Oltrarno – Palazzo Médici – Galleria dell’Academia – San Miniato

Tercer día que pasamos en Florencia, y hoy que nos vamos a explorar la zona al otro lado del río, Oltrarno, y a conocer algunos de sus secretos.

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Admirando el Arno

Cruzamos al otro extremo del Arno y nos dirigimos a la iglesia del Santo Spirito, la primera parada del día. A esta basílica, levantada sobre los restos de un antiguo convento agustiniano, se la considera la última obra maestra de Brunelleschi aunque fueron otros quienes la terminaron siguiendo el proyecto inicial del maestro, quien no pudo continuar debido a su muerte acaecida en 1446. La fachada quedó sin terminar, al igual que la de la iglesia de San Lorenzo.

El interior de la iglesia es precioso, armónico, de unas proporciones exquisitas, al más puro estilo brunelleschiano. Sin embargo sabíamos que la mayor sorpresa se encontraba en una de las capillas mayores. Alli estaba, colgando del techo, el Crucifijo que Miguel Ángel había realizado alrededor del año 1494 y que había regalado al convento de Santo Spirito en agradecimiento por la hospitalidad con la que el Prior lo había acogido tras la muerte de quien había sido su gran protector hasta entonces, Lorenzo el Magnífico.

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Interior de Santo Spirito

Encantados por haber podido admirar esta fabulosa iglesia y una de las obras de juventud del gran genio Buonarroti, nos dirigimos hasta nuestro siguiente destino, la iglesia de Santa María del Carmine, que alcanzamos en apenas diez minutos. Alli en su interior se conserva otra de esas obras eternas, una de las joyas indiscutibles del Renacimiento, a las que el tiempo y las guerras no han podido destruir: la Capilla Brancacci, realizada alrededor del año 1424-1427 principalmente por Masaccio, el mismo pintor que ejecutó la Trinitá, fresco de Santa María Novella que ya habíamos admirado dos días atrás.

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Capilla Brancacci

En este caso, Masaccio representó escenas de la vida de San Pedro en diversos frescos que se distribuyen en dos niveles horizontales a lo largo de las paredes de la capilla. Con esta obra, Masaccio mejoró el uso de la perspectiva en la composición artística, lo que permitió el nacimiento a la era moderna en el arte de la pintura. El resultado es una composición tan hermosa que a uno le dan ganas de quedarse durante mucho tiempo.

Para visitar la Capilla Brancacci, uno debe entrar por un acceso independiente y no por la entrada principal de la iglesia, y su acceso es de pago, no así en el caso de que uno quiera visitar solo la iglesia. Este hecho ya demuestra por sí solo la enorme importancia histórica que tiene este conjunto para la historia del arte occidental. Como curiosidad, en el pilar izquierdo que da entrada a la capilla se encuentra la escena de la Expulsión de Adán y Eva del Paraíso. Hace ya algunos años, Rafa se había inspirado en esta imagen para pintar uno de sus cuadros, así que la emoción era máxima…

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Escena de la Expulsión de Adán y Eva del Paraíso, en la Capilla Brancacci

Por si este no fuera un motivo suficiente para acercarse a este lugar, debemos decir que la iglesia medieval de Santa María del Carmine, aunque pequeñita, es preciosa, especialmente la elegantísima bóveda pintada en el techo.

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Interior

Como estábamos algo cansados de caminar, decidimos tomar un bus que nos dejara nuevamente en el centro. Florencia es una ciudad ideal para visitar en solo tres días, ya que todo se encuentra relativamente cerca a pie. En esta ocasión nos encontrábamos algo alejados de nuestro siguiente destino y como disponíamos de la Firenze Card, con la que puedes viajar gratuitamente en cualquier transporte público, decidimos aprovecharla. El autobús nos dejó a pocos pasos del Palazzo Médici Ricardi, quizás no tan popular como el Duomo o el Ponte Vecchio, pero sin duda una visita igualmente imprescindible.

