Yacimiento de Tiermes – Ermita de San Baudelio – Berlanga de Duero – Castillo de Gormaz

¡Buenos días cantineleros!

En la jornada de hoy nos espera un intenso menú de atractivos tales como otro yacimiento celtíbero-romano que sin duda sería digno de una aventura de Indiana Jones, la misteriosa ciudad de piedra de Tiermes. También una ermita muy especial que alberga enigmáticas pinturas murales, la de San Baudelio y un pueblo con itinerario monumental, Berlanga de Duero. Y por si todo esto no fuese suficiente, la fortaleza califal más extensa de Europa, el castillo de Gormaz. No está mal, ¿verdad? ¡Pues todas estas delicias se encuentran en Soria!

Nos levantamos en la solitaria localidad de Torreandaluz después de una noche reparadora, pero no teníamos dónde desayunar, así que sin disputa ninguna decidimos coger el coche y buscar un sitio por el camino. A aquellas horas y en medio de la áspera llanura soriana, solo logramos encontrar un barecillo en Berlanga de Duero, localidad a la que más tarde regresaríamos para visitarla con calma. El pueblo que da nombre a la comarca de Tierras de Berlanga es una parada inexcusable, pero antes nos esperaba otro de esos lugares que hacen las delicias de los amantes de la arqueología.

Tiermes, la remota ciudad de piedra

Conocí hace años las ruinas de la antigua ciudad de Tiermes gracias a mis padres, que habían quedado cautivados con su visita años atrás. Algunos la conocen como la «Pompeya española», aunque a mi particular entender habría que denominarla más bien la «Petra española», pues al menos una parte muy importante fue excavada sistemáticamente en la roca para crear cimientos, bases de edificios o incluso estancias completas y espectaculares infraestructuras hidráulicas como su increíble acueducto.

Situado en el municipio de Montejo de Tiermes, literalmente en medio de la nada (pero de la nada, nada), este yacimiento alberga vestigios de distintas etapas culturales, siendo los restos celtíberos y romanos los que podrían situar fácilmente a Tiermes, de no encontrarnos en un país llamado España, en un lugar privilegiado de la arqueología nacional y europea. Porque Tiermes fue ciudad celtíbera primero y romana después, al igual que ocurrió con Numancia (de hecho, se sabe que también se le resistió vilmente a los romanos, aunque la fama se la llevó aquella).

Ciudad de Tiermes

Antes de comenzar por la visita del yacimiento propiamente dicho, se recomienda hacer una breve parada en el Museo Monográfico situado a pocos kilómetros. Éste sirve tanto de lugar de exposición de los diferentes objetos encontrados en las excavaciones como de alojamiento para los arqueólogos e investigadores que trabajan en Tiermes. Y es que la morfología del lugar y las condiciones climatológicas no son precisamente las más favorables para la puesta en valor de un conjunto arqueológico en el que se llevan realizando trabajos de consolidación desde el año 2007. De ello pudimos ser testigos in situ mis dos fieles amigos y yo, que nos las tuvimos que ver primero con la lluvia y luego con un intenso viento.

La visita de esta ciudad rupestre excavada en un acantilado de roca arenisca roja es libre y gratuita. Comienza junto al aparcamiento, a los pies de la más reseñable huella medieval de un lugar que estuvo habitado durante 30 siglos (desde la Edad del Bronce, que se sepa), la espléndida Ermita de Ntra. Sra. de Tiermes, un bellísimo templo románico del siglo XII con nave única y galería porticada con soberbios capiteles adornados.

Ermita de Ntra. Sra. de Tiermes
Galería porticada de Ntra. Sra. de Tiermes

Como ocurría en el caso del yacimiento de Numancia, casi todos los monumentos visibles hoy en día en Tiermes corresponden a la época romana (durante la cual la ciudad llegó a obtener la categoría de municipium), después de que los romanos la conquistaran a los celtíberos y llevaran a cabo su proceso de romanización del entramado urbano aprovechando para ello las estructuras preexistentes. Una de estas estructuras de origen celtibérico es el Graderío rupestre que se encuentra junto a una de las tres antiguas puertas de entrada a la ciudad, la Puerta del Sol. Este graderío excavado literalmente en la roca, un espacio público que pudo haber servido como teatro, lugar ceremonial o de reunión, fue sin duda uno de los que más nos impactó.

Graderío rupestre de Tiermes
Graderío rupestre
Puerta del Sol, uno de los tres antiguos accesos a la ciudad

Otra de las estructuras de claro origen celtibérico y que es claramente el mayor atractivo de Tiermes es el entramado de construcciones excavadas directamente en la piedra arenisca y conectadas entre sí mediante escaleras, calles y rampas. Entre ellas, se encuentran las conocidas como Casa de las Hornacinas, Casas Taracena y Casa con escalera central.

