Día 1 en Soria (tarde): Yacimiento de Numancia – Vinuesa

Despedirnos de la capital soriana no fue fácil, pero mis amigos y yo teníamos una cita aquella misma tarde para visitar uno de los yacimiento arqueológicos más famosos de nuestro país. Después de una mañana intensa de frío y lluvia recorriendo los puntos más importantes de la ruta machadiana, repusimos fuerzas en la Taberna Capote (menú bastante completo, lugar recomendable) antes de coger el coche y poner rumbo al norte. En apenas 10 minutos habíamos llegado a nuestro destino.

Yacimiento de Numancia, la gesta que se convirtió en mito

A unos 7 kilómetros de Soria se encuentra la pequeña población de Garray, junto a la que se levanta el conocido como cerro de la Muela. En lo alto de éste se ubican hoy los restos de un lugar que con el paso de los siglos ha llegado a convertirse en todo un referente patriótico. Me estoy refiriendo por supuesto a las ruinas de Numancia, un poblado celtíbero que se le indigestó a los romanos más que un vaso de Fanta a mi amigo Marcelo. Este lugar es mucho más que un yacimiento arqueológico y su visita constituye una parada inexcusable para todos aquellos que desean conocer en profundidad cómo se forjó el mito del heroísmo y la resistencia de los numantinos, uno de los símbolos nacionales por antonomasia.

Yacimiento de Numancia

Como vais a ver la historia de lo que ocurrió en Numancia recuerda mucho a los cómics de Astérix y Obélix. Nos trasladamos al siglo II a.C., en el marco de la conquista de la Península Ibérica por parte de la república romana, quien acababa de vencer en Cartago. En el año 154 a.C. el ejército romano del consul Fulvio Nobilior decidió atacar la ciudad celtíbera de Segeda, que había iniciado la construcción de su nueva muralla, un hecho que fue interpretado por los romanos como una violación de sus tratados y aprovechado como un pretexto para la guerra. Sus habitantes se refugiaron entonces en una ciudad vecina, Numancia, que les acogió con los brazos abiertos para ayudarles a hacer frente al ejército invasor. Contra todo pronóstico, juntos derrotaron a los soldados de Nobilior.

Numancia

A lo largo de los años posteriores, los numantinos consiguieron numerosas victorias que obligaron a los romanos a firmar deshonrosos tratados de paz. Un desfile de cónsules cosechaba estrepitosas e inexplicables derrotas contra unos feroces numantinos que no daban síntoma alguno de ceder su posición. El senado romano, viendo cómo se complicaban sus planes de conquista de la Península, tomó la decisión en el año 134 a.C. de enviar a su mejor general, Publio Cornelio Escipión Emiliano, quien había sido el héroe de la conquista de Cartago. A diferencia de sus predecesores, su estrategia consistió en sitiar Numancia cortando todos los suministros para impedir que sus habitantes pudieran recibir agua y comida. Reunió a un ejército de 60.000 hombres a los que entrenó para tal fin y ordenó construir alrededor de la ciudad un cerco con foso, un muro con torres y 7 campamentos. ¡Ahí es nada! Escipión esperó pacientemente 11 largos meses de asedio hasta que, en el verano de 133 a.C., los habitantes de Numancia, hambrientos y exhaustos, llegaron al límite de sus fuerzas. Sin embargo, no se rindieron al invasor como cabía esperar. No. no, nada de eso. ¡Lo que hicieron fue quitarse la vida y quemar la ciudad! Y de los pocos que sobrevivieron al cerco, algunos fueron vendidos como esclavos y otros fueron llevados a Roma para formar parte del desfile triunfal de Escipión.

Numancia

Y fin de la historia. Sin embargo, esas dos décadas que duró la gesta terminaron pasando a la posteridad. El mito de la resistencia numantina, que comenzó a gestarse ya en las mentes de los escritores romanos (quienes ya ensalzaron las virtudes heroicas de los numantinos), se vio enormemente alimentado en España en el siglo XIX gracias a las ideas románticas de patriotismo y unidad nacional que surgieron como rechazo hacia la amenaza extranjera, plasmada en la invasión francesa de Napoleón. Un lugar tan importante para la memoria colectiva del país debía dejar de permanecer oculto y tras una larga búsqueda el yacimiento fue descubierto a mediados de ese mismo siglo (siendo uno de los primeros lugares arqueológicos en ser excavados en España). Ya en el siglo XX, el franquismo y su sistema educativo terminaron de consolidar el mito del pueblo que resistió heroicamente a la barbarie invasora en las mentes de varias generaciones de españoles.

Reconstrucción de la casa y de la muralla celtíberas en Numancia

En lo referente al yacimiento propiamente dicho, restos de la ciudad celtíbera y de la posterior ciudad romana que se superpuso a aquella yacen juntos en Numancia. Después de subir con nuestro coche al cerro de la Muela, llegamos al amplio aparcamiento y pasamos al centro de interpretación. Había reservado previamente por Internet nuestra visita guiada para los tres, pero el personal nos informó de que, al no contar con un grupo mínimo de personas, debíamos conformarnos con hacer la visita por libre acompañados de una audioguía (entrada general 5€, entrada reducida 3€). Nuestra visita fue todo un show, pues el frío viento era tan intenso que faltó poco para que nos tirara al suelo en más de una ocasión. «¡Cómo iban a conquistar esta ciudad, los romanos, con semejante ventolera!», pensamos.

Recreación de casa romana en Numancia

De repente nos sentimos como en época celtíbera. Se sabe que el entramado de la ciudad se organizó precisamente para defender a los habitantes del viento del norte. Para ello se realizó el encuentro los distintos tramos de las calles de forma escalonada y cortar así el aire. Además, el agua de lluvia y la acarreada desde los ríos se recogía en distintos aljibes excavados en el manto natural y reforzados con piedra. Los había de forma circular o cuadrada, situados en los patios de las casas para uso particular, o en las esquinas de las manzanas para uso comunal.

