Nos despertamos en Kettle House B&B. Pensamos “hoy vamos a Eilean Donan… y también a la isla de Skye…”. Y luego volvemos a pensar “hoy vamos a Eilean Donan…”, posiblemente la razón por la cual estamos en Escocia. A Inma la sentía especialmente emocionada y no era para menos. De momento tomamos nuestro desayuno, nos despedimos de la divertida Natalie y nos ponemos en marcha.

Este va a ser nuestro recorrido hoy, un recorrido que no olvidaríamos jamás.

Itinerario

Justo antes de adentrarnos al fin en las Highlands, hacemos una primera parada en uno de los numerosos miradores que existen en nuestro camino, el del Lago Garry. Un auténtico presagio de lo que nos aguardaba…

Loch Garry

Espectaculares lagos y bosques comienzan entonces a aparecer a nuestro alrededor. Mientras conduzco voy repasando mentalmente los diarios que he leído sobre esa ruta y recuerdo al fin que alguien, no recuerdo quién, había mencionado que este era el recorrido más bonito de todos los que había encontrado en Escocia, el que va desde Fort Augustus hasta Eilean Donan Castle, más o menos una hora de camino. Debemos decir que ese alguien tenía toda la razón. A medida que vamos subiendo, las vistas mejoran y cuando pensamos que no podemos encontrar nada más bonito, a la curva siguiente volvemos a quedarnos sin habla…

Highlands

Pero sin duda, lo mejor aún estaba por llegar. El momento álgido de nuestra luna de miel…
De repente lo vi, allí lo vi asomarse en una curva, el perfil del castillo que tanto habíamos ansiado contemplar. Volvió a esconderse antes de que Inma pudiera avistarlo. Pero volvió a asomar su perfecto perfil, esta vez más claramente ante nuestros ojos. Y esta vez ella sí pudo “pescarlo” y no podíamos creerlo. Allí estaba, Eilean Donan Castle. Empezado a construirse en 1220, se dice que fue uno de los refugios que Robert the Bruce utilizó para huir de las invasiones inglesas de Eduardo I. Más tarde pasó a ser propiedad del clan McRae, antes de quedar abandonado, bombardeado y, de nuevo, restaurado.

Eilean Donan Castle: se halla en un islote frente a la costa, en el lago Duich, unido por un puente de piedra de varios arcos.

Creo que no he aparcado tan rápido en toda mi vida. Estaba conmocionado por tantísima belleza… Situarse allí, a la orilla del lago Duich, y pararte a contemplar una composición tan hermosa, fue para nosotros uno de los momentos más estéticos de nuestra vida. Después de semejante primer impacto, tratamos de recobrar el sentido para pagar la entrada y cruzar el puente que nos separaba de la isla.

Accediendo a Eilean Donan Castle

Nuevamente nos obligamos a cobrar la cordura para entrar en su interior y nuevamente nos quedamos sin aliento. Y es que Eilean Donan no solo es precioso por fuera, también lo es por dentro. En una de sus terrazas, al asomarme, pude tener uno de esos momentos que quedan grabados en la memoria de uno. Al contemplar aquella vista quedé absolutamente obnubilado por… LA CALMA. Sí, la calma que reinaba en aquel paisaje, la quietud, el silencio. No he sentido nada igual en mi vida. Inma estaba detrás de mí y quería que ella también sintiera aquello, así que le pedí que se acercara y le dije “escucha”…

Vista desde el interior del Castillo

Por supuesto las experiencias que aquí relatamos son puramente subjetivas y no significa que vuestras visitas a Eilean Donan vayan a ser igual de especiales, pero la nuestra sí lo fue y así es como la recordamos hoy. Si hoy me preguntaran a qué sitio me gustaría ir para encontrar paz, sin duda iría a Eilean Donan.