Viviendas excavadas en la roca completadas en su parte exterior con muros de mampostería romanos
Espacio excavado en la roca
Vivienda Rupestre con escalera central

Siguiendo en dirección a la Puerta del Oeste, encontramos la parte más elevada del impresionante acantilado aprovechado para edificar viviendas que podían alcanzar entre tres y siete alturas. Cerca de este punto se encuentra la Casa del Acueducto, una vivienda romana de 1.800 m² que debió pertenecer a un personaje importante, pues cuenta con más de 30 estancias situadas en varios niveles unidos por escaleras y organizadas en torno a un atrio. Precisamente uno de los tramos del acueducto romano, que captaba el agua del nacimiento de un río a casi 4km de aquí, circulaba por el canal interior de la roca, atravesaba la Casa del Acueducto y llegaba hasta las termas, abasteciendo de agua corriente a toda la ciudad. Hoy en día este canal subterráneo es visitable gracias a una pasarela de acceso. Una vez allí dentro, y si el agua de lluvias recientes no os impide avanzar, créedme, os sentiréis como Indiana Jones explorando la ciudad perdida de los navateos en busca del Arca Perdida.

Mi amigo Marcelo saliendo del tramo subterráneo del antiguo acueducto

A través de la Puerta del Oeste, accedimos a la parte superior del cerro de Tiermes, donde, además de poder contemplar la Casa del Acueducto y todas sus dependencias, paseamos entre los restos de las termas y el Foro Imperial, donde se encontraban los edificios religiosos y públicos más relevantes, además de la zona comercial, con su mercado o macellum y sus tiendas o tabernae.

Puerta del Oeste
Viviendas en el Foro romano
Tabernae

Casi sin darnos cuenta y después de una hora y media paseando entre las ruinas del yacimiento, habíamos vuelto al punto de partida, la Ermita de Ntra. Sra. de Tiermes. ¿No os parece, como a nosotros, que este lugar merece un mayor reconocimiento público y una mayor difusión?

Ermita de San Baudelio, la Capilla Sixtina del arte mozárabe

De nuevo montados en el coche, tocaba deshacer el camino de nuevo en dirección a Berlanga de Duero. Pero aquél tampoco era el momento más apropiado para detenernos a conocer el pueblo, ya que queríamos conocer antes de comer la Ermita de San Baudelio, que cerraba sus puertas aquella misma tarde. A muy pocos kilómetros a las afueras de Berlanga, San Baudelio es uno de los lugares más enigmáticos de la provincia de Soria y la joya de la corona del románico soriano. Y eso es porque esta ermita es única por múltiples peculiaridades que iremos desgranando aquí.

La primera de ellas es que la ermita, de finales del siglo XI, fue construida sobre una terraza de caliza, a la boca de una cueva que posiblemente sirvió para alojar a algún ermitaño durante la Alta Edad Media y de una fuente de la que aún mana agua (hoy día la citada gruta se halla en el interior del templo). En el exterior, junto al ábside, se encuentra una pequeña necrópolis rupestre con más de una veintena de tumbas antropomorfas orientadas de este a oeste. Además, se sabe que en las inmediaciones existía un monasterio más antiguo del que nada queda ya.

San Baudelio de Berlanga

Que no os engañe la sencillez del envoltorio de San Baudelio, pues la magia se encuentra en el interior. Otra de sus singularidades reside en la robusta pilastra central que sostiene la bóveda, la cual tiene forma de palmera. A sus pies, una serie de columnillas con arcos de herradura sostienen la tribuna a modo de pequeña mezquita y cobijan el acceso a la cueva eremítica excavada en la roca. Elementos que, en definitiva, nos remiten al mundo oriental y al más que probable origen mozárabe de aquellos que construyeron este templo (ya sabéis que los mozárabes eran aquellos cristianos que vivieron bajo la dominación musulmana en la Península Ibérica y que adaptaron numerosos elementos de la arquitectura de los árabes en la construcción de sus edificios).

Pilastra central en forma de palmera
Interior de San Baudelio

Además de estos curiosos elementos, aquello que más os llamará la atención es la calidad excepcional de su conjunto de pinturas murales, uno de los conjuntos románicos más antiguos del país, circunstancia por la que San Baudelio es conocida como «la Capilla Sixtina del mozárabe». Inspiradas en el arte califal cordobés, el ciclo decorativo completo de estas pinturas realizadas al temple sobre enlucido de yeso comprendía una combinación de escenas bíblicas y de caza aderezada con la representación de animales exóticos y decoración geométrica. Sin embargo, tal y como nos relató nuestro guía, San Baudelio fue víctima de un verdadero expolio durante la década de 1920 que ha hecho que hoy día tengamos que completar aquel programa iconográfico realmente único haciendo gala de un importante ejercicio de imaginación.

¿SABÍAS QUE…?

