¡Buenos días! Esta mañana ha amanecido un poco nublada aquí, en nuestro apartamento de Presillas Bajas. Como no tenemos prisa, salimos a nuestra terraza privada a contemplar las vistas mientras Elia se dedica a perseguir uno de los gatos de Armin.

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Nuestra terraza en el apartamento En la Majada Redonda

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Las vistas desde nuestra terraza

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Papá jugando a fotografiar a Elia

Un roadtrip por el Cabo de Gata es uno de los más cómodos que se pueden hacer por España. Es una auténtica delicia recorrer la carretera que une las localidades de Las Negras y San José, y esto es precisamente lo que vamos a hacer hoy, parando en todos los lugares y monumentos de interés, especialmente aquellos que tienen que ver con la ruta pirata. Hoy exploraremos el Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar a fondo, empezando por su mirador más impresionante, el Mirador de la Amatista. ¡Allá vamos!

Mirador de la Amatista

Llegamos al mirador en apenas 10 minutos desde nuestro apartamento. Este mirador es parada obligatoria para todo aquel que visite esta maravilla geológica que es el Cabo de Gata. Se encuentra en una de las curvas de la carretera entre las localidades de Rodalquilar y La Isleta del Moro, y que transcurre por la zona más elevada y abrupta del parque. Lo visitamos por primera vez en completa soledad en 2014, cuando éramos dos novietes a punto de casarse. Hoy lo visitamos con algo más de gente, incluso nos resulta algo difícil dejar el coche en el pequeño aparcamiento justo al lado de la carretera.

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El Mirador de la Amatista, en el lado izquierdo de la imagen.

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Mirador de la Amatista

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Mirador de la Amatista

Desde aquí las vistas a los acantilados de origen volcánico y a las aguas turquesas del Mar Mediterráneo son preciosas. A lo lejos podemos vislumbrar el Pico de los Frailes, antiguo volcán, la montaña más alta de todo el Parque Natural con sus 500 metros de altura.

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Mamá Inma y Elia contemplando el Mar Mediterráneo desde el Mirador de la Amatista.

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Vistas desde el Mirador de la Amatista, con el Pico de los Frailes al fondo.

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Mirador de la Amatista

Mientras hacía fotos a mi familia, no pude evitar pensar en lo bonito de la situación de haber regresado a un lugar del que guardábamos un recuerdo muy especial y romántico, esta vez con nuestra pequeña cerecita, como si de algún modo quisiéramos compartirlo con ella. Cuantos lugares queremos compartir con ella, cuantas cosas queremos enseñarle… Pues sí, soy de esos moñas que se emociona por estas cosas, ¿qué se le va a hacer? ¡Y a mucha honra!

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Fotografía de 2014: Un intenso color azul impregnaba el cielo y el mar aquella tarde de mayo.

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Fotografía de 2014: una pareja de enamorados disfrutaban de su última escapada juntos como solteros.

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¡Ahora ya somos tres!

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En el Mirador de la Amatista con Elia

Pueblo de La Isleta del Moro

A lo largo del Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar podemos encontrarnos pequeños pueblos pesqueros como Agua Amarga, que ya visitamos ayer, o La Isleta del Moro, a nuestro juicio el más encantador de todos ellos. Se encuentra a muy pocos kilómetros del Mirador de la Amatista y se llega a él siguiendo una carretera en dirección al mar. Aparcamos nuestro coche en una de sus calles blancas y nos dirigimos primeramente al embarcadero.

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Embarcadero de La Isleta del Moro

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Embarcadero de La Isleta del Moro

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Embarcadero de La Isleta del Moro

Desde allí damos un agradable y tranquilo paseo en dirección al mirador del pueblo, que se encuentra en la zona más alta del pueblo y al que se accede en pocos minutos por la Calle Terrera de Mágina. Justo antes de subir encontramos una pequeña porción de playa con un grupo de barcas de pescadores, formando una estampa enormemente pintoresca y fotogénica. 

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Paseando por La Isleta del Moro

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Barcas de pescadores en La Isleta del Moro

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Subiendo al mirador de La Isleta del Moro

Una vez arriba, en el mirador de La Isleta del Moro, disfrutamos nuevamente de unas vistas mágicas. Desde aquí podemos divisar, por un lado, la totalidad del pueblo enclavado en semejante marco natural, incluido su elemento geológico más característico y singular, los dos peñones que dan al mar, uno de ellos separado formando una pequeña isla, motivo que precisamente dio su nombre al pueblo.

