Día 1 en Copenhague

El despertador suena muy temprano esta vez, a las 4h de la mañana. Hemos pasado esta noche en casa de mis suegros, con quienes va a quedarse la peque este fin de semana. Es la primera vez que pasará dos noches enteras sin nosotros y nos cuesta la misma vida despedirnos de ella, pero estamos seguros de que va a estar muy, muy bien con los abuelos.

Nuestro vuelo de Norwegian sale del aeropuerto de Alicante algunos minutos antes de la hora prevista, sobre las 7,30h, aterrizando en el aeropuerto de Copenhague (en danés Københavns Lufthavn-Kastrup) unas 3 horas más tarde. Es nuestra primera experiencia con Norwegian y no ha podido resultar mejor: ¡hemos llegado media hora antes de lo previsto! Habíamos leído que el aeropuerto de la capital danesa era uno de los más modernos y avanzados de Europa, ¡y desde luego que lo era! Tardamos un buen rato en llegar hasta la terminal 3, donde se encuentra la estación de tren, porque primero había que pasar por la zona de espera, repleta de tiendas y restaurantes (los había para todos los gustos, ¡aquello parecía un centro comercial!).

Antes de coger el tren nos dirigimos al Punto de Información (Copenhagen Airport Service Information) que se encuentra en el pasillo que conecta la terminal 2 con la terminal 3 para adquirir la que iba a ser nuestra gran compañera de viaje por esta ciudad: la Copenhagen Card, una tarjeta turística con la que se puede acceder libremente a todos los museos y monumentos de Copenhague, además de usar gratuitamente toda la red de transporte público (metro, tren y autobús) todas las veces que uno desee. Reservamos dos tarjetas con una validez de 48 horas a través de su página web y nos costaron 77€ cada una. Podría parecer un precio exagerado, pero merece mucho la pena si uno piensa visitar tantísimos monumentos como hicimos nosotros. Realmente le sacamos muchísimo partido.

Comimos un par de trozos de pizza y nos cambiamos de ropa en el aeropuerto antes de usar por primera vez nuestra Copenhagen Card en el tren que se dirige a la Estación Central (en danés Københavns Hovedbanegården, o simplemente Københavns H). El trayecto es sorprendentemente corto, apenas de 13-15 minutos.

¡Ya estamos en Copenhague! Y las previsiones climáticas eran ciertas: no hay nieve pero el cielo está nublado, está lloviznando y hace un frío de mil demonios, pero veníamos muy preparados (calcetines gordos, ropa interior térmica, jersey, abrigo, bufanda, guantes y gorro, ahí es nada…) así que apenas pasamos dificultades. El Hotel Andersen Boutique se encuentra a solo 5 minutos a pie desde la Estación Central. Al llegar, nos recibieron con la buenísima noticia de que nuestra habitación ya se encontraba disponible a pesar de haber llegado antes de la hora establecida para el check-in. ¡Menuda suerte y qué bien nos vino!

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Nuestra habitación en el Andersen Boutique

Ya estamos listos para comenzar a recorrer la capital danesa. Durante el primer día de nuestra escapada vamos a recorrer un buen número de atracciones y lugares de interés, incluso muchos más de los que teníamos programados para hoy. Este va a ser el recorrido con los puntos más importantes:

Museo NY Carlsberg Glyptoteket

¡Empezamos! Una de las principales ventajas de Copenhague es que, si a uno no le importa caminar un poco, prácticamente todo se puede visitar a pie sin necesidad de coger transporte público alguno y este recorrido que vamos a hacer hoy es un buen ejemplo de ello. Nuestro primer destino se encuentra a tan solo 10 minutos de nuestro hotel, justo enfrente del Parque Tívoli, que visitaremos al final del día. Se trata de uno de los diversos museos que hay en la capital, concretamente aquel que más ganas teníamos de conocer: la Glyptoteket (entrada 115DKK por adulto, incluida en la Copenhagen Card).

