Visita de Santander

Hoy debemos regresar a casa y tenemos un largo viaje por delante (nada menos que siete horas…) pero nos resistimos a abandonar este idílico lugar. Como teníamos unas pocas horas antes de nuestra vuelta, José nos aconseja visitar la capital. Rafa también estaba interesado en ver Santander, de modo que después del formidable desayuno nos despedimos de un fabuloso anfitrión (uno de los que mejor nos ha tratado nunca) y de un estupendo alojamiento, y ponemos rumbo al centro de la capital cántabra.

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Itinerario

En tan solo 20 minutos ya estábamos aparcando en un párking subterráneo justo al lado del Paseo Pereda. Recorremos a pie esta interesante ciudad dirigiéndonos primeramente a contemplar el edificio de Correos, de principios del siglo XX y estilo regionalista montañés, y la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, construida en el siglo XIII con un austero estilo gótico.

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Edificio Correos

Una fecha impresa a fuego (y nunca mejor dicho) en la mente de los santanderinos es el 15 de febrero 1941, cuando se desató un grave incendio en el centro de la ciudad afectando a un gran numero de casas y también a una parte de la catedral.

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Panel informativo situado a la misma altura del edificio donde se originó el incendio.

Esta catedral, aunque pequeña, nos gusto muchísimo, sobre todo el claustro que al igual que la catedral es de un estilo gótico sobrio. En el interior del templo se encuentra la tumba de un santanderino ilustre, el humanista y escritor Don Marcelino Menéndez Pelayo, una figura que ha traspasado los límites de la fama nacional y la internacional.

Al salir, Rafa tenía mucho interés en visitar la Biblioteca de este popular pensador así que nos dirigimos hacia allí.

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Biblioteca Menéndez Pelayo

Ante nuestra sorpresa no te cobran la entrada. Un trabajador muy simpático nos puso un vídeo que te introduce en la vida de Menéndez Pelayo y posteriormente nos hizo pasar a la biblioteca, que almacena unos 41.000 libros que tenía en su colección y que donó a la ciudad antes de morir. Curiosamente en este espacio tan singular también se rodaron algunas escenas de la película Altamira.

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Biblioteca

Anexa a esta biblioteca, que el propio Marcelino mandó construir como un edificio independiente, se encuentra su casa-museo, que conserva algunos de los muebles originales. En una de las habitaciones ocurrió una anécdota que nos dice mucho del carácter de este hombre: encontrándose leyendo sentado en un sillón, de repente una chispa saltó de la chimenea y prendió fuego al lado de sus pies. Él, sin inmutarse, prosiguió leyendo. Por suerte su hermano y su cuñada llegaron minutos después, advertidos por el humo, y le recriminaron a Marcelino que no se hubiera dado cuenta del peligro que corría. Él seguía absorto en su lectura.

Al salir de la casa, pasamos por la Casa Consistorial hasta llegar al puerto, donde vamos en busca de Los Raqueros, escultura dedicada a los niños pobres que a principios del siglo XX mendigaban por las calles de Santander y se tiraban al mar a por las monedas que les lanzaban los transeúntes.

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Casa Consistorial de Santander

Antes de volver al coche decidimos detenernos a tomar algo en el Café Suizo, degustando unos pequeños bocadillos que nos vinieron de maravilla. Nuestro siguiente destino, el último de nuestro viaje, era la Península de la Magdalena, donde se encuentra un bello y agradable parque público cerrado al tráfico y presidido por el elegantísimo Palacio de la Magdalena, residencia veraniega del rey Alfonso XIII construida a principios del siglo XX. No pudimos entrar ya que en verano al parecer solo abren los fines de semana.

La península une el puerto y la bahía de Santander con la zona más famosa y frecuentada de la capital cántabra, las playas del Sardinero. Además del palacio, en este parque hay un pequeño zoológico con focas, leones marinos y pingüinos, y un museo al aire libre de réplicas de embarcaciones históricas, tres carabelas y una balsa, que utilizó el navegante cántabro Vital Alsar.

Nuestra escapada, ahora sí, había llegado a su fin y después de comernos una pizza retomamos el largo viaje de vuelta.

¿Qué podemos decir de Cantabria? Que es una tierra infinita de posibilidades, especialmente recomendable para ir con toda la familia. Allí encontrarás playa, montaña, cultura paleolítica, cuevas geológicas,… y gente cordial y extremadamente servicial. Un mundo lleno de posibilidades. En definitiva, y como ya dijimos al principio, un capricho del destino que al fin disfrutamos juntos.

Gracias por seguirnos en otra de nuestras escapadas y ¡hasta pronto!