Monasterio de Leyre – Castillo de Javier – Sangüesa – Sos del Rey Católico

Hoy va a ser uno de los días más completos del viaje, sin lugar a dudas. Al fin pisaremos tierras navarras para visitar tres joyas históricas que formaron parte del antiguo Reino de Navarra: el Monasterio de Leyre, el Castillo de Javier y la Iglesia de Santa María de Sangüesa. Estos tres lugares se encuentran a muy poca distancia de nuestra base, el Hotel Ruta del Tiempo en Sos del Rey Católico, pueblo que aprovecharemos para descubrir por la tarde.

Desayunamos en el acogedor salón del Hotel Ruta del Tiempo, dando las gracias a Loli por todas las atenciones que nos brinda. La verdad es que da gusto que te mimen así. Descubrimos que Loli no es aragonesa de nacimiento pero se enamoró de Sos del Rey Católico y de Aragón y decidió establecerse aquí. El hotel se encuentra en un edificio histórico justo al lado del Ayuntamiento del pueblo, pero con todas las comodidades modernas y con una limpieza impecable. Sin duda será el mejor hotel en el que nos alojaremos durante este viaje.

Sin prisa pero sin pausa nos dirigimos al coche (no sin antes disfrutar de un corto paseo por el barrio judío de Sos del Rey Católico, del cual hablaremos más tarde, a estas horas de la mañana resulta una delicia disfrutarlo sin apenas turistas) para poner rumbo a nuestro primer destino del día, cruzando por primera vez la frontera navarra.

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Barrio judío de Sos del Rey Católico
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Barrio judío de Sos del Rey Católico
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Panorámica de Sos del Rey Católico

Monasterio de Leyre

Lo de venir a Navarra era una asignatura pendiente que teníamos desde hacía tiempo, le teníamos muchas ganas a los monumentos históricos que esta región atesora. Uno de ellos es el Monasterio de Leyre, declarado Monumento Nacional y considerado uno de los conjuntos medievales más completos de toda España, a pesar de lo cual, su visita nos supo a poco, como seguidamente explicaremos.

El Monasterio de Leyre se encuentra en el municipio de Yesa, merindad de Sangüesa, casi en el límite con Aragón. Para llegar hasta él hay que ascender por una carretera que zigzaguea entre hayas, pinos, robles y carrascales. Quizás esto fue precisamente lo que más nos gustó de nuestra visita al monasterio, su enclave natural privilegiado conocido como sierra de Leyre. Muy cerca de aquí discurre el ramal del Camino de Santiago que procede de Jaca y que acompaña el cauce del río Aragón.

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El Monasterio de Leyre visto desde el mirador que se encuentra justo antes de llegar por carretera
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Entorno del Monasterio de Leyre

Llegamos en apenas 40 minutos, siendo de los primeros en aparcar en el párking público del monasterio. Montamos a Elia en su mochila porteadora y nos dirigimos primeramente al edificio donde se encuentra la taquilla. Ante nuestra sorpresa, con el ticket (entrada 3,20€ por adulto por libre, 3,70€ con visita guiada) nos dieron una enorme llave con la que nos explicaron debíamos abrir la puerta de la cripta en caso de querer visitarla, dejando para ello un depósito de 5€ como garantía de que la llave volvería sana y salva a sus dueños. Qué curioso…

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Monasterio de Leyre
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Ábsides y torre de la iglesia del Monasterio de Leyre, del siglo XI

La razón principal por la que para nosotros el Monasterio de Leyre era parada obligada era histórica. Se puede decir que durante el siglo X este lugar tuteló el naciente Reino de Pamplona, ya que los reyes buscaban a menudo la sabiduría y el consejo de sus monjes. Fue quizás el más importante de todos ellos, el rey Sancho el Mayor, quien llevó al monasterio al momento de su máximo esplendor (de hecho llegó a formarse entre sus muros). No en vano a este rey se le atribuye la frase: “El Monasterio de Leyre es el más antiguo y querido de mi reino”. Leyre quedó bajo la observancia de Cluny en 1030 al tiempo que funcionaba como aglutinante de una amplia constelación de monasterios dependientes que albergaban a los peregrinos de la ruta jacobea.

