Estábamos nerviosos. Hacía muy pocos días que nos habíamos conocido y ya estábamos haciendo nuestra primera locura: un viaje juntos. Era, además, la primera vez que Inma se subía a un avión y esa experiencia siempre deja un recuerdo inolvidable en tu memoria.

Salimos desde el aeropuerto de Gerona y volamos rumbo al aeropuerto de Beauvais. Una vez allí recogemos nuestras maletas y nos subimos al autocar que nos llevaría a la capital francesa. Después de un trayecto de más de una hora llegamos a nuestro destino. Rafa tuvo un curioso percance cuando se disponía a coger la maleta del autocar, una chica oriental se agachó justo delante de él, dejando todos sus encantos visibles sin que él pudiera reaccionar de ninguna manera… Fue el primer capítulo de una larga lista de surrealistas sucesos que nos iban a suceder aquellos días.

Cogemos el metro y nos dirigimos a la Place d’Italie, cerca de la cual se encontraba nuestro hotel, el Kyriad Italie Gobelins, un alojamiento muy modesto que sin embargo siempre recordaremos con mucho cariño por ser el primer hotel en el que estuvimos juntos. Lógicamente no es la mejor opción para alojarse en París, pero en aquel momento era la mejor que nosotros podíamos permitirnos. Después de dejar allí nuestro equipaje, salimos nuevamente a la calle y muertos de hambre nos disponemos a buscar un sitio para reponer fuerzas. Lo primero es lo primero. En la misma esquina encontramos un pequeño establecimiento hindú donde nos sirven, a pesar de la hora que era (sobre las 4 o las 5 de la tarde), unos buenos sandwiches con patatas fritas que nos supieron a gloria bendita.

Nuestro primer monumento a visitar en París sería una de las iglesias más curiosas de la ciudad, la Madeleine, uno de los mejores ejemplos de la arquitectura neoclásica del siglo XVIII que podemos encontrar en toda Europa. De hecho su aspecto exterior, formado por 52 columnas de orden corintio, es el de un templo clásico griego. Desde 1842 el edificio cumple la función de iglesia dedicada al culto de Sta. María Magdalena.

Después de contemplar esta primera maravilla, paseamos por el Boulevard des Capucines, donde se encuentra el célebre teatro L’Olympia, hasta llegar a la imponente fachada neobarroca de la Ópera Garnier, un edificio que no visitaríamos por dentro en esta ocasión pero sí años más tarde, en 2011, cuando regresamos a la ciudad en un viaje relámpago. Sin embargo, bien merece la pena visitar el exterior de este monumento diseñado por un joven arquitecto desconocido en la época, Charles Garnier, que diseñó una obra imperecedera de la cual os hablaremos con más detalle cuando relatemos nuestra escapada de 2011.

paris4

Fachada del Palais Garnier

De camino a la Place du Palais Royal, nos encontramos con otro curioso personaje que formaba parte de ese surrealismo parisino tan encantador, un tipo que paseaba tranquilamente con una rata encaramada a su hombro. Nos hizo gracia especialmente ver cómo el hombre se detenía a observar el escaparate de una tienda de Ferrari, quizás mientras pensaba en comprarle a su “amiguita” un bólido en miniatura…

paris5

Curioso viandante con su amiga

Cuando paseas por París, todo a tu alrededor resulta exultantemente bello. Los grandes edificios, las limpias calles, las eternas avenidas… y hasta algunas bocas de metro llaman la atención.

paris6

Estación de metro Palais Royal

Llegamos a uno de los lugares que más recordaremos de nuestro primer viaje: la Place du Palais Royal, donde se encuentra el Museo del Louvre, antiguo emplazamiento del Palacio Real.

paris9

Place du Palais Royal

La estética de la plaza es absolutamente desbordante, una perspectiva que traza unas líneas perfectas, culminada por la introducción de un elemento tan imposible como cautivador, la pirámide de cristal diseñada por el japonés Ming Pei, donde se sitúa la entrada al que es, con toda probabilidad, el museo más importante del mundo, al cual le dedicaremos una mañana entera otro día.

paris8

Inma sentada en la fuente de la pirámide de cristal

Desde el Museo del Louvre, uno de los paseos más apetecibles de Europa se extiende ante nosotros. Hasta el otro extremo, culminado por el Arco del Triunfo, atravesamos primeramente los Jardines de las Tullerías, hoy en día un parque público que antiguamente formaba parte del desaparecido Palacio de las Tullerías.

paris10

Jardines de las Tullerías

Antes de proseguir, no pudimos evitar acercarnos a contemplar el río Sena desde uno de sus puentes. El rostro de Inma, embriagado de tanta belleza, lo expresa todo… Y es que al fondo apareció, majestuoso, el perfil de la Tour Eiffel.

paris11

Río Sena

La Place de la Concorde está situada justo al comienzo de los Campos Elíseos, y hoy día es la segunda plaza más grande de toda Francia. Se trata de un emplazamiento histórico de primer orden, sobretodo teniendo en cuenta su importancia durante la Revolución Francesa, durante la cual fueron guillotinadas allí mismo 1.119 personas, entre ellas el Rey Louis XVI y María Antonieta.

paris14

Place de la Concorde: su obelisco procede de Luxor (Egipto)

Con una longitud de casi 2 km de longitud, los Campos Elíseos componen una de las avenidas más célebres del mundo. Nos encontrábamos ya enormemente cansados, pero no podíamos resistir la tentación de recorrer esta gran arteria, hoy presidida por las más importantes firmas de moda a un lado, y por el Grand Palais y el Petit Palais al otro.

paris15

Campos Elíseos, con el Arco del Triunfo al fondo

El Arco del Triunfo es uno de los emblemas de París. Se construyó, a la manera de los arcos del triunfo romanos, para conmemorar la victoria en la batalla de Austerlitz, en la que el ejército comandado por Napoleón aplastó a las tropas del ejército ruso-austriaco en 1805. Grabados en sus cuatro pilares pudimos ver los nombres de las batallas ganadas por este brillante emperador y los nombres de los 558 generales franceses. En su interior se encuentra la tumba al soldado desconocido, que con una llama que nunca se apaga conmemora a todos los franceses que murieron en la Primera Guerra Mundial y que nunca fueron identificados.

paris13

Arco del Triunfo, situado en la Place Charles de Gaulle, erigido en 1836.

Cogemos el metro para regresar a nuestro alojamiento, reponer fuerzas y descansar para lo que nos esperaba al día siguiente. Mañana madrugaremos para visitar… ¡la Tour Eiffel!

Bonne nuit!

ETAPA SIGUIENTE DÍA 2