Picos de Europa – Cueva El Soplao

Esta mañana no desayunamos en el jardín sino en el interior de la posada, pues hace un poquito de fresco… El día que nos espera hoy promete, y mucho: hoy exploraremos el Parque Nacional de los Picos de Europa, haciendo varias paradas interesantes mientras atravesamos el fabuloso desfiladero de La Hermida, hasta llegar a Fuente Dé y coger el teleférico que nos subirá a más de 1800 metros de altura. Por la tarde, ya de regreso, nos detendremos a visitar la espectacular cueva geológica de El Soplao.

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Itinerario

Ya nos habían dicho que no podíamos marcharnos de Cantabria sin visitar los Picos de Europa, sobretodo accediendo desde el desfiladero de La Hermida, una carretera única, un auténtico goce para los sentidos. Desde la posada hasta nuestro primer destino, la Iglesia prerománica de Santa María de Lebeña, teníamos una hora de camino, y es que desde que abandonas la autopista para introducirte en una de las carreteras montañosas más hermosas que existen en España, el citado desfiladero, el tiempo para ir más lento pues el conductor debe ir atento en todo momento a las interminables curvas del camino. Los coches siguen el sendero que el río Deva traza en el interior de esta garganta de piedra, un marco natural que nos recordó mucho al congosto que accede al valle de Benasque, en el pirineo oscense.

Al llegar al pueblo de Lebeña, uno debe seguir las indicaciones para llegar a la Iglesia de Santa María (entrada: 2€ por persona). Esta iglesia es antigua, muy antigua, de hecho es de las únicas iglesias prerománicas de estilo mozárabe de toda Cantabria. Nos recibe una guía extremadamente simpática y graciosa, entrañable, que nos invita a sentarnos en el interior y nos cuenta la interesante historia del templo: resulta que en su origen se edificó para albergar las reliquias de un santo, Santo Toribio, que se encontraban en otro lugar, por lo que pretendieron robarlas de allí. Sin embargo en el último momento se arrepintieron, pues pensaron que podían ser castigados por Dios, pero la iglesia finalmente se construyó.

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Santa María de Lebeña

Otra anécdota se refiere al periplo que vivió la pequeña imagen de la virgen que se encuentra en su retablo, una virgen amamantando a Jesús. Pues resulta que fue robada y estuvo desaparecida, incluso se llegó a realizar una réplica ya que los habitantes del pueblo habían perdido ya todas sus esperanzas de recuperarla. No obstante, al cabo de ocho años, apareció en un chalet de un pueblo de Alicante y por lo visto, la alegría de los parroquianos, incluida nuestra guía, fue tremenda.

No vamos a desvelar otra de las leyendas que tiene que ver con esta iglesia y con el olivo y el tejo que hay en su entrada. Una bonita historia de amor que tendréis que descubrir cuando vayáis. Desde luego esa pequeña mujer era el vivo ejemplo de lo interesante que pueden llegar a ser las historias bien contadas…

Nuestro siguiente destino era el Monasterio de Santo Toribio de Liébana (entrada gratuita), que se encuentra a muy pocos kilómetros de Potes. La visita a este monasterio franciscano vale la pena si se quiere admirar el lignum crucis (el supuesto trozo más grande de la madera de la cruz de Jesucristo) y algunas obras del Beato de Liébana.

Visitaremos la ciudad de Potes a la vuelta, ahora nos vamos a Fuente Dé a coger su famoso teleférico. El clima no estaba acompañando demasiado esa mañana, al llegar al aparcamiento del teleférico nos dimos cuenta de que las espesas nubes cubrían una gran parte del paisaje montañoso.

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Aparcamiento del teleférico de Fuente Dé

En las taquillas del teleférico nos dijeron que la visibilidad arriba era prácticamente nula, y sin embargo decidimos pagar la entrada (17€ por persona) para, al menos, vivir la experiencia de ascender 753 metros para llegar a una cumbre de casi 1850 metros de altitud. Desde luego, a Rafa le impresionó bastante el hecho de estar colgado solo de un cable a semejante altura. ¡Menuda experiencia!

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Teleférico

Al llegar arriba, en efecto, no se veía nada de nada. Pero nada de nada, literalmente. Estábamos sumergidos en un espeso manto blanco que incluso dificultaba enormemente la visión.

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Inma combatiendo los picores

A los cinco minutos y como por arte de magia, aquella densidad empezó a disiparse milagrosamente, dejando al descubierto las maravillas del macizo central de los Picos de Europa. Por allí caminamos durante casi una hora por una de las rutas senderistas, admirando aquella maravilla paisajística. La Madre Naturaleza, esta vez nos había dado una tregua y hecho el mejor de los regalos.

Al regresar al punto de partida nos encontramos con unas amiguitas que hacían las delicias de los turistas y sus cámaras de fotos.

Justo en ese momento la blanca densidad de las nubes volvió a hacer su aparición…

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Mirador del Cable de Fuente Dé

Como ya era hora de comer decidimos reponer fuerzas en el mismo restaurante de la estación superior del teleférico. Unos platos combinados que nos supieron a gloria y acto seguido, tocaba de nuevo montar en el “cacharro” para volver a bajar. Una vez en el aparcamiento, ponemos en marcha nuestro bólido y ponemos rumbo a Potes, un pueblo realmente encantador. De hecho nos pareció bastante más bonito que Santillana del Mar, pero para gustos…

El monumento más destacado de Potes es sin duda la Torre del Infantado, edificio de planta cuadrada del siglo XV que perteneció a Orejón de la Lama y después al marqués de Santillana. Nosotros no pudimos entrar, quedará para otra ocasión.

Lo más característico y también lo más bonito de esta villa son sus puentes medievales que se levantan sobre los ríos Quimiesa y Deva. El nombre de la ciudad se debe a estas maravillas de piedra. No dudéis en recorrerlos sin prisas…

La última parada del día estaba reservada a uno de los puntos fuertes del viaje: la Cueva de El Soplao (entrada: 12€ por persona).

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Moderno edificio que alberga la Cueva El Soplao

El Soplao constituye un deleite para cualquier visitante. El acceso se realiza con una guía que te acompaña en un recorrido sobrecogedor por el interior de diversas galerías subterráneas. La iluminación, los colores, los efectos sonoros y la atmósfera que se respira hacen de la visita un recuerdo inolvidable.

Resulta curioso que el nombre de “El Soplao” proviene del argot minero y se refiere a una corriente de aire que entra desde el exterior hacia el interior. Descubierta a principios del siglo XX con motivo de la explotación de las minas de La Florida, esta cueva está considerada una de las grandes maravillas de la geología, atesorando un paraíso de excéntricas, estalactitas, estalagmitas, coladas, columnas, perlas de las cavernas, etc. Precisamente la particularidad de esta cueva en relación a otras, aquello que la hace única, es la gran acumulación de excéntricas.

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Foto propiedad de Sergio Laburu (www.espeleofoto.com)

El enclave exterior que rodea la cueva, además, es digno de mención ya que tiene espléndidas vistas sobre la Sierra de Peña Sagra, los Picos de Europa y el valle del río Nansa.

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Panorámica desde El Soplao

Empachados de tanta belleza, regresamos a nuestra posada, donde José ya nos tiene la mesita preparada para la cena. Unas albóndigas de verdel que quitaban el hipo y que nos sentaron estupendamente. Luego una duchita y a la cama.

Mañana regresamos a casa pero no sin antes visitar la capital cántabra, Santander, una ciudad que nos sorprendió muy gratamente. ¡Buenas noches!

 

SIGUIENTE ETAPA. DÍA 4