muchos kilómetros de distancia. Curiosamente está situado en el mismo lugar donde antiguamente existía un asentamiento fortificado de la Edad de Hierro, una especie de parque natural llamado Bratton Camp.

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White Horse de Westbury visto desde lejos

Nosotros subimos por una carretera hasta llegar a un punto desde donde pudimos divisar con claridad al animal. Tallado en la ladera en 1778, se dice que esta insólita figura reemplazó a un caballo más antiguo que posiblemente fue creado para conmemorar la victoria del Rey Alfredo el Grande sobre los vikingos daneses durante la Batalla de Edington que tuvo lugar en el siglo IX. Por lo visto no es el único caballo blanco de estas características en Inglaterra, ¡ni siquiera es el único en el condado de Wiltshire!

Al llegar a nuestro alojamiento aún nos dio tiempo a darnos una vuelta por su jardín y a hacernos unas fotos. ¡El día se remató con una declaración de amor por todo lo alto!

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Estanque de la casa
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Mi padre declarando su amor cual Romeo a su Julieta

Esto ha sido todo por hoy. Ducha, cenita y a la cama, que mañana nos toca visitar una de las ciudades más elegantes y con mas historia del sur de Inglaterra. ¿Querréis acompañarnos también mañana?

Good night to everyone!

SIGUIENTE ETAPA. DÍA 4

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1 comment on “Stonehenge – Salisbury – Lacock

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