Hoy va a ser un día muy bueno, lo sabemos porque hoy hemos quedado con las dos amigas manchegas favoritas de Rafa (y a partir de ese día, también de Inma y de Elia), nuestras dos Raqueles, naturales de Tomelloso y Argamasilla de Alba. Siempre que quedamos con ellas, cualquier día se convierte en un día especial. Hemos quedado para pasar el día con ellas en las fabulosas Lagunas de Ruidera, un paisaje natural que contradice la imagen que se tiene de esa Mancha de secano. Antes de eso, y de camino hasta allí, pensábamos visitar una plaza muy especial, la de San Carlos del Valle, la cual según nuestra anfitriona Amparo era una de las tres plazas más bonitas de Castilla-la Mancha, junto con la de Villanueva de los Infantes y la de Almagro. Lo sabíamos también gracias al diario que uno de nuestros blogueros de viajes favoritos José Miguel Redondo, de El rincón de Sele, hizo sobre su particular ruta de Don Quijote y que nos sirvió como inspiración de referencia para elaborar la nuestra. Para terminar de rematar el día, también nos esperaría sin saberlo la visita a otro castillo, el de Peñarroya. Así quedó pues el itinerario de aquel día:

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Itinerario

Tomamos nuestro desayuno en el hotel, hoy con algo más de calma pues no tenemos ninguna prisa. Hemos quedado sobre las 14h con nuestras buenas amigas y tenemos toda la mañana para nosotros. Después de parar en una gasolinera a repostar nuestro bólido, nos dirigimos a nuestra primera parada del día, a unos 25 minutos de Los Infantes, el pequeñísimo pueblo de San Carlos del Valle (Ciudad Real), de poco más de 1000 habitantes, y que esconde una de esas joyas desconocidas que nos gustan a nosotros, su espléndida Plaza Mayor, un auténtico regalo para los sentidos. Y es que Castilla-la Mancha, si algo tiene, son plazas bonitas. Pero bonitas porque sí.

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Plaza Mayor de San Carlos del Valle

Se cuenta que en lo que hoy es San Carlos del Valle había una ermita hasta el siglo XVI. En ella estaba pintado un Cristo de fama milagrera que atraía peregrinos de muchos lugares cercanos y en torno a este humilde centro religioso terminó surgiendo una pequeña población. Dada la gran atracción religiosa del lugar, en tiempos de Felipe V se llevó a cabo la obra del templo actual, la Iglesia del Santo Cristo del Valle, de notable factura sobretodo en su exterior, con planta de cruz griega y de estilo barroco.

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Acceso lateral

El templo abría a las 12h y nos quedaba media hora, pero como en la misma plaza había una hospedería con terraza decidimos esperar tomarnos algo mientras esperábamos. Con dos refrescos, una buena tapa y la vista de la extraordinaria plaza, el tiempo pasó en un plis-plas.

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Una de las cuatro figuras cómicas que aparecen en la torre del templo

La iglesia tiene cuatro torrecillas en sus esquinas, una gran cúpula central y dos puertas de acceso, en una de las cuales figura el apóstol Santiago a caballo y en la principal un Santo Cristo con dos peregrinos.

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Relieve en la puerta principal del templo

En el interior, mucho menos espectacular, pudimos encontrar en una capilla la imagen del Santo Cristo del Valle pintada en la pared, la cual es venerada por los lugareños.

Curioso es que al parecer la plaza, también del siglo XVIII, surgió a partir de la iglesia, como una especie de atrio adyacente a la misma. Posee forma rectangular y unas medidas no demasiado extensas (53x21m), pero su aspecto recuerda al de un típico corral de comedias, con su arquitectura popular manchega. Está compuesta de sobrias columnas de piedra que soportan dos pisos de galerías con largas balaustradas de madera. Como hemos dicho, una auténtica delicia que bien merece la pena una parada.