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El museo NY Carlsberg Glyptoteket
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Entrada de la NY Carlsberg Glyptoteket

Una razón en particular nos motivó a venir, poder contemplar una de las colecciones más completas del pintor Paul Gauguin que existen en el mundo. Si esto es así es porque la primera mujer de éste era danesa, una tal Mette-Sophie Gad, a la que el pintor regaló una gran cantidad de cuadros (sin apenas valor en aquel momento) tras su separación puesto que no podía pagarle con dinero. Con la de Gauguin, la Glyptoteket es propietaria de un extenso catálogo de pinturas de otros importantes impresionistas franceses como Monet, Cézanne o Renoir, entre otros. El destino fue caprichoso en este caso, ya que fue precisamente la sala de pintura francesa la única que no pudimos ver en la Glyptoteket (justo coincidía con una exposición temporal que sustituía a la permanente), sin embargo este hecho no impidió que disfrutáramos de uno de los espacios museísticos más bonitos que podemos recordar.

La Glyptoteket fue fundada a finales del siglo XIX por Carl Jacobsen, un famoso filántropo danés. ¿Que no os suena de nada este nombre? Pues resulta que Jacobsen no solo era coleccionista de arte, sino también cervecero, el fundador de la prestigiosa marca de cerveza Carlsberg, la más famosa de Dinamarca.

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Colección de escultura griega
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Bustos de Carl Jacobsen

El museo está formado por todas las obras que pertenecían a la colección privada de Jacobsen, que no eran precisamente pocas. Además de la colección de pintura, si por algo es conocida la Glyptoteket es por albergar un basto número de esculturas y antigüedades egipcias, etruscas, griegas, romanas y de Oriente Próximo, todas ellas impecablemente dispuestas en diversas salas independientes, a cada cual más bonita que la anterior.

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Sala de arte egipcio
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Sala de arte romano
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Sala de bustos romanos

Muchas sorpresas nos aguardaban en el interior de la Glyptoteket. Una de ellas es una espléndida sala ambientada como el interior de un templo romano con esculturas a ambos lados (denominada hall central). En el techo, una extensa estructura de ventanas en tragaluz nos recuerda que éste siempre fue un museo de luz diurna (de hecho prácticamente todas las salas del museo cuentan con un tragaluz superior), hasta que en 2015 se instalaron luces artificiales para ser visitado también todos los jueves por la noche. Simplemente preciosa.

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Hall central de la Glyptoteket
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Hall central de la Glyptoteket

En la Glyptoteket también hay un jardín exterior, una terraza diseñada por el famoso arquitecto danés Henning Larsen y un patio central a modo de gigantesco invernadero donde podemos encontrar esculturas y palmeras, algunas de las cuales alcanzan los 20 metros de altura. Este espacio, denominado jardín de invierno, es un auténtico oasis de naturaleza perfectamente integrado en el museo.

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Jardín de invierno de la Glyptoteket
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Jardín de invierno de la Glyptoteket

Además de las colecciones de arte antiguo, la Glyptoteket conserva una gran cantidad de esculturas modernas de autores daneses (por cierto, a cada cual más bella) y franceses. Entorno a estas últimas destacaremos dos salas magníficas, la dedicada a Edgar Degas (repleta de pequeñas figuras de bailarinas cuya principal atracción es la famosa Bailarina de 14 años) y la dedicada a Auguste Rodin (que cuenta con una de las versiones del célebre Pensador). Seguro que podéis imaginar nuestros ojos brillando de emoción…

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Sala de Degas
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Sala de Rodin
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El Pensador de Rodin
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Sala de escultura danesa

Palacio de Christiansborg (Christiansborg Slot)

Todavía maravillados por lo que habíamos visto, volvimos a ataviarnos en el guardarropa con nuestros abrigos, bufandas, gorros y guantes (era la primera vez de un ritual que repetiríamos en muchísimas ocasiones durante aquel viaje) y a salir al gélido frío de la calle. Apenas nos separaban 10 minutos de nuestra próxima parada, uno de los símbolos de Copenhague, el Palacio de Christiansborg (entrada 90DKK por adulto, incluida en la Copenhagen Card).