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Vistas del pueblo desde su mirador, con los dos peñones

Si miramos hacia el otro lado, obtenemos una nueva panorámica del Pico de los Frailes, el más alto del parque, esta vez desde más cerca. Además, si nos fijamos bien, veremos la zona de Los Escullos y el Castillo de San Felipe, que visitaremos más tarde.

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Mirador de La Isleta del Moro

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Panorámica desde el mirador, con el pico de los Frailes al fondo

Bajamos nuevamente al pueblo para explorarlo sin prisas, hasta llegar sin saber muy bien cómo a las inmediaciones del primer peñón por su lado izquierdo, donde hay una pequeña cala realmente adorable que no habíamos visto en nuestra primera visita al pueblo en 2014. No solo nos encontramos con uno de los rincones más bellos de todo el Cabo de Gata, sino también con algo altamente inusual para nosotros (¡aunque no especialmente inusual en el Cabo de Gata!): un decorado cinematográfico. Y es que, por lo que pudimos averiguar horas más tarde, habían venido a La Isleta del Moro a rodar nada más y nada menos que… ¡la última entrega de Terminator! Tuvimos suerte ya que, al ser domingo, pudimos visitar la zona de rodaje que simulaba alguna especie de puerto pesquero latinoamericano. Por lo visto, el idilio de Almería con el mundo del cine se encuentra lejos de terminar…

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Pequeña playa en La Isleta del Moro

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Set de rodaje para la última entrega de Terminator

En cuanto volvió a verse tan cerca del mar, nuestra Elia se volvió loca y quiso meter sus pies en el agua como en la playa de Agua Amarga. No era nuestra intención quedarnos allí pero la reclamación de nuestra peque hizo que nos lo replanteáramos. Y es que Elia tenía razón, ¡allí se estaba muy bien!

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¡A nuestra pequeña le encanta el mar!

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Papá Rafa y Elia paseando por la playa de La Isleta del Moro

Mientras mamá Inma se quedaba con Elia, me fui a explorar con mi cámara fotográfica los alrededores de los peñones. Intuía que por allí debía esconderse alguna otra maravilla, y así fue.

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Roca del peñon de La Isleta del Moro

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Alrededores del peñón de La Isleta del Moro

Una vez hubimos descansado en aquel rinconcito encantador, seguimos en dirección a la costa subiendo una leve pendiente que conduce a la playa más grande del pueblo, la Playa del Peñón Blanco, cuyo nombre proviene de una roca de color blanco situada en medio de la arena y que algunos bañistas aprovechan para resguardarse del sol. Se accede a ella desde allí por una escalera de piedra, o bien desde la entrada al pueblo dejando el coche en el aparcamiento que hay a mano izquierda.

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Subiendo la pendiente por la que se accede a la Playa del Peñón Blanco

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La Playa del Peñón Blanco

Los Escullos y Castillo de San Felipe

Nuestra siguiente parada se encuentra muy cerca de La Isleta, a unos 5 minutos en coche. Se trata de Los Escullos, una zona donde podemos encontrar la duna fosilizada más grande del Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar, además de otra de las fortificaciones que se levantaron para repeler a los piratas berberiscos: el Castillo de San Felipe.

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Duna fosilizada de Los Escullos

El paisaje es sobrecogedor y muy atractivo para un explorador en busca de rocas con formas caprichosas. Resulta increíble pensar que este fósil de arena oolítico se formó en la era cuaternaria, hace más de 100 mil años, cuando el Mar Mediterráneo cubría la totalidad del territorio que en la actualidad constituye el Parque Natural. Posteriormente el mar, a causa de un cambio climático que hizo subir las temperaturas de manera brusca, retrocedió hasta sus actuales límites, dejando al descubierto esta gran duna fosilizada. Luego la erosión del viento, la lluvia y el oleaje del mar han hecho el resto, esculpiendo como un escultor estas sorprendentes formas.

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Las vistas que hay desde Los Escullos son impresionantes

El Castillo de San Felipe, de sencilla construcción, fue erigido en el siglo XVIII por orden del rey Carlos III y formaba parte de la batería de fortificaciones que antiguamente defendían la costa almeriense de las incursiones piratas. Desgraciadamente nos lo encontramos cerrado, de modo que no pudimos visitar su interior. Eso sí, su ubicación estratégica le confiere una presencia imponente frente a las aguas del Mediterráneo.

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Castillo de San Felipe

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Castillo de San Felipe

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El Castillo de San Felipe vigilando el mar

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El Castillo de San Felipe, cuya silueta se camufla en el paisaje fósil de Los Escullos.

