Sta. Maria Novella – San Lorenzo – Duomo – La Signoria

24 de julio de 2013, cumpleaños de Rafa. Y qué mejor regalo que viajar a Florencia…

El avión sale puntual de Barcelona y aterriza según lo previsto en el aeropuerto de Pisa. Desde allí cogemos un autobús que nos deja justo enfrente de la estación de tren Sta. María Novella de Florencia. Semanas antes, mientras organizábamos nuestro viaje, habíamos comprado la Firenze Card, un pase que te da acceso a la mayoría de atracciones y monumentos de la ciudad durante 72 horas y evitando las colas. Como íbamos justos de tiempo, al bajar del autobús decidimos acercarnos a la oficina de turismo para recoger nuestras tarjetas que nos acompañarían durante los tres días que pasaríamos allí. La oficina se encuentra a unos pocos metros de la estación, justo en frente, cruzando la calle. Una vez tenemos nuestros pases en la mano caminamos unos 5 minutos hasta el hotel donde dejamos las maletas y comenzamos a disfrutar de las maravillas renacentistas de Florencia.

Nuestro primer destino fue la iglesia dominica de Sta. María Novella, edificada entre el siglo XIII y XIV, aunque su fachada de mármol se debe al arquitecto renacentista León Battista Alberti, quien respetó rigurosamente las proporciones geométricas.

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Sta. María Novella

El interior dela iglesia está cuidado hasta el último detalle y en sus paredes se pueden admirar frescos que reflejan la vida cotidiana de Florencia en la alta edad Media. Después de recorrer el Claustro Verde, pasamos a contemplar las dos grandes maravillas secretas de este lugar. La primera es un crucifijo realizado por el famoso arquitecto de la cúpula de Duomo, Brunelleschi,  realizado en madera. La otra, más importante si cabe, es un fresco realizado por Masaccio, la Trinità, considerada la primera pintura de la historia del arte en utilizar las perspectiva.

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Frescos del interior

Saliendo allí decidimos comer en la misma plaza algo rápido y continuar hasta nuestro siguiente destino, la Capilla Médici, situada en la Sacristía Nueva, construida en el siglo XVI por obra del genio Michelangelo Buonarroti. En ella pudimos admirar las tumbas de los miembros más famosos de la familia Médici, realizadas también por el artista florentino, el cual no pudo completar el proyecto inicial debido a que tuvo que abandonar la ciudad. Miguel Ángel solo pudo terminar dos de las tumbas, la de Lorenzo el Magnífico, cuya estatua aparece acompañada por las alegorías del Crepúsculo y la Aurora, y enfrente la de Giuliano, a los pies de cuya estatua se encuentran las alegorías del Día y la Noche. Una auténtica maravilla sin duda que no habíamos tenido la oportunidad de visitar anteriormente, otro sueño cumplido. No pudimos hacer fotos en el interior, nos contentamos con una del exterior.

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Capilla Médici

Visitamos ahora uno de los templos más emblemáticos de la ciudad, la iglesia de San Lorenzo. Este edificio se convirtió en una de las obras maestras de Filippo Brunelleschi, a pesar de que la fachada de la iglesia, tal y como se puede comprobar en la actualidad, quedó sin terminar. El interior es sumamente elegante y armónicamente proporcionado, sin duda un sello de identidad del arquitecto, sin embargo el punto fuerte de la visita es la Sacristía Vieja, donde Brunelleschi expresó el punto álgido de su talento. De hecho Miguel Ángel se basó en ella para diseñar su Sacristía Nueva.

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Fachada inacabada de San Lorenzo

Comunicando el claustro con la biblioteca, salvando la altura entre ambos niveles, se encuentra la famosa escalera diseñada por Miguel Ángel, donde el artista manifestó su deseo de superar el clasicismo imperante del Cinquecento, rompiendo con la armonía tradicional del renacimiento, para acercarse a una concepción manierista, mucho más avanzada y cercana al dramatismo del barroco. Con una gran emoción admiramos la obra…

De allí fuimos al lugar sin duda más importante de la ciudad, la Piazza del Duomo, dominada por tres edificios majestuosos: la Catedral de Santa María dei Fiori, el Campanile de Giotto y el Baptisterio. Primero entramos el la catedral, conocida como el Duomo, sin duda una de las más bonitas que hemos visto jamás y una obra maestra del gótico.

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Santa María dei Fiori

Sus orígenes se remontan a 1296, año que se inicia la construcción con el diseño inicial de Arnolfo di Cambio. Posteriormente el gran artista Giotto lideró la siguiente fase de edificación (el Campanile es obra suya), hasta 1377 fecha de su muerte. En 1418 quedaba pendiente la construcción de la cúpula y se convocó un concurso para elegir al arquitecto que se encargaría de tal proyecto. El ganador fue Brunelleschi, quien diseño un sistema absolutamente innovador para la época con el objetivo de solucionar los problemas técnicos que se le presentaron ya que las estructuras tradicionales no eran suficientes para soportar el excesivo peso de la cúpula. El artista inventó un método revolucionario que permitió que la cúpula se sostuviera por si sola durante su construcción. El resultado fue la cúpula más famosa del mundo, visible desde cualquier punto de la ciudad y finalizada en 1436. Además se la considera la obra que inició formalmente el arte renacentista.