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Accediendo al Palacio de Christiansborg
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El Palacio de Christiansborg, presidido por la torre más alta de Copenhague, hoy en día un espléndido mirador
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Caballerizas del palacio

El Palacio de Christiansborg es el único edificio del mundo que acoge bajo un mismo techo las tres ramas del poder: ejecutivo, legislativo y judicial. Actualmente es la sede de las oficinas del primer ministro danés, del Parlamento (Folketing) y del Tribunal Supremo. Pero además de eso, el palacio también fue en otros tiempos el hogar de los reyes daneses. Christiansborg lleva el nombre del rey más poderoso e importante que reinó jamás en Dinamarca, Christian IV, quien mandó construir un primer palacio sobre las ruinas de una antigua fortaleza circular que hoy se pueden visitar gracias a que en su día éstas se respetaron. Generaciones más tarde, otro rey, Christian VI decidió derribar este primer edificio para construir un nuevo palacio, el más lujoso jamás construido en Dinamarca. Pero he aquí que éste quedó reducido a cenizas durante el incendio de 1794, fecha en que la familia real danesa se trasladó definitivamente a otro palacio, el Palacio de Amalienborg, que más tarde visitaremos. Lo que podemos visitar hoy en día en Christiansborg es el resultado de una restauración llevada a cabo a principios del siglo XX, después de que un segundo incendio volviera a destruirlo en 1884. Hoy en día Christiansborg todavía es utilizado por la familia real en determinados actos oficiales y públicos.

Habíamos leído y escuchado todo tipo de comentarios sobre si merecía la pena visitar o no el interior del palacio de Christiansborg. Desde aquí queremos recomendar vivamente su visita, hasta tal punto que la consideramos absolutamente imprescindible si se viene a Copenhague. Principalmente porque durante la última restauración llevada a cabo en el siglo XX, las salas fueron decoradas en un fino y delicado estilo historicista neoclásico (muchas de ellas en estilo imperio). 

Comenzamos nuestra visita al Palacio de Christiansborg subiendo las preciosas Escaleras del Rey, que conectan la parte baja con las dependencias superiores.

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Escaleras del Rey

Una vez arriba entramos a la Sala de la Torre, llamada así por encontrarse justo por debajo de la torre del palacio, y la extraordinaria Sala del Trono, utilizada todavía por la actual reina, la Reina Margarita, para recibir a los embajadores extranjeros. Como curiosidad, el balcón principal de esta sala que da a la plaza exterior es aquél donde los reyes daneses son proclamados y presentados ante el pueblo.

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Sala del Trono

Desde aquí pasamos a otra sala, la conocida como Sala de Christian IX, donde la Reina conversa con los embajadores después de su recepción oficial celebrada en el Salón del Trono. En el suelo se puede observar una alfombra con el escudo nacional de Dinamarca.  Este espacio nos gustó especialmente por la belleza de su decoración.

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Sala de Christian IX

Las siguientes corresponden a la Sala Fredensborg y la Sala de Federico VI, que anteceden una de las más bonitas a nuestro juicio por la belleza de su decoración, la Sala de Terciopelo, donde le son presentados los invitados a la Reina durante los banquetes reales.

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La Sala de Terciopelo
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La Sala de Terciopelo

Anexa a ésta, se encuentra el espacio más grande de todo el palacio, el Gran Salón, que puede acomodar fácilmente a unos 400 invitados durante los banquetes reales. Decorando sus paredes, una serie de tapices modernos obra de Bjorn Norgaard narran los 1000 años de la historia de Dinamarca, desde los tiempos de los vikingos hasta nuestros días.

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El Gran Salón
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El Gran Salón
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Uno de los tapices de Norgaard

La Galería Sueca, el Salón Verde y la Sala Abildgaard se interponen entre el Gran Salón y el Comedor, otro espacio realmente fascinante que curiosamente se utiliza como despensa para los eventos celebrados en el Gran Salón.

