OS 0.A las 7h de la mañana estábamos ya toda la familia en el aeropuerto de Barcelona El Prat esperando el vuelo que nos llevaría a Ámsterdam. Este vuelo nos iba a costar más de un disgusto: en primer lugar se retrasó varias horas, provocando que llegáramos a la ciudad holandesa pasadas las 14h de la tarde, o lo que es lo mismo, tres horas más tarde de lo previsto. Esta era la primera vez que nos pasaba que íbamos a perder un tiempo precioso para explorar la ciudad. En segundo lugar porque justo antes de aterrizar, el avión pasó por una zona de turbulencias que hizo que diera varias sacudidas en el aire, que duraron una eternidad para Rafa, quien se mareó como nunca le había pasado en un vuelo, hasta tal punto que al llegar al aeropuerto Schiphol de Ámsterdam, tuvo que dirigirse con la máxima premura a uno de los baños públicos.

Pasado el mal susto, nos dirigimos a la estación de tren que hay en el mismo aeropuerto desde donde salen los trenes para el centro de la ciudad. En tan solo 20 minutos ya estábamos en la Estación Central de Ámsterdam, la cual ya merece una mención dado su gran valor arquitectónico. Construida entre 1881 y 1889 en estilo neorrenacentista por el arquitecto holandés Petrus Cuypers, hoy en día es la estación ferroviaria más importante del país ya que por ella pasan todos los trenes procedentes de toda Europa.

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Estación Central de Ámsterdam

Al salir de la estación nos damos cuenta de que ya pasó la hora de comer (España suele ser el país europeo donde más tarde comemos, en el resto de Europa lo hacen sobre las 12.30h del mediodía) así que compramos unos trozos de pizza en un bar de la estación. También nos damos cuenta de que nos encontramos casi en pleno centro. Miles de personas caminan apresuradas a nuestro alrededor, saliendo y entrando de la estación. Debemos tomarnos un momento para saber qué tranvía coger para dirigirnos al hotel, algo alejado de allí. De su primera visita a Ámsterdam, Rafa recordaba que justo al lado de la Estación Central había visto una de las cosas que más le impactaron al llegar a Holanda: el aparcamiento de bicicletas de la estación. Bien es sabido que la bicicleta en los Países Bajos es más que un medio de transporte, es un medio de vida. Nosotros iríamos aún más lejos, más que un medio de vida, allí la bicicleta es una religión.

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¿Vosotros sabríais cuál es la vuestra? ¡Pues ellos sí!

Y es que salir a la calle en Ámsterdam y ver que casi TODO el mundo va en bicicleta, incluso que ésta tiene prioridad en muchos casos sobre los vehículos, supone para nosotros un choque cultural de primer orden. Los holandeses usan la bicicleta para todo: para ir a trabajar, para ir a estudiar, para hacer la compra, para llevar a los hijos al colegio, para hacer deporte, etc., por lo que la ciudad entera se encuentra acondicionada por y para los ciclistas.

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Uno de los múltiples párkings de bicicletas de Ámsterdam

Nuestro hotel se encuentra bastante alejado del centro, cerca de un parque llamado Vondelpark, no muy lejos de la zona de los museos, por lo que tenemos que coger el tranvía, un medio seguro y eficaz, y atravesar toda la ciudad.

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Tranvía de Ámsterdam

Al llegar allí nos registramos y dejamos nuestras maletas en nuestras dos habitaciones, una para nosotros dos y otra para los padres y hermana de Rafa. Nos resultó cuanto menos curiosa la exagerada verticalidad de los edificios en Holanda, el mismo hotel no era una excepción. De hecho hoy en día, si bien no somos capaces de recordar el nombre del hotel, sí lo somos de recordar sus empinadas escaleras interiores, un auténtico desafío a la física.

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¿Alguien se atreve a bajar?

Desde allí volvemos a coger otro tranvía, esta vez para bajarnos en la Plaza de los Museos (Museumplein). Como el retraso en nuestro vuelo había provocado que perdiéramos mucho tiempo, decidimos dedicar aquella tarde para visitar los dos museos más importantes de la ciudad, que se encuentran muy cerca el uno del otro. El primero de ellos es el Van Gogh Museum (entrada 17€ por adulto, gratuito para menores de 18 años), el lugar donde se reúne una mayor cantidad de obras del maestro holandés en el mundo entero. Este artista no solo fascinaba a Rafa y a Inma, sino también a toda la familia de Rafa, de modo que no podíamos perdérnoslo.