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Cúpula del Duomo

El interior, a diferencia de la majestuosidad de los mármoles de colores del exterior, resulta bastante sobrio ya que buena parte de los elementos que lo decoraban se encuentran en el Museo dell’Opera. El techo de la cúpula fue pintado por Giorgio Vasari en 1572.

El Campanile, obra de Giotto del siglo XIV, está situado justo al lado de la fachada de la catedral, separado de la misma, y por tanto un ejemplo típico de los campaniles italianos.

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Duomo y Campanile

La triada de edificios emblemáticos la completa el Baptisterio de San Giovanni, considerado el edificio más antiguo de la plaza, cuyo pavimento de mármol fue realizado en 1209. A nosotros nos entusiasmó particularmente su interior, cuya cúpula está revestida de con un mosaico dorado bizantino sencillamente espectacular.

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Mosaico bizantino

En el interior también se encuentra la tumba del anti papa Juan XXIII, cuyo sepulcro fue diseñado por Donatello. Curiosamente uno de los pasajes del libro Inferno transcurre en el interior del Baptisterio. Y es que durante este viaje visitaríamos muchos de los escenarios que aparecen en la novela de Dan Brown.

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Pila bautismal, escondite de la máscara de Dante en el argumento del libro

Pero sin duda lo más interesante del monumento se encuentra en el exterior, concretamente una de las tres puertas del edificio: las Puertas del Paraíso, la obra más hermosa del escultor Lorenzo Ghiberti. Para su realización también se convocó un concurso en 1401, en el cual también se había presentado Brunelleschi con un ambicioso proyecto escultórico, sin embargo quien se llevó el gato al agua fue el proyecto de Ghiberti, organizado en diez composiciones cuadradas donde la perspectiva cobra especial relevancia. Si uno quiere admirar las puertas originales, debe dirigirse al Museo dell’Opera, ya que las que hay en el Baptisterio son una copia. Nosotros, evidentemente, no perdimos la oportunidad de ver las originales, así que fuimos directos al museo. Allí, además de admirar las colosales puertas, obra cumbre del primer renacimiento al igual que lo es también la cúpula del Duomo, uno puede contemplar otras piezas escultóricas de enorme relevancia,  como la Pietà Bandini de Miguel Ángel o la María Magdalena de Donatello.

Al salir, volvemos nuevamente al hotel para reponer fuerzas y cambiarnos de ropa antes de dirigirnos al otro gran punto estratégico de Florencia, la Piazza della Signoria. Caía ya la luz del atardecer cuando, de camino hacia allí, nos topamos con el popular Porcellino, una fuente en forma de jabalí muy querido entre los florentinos, situada a un lado de la logia del Mercado Nuevo, obra del escultor barroco Pietro Tacca.

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Fontana del Porcellino

Llegamos a la Piazza della Signoria, posiblemente la plaza más animada de Florencia, que adoptó su forma actual a mediados del siglo XIII. Siempre a estado muy unida al poder civil ya que, presidiendo la plaza se encuentra el Palazzo Vecchio, el antiguo lugar de residencia y de trabajo de los funcionarios de la república. En la plaza también encontramos otros monumentos relevantes como una copia del David de Miguel Ángel (que se sitúa en la posición exacta donde se encontraba el original), la Fuente de Neptuno o la Logia dei Lanzi, que es un pequeño museo al aire libre repleto de esculturas como el Perseo de Cellini o el Rapto  de las Sabinas de Giambologna.

 A esas horas no pensábamos en absoluto poder entrar en el Palazzo Vecchio pero ante nuestra sorpresa todavía seguía abierto de modo que no desaprovechamos la ocasión de ahorrar tiempo para el día siguiente. El palacio fue construido entre 1299 y 1314 y anteriormente era conocido como Palazzo della Signoria, su denominación actual se debe al momento en que la corte decidió trasladarse al Palazzo Pitti. La visita merece mucho la pena, la elegancia de las numerosas estancias es abrumadora.

Pero sin duda hay una que destaca por encima de las demás, la Sala del Cinquecento. Esta sala de 54 metros de longitud y 17 metros de altura es la sala más grande de la ciudad y actualmente conserva su uso original para audiencias y ceremonias.

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Sala del Cinquecento

La verdad es que nos lo pasamos muy bien recorriendo de arriba a abajo este palacio, recordando las escenas del libro de Dan Brown en el que cobra especial protagonismo la máscara mortuoria de Dante o la sala de los mapas. ¡Lo que hubiéramos disfrutado llevándonos esa máscara y atravesando la puerta secreta del mapa de Armenia, como si fuéramos Robert Langdon y Sienna Brooks!

Inmediatamente después de salir del palacio cenamos en la misma plaza y para poner el broche final a este día tan completo dimos un estupendo paseo nocturno por la bonita Florencia, y es que contemplar la Piazza della Signoria, el Duomo o el Ponte Vecchio de noche es algo imprescindible…

Mañana, nos esperan más sorpresas… A domani!

SIGUIENTE ETAPA DÍA 2