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El Comedor
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El Comedor

Llegamos a otra sala realmente hermosa, la llamada Sala Alexander. Su nombre le viene del tema representado en el friso que recorre la habitación, la entrada de Alejandro Magno en Babilonia, obra del escultor danés más importante del siglo XIX y uno de los más grandes artistas del Neoclasicismo, Bertel Thorvaldsen, del cual tendremos ocasión de admirar alguna otra obra suya durante este viaje.

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Sala Alexander
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Lámpara de araña de la Sala Alexander

Justo al lado de ésta se encuentra la Sala de la Princesa, una auténtica cucada. Encima de sus puertas se encuentran relieves de todos los palacios de Christiansborg que han existido, el anterior al incendio de 1794, el anterior al incendio de 1884 y el edificio actual.

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Sala de la Princesa

Llegamos así a la última sala de la visita, una de las más interesantes y estéticas, la Biblioteca de la Reina, donde se ubica una de las colecciones de libros más antiguas e importantes del país, la de la Reina Margarita. Este lugar fue uno de los que más nos gustó (ya sabéis cómo nos gustan las bibliotecas…), es sencillamente espectacular.

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Biblioteca de la Reina
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Biblioteca de la Reina

Volvemos a bajar al piso inferior a través de otras escaleras, las de la Reina, y salimos a la Christiansborg Slotplads, la plaza que da a la fachada oeste del palacio y presidida por la estatua ecuestre de Federik VII. Como veis, en Dinamarca tenían muy pocos problemas para llamar a los reyes, o eran Christian o eran Federik…

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Palacio de Christiansborg

Biblioteca Real Danesa (Black Diamond)

Vamos ahora en dirección al canal de Christianshavn, uno de los principales canales del puerto de Copenhague, en cuya orilla se encuentra la mayoría de los edificios  de arquitectura contemporánea más emblemáticos de la ciudad. Entre ellos se encuentra la ampliación que se llevó a cabo en 1999 de la Biblioteca Real Danesa, llamada popularmente Slotsholmen o Black Diamond (Diamante negro) debido a su aspecto exterior realizado en mármol negro y cristal, similar al de una piedra preciosa. Llegamos allí en menos de 10 minutos.

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Diamante negro
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Diamante negro

Diseñado por el estudio de arquitectos Schmidt, Hammer & Lassen, el interior del edificio está compuesto por nada más y nada menos que ocho plantas y alberga cerca de unos 250.000 libros. Como biblioteca pública, su acceso es gratuito.

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Interior de Black Diamond

Para ser sinceros, el Black Diamond fue el único monumento de todo Copenhague que no nos entusiasmó demasiado y por tanto no recomendaríamos su visita en el caso de disponer de poco tiempo. A pesar de que nos gusta la arquitectura moderna, quizás esperábamos mucho más de este edificio, aunque claro está, solo expresamos nuestra opinión subjetiva. Para sacar la parte positiva, tenemos que reconocer que los pasteles de su cafetería nos vinieron de maravilla para continuar con nuestra ruta. ¡Estaban realmente deliciosos!

El Black Diamond supuso nuestro primer contacto con las aguas de Copenhague, una ciudad plagada de canales que hay que atravesar para conocer el barrio histórico. Allí se encuentra precisamente nuestra siguiente parada, Nyhavn, probablemente el lugar más fotografiado de toda Copenhague (con permiso de La Sirenita).

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Canal de Christianshavn
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Palacio de Christiansborg y, a la izquierda, el edificio de la antigua Bolsa

Puerto de Nyhavn

¡Qué ganas teníamos de conocer Nyhavn! Concretamente desde que vimos en una de las primeras escenas de La chica danesa (2015). La historia de la artista danesa Lili Elbe, la primera persona documentada en someterse a una cirugía de reasignación de sexo, está ambientada en el Copenhague de principios del siglo XX. Conocéis también nuestra afición por el buen cine y esta es, a nuestro parecer, una de las películas más interesantes que se han rodado en los últimos tiempos. Aprovechando la ocasión, no dudamos en seguir los pasos de Lili Elbe en algunas de las localizaciones que se utilizaron para rodar la película. El primero de ellos, precisamente, fue el puerto de Nyhavn, donde en la ficción tenían su casa Lili (antes Einar Wegener) y su mujer, Gerda Wegener.

