Nos levantamos prontito, sobre las 6:00h de la mañana, porque a las 7:00h tenemos que estar en la estación central, en la oficina de AVIS, para recoger el cochecito que nos acompañará durante el resto del viaje. La oficina se encuentra en la planta de arriba de la estación, nos atienden de maravilla en el mostrador y nos indican dónde debemos recoger el “bólido”, un Opel Corsa de color oscuro, ubicado en un parking a 5 minutos caminando de la estación. El alquiler del coche, durante 4 días, nos costó 244,18€, te cobran todo por adelantado sumando también una pequeña cantidad por devolver el coche con el depósito vacío. Decidimos devolver el coche a la oficina que AVIS tiene en el aeropuerto de München, así podíamos aprovechar el tiempo hasta el último momento. Llevábamos GPS actualizado desde España y tras darnos un pequeño susto (al parecer no conseguía “encontrarse” a sí mismo, el amigo…) salimos disparados hasta nuestro primer destino, la Wieskirche. Hoy iba a ser un día muy esperado por nosotros.

Itinerario

Nuestro primer traslado transcurrió sin ninguna incidencia, el coche iba como la seda. Eso sí, al parecer la lluvia no quería abandonarnos y nos acompañó durante todo el día. En una hora y veinte minutos llegamos a nuestro primer destino, la Wieskirche, que es patrimonio de la humanidad por la unesco, con un interior de estilo rococó absolutamente deslumbrante, si bien el exterior resulta bastante sobrio y elegante. Además se encuentra en medio de un valle precioso.

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Exterior Wieskirche

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Interior

Después de recrearnos la vista durante un buen rato, Inma se fijó en que justo enfrente de la iglesia había una cafetería que vendía una especia de torta de mantequilla y leche, no sabemos cuál era su nombre pero estaba calentita y riquísima, nos repuso el cuerpo al instante.

Cogemos el coche y ponemos rumbo a uno de los lugares que sin duda estábamos deseando ver y en media hora nos plantamos allí: el castillo Neuschwanstein, la primera de las obras que se llevaron a cabo por orden del rey Ludwig II de Baviera. La vida de este hombre resulta fascinante para los amantes del arte, la historia y la fantasía. Nunca interesado por asuntos de política Ludwig II se dedicó a vivir una vida muy poco convencional y aprovechar sus recursos para dar rienda suelta a sus caprichos narcisistas. Tenía absoluta devoción por Richard Wagner, un músico perseguido hasta entonces y exiliado por revolucionario en una época de gran convulsión política. Ludwig II se inspiró en la época medieval y en los mito germánicos que aparecen representados en las óperas del compositor alemán para encargarles a sus arquitectos que diseñen un castillo que estuviera ubicado a poca distancia del castillo donde él y su familia pasaban los veranos, el castillo Hohenschwangau.

Alemania

Neuschwanstein, desde la carretera

Estábamos ansiosos por conocer al mito de cerca ya que había inspirado nuestro viaje. Al llegar allí nos encontramos con que, por muy bien que intenten organizarlo todo, el volumen de gente siempre parece superar dichas intenciones. Existen diversas zonas de aparcamiento, y al dejar el coche nos dirigimos al ticket center. Siguiendo los consejos de los foreros, habíamos decidido reservar las entradas previamente por internet y lo cierto es que no me explico cómo es posible que el resto de la gente no lo haga: te ahorras una cola impresionante, y sólo por unos cuantos euros más… Decidimos comprar una entrada válida para los tres castillos de Ludwig II y así ahorrar tiempo y dinero, se trata del Königsschlösser Ticket que cuesta 51€ (los dos). Una vez hecho esto, y cómo vimos que no había demasiada cola esperando el autobús decidimos pagar el billete sólo de ida y hacer la bajada a pie, ya que teniendo en cuenta que la vista desde el Marienbrücke estaba cerrada por reformas, pensábamos que podríamos sacar alguna buena foto desde el camino de vuelta. Sin embargo, nada más lejos de la realidad y a pesar de las opiniones de algunos foreros, tuvimos la sensación de que nos vinimos a casa sin haber visto la mejor vista de todas. Yo diría aún más, y a riesgo de estar con casi toda seguridad equivocado, incluso me atrevería a aventurar que Ludwig II podría haber querido diseñar su obra teniendo sobretodo en cuenta la ubicación del puente.

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Panorámica

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Neuschwanstein

Tuvimos mala suerte de encontrarnos el puente cerrado, qué le vamos a hacer… ¿Y qué podemos decir del exterior? Impresiona, sí, pero quizás nos esperábamos más… Lo habíamos visto tantas y tantas veces, que posiblemente esto condiciona y mucho. También es cierto que la masificación de turistas resta muchísimo encanto a una visión que en su origen había sido diseñada para un solo hombre. A pesar de todo esto, incluso a pesar de la lluvia que no nos daba tregua alguna, lo mejor estaba aún por llegar. Al llegar arriba, esperamos impacientes nuestro turno para entrar con la visita guiada. Y el interior… nos deslumbró, como nunca nada antes lo había hecho. Neuschwanstein no es su fama, no son los miles de visitantes ni las miles de cámaras que lo apuntan día tras día, ni siquiera es su aspecto exterior. La magia, a nuestro juicio, se encuentra dentro. Como también ocurre con los otros dos palacios del llamado rey loco, lo realmente impresionado se encuentra en el interior. Habíamos leído muchos diarios, y algunos mencionan que la visita al interior de esta obra monumental no merece la pena. No podríamos estar más en desacuerdo…