Como su propio nombre indica, este palacio fue encargado por la familia Médici, concretamente por Cosme el Viejo en 1444, al arquitecto Michelozzo. Los Médici habrían de residir en el palacio hasta 1540, fecha en la que se trasladan al Palazzo Vecchio en Piazza della Signoria. Poco más de un siglo más tarde, la rica familia Riccardi lo adquirió finalmente, efectuando notables reformas en su interior. De ahí que el nombre por el que se le conoce hoy en día sea Médici-Riccardi.

Hoy en día el Palazzo da cobijo a dos tesoros de valor incalculable: en primer lugar, la Capilla de los Reyes Magos, o lo que es lo mismo, una habitación cerrada decorada por pinturas en sus cuatro paredes en las que su autor, el pintor Benezzo Gozzoli, representó a un largo cortejo de personas que acompañan a sus majestades, entre las que se encuentran algunos de los miembros de la familia Médici y algunos de sus clientes e invitados más notables (sus rostros muestran rasgos perfectamente reconocibles, llegándose a identificar a casi todos ellos). La sensación que provoca el efecto visual de la composición en una sala relativamente pequeña es absolutamente desconcertante y única.

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Capilla de los Reyes Magos, de Gozzoli

El otro gran tesoro que no hay que perderse dentro del Palazzo Médici Riccardi es la gran Galería de Luca Giordano, célebre pintor barroco de bóvedas.Sencillamente, cuando uno entra en esta habitación, realizada ya en tiempo de los Riccardi, no puede evitar quedarse embelesado mirando al techo… ¡Menuda maravilla!

Era la hora de hacer algunas compras y de reponer fuerzas. Comimos estupendamente en un restaurante de una de las calles colindantes al Duomo. Inma disfrutó de su postre favorito, el Tiramisú, y es que ¡estamos en Italia!

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Reponiendo fuerzas…

Después de comer nos dirigimos ya a otro de los puntos fuertes de nuestro viaje… Quizás el símbolo por excelencia del arte italiano y, por extensión, de todo el arte occidental. La escultura más famosa del mundo, la obra maestra del que es quizás el mejor artista de todos los tiempos, un coloso de mármol blanco de 5,17 metros de altura: el David de Miguel Ángel. ¿Cómo venir a Florencia y no venir a ver al David? Y quizás alguien se pregunte, ¿merece la pena ir a visitarlo? ¿Merece la pena hacer una cola interminable para verlo? (aunque está la posibilidad de reservar entrada anticipada por Internet, por una pequeña suma añadida). Bien, puede que resulte algo parecido a tener un parto doloroso cuando la recompensa final es verle la carita a tu bebé: en ese momento el recuerdo de todo el dolor que se ha sufrido se esfuma como por arte de magia. Contemplar el David es una experiencia incomparable, uno de esos momentos estéticos imborrables que hemos tenido en nuestros viajes. La escultura reside en la Galleria dell’Academia desde 1873 para protegerla de las inclemencias meteorológicas que sufría en su ubicación original, delante de la puerta del Palazzo Vecchio, donde actualmente se levanta una copia.

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Copia del David, en su antiguo emplazamiento

Su historia es bien curiosa: la Opera del Duomo, institución laica constituida en 1293 para supervisar la construcción de la Catedral, fue quien encargó la obra, inicialmente para que formara parte de uno de los contrafuertes del templo junto a otras esculturas. Por lo visto, el enorme bloque de mármol blanco de Carrara llevaba abandonado y oculto durante muchos años hasta que se decidió que algo se debía hacer con él. Por esta razón se les ofreció la posibilidad de esculpirlo a varios artistas de la ciudad (entre ellos, Leonardo da Vinci) pero Miguel Ángel, que contaba con tan solo 26 años en aquel momento, fue quien convenció a la institución. Aquel hombre acababa de volver de Roma, donde había esculpido la soberbia Pietà que hoy se conserva en el interior de San Pedro del Vaticano, con tan solo 22 años. La leyenda dice que Miguel Ángel terminó su obra en tan solo 18 meses, sin parar ni un solo día, extrayendo a su personaje solo con un cincel y de un único bloque.