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Nyhavn
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Nyhavn
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Nyhavn

El puerto de Nyhavn (puerto nuevo en danés) fue construido por orden del rey Christian V (sí, otro Christian…) allá por el siglo XVII como entrada a Copenhague para los marineros que llegaban en barco para hacer negocios con sus mercancías. De aquella época de intensos movimientos mercantiles nos han quedado sus características casas de colores a ambos lados del canal y, atracados a sus pies,  sus viejos barcos de madera que ya no se utilizan pero que son parte de esta especie de museo al aire libre que hoy es Nyhavn. En definitiva, la principal atracción de este hermoso parque de atracciones que es Copenhague.

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Puerto de Nyhavn
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Puerto de Nyhavn
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Nyhavn

Lastimosamente el tiempo seguía sin querer ofrecer su mejor cara. Desde luego no gozábamos de la mejor luz para las fotografías. Además, seguía lloviznando y algunos de los barcos estaban tapados con feas lonas. Todo esto no evitó que disfrutáramos de uno de los lugares más frecuentados del país. Antaño vivían aquí marineros, prostitutas y artistas, cuyo espíritu bohemio se ha mantenido vivo en gran parte hasta nuestros días, aunque como veremos más tarde, es durante la noche, momento en que se encienden las luces de los cafés y los restaurantes. cuando este espíritu alcanza su clímax.

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Puerto de Nyhavn
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Casas de colores de Nyhavn
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Los cantineleros en el puerto de Nyhavn

Dos acontecimientos importantes han dejado una impronta importante en este lugar. El primero de ellos tiene que ver con el célebre escritor Hans Christian Andersen, el escritor más famoso de Dinamarca, quien vivió en tres de las casas de colores de Nyhavn durante algunos años de su vida, concretamente en los números 18 y 20 en uno de los lados del puerto, y también en el número 67, del otro lado. Allí escribió algunos de los cuentos que le harían un artista inmortal en todo el mundo.

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Las casas contiguas número 18 y 20, donde residió Andersen

El otro acontecimiento tuvo lugar durante la Segunda Guerra Mundial, una interesante historia que merece la pena recordar. Durante la ocupación nazi en Dinamarca se inició un movimiento insurgente conocido como resistencia danesa que se tradujo en una serie de actos destinados a oponerse a la censura y las prohibiciones promulgadas por los invasores. Uno de ellos tuvo lugar en Nyhavn, cuando los marineros daneses hundieron sus propios barcos para que no pudieran ser utilizados por los alemanes. Para rendir homenaje a los 1.700 marineros daneses pertenecientes a la Marina que murieron luchando durante la Segunda Guerra Mundial, se levanta hoy al final del puerto de Nyhavn una gran ancla conmemorativa, la Mindeankeret, rescatada del fondo de las aguas. Este ancla formó parte de una de las fragatas que participaron en la contienda, la Fyn.

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Ancla conmemorativa de Nyhavn

Aquí terminaba el recorrido que teníamos pensado para nuestro primer día en Copenhague pero viendo que íbamos muy bien de tiempo decidimos visitar algunos de los monumentos programados para mañana.

Iglesia de Frederiks Kirke

Continuamos por la avenida Bredgade y en otros 10 minutos nos plantamos en el que es, a nuestro juicio, el templo más impresionante de Copenhague, la Frederiks Kirke, también conocida como Marmorkirken (Iglesia de Mármol), situada junto a otro gran palacio, el Palacio de Amalienborg.