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Monasterio de Leyre

De la mano de la reforma cluniacense llegó al monasterio el arte románico, cuyo mayor exponente fue la construcción de la cabecera del templo, parte de la iglesia, la torre campanario y la célebre cripta, de la cual nos atrevemos a decir que es la joya del Monasterio de Leyre y quizás la única razón por la que merece la pena llegar hasta aquí. El acceso a la cripta se encuentra justo enfrente del edificio independiente que recibe a los visitantes. Al traspasar la puerta de acceso, la más antigua del monasterio (y que abrimos con nuestra pesada llave) uno se encuentra con un pequeño bosque hecho de piedra cuya altura máxima no va mucho más allá que la de una persona.

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Cripta

Estamos ante un tesoro inmaterial, quizás uno de los monumentos pioneros del románico hispánico, cuya función principal era la de servir como sostén de la cabecera de la iglesia que se levanta justo encima. Tiene planta cuadrada y se distribuye en tres ábsides y cuatro naves cubiertas por bóvedas de cañón. Impresiona sobremanera el conjunto de arcos, columnas y capiteles de temas vegetales y geométricos, literalmente “los pilares que sustentaban el Reyno”. Contemporáneo de la cripta, el llamado Túnel de San Virila conducía al exterior desde el monasterio medieval. Fue inutilizado por el trazado de los nuevos edificios y actualmente se encuentra cerrado con una verja desde la que se contempla la imagen de San Virila, abad de Leyre en el siglo X.

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Cripta

Para visitar la iglesia uno debe dar un pequeño rodeo rodeándola hasta llegar hasta al acceso principal. Por el camino uno contempla un patio medieval definido por los actuales edificios que ocupan el sitio que un día ocupó el claustro románico.

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Patio anteriormente ocupado por el claustro románico, hoy desaparecido

A la entrada ceremonial de la iglesia de Leyre se la conoce como Porta Speciosa tanto por su increíble belleza como por ser un verdadero libro abierto para los fieles que la contemplaban en tiempos medievales, cuando muy pocas personas sabían leer y escribir. En este sentido, el tímpano, las arquivoltas y los capiteles mostraban en imágenes aquello a lo que no podían acceder en los libros. Fue el célebre Maestro Mateo, autor también de la Puerta de las Platerías de la Catedral de Santiago, quien esculpió tan bonita obra en pleno siglo XII, momento en que el complejo monástico se incorporó a la reforma del Císter llevándose a cabo como resultado una gran ampliación en la iglesia.

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Mamá Inma y Elia delante de la Porta Speciosa

Dicha ampliación se centró sobretodo en la sobria nave central en cuyo muro norte se encuentra el Panteón Real que alberga los restos de los primeros reyes de Navarra.

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Interior del templo

Desgraciadamente la visita del Monasterio de Leyre no llenó nuestras expectativas, esperábamos mucho más de este lugar, y aunque su valor histórico es indiscutible no creo que una segunda visita mereciera la pena el día que regresemos a Navarra. El claustro actual, quizás el edificio más grande de todos los que forman el monasterio, no está abierto al turismo.

El Castillo de Javier

Un corto trayecto de 20 minutos separan el Monasterio de Leyre de otro de los emblemas arquitectónicos y espirituales de Navarra: el Castillo de Javier. Ubicado a las afueras del pueblo de Javier, esta construcción también está tejida de historia: en el siglo XI aquí se situaba una torre defensiva aislada, en el límite entre los reinos de Navarra y Aragón. El infante Fernando de Aragón entregó la fortaleza al rey de Navarra Sancho VII el Fuerte en 1223 como garantía de un préstamo que no devolvió, por lo que el pueblo de Javier y su fortaleza fueron incorporados definitivamente al reino de Navarra, acabando posteriormente en manos de importantes familias, los Azpilicueta y los Jasso. Sin embargo el castillo que vemos en la actualidad es una construcción de finales del siglo XIX, ya que el anterior fue prácticamente demolido por orden del cardenal Cisneros tras la conquista de Navarra a mano de las tropas castellanas. La duquesa de Villahermosa fue la encargada de levantar el proyecto.