En 1922 el pícaro anticuario Leone Leví se interesó por algunas de las pinturas de San Baudelio e inició las gestiones para comprárselas, por encargo del coleccionista estadounidense Gabriel Dereppe, a algunos vecinos de Casillas de Berlanga, propietarios legales por entonces de la ermita (el precio, 65.000 pesetas). Está claro que pretendía aprovecharse del desconocimiento cultural de aquellas gentes, sin embargo las autoridades intelectuales y religiosas del momento consiguieron detener la venta y pusieron el caso en manos de la justicia. Tres años después, en 1925 el Tribunal Supremo español dictaminó que la venta había sido legal y, después de ser arrancadas de las paredes y ser adheridas a 23 lienzos, las pinturas terminaron por embarcar rumbo a Estados Unidos y ser colgadas en las paredes de algunos de sus museos (concretamente, Boston, Indianápolis y Nueva York).

San Baudelio

En 1957 el gobierno español «canjeó» algunas de las pinturas que se encontraban en el Museo Metropolitano de Nueva York por el ábside de la iglesia románica de San Martín de Fuentidueña (Segovia). Éstas no volvieron a su ubicación original y por ahora se custodian en el Museo del Prado de Madrid. El poeta Gerardo Diego quedó tan impresionado por la historia de este expolio que le inspiró algunos de sus poemas más interesantes.

Berlanga de Duero, flanqueada por colegiata y castillo

Esta vez sí, era la hora de «aterrizar» en Berlanga de Duero para visitarla a fondo, aunque antes debíamos llenar la panza. Tampoco nos fue fácil encontrar sitio para comer, pues había pocos restaurantes y en ninguno había mesa disponible para tres aventureros. Finalmente terminamos comiendo de lo poco que quedaba en el Bar El Pocho, justo enfrente de uno de los edificios que mejor ejemplifican el auge que la histórica villa vivió en el siglo XVI, el Palacio Ducal, construido por orden de los Marqueses de Berlanga y Condestables de Castilla. De la que fuera residencia de nobles y reyes, así como uno de los máximos exponentes de la arquitectura palaciega renacentista castellana solo sobrevive su espléndida fachada (el resto fue destruido durante la Guerra de la Independencia).

Palacio Ducal

Justo detrás del espacio que antaño ocupaban suntuosos jardines renacentistas, se alza el símbolo más imperecedero de Berlanga, su Castillo, uno de los más bonitos de la provincia. Lamentablemente nosotros no pudimos visitar su interior (cosas de la dichosa pandemia), pero sí disfrutar de su extensa muralla desde la carretera.

Castillo de Berlanga de Duero, con su colegiata al fondo

Teniendo en cuenta el enclave fundamental de Berlanga como frontera entre los reinos musulmanes y cristianos a lo largo de la Edad Media, no resulta extraño pensar que, como han demostrado recientes excavaciones arqueológicas, el castillo se levantó en el mismo lugar que ocupaba una antigua fortaleza islámica. La estructura actual es el resultado de dos etapas constructivas distintas: el castillo medieval propiamente dicho, de planta rectangular, cuyas últimas reformas finalizaron en el siglo XV, y la fortaleza artillera de traza trapezoidal que se erigió alrededor del primero un siglo después. La mayoría de historiadores atribuyen esta última reforma al ingeniero italiano Benedetto di Rávenna que, instado por la familia Tovar, propietaria del castillo, reforzó su sistema defensivo ante posibles ataques.

Muralla del castillo

Antes de llegar a la Plaza del Mercado de Berlanga, donde se levanta su magnífica colegiata, recomendamos visitar la Plaza Mayor, uno de esos ejemplos de plaza castellana que tanto gustan a personas como nosotros, y perderos por algunas de sus calles, especialmente la Calle Real, donde encontraréis varias casas nobiliarias blasonadas, o la Calle de las Monjas. En esta última, llamará vuestra atención una casa con entramado de madera y frondosa vegetación sobre la puerta. Tal y como indica una placa conmemorativa, se trata de la casa natal de Fray Tomás, el hijo más ilustre de la villa de Berlanga, pues descubrió (aunque fuese accidentalmente) el archipiélago de las Islas Galápagos, además de ser consejero de Carlos V e ideólogo del Canal de Panamá.

Casa natal de Fray Tomás

Berlanga presume de numerosos edificios monumentales como la Puerta Aguilera, el Hospital de San Antonio o el Convento de las MM. Concepcionistas, pero sin duda de entre todos ellos destaca la grandiosidad de la Colegiata de Sta. María del Mercado (entrada 2€ por persona), el templo más importante de toda la comarca. Nuevamente los señores de Berlanga están detrás del patrocinio de su construcción a principios del siglo XVI, momento en que también tuvo lugar el levantamiento del Palacio Ducal y de la fortaleza artillera en el castillo. Era evidente el ambicioso proyecto de transformación urbana que la familia Tovar pretendía llevar a cabo en Berlanga tras ordenar derribar las diez iglesias románicas que existían desde el siglo XIII. La intención: convertir Berlanga de Duero en una auténtica villa renacentista que reflejase el poderío de sus señores.