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Frederiks Kirke

Este templo luterano fue encargado por el rey Frederik V a mediados del siglo XVIII al arquitecto de la corte Nicolai Eigtved para conmemorar los trescientos años de reinado de la dinastía Oldemburgo. Después de iniciarse, el proyecto fue abandonado por falta de fondos hasta que pudo completarse un siglo y medio, gracias a la donación privada de un banquero. Sería entonces el arquitecto Ferdinand Meldahl quien se encargaría de terminarla, dotándola de una gran cúpula de 31 metros de diámetro y casi 50 metros de altura, la más grande de todos los países nórdicos. La cúpula está claramente inspirada en la de la Basílica de San Pedro del Vaticano.

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Cúpula de la Frederiks Kirke desde su interior, decorada con pinturas de los 12 apóstoles

El interior de la Frederiks Kirke nos resultó sobrecogedor gracias a la oscuridad y al silencio que reinaban. El acceso al templo es gratuito pero, al igual que todos los monumentos de Copenhague, cierra pronto por la tarde así que hay que estar atentos.

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Interior de planta circular de la Frederiks Kirke

Palacio de Amalienborg (Amalienborg Slot)

Justo enfrente de la Frederiks Kirke se encuentra el Palacio de Amalienborg (entrada 95DKK por adulto, incluida en la Copenhagen Card), la residencia actual de los reyes de Dinamarca que viven allí desde el año 1794, año en que tuvo lugar el primer incendio en el Palacio de Christiansborg. En un principio su construcción no fue concebida para que la familia real lo usase. El autor del proyecto, el mismo arquitecto inicial de la Frederiks Kirke, pensó en una serie de edificios que sirvieran como residencia de algunas familias de aristócratas.

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La Frederiks Kirke vista desde la plaza del Palacio de Amalienborg

Los 4 edificios se distribuyen alrededor de una gran plaza en cuyo centro se sitúa una estatua ecuestre de su fundador, el rey Frederik V (sí, el mismo que el de la Frederiks Kirke, si es que menudo jaleo de nombres… ¡Pues atención que vienen curvas!). Los cuatro palacios son: el Palacio de Frederick VIII, actual residencia del heredero al trono, el Palacio de Christian VII, abierto al público, el Palacio de Christian VIII, tambiénabierto al público (alberga un museo dedicado a la historia de la familia real danesa) y el Palacio de Christian IX, en el que reside la Reina. Por desgracia no pudimos llegar a visitarlo por dentro antes de su cierre a las 16h de la tarde. Quedará para otra ocasión.

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Plaza del Palacio de Amalienborg
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Estatua ecuestre central

Quizás el mayor atractivo turístico del Palacio de Amalienborg es asistir al cambio de la guardia real que tiene lugar todos los días a la misma hora, hacia el mediodía, solo cuando la Reina se encuentra en las dependencias del palacio.

Ópera de Copenhague

Habíamos leído que desde este punto resultaba muy recomendable atravesar los jardines del palacio en dirección al puerto para admirar desde la otra orilla la silueta de la Ópera de Copenhague (Kongelige Teater), sin embargo nosotros tuvimos que dar un pequeño rodeo pues éstos estaban cerrados al público por obras. De hecho encontramos casi todas las plazas de la ciudad en obras debido a la construcción de una nueva línea de metro. Aún así mereció la pena el paseo, pues este edificio, otro ejemplo de arquitectura contemporánea en Copenhague, es uno de los mejores de su clase en toda Europa. La visión de su silueta sobre el Mar Báltico fue uno de los momentazos de nuestro viaje.

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Nuevamente estamos frente a un edificio financiado por otro filántropo multimillonario, Marsk Mc-Kinney Møller, quien por lo visto puso como condición a su generosa donación que el nuevo edificio se situara cerca del Palacio de Amalienborg, lo que suscitó una gran polémica. El edificio fue diseñado por el arquitecto Henning Larsen (el mismo que diseñó la terraza de la Glyptoteket), quien tuvo desavenencias con Mc-Kinney Møller principalmente porque éste quería que la cubierta de la fachada fuera metálica para que soportase mejor el paso del tiempo. La obsesión de este hombre por imponer su criterio a la hora de diseñar el edificio era tal que le llevó a viajar por todo el mundo con el fin de conocer otras óperas famosas y así asegurarse las mejores soluciones para su proyecto. El resultado fue un edificio que se acerca mucho a la perfección en cuanto a modernidad, funcionalidad y, sobretodo, acústica.

