Nos levantamos después de una noche reparadora en el Hotel La Moragona, desayunamos y emprendemos camino hacia Alarcón, unos de los pueblos más bonitos de Castilla-La-Mancha.

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Itinerario

Nada más llegar ya comprendemos el valor militar de esta antigua villa y el porqué de su apodo “la inconquistable”, pues tiene una de las murallas mejor conservadas de España. Su situación es igualmente llamativa, pues se encuentra rodeada casi en su totalidad por el río Júcar. La silueta del castillo de Alarcón nos da la bienvenida antes de atravesar el recinto amurallado a través de la Torre del Calabozo.

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Alarcón

Dejamos el coche en el parking que se encuentra muy cerca de la oficina de turismo y desde allí nos dirigimos caminando a la Plaza del Infante Don Juan Manuel, que posee el nombre del célebre literato, primer duque de Villena y autor de El conde Lucanor. La plaza es sobria pero hermosa, rodeada de edificios que fueron edificados durante la época renacentista.

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Ayuntamiento de Alarcón, en la Plaza del Infante

Sin duda el edificio más peculiar de esta plaza es la Iglesia de San Juan Bautista. Si bien su exterior es el de un templo del siglo XVI con portada herreriana, su interior esconde una de las maravillas del arte contemporáneo español, por el cual parecen sentir auténtica pasión los manchegos.

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Iglesia de San Juan Bautista

Hasta allí peregrinan desde todos los rincones de España los amantes del arte en general y nosotros no podíamos ser una excepción. Financiados por la UNESCO en 1997, los murales pintados por el joven artista Jesús Mateo en el interior de esta iglesia parecen trasladarte a otro mundo, un mundo surrealista y también algo diabólico. Mateo, pintor autodidacta, tardó la friolera de siete años en representar su particular visión del universo, un esfuerzo titánico que bien podríamos comparar al de cualquier pintor renacentista.

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Nos pareció estar dentro de un cuadro de El Bosco o de Miró, una especie de cueva de Altamira contemporánea donde aparecen toda clase de formas y colores sacados de una mente que adora lo oscuro pero también lo mágico. Merece muchísimo venir a contemplar esta gran obra (entrada 3€), incluso si a uno no le interesa especialmente el arte.

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Contemplando los murales de Jesús Mateo

Al salir nos dirigimos hacia otro de los templos de Alarcón, la Iglesia de Sta. María, construida entre 1520 y 1565 sobre el anterior templo románico. En ella intervinieron los mejores artistas de su tiempo, como el excelente escultor Esteban Jamete (Etienne Jamet), autor de la colosal portada, planteada como un gran retablo de piedra acogido por un gran arco triunfal exterior.

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Portada de Sta. María

El interior recuerda el de una gran catedral gótica con un destacado protagonista, el retablo, pieza única en Castilla la Mancha, considerado como uno de los  más importantes del Renacimiento en esta región. Fechado en 1572, se pueden distinguir en él dos estilos muy diferentes, uno de corte plateresco en el cuerpo principal y otro renacentista en las casas interiores. Absolutamente deslumbrante.

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Interior de Sta. María, con el retablo mayor al fondo

Salimos y vamos de camino hacia el castillo, a muy pocos metros de allí y situado justo en la entrada por carretera al pueblo. El castillo de Alarcón fue construido por Alfonso VIII  a finales del siglo XII, tras la conquista a los musulmanes en 1184, aunque su aspecto actual se debe a las remodelaciones que impulsaron sus sucesivos propietarios hasta el siglo XV. El perfil de la fortaleza lo preside su gran torre y hoy en día es Parador Nacional, por lo que no pudimos visitarla por dentro. Para ello se requiere reservar una visita guiada con antelación o, claro está, quedarte a dormir en una de sus habitaciones.

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Torre del castillo

Hacía ya un buen rato que nuestras tripas rugían así que decidimos tomarnos un descanso para comer en un bar del pueblo, muy cerca del castillo.

Alarcón es un pueblo realmente hermoso. Aunque pequeño, cada pocos metros encuentras un mirador, como el mirador de La Peña, con el que deleitarte con el paisaje, las murallas o alguna de las torres que antaño servían para defender la población.

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Torre del Campo, vista desde el mirador de La Peña

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Torre de los Alarconcillos, desde el mirador

No podíamos marcharnos de Alarcón sin antes hacer caso a algunos habitantes que nos habían recomendado hacer una de las muchas rutas senderistas que rodean al pueblo. Estábamos muy cansados, pero no estábamos dispuestos a desfallecer. Justo al lado del párking público donde habíamos dejado el coche se encontraba el acceso al sendero Hoz de Alarcón, un camino circular que te permite contemplar la muralla de Alarcón en toda su majestuosidad mientras desciendes.

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Murallas de Alarcón desde el sendero Hoz de Alarcón

El sendero llega hasta el Puente de Chinchilla, un puente medieval de piedra que pasa por encima del río.

La ruta es mucho más larga pero nosotros ya no teníamos fuerzas para más, así que decidimos regresar sobre nuestros pasos hasta el coche, eso sí, no sin antes hacer una paradita para hacer fotos y descansar las piernas, recargargándonos de energía solar.

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Muralla y torres de Alarcón, desde el puente

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Nuestros hombres, muertecicos al sol

Una vez arriba, esta vez sí, cogemos el coche y regresamos a casa, no sin antes hacer una última paradita en la puerta del pueblo para hacer las últimas instantáneas.

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Muralla

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Alarcón

Muchas gracias a todos por habernos seguido en otra de nuestras aventura. Seguro que esta no será la última vez que caminemos por tierras manchegas. ¡Hasta pronto!