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Castillo de Javier

El 7 de abril de 1506 nace en el interior del castillo uno de los personajes más relevantes de la historia del Reino de Navarra, San Francisco Javier, misionero, cofundador de la Compañía de Jesús y santo patrón de Navarra. Hoy el castillo es propiedad de la Compañía, que lo mantiene de forma impecable para los turistas y también para los devotos que acuden durante el mes de marzo en peregrinación como si de un santuario se tratara. Es lo que se conoce como la Javierada. La silueta del Castillo de Javier preside, poderosa y estilizada a partes iguales, una amplia explanada donde se celebran  todos los años estas Javieradas.

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Castillo de Javier
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Castillo de Javier

Además de obrar milagros, este hombre tuvo tiempo de emprender un viaje de 11 largos años que le llevó de la Universidad de la Sorbona de París (donde conoció a Ignacio de Loyola, con quien fundó la Compañía de Jesús) a India y el Extremo Oriente: Indonesia, Japón y China, en cuyas costas murió. Todos países en los que hoy se respeta la figura y el legado de San Francisco Javier. ¡Menudo viajero estaba hecho!

Hoy el Castillo de Javier alberga un museo que ilustra la historia del edificio y el legado religioso y cultural del santo, y que nosotros recorrimos después de pagar la entrada (3€ por adulto). A lo largo de la visita existen diversos tramos de escaleras, por lo que dejamos el carrito de Elia en el acceso.

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Exposición sobre la historia del castillo
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Pinacoteca

Además del museo, uno puede recorrer el resto del interior del castillo, los puentes levadizos, los fosos, el patio de armas y la torre del homenaje (aquella primera torre defensiva entregada a Sancho el Fuerte en garantía por un préstamo y ya nunca más devuelta). La visita finaliza con la gigantesca basílica (casi proporcional en tamaño al castillo) que también mandó construir la duquesa de Villahermosa a finales del siglo XIX, cuando el conjunto del castillo fue levantado. Desgraciadamente nosotros no pudimos visitarla por dentro, ya que en ese momento se estaba celebrando una boda.

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Boda en la Basílica de Javier

Lo que sí pudimos visitar fue la Parroquia de la Anunciación, una pequeña iglesia situada a muy pocos metros del castillo, construida en estilo barroco en 1702. En ella se guarda  la pila del siglo XV en la que San Francisco Javier recibió el bautismo y una imagen de la Virgen en madera policromada del siglo XIII.

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Parroquia de la Anunciación
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Patio empedrado anexo a la parroquia

Regresamos al amplio aparcamiento al aire libre del castillo y ponemos rumbo al último destino de la mañana, la ciudad de Sangüesa, parada del Camino de Santiago, a escasos 10 minutos de Javier. Quisimos aprovechar la proximidad para visitar otra joya patrimonial de la Comunidad floral de Navarra, la Iglesia de santa María la Real y más concretamente, su extraordinaria portada románica.

Iglesia de Santa María la Real de Sangüesa

Sangüesa atesora un amplio patrimonio que incluye diversos palacios, conventos y por supuesto templos. Un amplio patrimonio que merece un tiempo mucho más prolongado que el que nosotros pudimos dedicarle. De todos los monumentos que habitan en Sangüesa, uno destaca por encima del resto: la Iglesia de Santa María la Real, Monumento Nacional desde 1889.

Situada junto al puente sobre el río Aragón, fue levantada entre los siglos XII y XIV y se dice de ella que es una obra maestra del románico de todos los lugares y de todos los tiempos. No nos la podíamos perder, de modo que antes de regresar a Sos del Rey Católico decidimos aparcar muy cerca de la Rúa Mayor, en cuyo principio se alza, soberbia, su portada.