Puerto de Nyhavn cuando cae la noche

No queríamos perdernos el espectáculo de contemplar Nyhavn cuando cae la noche, posiblemente el mejor momento para pasear por sus dos muelles y disfrutar del ambiente marinero y bohemio que ha quedado impregnado para siempre en este lugar. Juzgad vosotros mismos.

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Nyhavn de noche
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Nyhavn de noche
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Nyhavn de noche
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Nyhavn de noche
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Nyhavn de noche
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Nyhavn de noche

Calle Strøget

Nuestro siguiente destino es la Calle Strøget, toda una institución en Copenhague, pues se trata de la calle más transitada de la ciudad y la calle peatonal y comercial más larga de Europa. Para llegar hasta ella atravesamos primero desde Nyhavn la Plaza Kongens Nytorv, la plaza más céntrica de la ciudad y donde antiguamente se situaba el antiguo ayuntamiento y el lugar de ejecuciones públicas (horca). Durante nuestra escapada a la capital danesa atravesamos varias veces la calle Strøget debido a que es la principal arteria que cruza gran parte del casco histórico, conectando en sus extremos la Plaza Kongens Nytorv con la Plaza Rådhuspladsen (Plaza del Ayuntamiento).

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Calle Strøget

Strøget es la calle de las compras de Copenhague por excelencia. Resulta una experiencia muy agradable pasear entre sus plazas, tiendas de souvenirs, firmas de lujo y restaurantes mientras disfrutas observando el feliz estilo de vida de los daneses, una filosofía basada en sentirse a gusto con los pequeños placeres de la vida como ponerse un jersey calentito, tejer una manta, sentarse junto a la chimenea, una comida casera o leer un libro durante una tarde de lluvia. A esta filosofía ellos la llaman “hygge” y se ha convertido en una manera muy danesa de buscar la felicidad que ya es referencia mundial. Con razón se dice que Dinamarca ocupa uno de los puestos más altos en la lista de los países más felices del mundo.

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Fuente Stork
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Calle Strøget

Llegamos a la Plaza Rådhuspladsen, donde admiramos la fachada del espectacular Ayuntamiento renacentista de Copenhague que visitaremos mañana, y la cruzamos para llegar a nuestro último destino del día, probablemente la razón principal por la que queríamos venir a Copenhague.

Parque de atracciones Tívoli

Cuando buscábamos buenas ofertas de vuelos para venir a Copenhague nos vimos en un serio dilema. La mejor de ellas y la más barata era volar a finales de enero, pero sabíamos que de haber volado entonces a Copenhague nos hubiéramos encontrado el Tívoli cerrado. Había una segunda opción: volar a principios de febrero, lo cual resultaba algo más caro pero encontrando el parque de atracciones abierto. Resulta que el Tívoli siempre ha cerrado sus puertas entre los meses de enero y abril, pero este año 2019 es el segundo año consecutivo que abre durante el mes de febrero. La decisión estaba clara y no nos tomó mucho tiempo decidirnos: queríamos visitar el Tívoli. Creednos, no pudimos tomar una decisión mejor.

El Tívoli (entrada 100DKK de lunes a jueves y 110DKK de viernes a sábado por adulto, incluida en la Copenhagen Card) es uno de los parques de atracciones más antiguos del mundo. Abrió sus puertas en el año 1843, después de que el rey Christian VIII (¡otro Christian!) ordenara su construcción para distraer al pueblo de otras cuestiones de índole política (el clásico pan y circo romano), aunque su verdadero fundador fue un oficial de la armada danesa, George Carstensen, quien convenció al monarca para adquirir el terreno donde hoy se asienta el Tívoli.