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El auténtico David en la Galleria dell’Academia

Al parecer el resultado final fue considerado tan milagroso que se decidió crear específicamente un comité para decidir dónde colocar la escultura. Obviamente la categoría que había alcanzado la obra sobrepasaba con creces el valor que se le había querido dar inicialmente. Fue así como los propios florentinos decidieron colocar el David enfrente del Palazzo Vecchio, y así se hizo el 8 de septiembre de 1504. Esta decisión revelaba una clara intención política: los Médici acababan de ser expulsados de la ciudad a causa de una revuelta instigada por Savonarola, y el David se convirtió en el símbolo perfecto que necesitaba el pueblo, un joven guerrero que derrota a sus gigantes enemigos.

La escultura es de una perfección visual absoluta. Uno solo debe contemplarla, allá en el fondo del pasillo dedicado a Miguel Ángel en la Academia, para darse cuenta de que el artista pensó en el más mínimo detalle. Por ejemplo, la cabeza y las manos son ligeramente más grandes en proporción al resto del cuerpo para que al ser vista desde abajo el resultado fuera lo más armónico posible. Aunque no fue ese aspecto el que gustó más a Inma, sino la parte trasera… ¡Menudo culo más perfecto!

Por cierto, no debemos olvidar que en la Galleria dell’Academia también encontraremos otras tantas obras de grandísimo valor, como los “esclavos” o “prisioneros” de Miguel Ángel (originariamente creados para la tumba de Julio II, quedaron finalmente inconclusos), el modelo original en yeso del Rapto de las Sabinas de Giambologna o diversos instrumentos musicales de época, de inestimable valor.

Salimos de la Academia y cogemos otro autobús, esta vez para que nos suba hasta uno de los puntos más altos de la ciudad, el Piazzale Michelangelo (donde por cierto también se encuentra otra réplica del David, esta vez de bronce), sin duda el mejor mirador que podamos encontrar para hacer fotos.

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Las mejores vistas de Florencia desde el Piazzale Michelangelo

A unos pocos pasos de allí, escaleras arriba, se encuentra la basílica de San Miniato al Monte, un espléndido ejemplo de arquitectura románica del siglo XI.

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Ascendiendo a San Miniato

En el interior, extremadamente armonioso como no podía ser de otro modo, destaca el mosaico de estilo bizantino que se encuentra en la semicúpula del ábside, fechado en 1297, representando al Pantocrátor concediendo la gloria celestial a San Miniato, considerado el primer mártir de Florencia y cuyos restos se dice que se conservan en el altar mayor de la cripta, la parte más antigua de la iglesia.

Agradeciendo enormemente aquella visita y también por el hecho de encontrarnos en uno de los lugares más elevados y con mejores vistas de la ciudad, comenzamos nuestro descenso para volver a coger el autobús que nos lleva de vuelta al centro. Algunos se atreven a acometer este “paseo” a pie, pero nosotros ya estamos en la reserva… Nuestra idea era disfrutar una vez más de un tranquilo paseo nocturno por el casco histórico, sin embargo nos llevamos una bonita sorpresa al ver el largo desfile que estaban llevando a cabo justo detrás del Baptisterio, un desfile con una gran cantidad de personas vestidas con ricos trajes de época. Desconocíamos el motivo de aquella fiesta (hoy sabemos que se trataba de la festividad dedicada a Santa Ana del 26 de julio) pero lo agradecimos disfrutando del espectáculo…

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Desfile
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Desfile

El cortejo histórico terminaba en Piazza della Signoria, concretamente delante del Palazzo Vecchio y hacia allí nos dirigimos. Al caer la noche tuvimos el gran privilegio de asistir a un concierto de música clásica al aire libre, en la Logia dei Lanzi. Allí, acompañada de un pequeño grupo de músicos, una virtuosa pianista china tocó un repertorio digno de una hermosa noche en Florencia.

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Concierto nocturno al aire libre

Mañana nos vamos a visitar Siena, así que decimos adiós a una de las ciudades más bellas del mundo.

¡Hasta mañana!

SIGUIENTE ETAPA DÍA 4