Se acercaba la hora de comer y necesitábamos comprar algunas cosas así que buscamos por internet cuál era el supermercado más cercano. Estaba en San José, considerada la capital del parque Natural del Cabo de Gata por ser la localidad más grande y también por ocupar una posición central. Hasta allí nos acercamos, como habíamos hecho también en 2014 para visitar su playa principal. Esta vez, sin embargo, no pasamos más allá del supermercado.

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Fotografía de 2014: pueblo de San José

Desde San José parten las excursiones hacia dos de las playas más bonitas de todo el Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar (y dicen que también de toda la costa mediterránea): la Playa del Mónsul y la Playa de los Genoveses, dos lugares vírgenes cuyo acceso en coche se ve restringido en verano, por lo que solo son accesibles a pie. Nos queda pendiente la visita a ambas para más adelante…

Volvimos a nuestro apartamento para comer tranquilamente y descansar antes de emprender nuestra aventura.

Las minas de oro de Rodalquilar

Volvemos a ponernos en marcha para visitar nuevos lugares que no conocemos de nuestras visitas anteriores. En esta ocasión nos dirigimos hacia el interior, hasta la localidad de Rodalquilar, situada en medio del valle que lleva su mismo nombre, un oasis de árboles, plantas y flores en medio del seco paisaje del Parque Natural. Aunque habíamos pasado cerca en 2014, no habíamos llegado a entrar en este pueblo, que encontramos mucho más bonito de lo que esperábamos. Nuestro objetivo era visitar dos monumentos que se encuentran a las afueras: las minas de oro y el Cortijo del Fraile. Este último era posiblemente el lugar que más ganas tenía de visitar, por lo que allí aconteció en 1928.

Pasamos de largo el centro del pueblo hasta que llegamos a una carretera de curvas que asciende hasta las antiguas minas de oro abandonadas. Una vez allí, observamos que el asfalto se convierte en un caminucho de tierra muy irregular y por el que no nos atrevemos a continuar. Se supone que debíamos seguirlo para llegar al Cortijo del Fraile, pero no nos arriesgamos a que se nos pinche una rueda y allí nos quedamos por el momento…

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Minas de oro de Rodalquilar

La historia de estas minas es bastante significativa. Desde que apareció oro a finales del siglo XIX se inició una fiebre del oro en Rodalquilar en la que participaron diferentes empresas y particulares de diferentes lugares del mundo. La denominada Planta Denver era el conjunto minero más destacable y fue inaugurado por el mismísimo general Franco en persona en el año 1956. Curiosamente, después del cierre de las minas, sus instalaciones han servido como plató cinematográfico para numerosas películas, entre las que podemos destacar Los Guerreros del Sol, Indiana Jones y la última cruzada, La Reina de Espadas o El misterio de Wells, entre otras, así como también algunas cintas del tan conocido género Spaghetti Western.

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Instalaciones mineras abandonadas de Rodalquilar

A pesar de que se pueden visitar libremente, las instalaciones mineras de Rodalquilar se encuentran en un estado de abandono que debería obligar a reflexionar acerca de la importancia que concedemos a nuestro propio patrimonio en este país. Igual situación sufren algunas torres y castillos de la denominada ruta pirata del Cabo de Gata, que parecen esperar eternamente a que alguien se dé cuenta de su estado progresivo de deterioro. Y el caso más extremo y triste lo encontraremos al final de este día…

Sea como fuere, decidimos no continuar por ese camino tan peligroso para llegar hasta el Cortijo del Fraile. Sin embargo, ¿iba yo a quedarme sin visitar una de las mayores joyas patrimoniales del Cabo de Gata?…

El Playazo, la Torre de los Alumbres y el Castillo de San Ramón

Regresamos por el camino por el que habíamos venido, pasando de nuevo por el medio del pueblo de Rodalquilar y tomando luego las indicaciones para llegar a otra de las playas míticas del Cabo de Gata: El Playazo. Lo cierto es que el nombre ya lo dice todo… Lo mejor de esta playa es que puedes llegar hasta ella en coche, aparcando en un amplio aparcamiento al aire libre. En medio del camino que va desde la carretera hasta El Playazo, nos encontramos con otra de las edificaciones que sirvieron para ahuyentar a los piratas berberiscos, la Torre de los Alumbres. La historia de esta torre es de lo más curiosa: a principios del siglo XVI se instaló en El Playazo un poblado minero dedicado a la extracción y tratamiento del alumbre, un mineral muy apreciado durante la Edad Media ya que servía como fijador de los colores para los tejidos. Como los ataques de los piratas eran continuos, se decidió levantar en 1510 esta torre de estilo renacentista (esto la convierte en la fortificación más antigua de todo el Parque Natural). Sin embargo resultó ser insuficiente para defender un nuevo ataque llevado a cabo en 1520, en el transcurso del cual los piratas destruyeron esta población minera y capturaron a todos sus habitantes para ser vendidos como esclavos. Esto impidió que la actividad minera siguiera adelante durante el siguiente medio siglo, aunque, por milagroso que parezca, la Torre de los Alumbres aún se mantiene en pie. A pesar de aquel sangriento acontecimiento… y a pesar del abandono que sufre por parte del hombre contemporáneo…