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Patio central

La visita se realiza mediante una audioguía, puedes elegir en español, mientras un guía te acompaña por todas las estancias. No se permiten realizar fotos en el interior. No sabría cómo definir todo lo que vimos: decoración medievalista, inspirada en las óperas Lohengrin y Tanhäuser de Wagner, y en la leyenda del Santo Grial. Destaca poderosamente la Sala de los cantores, la Sala del trono y el dormitorio, el mismo lugar donde el rey al parecer recibió la noticia de que sería incapacitado de sus funciones reales.

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Neuschwanstein desde el mirador posterior

Al terminar la visita, bajamos a pie por el camino y en aproximadamente 40 minutos estábamos ya de nuevo en el aparcamiento. Tomamos un aperitivo rápido y nos dirigimos a nuestro próximo destino, las segunda de las obras del rey, el Palacio de Linderhof. Para ello hay que cruzar durante un corto lapso de tiempo la frontera austriaca, así que nos apresuramos a comprar la Vignette, una pegatina necesaria para poder viajar libremente por el país alpino y disponible en cualquier gasolinera cercana. Por el camino nos encontramos con el famoso lago Plansee, de un color azul muy especial.

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Lago Plansee

Llegábamos al Palacio de Linderhof poco tiempo después. Como ya habíamos comprado el ticket válido para los tres palacios, sólo tuvimos que pasar por taquilla y canjearlo. Enseguida nos dimos cuenta de las dimensiones del recinto total. El palacio es el más pequeño de los tres pero sus jardines son amplios y es necesario bastante tiempo para poder visitarlos en su totalidad. Mientras tanto la lluvia no cesaba y estábamos deseando de que llegara la hora de nuestra visita guiada para entrar en el palacio y resguardarnos de ella. En esta ocasión nos asignaros una visita en inglés ya que no hay en español, aunque puedes pedir un folleto con explicaciones en nuestro idioma (merece mucho la pena). En ese mismo instante el espiritu de Versailles se apoderó de nosotros. Tal y como dijo el propio Ludwig II, “no se trata de copiar a Louis XIV, sino de construir al gusto de Louis XIV”. Y  es que Linderhorf es como un pequeño Versailles pero mejorado, a nuestro parecer. Este hombre tenia un gusto exquisito y cada detalle de la decoración resulta abrumadora en su elegancia.

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Palacio de Linderhof

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Jardines de Linderhof

 Al salir de la visita guiada maravillados por todo lo que habíamos visto y aunque la lluvia no nos daba tregua alguna, nos dirigimos hacia la Gruta de Venus. A través de una puerta en forma de roca, entramos a la gruta artificial construida a base de yeso, acero y hormigón, perplejos quedamos ante tan maravillosa creación, Ludwig II tomó como modelo la gruta de Venus de Hörselberg de la ópera Tannhäuser y la gruta azul de Capri, un espacio indescriptible donde el rey pasaba las horas sentado en la barca y escuchando música mientras las luces cambiaban de color. Y es que el soberano supo combinar a la perfección su gusto por el pasado con la más moderna tecnología.

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Gruta de Venus

Linderhof es la única de las tres obras que se finalizó, en la cual el rey pasó la mayor parte de su tiempo , en los últimos años de su vida. En este palacio se convierten en realidad sus tres pasiones: la Francia del Rey Sol, el mundo de Oriente y el romántico mundo medieval. Y es que para valorar adecuadamente las construcciones es necesario verlas con la perspectiva del tiempo. Lo realmente fantástico del caso es cómo un hombre quiso desprenderse de todas sus obligaciones políticas y hacer realidad su mundo imaginario haciendo caso omiso a las exigencias de la realidad. En definitiva, un soñador que pudo costearse sus fantasías.

Todavía conmocionados por tanta belleza, salimos de allí y de camino a nuestro siguiente hotel nos detuvimos primeramente en el pueblo de Oberammergau, donde nos dimos un paseo entre las famosas fachadas pintadas de algunas casas, y después en la Abadía de Ettal, que nos resultó imponente. Además tuvimos la gran suerte de que justo en ese momento los monjes de la abadía comenzaron a cantar antes del comienzo de la misa: un espectáculo que te ponía la piel de gallina.

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Oberammergau

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Abadía de Ettal

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Interior de la Abadía

En Oberammergau entramos en un supermercado e hicimos la compra para los próximos días. Y a nuestro hotel que nos fuimos, situado en el pueblo de Farchant, muy cerca de Ettal y de Garmisch Partenkirchen. Nada más llegar nos esperaba una sorpresa, la dueña nos obsequió con dos trozos de pastel y un chocolate caliente, que nos tomamos a gustísimo. ¡¡Menudo recibimiento!!

Ya en la habitación nos montamos nuestra pequeña cena y organizamos la visita del día siguiente, la ciudad de Salzburgo. ¡¡Buenas noches!!

SIGUIENTE ETAPA DÍA 3