Nos despertamos en nuestro fabuloso apartamento y nos preparamos el desayuno para empezar el día con fuerzas. Hoy cogeremos el coche e iremos a explorar la comarca, visitando aquellos lugares imprescindibles de los alrededores. Primero iremos al más lejano de todos ellos, para ver dónde nace el río Cuervo, luego regresaremos por la misma carretera y nos detendremos a visitar un paraje geológico curiosísimo, la Ciudad Encantada. Antes de volver a la ciudad, en el Ventano del Diablo gozaremos de una agradable panorámica de la hoz del Júcar y la Sierra de Cuenca.

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Itinerario

Antes de empezar el día nos deleitamos con las impresionantes vistas que tenemos desde nuestra terraza, sí, sí, desde la terraza de nuestro apartamento, ¿qué os parecen?

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Vistas de la Sierra de Cuenca desde nuestra terraza

De camino al coche no podemos evitar acercarnos a observar las ruinas del antiguo castillo del siglo XIII, del que se conserva una parte de la muralla y sus torres.

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Antigua muralla y Arco de Bezudo

Atravesamos el Arco de Bezudo, parte de la muralla y una de las antiguas puertas de entrada a la ciudad, y ahora sí, nos metemos en el coche dispuestos emprender una travesía de unos 90km, hasta el nacimiento del río Cuervo, donde llegamos en aproximadamente 1 hora y media. Tras dejar atrás una área habilitada con restaurantes, y aparcamiento, comienza un sendero de tierra que sigue en paralelo al curso del río. Al final, en una silenciosa gruta y junto a una roca, allí donde nace el Cuervo, encontramos que el agua que habitualmente brota a chorros por las paredes de la roca, se ha convertido en hielo, por lo que si deseamos ver el nacimiento en todo su esplendor nos tocará volver algún otro día. No obstante, no deja de ser curioso el hecho de poder ver el nacimiento de un río con su agua congelada.

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Nacimiento del río Cuervo

Volvemos al coche y esta vez nos toca coger el mismo camino pero a la inversa, para detenernos en la llamada Ciudad Encantada, a la que llegamos en aproximadamente una hora. Aparcamos en el amplio aparcamiento y nos disponemos a dar un buen paseo por este paraje al aire libre repleto de rocas con las formas más arbitrarias y caprichosas que uno pueda imaginar, fenómeno fruto de la erosión que el agua ha esculpido durante siglos.

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La Ciudad Encantada

La ruta consiste en un recorrido circular de unos 3 km y se tarda entre una hora y una hora y media de tiempo en contemplar la totalidad de las sorprendentes rocas, a las que se les han puesto nombres curiosos como el Perro, la Foca, el Tobogán, el Convento, los Centinelas, los Amantes de Teruel o el Tormo Alto. Al terminar nos acercamos al coche, cogemos los bocadillos que nos habíamos preparado y nos los comemos tranquilamente antes de continuar.

Muy cercano a este lugar se encuentra un mirador sobre el Júcar conocido como el Ventano del Diablo, cuya visita bien merece una breve parada si te coge de paso.

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Vistas desde el mirador del Ventano del Diablo

En media hora nos encontramos de nuevo en el aparcamiento de la parte alta de Cuenca. Desde allí tenemos uno de los mejores miradores de toda la ciudad y no desaprovechamos la ocasión de sacar algunas instantáneas.

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La espléndida ciudad de Cuenca

La tarde comienza a caer y decidimos tomarnos el tiempo que nos queda en esta bella ciudad callejeando por los alrededores de la Plaza Mayor, repleto de rincones pintorescos y muy hermosos.

Rafa todavía no dispone de una buena cámara reflex (se la comprará al fin en 2014) pero para él siempre es un buen momento para abandonarse al placer de captar momentos efímeros durante la puesta del sol.

Terminamos esta feliz escapada con una buena cena en nuestro apartamento, no sin antes visitar nuevamente a nuestras amigas, las Casas Colgadas. Y es que resultan arrebatadoramente bellas por la noche.

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Casas Colgadas, de noche

A la mañana siguiente nos despediríamos de esta ciudad encantada, encantados de haberla conocido y deseando volver a disfrutar de ella en algún otro momento. Pequeña, enormemente accesible para disfrutarla en un fin de semana e ideal para tomarla como refugio y poder escaparse de la rutina del día a día.

Gracias Cuenca, gracias conquenses. Y gracias a vosotros por acompañarnos, ¡hasta la próxima aventura cantineleros!