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Entrada principal al parque Tívoli, en la calle Vesterbrogade
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Acceso por la calle Bernstorffsgade, el más próximo a la Estación Central de trenes

Depende de la estación del año en la que vengáis a Copenhague, encontraréis al Tívoli decorado de una manera distinta. Nosotros por ejemplo no pudimos ver la decoración navideña pero sí pudimos disfrutar de la decoración dedicada al invierno: pistas de patinaje, brillantes luces de colores, cañones escupiendo espuma simulando copos de nieve…  De repente nos vimos, literalmente, dentro de un cuento de hadas de invierno. 

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Pasillo central de acceso
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Teatro con carrousel

Resulta complicado describir con palabras qué se siente al entrar en un lugar como éste. Nosotros sentimos que nos habíamos transportado a otra dimensión donde los sueños que tenías cuando eras niño se hacen realidad. Un espacio donde puedes encontrar prácticamente de todo: teatros, edificios chinos, restaurantes temáticos, tiendas de todo tipo, mágicos carrouseles, iglús con toboganes en su interior, espectáculos musicales, vertiginosas montañas rusas, un lago sobre el que flota un barco… ¡y hasta un hotel de 5 estrellas!

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Hotel Nimb al fondo
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Tiendas del Parque Tívoli
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Una de las atracciones del Parque Tívoli inspirada en el circuito de un reloj

Todo ello unido a la magia de la noche hizo que aquella fuera la experiencia más romántica de todo el viaje. Y es que el Tívoli por la noche tiene un encanto difícil de superar. No dejábamos de asombrarnos en cualquier rincón del grandioso parque de atracciones, y es que no nos imaginábamos que el Tívoli tuviera semejante extensión, ¡es realmente grande!

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Atracciones del Tívoli
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Atracciones del Tívoli
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Atracciones del Tívoli

La entrada al Parque Tívoli (nosotros la teníamos incluida con la Copenhagen Card) no incluye el acceso a las atracciones, por lo que si deseas subirte a alguna de ellas deberás pagar un extra. Sin embargo, incluso si no estás pensando en subirte a ninguna y solo quieres dar un paseo, ¡la visita merece totalmente la pena!

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Decoración de invierno en el Parque Tívoli
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Hotel Nimb
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Parque Tívoli

Probablemente la zona más representativa del Parque Tívoli sea el lago artificial. Sus vistas desde el puente, con las luces del templo chino y la montaña rusa reflejándose sobre las aguas, no tienen precio.

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Lago artificial del Tívoli
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Lago artificial del Tívoli
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Lago artificial del Tívoli

Si estáis pensando en venir a Copenhague, hacednos caso, hacedlo en cualquier época del año en que coincida con el Parque Tívoli abierto. Si lo hacéis así vuestro viaje estará más que justificado. Y si tenéis la oportunidad de visitarlo de noche, ¡mejor todavía! Lo digo con total rotundidad y sin miedo a equivocarme: a mí personalmente fue el monumento que más me gustó de la capital danesa, ¡que ya es mucho decir! Si sois amantes de la fantasía y la magia, de los cuentos de hadas y los sueños que se cumplen, el Tívoli es vuestro lugar imprescindible.

Con muchísima pena (pero muchísima, muchísima) salimos del Parque Tívoli en dirección a la Estación Central, donde compramos unos sandwiches para cenar en la cadena de supermercados 7-Eleven (¡los hay por todas partes!). Pocos minutos más tarde ya estábamos en nuestra habitación del Hotel Andersen Boutique, donde nos quitamos todas las capas de ropa que llevábamos encima para darnos una merecida ducha. Luego, mientras cenábamos, tratamos de digerir todas las maravillas que habíamos visto durante el día de hoy, un día que no pudo tener un epílogo mejor: ¿qué puede haber más representativo de Copenhague que el Parque Tívoli teniendo en cuenta que esta ciudad es en sí misma un gran parque repleto de atracciones asombrosas? Mañana seguiremos conociendo otras de estas atracciones.

¡Buenas noches! o como dicen aquí, god aften!

SIGUIENTE ETAPA. DÍA 2

 

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