Aljibe cuadrado situado en el patio de una casa particular que cuenta con una escalera de peldaños de piedra

Entre los lugares destacados a contemplar durante la visita, pudimos disfrutar de la recreación de la puerta norte, el conjunto de molinos de mano recogidos en diferentes sitios de la ciudad, los dos monumentos de espíritu romántico levantados en conmemoración a los héroes de Numancia (uno levantado en 1842 que quedó inacabado y otro inaugurado en 1905 por el rey Alfonso XIII), los pequeños baños públicos de época romana, la reconstrucción de dos casas, una romana y otra celtíbera (construidas a la manera original y a cuyas estancias interiores el visitante puede acceder), la recreación de un fragmento de muralla celtíbera y, por último, el barrio de los patricios, el mejor protegido de las inclemencias meteorológicas gracias a su ubicación en la parte baja de la ciudad y reservado a las familias romanas más acomodadas.

La icónica Casa de las columnas, en el barrio sur, conserva su pequeño patio porticado en forma de «L»

Para conocer más sobre la gesta histórica de los numantinos, es recomendable visitar el Museo Numantino de Soria, que contiene, entre otras piezas, un gran número de objetos hallados en el yacimiento, y el Aula Arqueológica de Garray, donde los más pequeños podrán disfrutar de un gran diorama realizado con «clicks» de Playmobil que recrea el cerco de Escipión y la batalla entre celtíberos y romanos.

Vinuesa y la Playa Pita

Después de más de una hora visitando el yacimiento, decidimos poner rumbo en dirección a la comarca de Pinares, la Soria Verde. Nuestro destino era Vinuesa, un pueblo que ha sido nombrado recientemente como uno de los más bonitos de España. Allí nos dimos cuenta de que su verdadero secreto, más que en la belleza de su casco histórico (del cual esperábamos mucho más, para ser totalmente sinceros), recae en su marco natural incomparable. Emplazado en las estribaciones de las Sierras de Urbión y Cebollera, y bañado por abundantes ríos como el Revinuesa o el Duero, desde Vinuesa uno puede realizar excursiones verdaderamente inolvidables, como la que lleva a la Laguna Negra (que visitaremos mañana) o a la Playa Pita.

Vinuesa

Con esto no quiero decir que este pueblo de pasado celtíbero no sea bonito. La gran cantidad de casas nobles que encontramos a nuestro paso, como el Palacio de los Marqueses de Vilueña, el Palacio de Don Pedro Neyla o la Casa de los Ramos (esta última ilustra a la perfección la arquitectura tradicional pinariega), nos hablaron de un pasado que comenzó a ser glorioso durante la Edad Media gracias a la prosperidad del comercio de la madera y la lana. En el siglo XVIII el rey Carlos III concedió a Vinuesa el título de Villa con sus fueros y su rollo jurisdiccional correspondiente, erigido en la plaza Plazuela.

Calle de Vinuesa
Calle de Vinuesa

Sin duda el monumento más importante de Vinuesa es su templo principal situado en la Plaza Mayor, la Iglesia de Ntra. Sra. del Pino, un curioso edificio con cabecera ochavada a medio camino entre el estilo gótico y el renacentista que alberga en su interior una gran colección de retablos barrocos y rococós (entre ellos, uno de los retablos mayores más importantes de la provincia, obra de Domingo González de Acereda).

Fachada de la iglesia de Vinuesa

Como el paseo por Vinuesa fue breve y no nos terminó de llenar (para qué nos vamos a engañar…), decidimos que todavía teníamos tiempo para una última travesía en coche por los alrededores. En este sentido, el cercano Embalse de la Cuerda del Pozo ofrece muchas posibilidades a los buscadores de atractivos como nosotros. Terminado en 1941 para regular el curso del río Duero, también se le conoce como Embalse de La Muedra porque éste era el nombre del pueblo que fue abnegado por sus aguas (hoy en día solo asoma el campanario de su iglesia y su cementerio). En aquellas ocasiones en las que la capacidad del pantano disminuye lo suficiente, también es posible contemplar las ruinas de un antiguo puente romano que formaba parte de la calzada que unía la localidad de Visontium con la de Uxama y que también quedó hundido bajo el agua.

Playa Pita, en el Embalse de la Cuerda del Pozo

En uno de los extremos del embalse se encuentra el paraje de Playa Pita. ¿He oído bien? ¿Una playa en Soria? Eso no nos lo podíamos perder. Con un amplio aparcamiento gratuito, éste es sin duda el lugar ideal para el baño, el recreo y la práctica de numerosos deportes acuáticos, razón por la cual se encuentra muy concurrida en verano. Pero habíamos venido en octubre, así que la tuvimos para nosotros solos.

Playa Pita

Caminar acompañado de mis dos amigos por este pequeño oasis delimitado por pinos y robles, entre curiosas formaciones rocosas y arena blanca, justo en el momento en que el sol comenzaba a esconderse, tintando el agua de un tono púrpura, eso no tiene precio. Aquella tarde nos dimos libertad para ir por separado para que cada uno pudiera pensar en sus cosas. El reencuentro con uno mismo había comenzado.

Aquella noche dormimos en Salduero, un pequeño y coqueto pueblo de montaña, de esos que solo tienen una calle pero que es digna de ver. Cenamos en el mismo restaurante del Hostal Las Nieves, nuestro alojamiento de aquella noche, dando por finalizada la jornada.

Al día siguiente nos esperaba la auténtica revelación del viaje, aunque nosotros todavía no lo sabíamos.

¡Buenas noches!

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