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Plaza Mayor

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Plaza Mayor

Era casi la hora, así que Rafa llamó a las Raqueles para ver dónde venía bien quedar. Como él quería ver el Castillo de Peñarroya (entrada gratuita), que se encuentra a muy pocos kilómetros de Argamasilla de Alba, justo a la entrada del Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, pues decidimos vernos allí. Llegamos al castillo en algo más de media hora y dejamos el coche en el amplio aparcamiento al aire libre. Como aún no habían llegado nuestras amigas entramos a visitarlo con nuestra pequeña a cuestas.

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Castillo de Peñarroya

Al igual que el Castillo de Calatrava la Nueva que visitamos ayer, esta fortaleza también está íntimamente relacionada con una orden militar, concretamente con la Orden de San Juan. Originariamente había sido un fuerte musulmán hasta que pasó en 1198 a manos cristianas, y en 1215 pasó a ser propiedad de dicha orden. Se trataba de un edificio principalmente destinado a garantizar el aprovechamiento económico del territorio, arrendamiento de pastos, cobro de impuestos y protección de pobladores pacíficos, a la vez que almacén de bienes de la Orden.

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Interior del castillo

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Interior del castillo

Lo más llamativo de este castillo es quizás su situación: está situado estratégicamente sobre el acantilado que domina la presa del embalse de Peñarroya, inaugurado en 1954.

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Vista al embalse de Peñarroya

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Presa

En el interior pudimos recorrer la muralla medieval principal, la torre del homenaje, el aljibe y el patio de armas. También pudimos entrar en sus dos ermitas, una muy pequeña que se encuentra mirando hacia el embalse y otra del siglo XVII. En esta última, de marcado estilo barroco decadente, se encuentra un retablo de estilo churrigueresco digno de mención.

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Muralla del castillo

Las Raqueles estaban a punto de llegar y fuimos a esperarlas en el centro de interpretación que hay justo al lado del castillo. Mientras estábamos leyendo los carteles informativos, de repente aparecieron nuestras amigas manchegas de Rafa con muchísimas ganas de conocer al fin en persona a Inma y a nuestra Elia, de la cual se enamoraron perdidamente desde el minuto uno. Ellas serían nuestras guías de excepción a través del parque natural más importante de La Mancha.

Pero antes de eso, las Raqueles nos invitaron a volver a acceder al castillo para mostrarnos una curiosidad que pasa desapercibida para la gran mayoría de visitantes (también lo había sido para nosotros): un rostro humano tallado en la piedra del muro que está justo enfrente de la pequeña ermita de la Virgen de Peñarroya. ¿Qué hace allí? ¿Quién lo talló? Un misterio al que muchos juegan a encontrar cuando se desplazan hasta allí.

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Rostro misterioso tallado en piedra

Lo primero que hicieron nuestras amigas fue llevarnos a comer a un restaurante en pleno corazón de las Lagunas, el Restaurante Los Álamos, al pie de la laguna de San Pedro, al que llegamos en una larga media hora por una serpenteante carretera a través del parque natural. Allí disfrutamos de buena comida y de mejor compañía.

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¡Preciosas y buenas amigas!

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Laguna de San Pedro

Era domingo y hacía un sol de justicia, por lo que era de esperar que aquel día encontráramos una gran cantidad de gente. El Parque Natural de las Lagunas de Ruidera (en los límites de las provincias de Ciudad Real y Albacete) es, junto al nacimiento del río Mundo (Albacete) y al Parque Nacional de las Tablas de Daimiel (Ciudad Real), uno de los pocos oasis de agua y vegetación de toda la comunidad manchega, un emblema de la denominada “Mancha húmeda” que trata de romper con el tópico de la Mancha de secano. La vinculación de este lugar con El Quijote está más que justificada pues Cervantes sitúa a su célebre personaje durante los capítulos 22, 23 y 24 en la Cueva de Montesinos, que nosotros no visitamos en esta ocasión.

En una superficie de 4000 hectáreas, constituyendo el valle del Alto Guadiana, se reparten quince lagunas que escalonadamente forman cascadas y torrentes que van desde los primeros manantiales que emanan en la laguna Blanca hasta llegar a las lagunas bajas y al embalse de Peñarroya. En definitiva, un lugar de gran valor paisajístico y biológico, con una gran diversidad de ambientes por descubrir y recorrer, disfrutando de sus inmensas lagunas, de aguas trasparentes e intenso color azul turquesa.