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La Torre de los Alumbres

Llegamos a El Playazo, que ya conocíamos de nuestro viaje anterior. Sin embargo había un rincón que no habíamos explorado y que es visible desde la playa. Me refiero al Castillo de San Ramón, otra de las baterías defensivas construidas por orden de Carlos III en el siglo XVIII. Hasta allí me acerqué para tomar fotos del castillo mientras Inma esperaba con Elia en el coche mientras ésta se echaba una siesta. Yo, que me dirigí allí para tomar unas fotos rápidas, desconocía la grata sorpresa que me iba a encontrar.

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Cala cerca de El Playazo

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Pequeña cala cerca de El Playazo

El camino a pie que va desde El Playazo hasta el Castillo de San Ramón dura unos 10 minutos y está plagado de pequeñas calas escondidas y mágicas. ¡Ahora entiendo a dónde se dirigía tanta gente! La mayoría no se dirigía al castillo, sino a disfrutar de la tranquilidad que otorgan estos rincones perdidos. Más tarde llegué a saber que este camino forma parte del Sendero de la Molata, el cual sigue por la costa hasta llegar a la Cala del Cuervo, ¡queda pendiente!

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Castillo de San Ramón dominando el litoral

Y aún había otra sorpresa más: el Castillo de San Ramón está construido sobre una duna fosilizada, igual que en el caso del castillo de San Felipe, sin embargo su enclave es todavía más bello, probablemente uno de los lugares más bellos de todo el Parque Natural. ¡Una auténtica maravilla abandonarse al sonido de las olas rompiendo contra aquella duna fosilizada! Qué lástima que mi media naranja y mi pequeña cerecita no estén aquí para verlo…

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Duna fosilizada del Castillo de San Ramón

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Duna fosilizada

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Castillo de San Ramón

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Castillo de San Ramón

Por desgracia el castillo también estaba cerrado y no se podía acceder al interior… Entonces me obligué a mí mismo a regresar rápidamente junto a Inma y a Elia, que esperaban en el coche. No tenía ningún sentido que siguiera disfrutando ni un minuto más de aquella maravilla sin ellas. La próxima vez que vengamos al Cabo de Gata, sin duda volveré a recorrer este sendero acompañado de mis dos chicas favoritas. Ahora toca disfrutar de El Playazo, ¡y casi en exclusiva! De nuevo Elia, al ver el mar, quiere cogernos de la mano para que la acompañemos a dar un paseo por la orilla… Resulta paradógica tanta tranquilidad en un lugar que ha visto tantos enfrentamientos en el pasado.

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El Playazo, con el Castillo de San Ramón al fondo

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Recorriendo la orilla de El Playazo

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El Playazo

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Momentos imborrables

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El Playazo

El Cortijo del Fraile

Habíamos visto todo lo que nos habíamos propuesto ver, excepto un lugar. Un lugar con una historia propia de los libros, o para ser más exactos, de un libro. Recordaréis que anteriormente no habíamos podido llegar hasta el Cortijo del Fraile desde Rodalquilar por el impracticable estado de la carretera. Pero existe otra posibilidad, otro camino por el que llegar, desde el norte, atravesando las poblaciones de Las Hortichuelas y Fernán Pérez. Nuestro GPS indicaba solo 30 minutos, así que nos animamos a seguir sus indicaciones. Al llegar a Fernán Pérez, uno debe seguir la “carretera” dirección Albaricoques. Hasta ahí íbamos bien, cuando de repente nuestro GPS empezó a guiarnos por caminos sin asfaltar que no conducían a ningún sitio… De hecho nos metimos al menos por dos caminos de lo más irregulares y sin salida, obligándome a dar marcha atrás en ambas situaciones. Menos mal que finalmente decidimos hacer caso a un minúsculo letrero que nos había parecido ver indicando el “Cortijo del Fraile” en vez de a nuestro GPS, simplemente siguiendo el camino de tierra sin desviarnos por ningún otro camino.