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Portada de Sta. María la Real de Sangüesa

Esta es la tercera portada románica con características extraordinarias que tenemos la suerte de contemplar en este viaje, después de que ayer visitáramos la Iglesia de Santa María de Uncastillo y hoy la iglesia del Monasterio de Leyre. Al igual que sucede con casi toda la escultura románica, los relieves de la portada de Sangüesa cumplían una función muy clara, transmitir la palabra de Dios en imágenes a los fieles sangüesinos que no sabían leer y a los peregrinos que pasaban delante de ella durante la ruta jacobea. Hoy sabemos que los escultores que tallaron esta obra maestra del románico fueron el Maestro de San Juan de la Peña (llamado así porque se sabe que trabajó en el claustro del Monasterio de San Juan de la Peña y en otras iglesias de Huesca y de Zaragoza), que creó toda la parte superior representando el preludio del Juicio Final, y el Maestro Leodegarius, quien obró en la parte inferior, completando las 300 imágenes que contiene la portada. Una curiosidad: de entre todas ellas se ha identificado la leyenda nórdica del héroe Sigurd y el herrero Regin, lo cual podría indicar que algún peregrino venido desde tierras escandinavas le contase al propio Leodegarius esta leyenda, quedando plasmada finalmente en su obra.

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Portada de Sta. María la Real de Sangüesa

El interior de la iglesia (entrada 2,30€ por adulto con visita guiada) sobrecoge enseguida al visitante, en parte por su esbelta arquitectura de transición del románico al gótico, en parte también por el juego de luces y oscuridades que se ofrece durante la visita guiada. La Iglesia de Sta. María la Real presenta tres naves y torre octogonal, y su interior alberga otros atractivos como un retablo mayor de estilo plateresco y una rica custodia procesional gótica.

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Interior del templo
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Retablo mayor plateresco del siglo XVI
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Detalle de la cúpula apoyada sobre cuatro trompas

Nuestra pequeña Elia ya va necesitando comer y descansar, de modo que nos limitamos a recorrer brevemente la Rúa Mayor antes de regresar al coche y poner rumbo de nuevo a Sos del Rey Católico.

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Calle Mayor de Sangüesa

Pueblo de Sos del Rey Católico

Tuvimos suerte de encontrar aparcamiento en Sos del Rey Católico ya que era sábado y además hora de comer. Los restaurantes que se encuentran extramuros estaban abarrotados pero, una vez más, tuvimos suerte y encontramos una mesa disponible en el Restaurante Vinacua, que resultó ser una buena elección. Mientras Elia ya dormía en su carrito nosotros aprovechábamos para reponer fuerzas antes de regresar a nuestra habitación del Hotel Ruta del Tiempo a descansar un poco.

Una vez descansados, salimos a conocer, esta vez de una manera más pormenorizada, todos los puntos de interés de la localidad, completando así el primer paseo de “reconocimiento” que hicimos ayer. Lugar estratégico entre los reinos de Navarra y Aragón, Sos del Rey Católico, declarado conjunto histórico artístico en 1968 y perteneciente a la lista de la Asociación de los Pueblos más Bonitos de España, sigue siendo hoy un espectacular recinto amurallado con siete portales de acceso extraordinariamente bien conservados, entre ellos el Portal de Zaragoza o el Portal de la Reina, por los que se accede a uno de los conjuntos medievales mejor conservados de toda Europa, compuesto de bellos palacios renacentistas de piedra, aleros de madera, fachadas con sillares y escudos, ventanas góticas y renacentistas y calles empedradas que te harán retroceder instantáneamente en el tiempo.

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Intersección de calles próxima al Hotel Ruta del Tiempo
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Sos del Rey Católico
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Sos del Rey Católico

La Plaza de la Villa

Vamos a repasar todos los tesoros de Sos del Rey Católico, empezando por la Plaza de la Villa, en el mismo corazón del pueblo y justo al lado de nuestro hotel. Presidida por la excelsa Casa de la Villa (Ayuntamiento), construida por el Concejo a finales del siglo XVI, desde la Edad Media servía como espacio público donde se realizaban diferentes actos. Uno de ellos era el mercado semanal, ubicado en el soportal construido en el siglo XIV. Conocemos esta función gracias a un detalle que aún se conserva allí, un pequeño hueco en uno de los muros de donde colgaba la balanza romana, el lugar donde se situaba el Almutazaf, el oficial del mercado encargado de vigilar que nadie engañase con los pesos y las medidas de los productos.