Pero tocaba proseguir nuestro camino y romper aquel hechizo, así que nos prometimos que algún día volveríamos y nos pusimos de nuevo en carretera. Quedaba la otra gran aventura del día y llegar a la Isla de Skye. Íbamos a dedicarle toda esa tarde y el día siguiente entero. Skye merece al menos dos días para ser explorada y degustada sin ninguna prisa.

Hasta Portree (el pueblo “capital” de la isla) nos quedaba otra horita de camino. Para conectar con Isle of Skye se debe cruzar el famoso puente que tan polémico resultó años atrás. Y Skye, es otro mundo. Y cuando digo que es otro mundo, es que literalmente es otro mundo. El paisaje cambia por completo y se torna algo completamente peculiar y único, de una tonalidad tierra y amarillenta, como si estuvieras en otro planeta. Eso sí, siguen apareciendo lagos y más lagos.

Cruzamos con el coche el pueblo de Portree, el cual por cierto nos pareció más grande de lo que imaginábamos en un principio. Nos dirigíamos hacia la primera de las atracciones naturales que ofrece Skye, el Old Man of Storr, y el día empeoraba por momentos. The Storr es una formación rocosa monolítica que puede verse desde muy lejos. La carretera que va desde Portree hasta the Storr es cuanto menos “curiosa”… Durante un tramo la carretera sufre numerosos y pronunciados altibajos hasta estrecharse para terminar siendo de un solo sentido, con los consecuentes Passing Places. Y a pesar de encontrarse en plena naturaleza, existe un aparcamiento señalizado para poder ascender hasta el monolito si lo deseas. ¿Que si nosotros lo hicimos? Lo intentamos. Durante la primera mitad de la excursión todo iba bien. Hasta este momento:

Ascendiendo al Old Man of Storr

Al fondo, Old Man of Storr

Justo después de estas fotos, el tiempo comenzó a empeorar de repente, hasta tal punto que tuvimos que dar marcha atrás. El tiempo de Escocia, que es así de cambiante… Al llegar de nuevo al coche decidimos esperar a ver si volvía a mejorar y montamos nuestro particular picnic en el coche. Iban llegando coches y la gente se animaba a subir, pero minutos después volvíamos a verlos de nuevo en el aparcamiento, exactamente igual que nos había pasado a nosotros porque la lluvia y el viento no hacían posible la ruta. Al terminar de comer decidimos no esperar más y seguir subiendo con el coche hasta el acantilado An Lethallt, primero, y más tarde hasta Kilt Rock, posiblemente el acantilado más conocido de todos los que allí se encuentran por su supuesto parecido con la típica falda escocesa.

Acantilado An Lethallt

Kilt Rock

El viento y la lluvia seguían haciéndonos la puñeta, pero no nos quejábamos precisamente porque a nuestro alrededor se dibujaba un marco incomparable. Decidimos seguir subiendo hasta Staffin, donde nos hicimos una foto pensando que ese era el punto geográfico más alto que habíamos alcanzado los dos. Y además el sitio era de lo más curioso… Juzgad vosotros mismos:

Cabina telefónica en medio de la nada

Y de aquí ya de vuelta a Portree, porque el tiempo no estaba acompañando nada. Esperábamos que el día siguiente fuera diferente. El B&B que nos tocaba esta noche iba a ser también el de la noche de mañana, ya he mencionado que hay que dedicar como mínimo dos días a conocer Isle of Skye. Nada más llegar conocimos al dueño, Craig, un tipo extremadamente servicial y parlanchín. El B&B se encontraba ligeramente también a las afueras del pueblo, lo que resultaba muy cómodo. Se llamaba Larchside B&B.

Para terminar este día inolvidable, cenita en el hotel y… como aún no me había puesto una falda escocesa (se lo había prometido a muchísima gente en España y para no defraudar a mis fans tuve que hacer un esfuerzo y un alarde de creatividad), ahí que vi la tan ansiada oportunidad. Agarré la manta de la cama y…

Con mi Kilt particular

En fin… espero que sigáis leyendo después de esto… ¡Buenas noches!

SIGUIENTE ETAPA DÍA 7