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Van Gogh Museum

El museo alberga piezas de todos los periodos del pintor post-impresionista que cambió el rumbo de la historia de la pintura al crear un estilo subjetivo que desafió los principios de la pintura impresionista. Hay cuadros de su etapa holandesa, su etapa parisina, su etapa en Arlés y Saint Remy, y por último su etapa en Auvers-sur-Oise, pueblo francés donde murió en 1890.

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Ciudad de Ámsterdam desde un ventanal del Van Gogh Museum

Lamentablemente no se pueden hacer fotos en el interior, así que nos quedamos con las ganas de mostraros algunas de las obras maestras de este genio que pasó casi desapercibido hasta que fue reivindicado y redescubierto, ya muerto, por artistas modernos como Münch, Kirchner o Matisse. Van Gogh, como muchos otros artistas anónimos, luchó, una vez más, contra viento y marea por el reconocimiento de su obra. A diferencia de todos ellos, él sí pasó a la posteridad, aunque nunca llegó a saber el alcance tan estratosférico que alcanzaría su fama. Su historia es todo un ejemplo de cómo la pintura se convierte en curación y terapia, y a la vez en obsesión: a pesar de que empezó a pintar relativamente tarde para un artista (a edad de 28 años), se estima que llegó a pintar unos 900 cuadros y más de 1600 dibujos en un periodo de aproximadamente 10 años. Algo realmente asomboroso para un hombre que casi se podría decir que aprendió a pintar por sí mismo.

En la sala inferior del museo, la dedicada a exposiciones temporales, pudimos disfrutar de una muestra alucinante: una retrospectiva del pintor londinense Dante Gabriel Rossetti, uno de los máximos exponentes del simbolismo prerrafaelita. En ella pudimos admirar la que está considerada su obra maestra, Ofelia, un auténtico derroche de técnica, composición y uso del color. ¡Menuda suerte la nuestra al encontrarnos con esta exposición!

Al salir de allí tocaba visitar el segundo museo más destacado de la ciudad, quizás el más importante de toda Holanda si tenemos en cuenta que alberga obras de los artistas holandeses más insignes de la historia. El edificio del Rijksmuseum (entrada 17,50€ por adulto) fue diseñado por Petrus Cuypers, el mismo arquitecto que diseñó la Estación central, hecho que salta a la vista pues ambos proyectos son prácticamente idénticos.

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Fachada posterior del Rijksmuseum

La primera vez que Rafa estuvo aquí, allá por 2004, el Rijksmuseum se encontraba en proceso de remodelación y cuatro años más tarde continuaba estándolo. También como en aquella ocasión, solo se mostraba al público una pequeña selección de obras, las consideradas “obras maestras” de la colección.

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Entrada

Los amantes del arte saben que el Rijksmuseum es uno de los más importantes del mundo, a la misma altura que el Museo del Prado, el Louvre o la Galleria degli Uffizi, y esto es en parte porque contiene en su interior las obras más importantes de tres pintores holandeses de primer orden, Frans Hals, Vermeer de Delft y, el maestro entre los maestros, Rembrandt van Rijn.

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Interior del Rijksmuseum

Cualquier amante de la belleza tiene que venir al menos una vez en la vida a Ámsterdam para entrar en este museo y admirar La lechera de Vermeer y, muy especialmente, La ronda de noche de Rembrandt, un auténtico tesoro nacional y una de los logros más altos de la creación humana. Para Rafa, Rembrandt es el pintor de pintores, el maestro del claroscuro, de hecho sería capaz de peregrinar a cualquier ciudad del mundo si ésta albergara un Rembrandt. Y estar ante su obra cumbre, equiparable a Las Meninas de Velázquez, El jardín de las delicias de El Bosco o La Gioconda de Leonardo, resulta una experiencia única en la vida.

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Turistas admiran La ronda de noche de Rembrandt

Salimos del museo y muy cerca de allí, en la misma Plaza de los Museos, se encuentra uno de los puntos más fotografiados por los turistas, el famoso I Amsterdam Sign, un ingenioso juego de palabras compuesto por letras gigantes que combinan el nombre de la ciudad. Nosotros no pudimos ser menos y allá que nos fuimos a hacernos fotos…

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I Amsterdam Sign, enfrente de la fachada del Rijksmuseum

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Rafael, Victoria y Alicia

Ya de camino al hotel encontramos un pequeño restaurante con muy buena calidad-precio donde cenamos unas pechugas empanadas con deliciosas patatas fritas. Nos gustó tanto el sitio que al día siguiente decidimos repetir.

Ya era suficiente por ese día, mañana nos espera un largo día explorando esta fascinante ciudad y descubriendo sus muchos secretos y tesoros.

¡Hasta mañana! Goedenacht!

SIGUIENTE ETAPA. DÍA 2