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Plaza de la Villa

Desde allí, subiendo por la Calle Doña Manuela Pérez de Biel y a los pies de la Iglesia de San Esteban nos encontramos con una estatua de Luis García Berlanga, director del film que en 1985 rodó precisamente en Sos del Rey Católico, La Vaquilla. Conmemorando el rodaje que volvió a poner al pueblo en el mapa, hoy se pueden encontrar diversas sillas cinematográficas de bronce repartidas en diversos rincones de la localidad.

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Estatua de Luis García Berlanga

La Iglesia de San Esteban

A mediados del siglo XI, gracias a la reina Estefania de Navarra, comienza a edificarse la Iglesia de San Esteban junto al castillo, cuando este aún era de madera. El templo se adaptó al desnivel del terreno construyendo primero la cripta de Santa María del Perdón, uno de los lugares imprescindibles que no debéis perderos por nada del mundo en vuestra visita al pueblo.

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Iglesia de San Esteban

Para acceder a la iglesia primero hay que pasar por debajo de un túnel de piedra, lo cual ya es bastante impactante, y después traspasar una portada románica del siglo XII y un pórtico del siglo XVI que se construyó precisamente para proteger la portada de las inclemencias del viento y la lluvia. En el interior destacan la pila bautismal del siglo VIII (donde fue bautizado el personaje más ilustre que nació en el pueblo, Fernando el Católico, rey de Aragón y posterior regente de la Corona castellana), el románico Cristo del Perdón, la sillería del coro de mediados del XVI y el órgano rococó.

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Túnel de la Iglesia
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Iglesia de San Esteban
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Interior del templo

Un aviso para navegantes: si deseas visitar el interior del templo y la cripta, deberás preguntar antes en la Oficina de Turismo. Hay un hombre mayor (muy simpático y conversador, ¡pero con la mano un poco larga!) que es el encargado de abrir el templo y mostrarte la escalera de caracol por la que se desciende al auténtico tesoro de la iglesia, su cripta, donde podrás admirar unas extraordinarias pinturas murales góticas. Absolutamente preciosas.

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Pinturas murales de la cripta

El Castillo

En lo más alto de la Peña Feliciana el antiguo Reino de Pamplona decidió construir un castillo en el siglo X como parte de su línea defensiva frente al Islam. Ese primer castillo estaba hecho en madera y ya no se conserva, pero fue el origen de la villa de Sos del Rey Católico. En el siglo XII se levantó una nueva fortaleza, ya en piedra, esta vez como parte de la frontera del Reino de Aragón frente al Reino de Navarra. De este nuevo castillo se conservan solo algunos restos.

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Parte baja del castillo

El devenir de los siglos destruyó gran parte del castillo medieval, quedando en pie únicamente la torre del homenaje, que preside un gran espacio vacío antes ocupado por una gran fortaleza. Desde allí las vistas que se obtienen de todo el pueblo son preciosas.

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Torre del homenaje del castillo
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Sos del Rey Católico

El Barrio Judío

Dejamos el plato fuerte para el final, la judería (conocida como el Barrio Alto), posiblemente la más bonita que podemos recordar de todas las juderías que hemos visitado y el lugar donde más a gusto nos hemos perdido en los últimos tiempos. Os lo podemos asegurar.

