Laguna Negra – Fuentona de Muriel – Calatañazor

Hay días que quedan marcados a fuego en la memoria porque te ayudaron a reconectar con tu propia esencia. Este segundo día en la provincia de Soria fue uno de esos días, así que tened bien claro que mi relato de hoy va a verse altamente condicionado por la que fue la gran protagonista de aquella jornada, una sensación de bienestar que todavía ronda en mi mente. A mí me resulta imposible escribir sobre mis viajes desvinculándolos del estado de ánimo que reinaba en mí en aquellos momentos, ya que «tiñen» de un color determinado las experiencias que viví y los recuerdos que ahora tengo. El lector seguro percibirá un claro filtro de entusiasmo en el relato de lo que visitamos aquel día. En caso contrario, quien avisa no es traidor.

Laguna Negra de Urbión,

Tengo que ser honesto: visitar la Laguna Negra no estaba en mis planes cuando me puse a organizar la ruta por la provincia de Soria. Sin embargo, una oportuna recomendación de una conocida de Instagram, la encantadora Irene de la cuenta DestinoWanderlust, me hizo cambiar de opinión casi en el último momento. Gracias al cielo que así fue, porque de lo contrario me hubiese perdido un lugar absolutamente único sobre el que planea una atmósfera fantasmal cargada de misterio.

Después de desayunar en el Hostal Las Nieves, mis dos amigos y yo cogimos el coche y a ritmo de Earth, Wind and Fire pusimos rumbo a la Laguna Negra, perteneciente al Parque Natural de la Laguna Negra y los Circos Glaciares de Urbión (integrado en la Red Natura 2000). Disfrutamos enormemente de aquel trayecto de apenas media hora en el que de repente nos adentramos en un espeso bosque de pinos que parecía no tener fin. Sin duda habíamos llegado al pulmón verde de Soria, con una vegetación más propia del norte de Europa que de la Península Ibérica.