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Mapa del Parque Natural (Fuente: http://www.lagunasderuidera.es)

Después de comer nuestras guías de excepción nos llevaron a tomar un café a un lugar singular y escondido, lleno de magia, el Hotel Albamanjón, y más tarde nos condujeron hasta varios de los puntos más interesantes del parque, como el llamado Hundimiento, la cascada más alta de todas con 15 metros de altura y que comunica las lagunas altas de las bajas.

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El Hundimiento

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La familia disfrutando de la cascada

Muy cerca de allí, en una de las orillas de la laguna del Rey, la más extensa de las quince, colocamos nuestras toallas en el suelo y disfrutamos de un rato muy agradable a pesar de que nos acompañaba una gran cantidad de gente.

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Papá Rafa y Elia, en la laguna del Rey

Era el momento perfecto para que papá Rafa y mamá Inma ayudaran a Elia a meter sus dos piececitos en el agua de la laguna para refrescarse.

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Mamá Inma y Elia

Las dos Raqueles también disfrutaron mucho de ella haciendo gala de un precioso instinto maternal, antes de despedirnos hasta la próxima vez, que esperamos no sea muy tarde. Eso sí, con nosotros nos llevamos un último obsequio de nuestras amigas, un queso manchego del que bien pudieron dar cuenta nuestros paladares una vez en casa. ¡Gracias por todo, amigas para siempre!

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Raquel y Elia

Atajamos para regresar a Los Infantes y llegamos al hotel en menos de media hora. Una vez allí, ducha y cena en el mismo sitio de siempre, y para el sobre.

VUELTA A CASA

El último día de nuestra escapada, el de la vuelta a casa, la teníamos reservada para visitar la celda de Quevedo en el Convento de Sto. Domingo, pero justo esa mañana Ramón, el dueño del hotel, nos informó de que los lunes cerraba (quedará para otra ocasión). Algo queríamos visitar antes de regresar a Cieza así que decidimos dirigirnos al Santuario de Nuestra Señora de la Antigua, a unos 5 kilómetros del pueblo, un lugar al que Amparo nos había recomendado ir desde que llegamos.

Después de tomar nuestro último desayuno en La Morada de Juan Vargas era la hora de despedirnos de Amparo y de Ramón, que nos habían tratado a las mil maravillas. Allí donde te sientes como en casa, siempre cuesta mucho esfuerzo volver a hacer las maletas e irte. Desde aquí les mandamos un saludo y un abrazo, y les agradecemos todo lo que hicieron por nuestra hijita.

Cogemos el coche y en menos de 10 minutos estamos en el recinto del santuario, muy amplio, con mesas de merendero, ideal para pasar el día con la familia. La fachada exterior responde a un diseño reciente, está realizado en mampostería de piedra. El portal adintelado con balcón de hierro tiene el escudo de Santiago en la clave.

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Fachada del Santuario de Nuestra Sra. de la Antigua (Villanueva de los Infantes)

Al pasar la puerta de entrada nos encontramos con un amplio patio trapezoidal porticado organizado en dos pisos.

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Patio del santuario

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Mamá Inma y Elia en el Santuario de Nuestra Señora de la Antigua

En uno de los lados se encuentra el acceso a la iglesia barroca, con un retablo de notable calidad que alberga una de las imágenes de vírgenes más bonitas que hemos visto. Esta virgen de madera policromada del siglo XIII es absolutamente perfecta en proporción y estética, su sola presencia ya merece por sí sola la visita al santuario.

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Virgen de Nuestra Señora de la Antigua

Ahora sí, nuestra escapada había llegado a su fin. Regresamos al coche y volvimos a nuestra casa, donde llegamos en apenas dos horas. A La Mancha habíamos ido para ir en busca de Don Quijote y de Sancho Panza. A ellos no los encontramos pero sí su rastro literario. Y no solo eso, también encontramos gigantes en forma de molinos de viento, espectaculares castillos y hermosas plazas sacadas de libros antiguos.

Esto es La Mancha y mucho más.

¡Hasta la próxima!