Después de lo que nos pareció una eternidad, llegamos al cortijo en un momento en el que ya comenzaba a ponerse el sol, lo cual agregaba más tensión al mal rato que habíamos pasado. “¿Cómo puede un sitio tan importante estar tan mal comunicado?”, nos preguntábamos, “¿quizás no hemos venido por el camino más adecuado?”. Lo peor del caso no es que se encuentre mal comunicado, sino que además este lugar se encuentra en un estado de abandono vergonzoso por culpa, según hemos leído, de desavenencias entre los actuales propietarios y la administración. Un lugar que, para colmo, está declarado Bien de Interés Cultural…

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El Cortijo del Fraile

Pues bien, ¿por qué tanta insistencia por mi parte en conocer este lugar? El Cortijo del Fraile fue construido por los frailes dominicos en el siglo XVIII, de ahí su nombre. En 1836 y como consecuencia de las leyes de desamortización de las propiedades de las órdenes religiosas, fue confiscado por el estado y, tras subasta, pasó a manos privadas, momento a partir del cual la finca se utilizó para labores del campo. El suceso por el que este lugar cobró notoriedad tuvo lugar la noche del 22 de julio de 1928. Una joven mujer, Francisca Cañadas, apodada Paca “la coja” e hija del aparcero del cortijo, se vio obligada a casarse por conveniencia con un hombre al que no amaba, concretamente con el cuñado de su hermana, Casemiro Pérez. La misma noche en que la boda iba a tener lugar, Francisca se escapó con el hombre del cual siempre había estado realmente enamorada, su primo Francisco Montes. Horas más tarde, a unos 8 kilómetros del cortijo, uno de los invitados encontró a Francisco muerto y bañado en sangre. Al parecer unos enmascarados le dispararon 3 veces dándole muerte. En cuanto a Francisca, apareció momentos más tarde, ensangrentada y aturdida. Habían intentado estrangularla. Poco más tarde se entregaron los asesinos de Francisco y… sorpresa: o eran otros que José Pérez, hermano del novio, y Carmen Cañada, la hermana de la novia. Marido y mujer. ¡Incluso se dice que fue ella quien intentó estrangular a su propia hermana! La prensa de la época se hizo eco del trágico suceso y lo bautizó como el crimen de Níjar. A el mismísimo Federico García Lorca le impactó tanto la crónica del crimen cuando la leyó en la sección de sucesos de un periódico que le sirvió de inspiración para escribir su célebre obra teatral “Bodas de sangre” en 1931. 

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Ruinas del Cortijo del Fraile

Al pasear alrededor del cortijo pudimos sentir ese halo de misterio que te eriza la piel y que solo poseen aquellos lugares donde han pasado cosas que han marcado tantísimo la memoria colectiva. Los más creyentes en fenómenos paranormales dirían que es uno de esos lugares malditos y cargados de una energía especial. Los escépticos dirían que todo es producto de la sugestión. En todo caso, a nosotros nos apasionan este tipo de lugares por las historias que llevan sobre sus espaldas. En el Cortijo del Fraile también se han filmado películas, como El bueno, el feo y el malo o La muerte tenía un precio.

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Inma y Elia paseando por los alrededores del Cortijo del Fraile

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Una de las puertas del Cortijo del Fraile que avisa: “Prohibido el paso. Ruinas. La empresa no se responsabiliza de posibles accidentes”.

El estado ruinoso del Cortijo del Fraile le confiere, a pesar de todo, ese aire tan fantasmal y nostálgico que nos gusta a los amantes de la fotografía. Este es, quizás, el único aspecto positivo de un problema que evidencia el mal momento que está atravesando la cultura en España. Me produce mucha tristeza ver qué se está haciendo a nuestra propia historia, a nuestros propios monumentos históricos. La cultura está en estado de coma… aunque no muerta del todo, pues siempre habrán personas como nosotros que valoren en su justa medida nuestro patrimonio.

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Alrededores del Cortijo del Fraile

Toca emprender camino de regreso al hotel. Allí nos espera un merecido descanso, una ducha reparadora, una buena cena y un buen partido de fútbol. La guinda a un día perfecto fue ver ganar al Real Madrid su décimo tercera Champions… ¡con golazo de Bale incluido!

Esta ha sido una escapada perfecta. Siempre lo son en el Cabo de Gata. No tardaremos en volver, estoy seguro. ¡Muchísimas gracias por seguir a la familia cantinelera una vez más y hasta la próxima!