Bóvedas del interior de la colegiata

En mi opinión, la sola visita del interior del templo justificaría venir a Berlanga de Duero, sobretodo por su imponente techo abovedado, una absoluta fantasía de crucerías que impide que uno deje de mirar hacía arriba. Como curiosidad, junto a la entrada cuelga de la pared un caimán disecado que el propio Fray Tomás (enterrado en una de las capillas) se trajo del río Chagres, Panamá, en 1543 como una rareza exótica para sus contemporáneos.

¿Seguimos con nuestro recorrido?

Castillo de Gormaz, la vergüenza del abandono

Un corto trayecto separa Berlanga de Duero de uno de los casos más flagrantes de patrimonio abandonado de toda España, sobretodo porque, con un perímetro amurallado de más de un kilómetro, el Castillo de Gormaz es la fortaleza levantada en época califal más extensa de toda Europa.

Castillo de Gormaz

Erigida por el califa omeya Al-Hakam II en el siglo IX como pieza clave de la defensa musulmana para controlar los avances repobladores de los reinos cristianos del norte, pasó por manos de unos y de otros hasta su definitiva conquista por parte de los cristianos en 1059 (curiosamente, Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, llegó a ser señor de Gormaz poco después). Era del todo imposible que no viniéramos a conocer una de las posiciones estratégicas más codiciadas por musulmanes y cristianos durante los siglos IX y X.

Castillo de Gormaz

Las medidas de este castillo son tan abrumadoras que mucho antes de llegar a lo alto del cerro donde se ubica ya podíamos divisar sus imponentes murallas con sus 28 torres salientes que se asemejan a la dentadura de un feroz animal mitológico.

Muralla del Castillo de Gormaz

Nada más aparcar junto al acceso, mis amigos decidieron echarse una pequeña siesta en el coche, momento que yo aproveché para hacer algunas fotos. Lo que no sabía era que la Madre Naturaleza me tenía reservado uno de esos instantes de magia fugaz en forma de arco iris que fue acortándose a medida que el nubarrón situado a espaldas de la fortaleza iba desapareciendo paulatinamente. Mi cámara fotográfica no dio a basto en aquel momento…

Castillo de Gormaz
Castillo de Gormaz

Una vez hubieron despertado los «bellos durmientes» procedimos a explorar el interior. Como ya he mencionado al principio, nunca llegaré a entender cómo existen todavía en nuestro país tantos casos como el del Castillo de Gormaz en los que un monumento de semejante envergadura e importancia histórica es pasto del abandono y la desidia por parte de las instituciones. Y es que este monstruo de piedra por el que la mayoría de los países del planeta pelearía para tenerlo en sus dominios no goza ni de la vigilancia oportuna ni de la menor medida de seguridad (el acceso, por tanto, es libre y gratuito, y no hay horario de apertura), por lo que uno puede campar a sus anchas sin ser consciente de los riesgos que entraña el no disponer, por ejemplo, de ninguna protección en el paso de ronda frente a una caída libre mortal. Por favor, tenedlo en cuenta cuando vayáis y sed muy cuidadosos, sobretodo con los más pequeños.

Ruinas del alcázar del castillo de Gormaz

Dejando a un lado esta «pequeña» salvedad, la visita del Castillo de Gormaz es deliciosa. En la zona oriental aún se conservan restos del antiguo alcázar por un lado, con su palacio califal, su sala de armas, su aljibe y sus torres (la del Homenaje y la de Almanzor). En su lado occidental, una explanada de dimensiones indecentes que servía para albergar el ejército y las caballerizas.

Zona oriental, donde se situaba el antiguo alcázar
Explanada occidental, con una alberca en la que se almacenaba agua para los animales

De los dos accesos que tenía el Castillo de Gormaz, la Puerta Califal todavía conserva el fabuloso doble arco de herradura, una verdadera joya desde donde podemos avistar una pequeña ermita a los pies del cerro, la de San Miguel, considerada una de las más antiguas de la provincia de Soria (prerrománica) y que aún conserva sus pinturas murales del siglo XII. Se cree que éstas podrían estar relacionadas con los mismos maestros que participaron en la decoración pictórica de San Baudelio.

Yo creo que por hoy ya vale. Finalizada la visita al Castillo de Gormaz regresamos al alojamiento previo paso por un supermercado (esta vez no nos pilló el toro con la cena) y a descansar, pues al dia siguiente nos esperaba otro día bien cargadito. ¿Os ha gustado este día repleto de arte e historia?

¡Buenas noches desde Torreandaluz!

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