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Judería de Sos del Rey Católico
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Judería de Sos del Rey Católico

En el siglo XII llegó la comunidad judía al pueblo y se asentó en este pequeño promontorio. Fueron unas treinta las viviendas judías articuladas entorno a una arteria principal de la que hoy surgen calles sin salida (una de ellas se llama literalmente Calle Salsipuedes). De todos sus rincones, el más emblemático y encantador es la Plaza de la Sartén. Si este pueblo fuera francés probablemente esta pequeña plaza sería el blanco de todos los turistas deseosos de conseguir de ella la ansiada foto, como si del Pigeonnier de Eguisheim se tratara. Por suerte esto todavía no ha pasado en Sos del Rey Católico y sigue siendo un auténtico placer buscar esta plaza y disfrutar de ella sin nadie más que los gatos. Hacednos caso, si venís a Sos del Rey Católico jugad a ser exploradores y buscad la Plaza de la Sartén, el alma de la judería.

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Plaza de la Sartén, el lugar más fotogénico de Sos del Rey Católico

El Palacio de Sada

En las entrañas de la judería se encuentra un lugar histórico como pocos. Don Juan (futuro rey Juan II de Aragón) se enfrentaba a su hijo Carlos por el trono del vecino Reino de Navarra cuando, estando su esposa a punto de dar a luz, decidieron partir de Sangüesa en busca de más seguridad para el alumbramiento. Pensando además en mejorar las opciones del nuevo vástago en la línea sucesoria de Aragón, optaron por cruzar la frontera y acudir a la villa que antes era conocida solamente como Sos. La casa del escudero Don Martín de Sada fue el lugar escogido y el 10 de marzo de 1452 nació en ella el futuro Fernando II de Aragón, que pasaría a la posteridad como Fernando el Católico. Gracias a este hecho los Sada mejoraron notablemente su posición social y construyeron el palacio que podemos visitar hoy en día, sede de la Oficina de Turismo de la localidad. Allí se organizan interesantes visitas guiadas por todo el casco histórico, incluyendo la Lonja medieval, a la que solo se puede acceder con la compañía de un guía.

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Palacio de Sada

Además de albergar la Oficina de Turismo, el Palacio de Sada contiene el Centro de Interpretación de Fernando de Aragón en el que se introduce al visitante a esta figura clave en la historia de nuestro país. Incluso se puede visitar la sala donde supuestamente tuvo lugar el nacimiento de Fernando.

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Palacio de Sada
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Habitación donde supuestamente nació Fernando el Católico, con una cuna de madera
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Sos del Rey Católico desde un ventanal del Palacio de Sada

Lamentablemente no pudimos hacer fotos de la Iglesia de San Martín, iglesia privada de los Sada y adosada al palacio, ni de sus fantásticas pinturas murales góticas. Durante esta visita empecé a encontrarme mal y a sentir un fuerte dolor en el estómago acompañado de una sensación de debilidad, y cada vez iba a más, hasta tal punto que tuvimos que regresar enseguida a nuestra habitación del Hotel Ruta del Tiempo. Después de pasar un tiempo acostado en la cama, Inma tuvo que ir a recepción a preguntar dónde se encontraba el Centro de Salud. Por suerte se encontraba cerca y a pesar de ser domingo me atendieron de urgencia enseguida. El diagnóstico era claro: tenía un virus estomacal. ¿Por qué me tienen que pasar a mí estas cosas durante los viajes?

Por suerte el asunto no tuvo más consecuencias que una noche llena de dolor y de constantes visitas al baño, pero en ese momento todavía no sabíamos si aquello arruinaría lo que nos quedaba de viaje. Al día siguiente debíamos abandonar Sos del Rey Católico para incursionar nuevamente por tierras navarras y conocer otro de los puntos fuertes de nuestra ruta: el Palacio de Olite.

No fue la mejor manera de terminar nuestra estancia en Sos del Rey Católico, uno de los pueblos más bonitos que hemos visitado nunca. Sin embargo disfrutamos al máximo de nuestro paso por esta localidad, en parte gracias a nuestros anfitriones. Desde aquí queremos dar las gracias a Loli y a sus padres del Hotel Ruta del Tiempo. Felicitaros por vuestra exquisita labor. Qué suerte que todavía queden buenas personas, entusiastas de su trabajo… ¡Muchas gracias familia!

¡Hasta mañana!

SIGUIENTE ETAPA. DÍA 4

 

 

 

 

 

 

 

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